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Juventud y renuncia PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Viernes, 06 de Agosto de 2010 15:35

“…a los jóvenes como a hermanos

El apóstol enseña a Timoteo que hable a los jóvenes “como a hermanos”, esto es, con sinceridad y amor, con respeto y seriedad. Por eso, nuestro lenguaje para con los jóvenes debe ser claro y franco, especialmente al hablarles de las profundas e inmensas responsabilidades que Cristo atribuyó a la juventud. Responsabilidades indeclinables, inmediatas e intransferibles. La generación del futuro ha de ser un reflejo de las generaciones de hoy: Por lo tanto nadie prescinde, en su aprendizaje, del ejemplo de sus maestros. La generación actual, debe ser un espejo para las generaciones del mañana. Y la cara de ese espejo no puede, ni se debe dejar saturar por las manchas de la iniquidad, que generan el desequilibrio y el mal ejemplo. Echemos manos pues a la siembra evangélica, sin mirar para atrás, porque en la lucha edificante, no serán admitidos retrocesos ni vacilaciones.

Recordemos el “pregonad en tiempo y fuera de tiempo” del convertido de Damasco. Aquel que desea seguir a Cristo, tiene que renunciar a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo. Esa exhortación, profundamente sabia, atravesó los milenios y tiene hoy, la resonancia sublime de una advertencia amiga y generosa. Renunciemos, jóvenes, a las preocupaciones materiales, porque la tarea evangélica está allí, exigiendo renuncia, abnegación y sacrificio.

Brindemos al “mundo” tan solo lo indispensable. Renunciemos, para que la colectividad entera, la gran familia humana se beneficie de la grandiosa obra de regeneración planetaria en el más corto espacio de tiempo. Del esfuerzo empleado, dependerá la mayor o menor amplitud de tiempo demandado. El trabajo de los jóvenes espíritas tiene, pues, características inimaginables. Con la fuerza moral adquirida tras el estudio y en la ejemplificación evangélica, serán llevados a efecto valiosos emprendimientos. En las instituciones juveniles, la palabra de fe, entusiasmo y convicción será oída por otros jóvenes que no encontrarán por cierto, en otras doctrinas, la savia vivificante de la realidad cristiana, desnuda de fórmulas, rituales y símbolos.

En la intimidad de los hogares, en la ejemplificación constante de la bondad, de la afabilidad, de la corrección, del respeto filial, exaltando así, la “honra a tu padre y madre.” En las Universidades e institutos, presentándose como perfectos caballeros, educados, estudiosos y aplicados, constituyendo excepciones que no pueden dejar de ser notadas. En las reparticiones, en el comercio, en la industria, como funcionarios celosos, dedicados y honestos, o jefes humanos y altruistas. En fin, en el seno de la sociedad, siempre manchada de preconceptos, fortalecidos y amparados en la convicción evangélica, darán testimonio edificante, separándose serenamente de los abusos y desvaríos anticristianos.

Tendremos entonces, a la juventud espírita de hoy, constituyendo mañana, para gloria de Dios y felicidad de todos, a la elite cristiana de profesores y médicos, de los magistrados y gobernantes. Hombres dignos, humanos, justicieros, actuando consonantemente con las lecciones del Cristo Inmortal, de quien tanto nos hemos separado.

Iluminados, en definitiva, entonces por las claridades de la Tercera Revelación, (El Espiritismo), caminaremos, unidos en la paz y en el amor, en la Concordia y en la Fraternidad, hacia el frente y lo alto, con Nuestro Señor Jesús Cristo. La posteridad, respirando en un clima de legítima comprensión, bendecirá, de los jóvenes espíritas de hoy, el esfuerzo de renuncia ante las glorias del mundo… "

Martins Peralva

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"