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Ciclos de reencarnación PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Viernes, 15 de Octubre de 2010 14:44

La vida del Espíritu es una sola e inmortal, compuesta de ciclos en concordancia con su necesidad de progreso. Cada uno de esos ciclos, comprende un programa amplio a realizar en el mundo donde baja a encarnar. Cuando dicho programa se realiza en una sola existencia, como suele suceder en las encarnaciones de seres espirituales de gran evolución, el ciclo se circunscribe a esa sola existencia en ese mundo. Pero, dado el atraso evolutivo de nuestra humanidad, ninguno de nosotros realiza el programa en una sola existencia, por lo que necesario es volver una y otra vez, hasta realizarlo. Este mundo nuestro, que dicho sea de paso, no es de los más adelantados pero tampoco de los más atrasados, es una escuela de aprendizaje para espíritus de mediana evolución. En cada vida venimos para hacer un curso (o completarlo) en el ambiente que corresponda a cada cual, de acuerdo con el estado de adelanto o atraso en que se encuentre. Y como somos malos estudiantes de la vida...

Aun cuando la comparación no es exacta, consideremos cada ciclo un curso para una mejor comprensión. ¿Cuál podría ser, entonces, el número de reencarnaciones para realizar ese programa? No hay número prefijado, ya que depende del mayor o menor esfuerzo y de la conducta de cada espíritu en la realización de ese programa trazado en el plano extrafísico. No obstante, debemos considerar que lo peor queda atrás en la noche de los tiempos. Supongamos que comienza un ciclo con un programa para la conquista de la paciencia, prudencia y cualidades análogas complementarias; que lleva implícito la superación de la impaciencia, irritabilidad, iracundia, etc.

Puede que llegue a realizar dicho programa en cinco vidas humanas, puede que emplee diez, veinte o más. No está limitado, depende del propio esfuerzo. Y este número de vidas, componen un ciclo de reencarnaciones. Naturalmente que, en ese mismo ciclo de vidas, adquiere también múltiples experiencias que irán desarrollando su inteligencia y poder mental, a la vez que conquistando cualidades positivas que contribuirán a su progreso. Supongamos que, ya realizados varios ciclos, haya llegado a un punto o grado de progreso intelectual y desarrollado una gran capacidad mental, pero le falta la conquista más valiosa en el progreso espiritual: el amor. Tendrá que comenzar un nuevo ciclo de encarnaciones para superar el EGOÍSMO, fuertemente enraizado en el alma humana, y tronco de cuyas ramas salen otras muchas imperfecciones, tales como; envidia, avaricia, amor propio, celos, orgullo, soberbia, etcétera. ¿Cuántas vidas puede necesitar para arrancar de sí, para superar todas esas imperfecciones y adquirir el amor fraterno? Muchas o pocas, depende del grado de imperfección en que cada cual se halle y el esfuerzo que ponga en ello.

Aquellos que creen conseguir la llamada salvación o la gloria en una sola vida, ¿han meditado sobre lo que es la salvación y lo que es la gloria? ¿Conocen acaso, el número de imperfecciones que aún arrastran? ¿Se consideran tan perfectos como para alcanzar ese estado sublime en el corto tiempo de unos años? ¿No será, acaso, que viven con la pueril esperanza de alcanzar graciosamente toda una eternidad de bienaventuranza y felicidad, lo que por el propio esfuerzo ha de conquistarse? Nuestros errores, en pensamiento, palabras y acciones, productores de fuerzas psíquicas desequilibrantes que hemos hecho gravitar sobre nosotros mismos (según será demostrado al enfocar la Ley de Consecuencias), han impregnado nuestra propia naturaleza psíquica, han oscurecido y densificado el alma y producido un desequilibrio en nuestra sección del Cosmos, y cuyo equilibrio tiene que ser restablecido: ya voluntariamente con amor, amor sentido y vivido en nuestras relaciones humanas y con todo lo creado;» ya compulsoriamente por el dolor. Concluiremos con la siguiente tesis: el número de vidas futuras o renacimientos necesarios para llegar a la meta, no está determinado por la Ley.

Como dijimos al comienzo, la vida del Espíritu es una sola; y las encarnaciones o vidas en los planos físicos, se suceden durante esa vida, que es eterna, en procura de purificación y sabiduría, que elevarán al Espíritu hacia la perfección, meta hacia la cual todos VAMOS; y le liberará de la necesidad de encarnaciones en los mundos atrasados, primero, y más adelantados, después. Necesario es aclarar que, el tiempo que media entre una y otra vida física, tampoco está fijado cronológicamente, como alguien pueda creer: ya que son varios y variados los factores que influyen en ello. Mientras algunos seres deseosos de progreso vuelven con frecuencia, otros permanecen largos períodos en el ASTRAL (1), esa otra dimensión extrafísica. Como regla general, podemos decir que, los que más necesitan, los más atrasados, reencarnan con relativa frecuencia (aunque mucho depende de las «disponibilidades«). Y a medida que el alma se purifica y el intelecto se desarrolla, es decir, a medida del progreso del Espíritu, el intervalo de tiempo entre una existencia y otra, es mayor.

Lo mismo puede ser de cinco, cincuenta, como de quinientos o más años. En las primeras fases de la etapa humana, las reencarnaciones son más frecuentes por la necesidad que el Espíritu tiene de adquirir experiencias. A medida que va saliendo de esa primera fase bestial de la vida tribual completamente salvaje y va entrando ya en civilizaciones semisalvajes, y luego en ambientes con mayores facilidades de progreso, comienza a acentuarse más en su alma el egoísmo, con su secuela de: ambición, deseo de dominio, etc.; que endurecen su alma al punto de llegar al crimen, en las diversas modalidades. En el estado salvaje, apenas infringe las leyes de la vida, ya que actúa instintivamente; pero, ya en esta otra fase, las transgrede con harta frecuencia, adquiriendo deudas para con la Ley; y aferrándose a su modalidad egoística, rehusa aceptar una vida de rectificación y dolor, permaneciendo largos períodos en el astral inferior, interviniendo casi siempre en el plano humano, incidiendo en la mente de los humanos, azuzando sus pasiones, etc. Son los demonios de las religiones.

Empero, como no pueden permanecer eternamente en esa condición, porque ello es contrario a la Ley de Evolución, llega un momento en que la Luz penetra en su mente, enseñándoles el verdadero camino del progreso espiritual y haciéndoles sentir la necesidad de avanzar hacia él. Entonces, arrepentidos, rectifican su rumbo y comienzan su expiación en nuevas vidas de dolor. El mundo astral es una contraparte de este mundo físico en que vivimos. Es la cuarta dimensión. Es el habitat de los que traspasan el umbral del Más Allá, condicionado en diversas moradas o planos, como diversos son los grados de progreso moral-espiritual. Desde felices y maravillosas, hasta dolorosas y horribles. Pero, más allá de los planos astrales hay, además, moradas radiantes, con la denominación de: planos elevados. Estos corresponden a aquellos seres que ya han alcanzado la purificación, y no están sujetos ya a las encarnaciones en los mundos de atraso moral como el nuestro y otros peores. Es la Gloria del cristianismo y el Nirvana del budhismo. Pueden hacerlo voluntariamente, en misiones especiales para adelanto de la humanidad, así como en mundos más adelantados, si lo desean; pero, para encarnar en mundos atrasados, tienen que revestirse de cuerpos fluídicos más densos, en concordancia con el magnetismo de ese mundo. Cuando el Espíritu ha llegado ya a un grado medio de evolución, como en el que se encuentran los sectores más inteligentes de nuestro conglomerado humano y aquellos que ya están vibrando en amor y actuando en la práctica del bien; sienten la necesidad de progreso, de proseguir en la realización de la tarea comenzada en el ayer e interrumpida por la muerte.

Después de una larga estadía en el plano extrafísico, los seres ya más evolucionados sienten grandes ansias de progreso renovador, por verse inhabilitados, además, a ascensiones mayores; y entonces renuncian a esa vida maravillosa de su habitat y deciden volver de nuevo a la lucha, en la cual algunas veces sucumben por no haber medido bien sus fuerzas. Conocen las vicisitudes que habrán de pasar en la nueva vida de la carne; pero, el deseo que sienten de volver al plano físico, a pesar de los esplendores de la vida maravillosa en que se encuentran, les hace decidirse. Es una fuerza interna que les impele a volver, es la Ley de Evolución que presiona sobre el Espíritu. Podemos comparar este fenómeno a lo que acontece al individuo emprendedor que, teniendo la certeza de los sinsabores que una nueva empresa le reserva, se siente atraído a ella, renunciando a ciertas ventajas que la vida tranquila y del hogar le ofrece. La falta de armonía y de frivolidad en que viven de ordinario los matrimonios, son un impedimento para que espíritus superiores encarnen en mayor número en nuestro mundo. A veces sucede que encarnan en ambientes que luego les resultan tan asfixiantes y pesados que se resienten y a veces no resisten, volviendo al espacio sin haber podido desarrollar su programa de realizaciones, su destino. Los muy evolucionados, cuando encarnan en ambientes rudos, sufren mucho, especialmente en la infancia, debido a su mayor sensibilidad. Se dice que viven en la luna, por su tendencia a la ensoñación. Las inteligencias avanzadas, bajan a encarnar en los planos físicos solamente en misiones especiales, a fin de contribuir al adelanto de las humanidades, y muy especialmente a colaborar en la obra de los mesías.

Comoquiera que su tónica vibratoria es muy sutil, buscan y rebuscan, y eligen con gran cuidado la familia que ha de albergarles en los primeros años de su vida física; no en cuanto a fortuna y posición social, sino en cuanto a las condiciones espirituales y morales de los que serán sus padres. Esta elección, aparte de llevarles tiempo, deben hacerla con relación al programa o actuación que quieren desarrollar, a fin de no encontrarse después con tropiezos y dificultades insalvables que les expongan a un fracaso lamentable. Y todo espíritu ya más evolucionado, planifica un programa antes de nacer, de enmiendas y realizaciones a desarrollar, de acuerdo con su necesidad evolutiva y su capacidad. Y esta necesidad y capacidad varían en cada ser, lo que es fácil apreciar en la enorme diversidad de destinos humanos. Y aquellos que traen misiones de más responsabilidad, planifican con mucha antelación su destino. Necesario es aclarar que, en las primeras fases de la etapa humana, el individuo poco evolucionado no está aún capacitado para escoger su propio destino humano, y encarna dirigido por inteligencias directrices del progreso humano, en concordancia con su necesidad evolutiva y su capacidad de realización; pero nunca contra su voluntad.

Al llegar aquí, pienso que más de un lector preguntará: entonces, ¿de dónde salen tantas almas, si la población humana de nuestro mundo esta aumentando considerablemente? Y aquí responderé a muchas preguntas recibidas por la primera edición de esta obra.

1. En los diversos planos del astral superior y del inferior, hay una población entre 18 a 20.000 millones de almas o seres desencarnados (según versiones - recibidas de Lo Alto), de los cuales muchos están preparados y preparándose para encarnar; y entre los cuales hay gran número desesperados por salir de su terrible condición y dispuestos a aceptar un cuerpo físico por tarado que sea.

2. Cada ciclo planetario hay transmigraciones de un mundo a otro, con el objeto de limpiar de espíritus perturbadores a los mundos que van alcanzando cierto grado de progreso; como va acontecer ya en nuestro mundo, de donde será expulsada toda la maldad humana a mundos inferiores salvajes. Son los citados en el Apocalipsis de Juan Evangelista, como los de la izquierda de Cristo. Y estos desterrados (en espíritu) a mundos de civilizaciones primitivas, mucho sufrirán, pero también contribuirán al progreso de esas civilizaciones salvajes de esos mundos.

Concluiremos nuestra exposición con lo siguiente: mientras el alma no vibre en amor, mientras no amemos a nuestros semejantes como nos amamos a nosotros mismos, estamos destinados a proseguir la cadena de las reencarnaciones terrenas. Pero ¡ay de aquellas almas ruines y ciegas que practiquen la maldad y siendo causantes de sufrimientos! ¡Ay de los que exploten la ignorancia humana! Porque hemos llegado, estamos ya en el «final de los tiempos», y ya no podrán volver a encarnar en este mundo nuestro, sino que serán llevados a encarnar y vivir, durante milenios, en alguno de los mundos más atrasados que el nuestro, entre los que hay una vida bestialmente salvaje y cavernaria, y en donde añorarán (desde lo profundo de sus conciencias) el «paraíso perdido», de este mundo nuestro del cual se verán separados.

Sebastián de Arauco

Extraído del libro "3 enfoques sobre de la reencarnación"

(1) ASTRAL, es un vocablo usado por las escuelas y doctrinas esotéricas y espiritualistas de diversas corrientes, para denominar ese mundo invisible al que pasa toda alma después de la muerte física, y que hemos venido identificando como el Más Allá. Abarca los diversos ambientes o zonas de la periferia de nuestro planeta o biosfera, en ese espacio que nuestra vista aprecia como vacío. Es un mundo —digamos así— formado por materia etérea, plena de vida psíquica en diversos estados de conciencia, más sutil en los llamados planos superiores o moradas de felicidad para las almas que los han conquistado con su conducta; y más densa en los planos inferiores; según la tónica vibratoria (condición moral-espiritual) de las almas que habitan esos ambientes; y que son tan reales para el alma, como nuestro ambiente físico lo es para nuestros sentidos.