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Aunque pese a la opinión de los escépticos y de las criaturas mal informadas, un examen atento y sin juicio preconcebido de la conducta humana a de llevarnos a la conclusión irrefutable de que, a respecto de los innumerables males sociales que aún nos alteran, la Humanidad ha progresado, alejándose poco a poco del egoísmo, de la crueldad y de la injusticia, haciendo que prevalezcan los sentimientos nobles, inspiradores de los más bellos y puros ideales. Gracias a aquellos que, en vez de juzgar al Mal una fatalidad, se disponen, por lo contrario, a trabajar por la victoria del Bien, día a día más se desarrolla la idea de solidaridad para con nuestros semejantes, más vivos se muestran los deseos por la abolición de la guerra y mayores avances se verifican en la lucha en pro de los derechos humanos. (preg. 797) Una buena prueba de eso nos la dan las Naciones Unidas en la relación correspondiente a sus veinte años de existencia, iniciada el 24 de octubre de 1945.
Digna de destacar, en ese documento, es la información de que algunas de las naciones más prósperas están donando sus excedentes agrícolas y otros géneros alimenticios para amenizar los graves efectos del hambre en otros lugares del mundo, suministrándoles, como complemento, grandes préstamos, en condiciones de rescate bastante ventajosas, así como la asistencia técnica, mirando al aumento de la producción de víveres y consecuente mejoría de sus padrones de nutrición.
Destáquese, por otro lado, la colaboración de conocimientos científicos promovidos por las Naciones Unidas, teniendo en cuenta el desarrollo de todos los países y la eficiente ayuda de la Organización Mundial de la Salud, uno de sus órganos, en la elevación de las condiciones sanitarias de toda la Humanidad, sea amparando y fomentando la investigación médica internacional, sea auxiliando en la erradicación de enfermedades epidémicas o de propagación en masa, como la fiebre amarilla, la viruela, la malaria, la tuberculosis, etc. Preguntamos: esa colaboración espontánea de los países más adelantados en beneficio de los menos desarrollados ¿no constituye un indicio seguro de que estamos caminando rumbo al altruismo, es decir, a la solidaridad cristiana? Las relaciones amistosas entre las naciones van, a su vez, ganando extensión y profundidad.
Hemos visto que, a través de mediaciones o negociaciones entre las partes litigantes, varios conflictos armados fueron evitados o tuvieron fin en estas dos últimas décadas, evitándose, con tales soluciones conciliatorias, el sacrificio de millones de vidas. El gran problema del desarme, inclusive la prohibición de las armas de destrucción masiva, uno de los objetivos principales de la ONU, han sido el blanco, igualmente, de persistentes debates en el seno de la Asamblea General y, a pesar de las divergencias entre las principales potencias en él interesadas, fueron alcanzados notables progresos, dándonos la esperanza de que un acuerdo general se firme en breve, garantizándose, finalmente, la seguridad y la paz internacionales. Mientras tanto, las guerras continúan flagelando diversas regiones, obligando a millares de personas a dejar sus patrias en busca de refugio en otros países.
Bajo los auspicios de las Naciones Unidas, sin embargo, esos refugiados (menores de edad, en gran parte) reciben abrigo, alimentación, cuidados médicos, educación y formación profesional, volviéndose, así, capaces de auto-sustentarse donde quiera que vivan. Tales realizaciones revelan que entre los hombres no existe sólo odio, sino también mucha bondad y mucho esfuerzo sincero en el sentido de acabar con el sufrimiento. Fecunda e incansable, ha sido, del mismo modo, la tenacidad de la Organización de las Naciones Unidas por la implantación de la justicia social en todas las partes del mundo, y de ahí haber elaborado y proclamado, el 10 de Diciembre de 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según la cual todos, indistintamente, tienen “derecho a la vida, a la libertad y seguridad física, a la libertad de movimiento, de religión, de asociación y de información; el derecho a una nacionalidad; el derecho de trabajar bajo condiciones favorables, recibiendo remuneración igual por igual trabajo realizado; el derecho al casamiento y a construir una familia”.
Ciertos sectores especializados, como los derechos de la mujer, los derechos del niño y la eliminación de la discriminación racial en la educación, en el empleo, en las prácticas religiosas y en el ejercicio de los derechos políticos, han merecido, además, rigurosos estudios, de los cuales resultaron declaraciones especiales, junto con la solicitud a todos sus Estados miembros de providencias efectivas para concretar los principios aprobados. No es solamente eso. Procediendo en consonancia con los propósitos generales de la Organización, las Naciones Unidas utilizaron fuertes estímulos junto a los países dependientes para que reivindicasen el auto-gobierno, resultando de ese apoyo el surgimiento de un gran número de nuevas naciones independientes, notoriamente en Asia y en África, haciendo que su cuadro de miembros, que abarcaba apenas 51 Estados fundadores, subiese a 114. Eso equivale a decir que “las libertades fundamentales del hombre” están en vigor, hoy, en más del doble de los países que, hace veinte años, gozaban de ese privilegio. La evolución de la Humanidad, como se ve, es “palpable”. No verla, pues, es dar muestras de acentuada miopía espiritual.
Rodolfo Callgaris
Extraído del libro "Las leyes morales según la Filosofía Espírita"
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