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Cristo y Lázaro IV PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Martes, 12 de Octubre de 2010 15:48

LA TERCERA FRASE: “Desatadle, y dejadle ir”

Estamos del lado de afuera, ante el sol del Evangelio del Señor. ¡Mas, oh indescifrable realidad!, Tenemos las manos y pies atados por fajas y el rostro envuelto en un lienzo, a la manera de Lázaro. Realmente estamos de pie, mas no podemos andar. La Luz se hace en torno a nosotros, pero nada distinguimos.

Alrededor de nosotros, personas y cosas, pero nuestros ojos nada perciben. La piedra fue retirada por generosos amigos, pero permanece, tirana y cruel, la atrofia muscular. Ya salimos del sepulcro, obedeciendo la determinación del Celeste Benefactor. Entretanto, una vez más, el Maestro ruega el concurso de nuestros queridos cireneos, viejos amigos que removieron la piedra, cuando nosotros solamente “dormíamos”, estando “muertos” para las realidades de la Vida Más Alta.

Abnegados amigos, benefactores incansables de otras existencias, que estuvieron a nuestro lado en la “muerte”, en el “sueño” y en el “despertar”, acuden nuevamente, presurosos, para desligarnos de las fajas y del lienzo que nos embarazan y nos inhiben, impidiéndonos dar el paso decisivo. Hacia el frente y para lo alto. En pro de la Sabiduría, por el camino del Amor. Teniendo como meta el Conocimiento unido a la Bondad. Jesús utiliza a aquellos amigos, abnegados compañeros de otras jornadas reencarnatorias, que habiendo aprovechado mejor el Tiempo y las oportunidades, se distanciaron de nosotros a través del esfuerzo propio, por la perseverancia en el bien. Compañeros que, ciertamente, como nosotros, tuvieron hace milenios su piedra, pero de la cual se liberaron definitivamente, desde el sublime instante – desde el glorioso minuto en que la voz del Cristo resonó en sus conciencias – “Ven afuera.”

Aunque despierto, Lázaro no podría caminar. Estaba atado, inhibido, cegado. También nosotros, a pesar de despiertos, necesitamos aún de quien retire las fajas mentales que nos impiden la Visión Mayor. Fajas de egoísmo, generando otros males. Ambición, orgullo, envidia, odio… Viejas ataduras que nos mantienen atados al sepulcro de nuestras ilusiones que porfían por no morir, por no extinguirse…

No basta con que sea retirada la piedra, por nuestros amigos encarnados o desencarnados. No alcanza con la repercusión, en la acústica de nuestra conciencia, de la orden del Señor, compeliéndonos a levantarnos y salir para afuera. No es suficiente con que nos desliguen, nos quiten las fajas, nos dejen ir, soñolientos y aturdidos, cual fantasmas sin rumbo ni voluntad. Es imprescindible que marchemos, conscientes y esclarecidos, en la dirección de la Inmortalidad Sublime, en donde el Servicio con Jesús pide, de cada uno, devoción y renuncia, decisión y buena voluntad. Es imperioso, ya que reconocemos con Emmanuel que “toda reacción sustancial procede del interior para el exterior”, empeñemos todo el esfuerzo posible en el sentido de nuestra ascensión definitiva, en la dirección de la Victoria con el Maestro.

Martins Peralva

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"