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En el esfuerzo evolutivo PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Viernes, 18 de Junio de 2010 15:45

“Id y predicad el Evangelio”

En el conmovedor acontecimiento de la evolución universal, es el hombre, en la Tierra y en el Espacio, un valioso colaborador de Dios. Si los Espíritus Superiores operan, en el Plano Extrafísico, con vistas al perfeccionamiento de los encarnados, estos a su vez, realizan esfuerzos en idéntico sentido, sintonizando e integrándose a la sublime tarea del esclarecimiento espiritual. No existen dos vidas distintas, separadas, independientes…, hay por lo contrario, una sola vida, que se caracteriza por dos etapas. La primera, en el mundo espírita o espiritual, que sobrevive a todo, que preexiste al nacimiento en la Tierra, conforme lo esclarece la Doctrina.

La segunda, luego del nacimiento en el mundo corpóreo, en el llamado mundo material o físico. Las dos etapas son, entretanto, correlativas. Interaccionan una sobre la otra incesantemente, informan los Instructores Espirituales, (esclarece la Codificación).

Cuanto mayor el número de almas ennoblecidas que vengan a habitar en la Tierra, más rápidamente ascenderá ésta en el concierto de los mundos, que en fabuloso torbellino, ruedan por el espacio inconmensurable. De igual manera, cuanto mayor sea el número de almas evolucionadas que retornen a la Tierra, más se purificará el ambiente espiritual en las regiones próximas al Planeta. Como se ve, la posición de los encarnados influye en la vida del Más Allá, tanto cuanto el comportamiento de los espíritus influye en el paisaje físico del globo. Urge pues que haya simultaneidad en el trabajo, en este sublime intercambio entre el mundo espírita y el mundo corpóreo.

La Humanidad Terrena, no puede deponer las armas en el afán de superar las propias deficiencias, corrigiendo las propias imperfecciones, preparando fuertes contingentes espirituales que, más tarde, volverán infaliblemente al mundo, restituyendo los valores sublimados y eternos aquí recibidos. Cuando Jesús, observando las luchas en el escenario terrestre, aconsejó el “id y predicad el Evangelio”, no pretendió, en manera alguna, que fuesen los discípulos, tan solamente a confortar a los que sufren, consolar a los afligidos y dar buen ánimo a los desalentados del camino. Evidentemente, tuvo como fin que, de aldea en aldea, ciudad por ciudad, se preparasen almas para el reino que oportunamente habría de construir en el corazón de la Humanidad entera.

Jesús vino principalmente a educar. Y el objetivo de la predicación del Maestro se extiende tanto hoy como ayer, más allá de las fronteras de nuestro escaso conocimiento. La palabra del Señor es, simultáneamente, pan y luz en el camino. En la Tierra y en el espacio. “Yo soy el pan de vida” “Yo soy la Luz del Mundo” Pan que alimenta, fortalece y anima. Luz que esclarece, orienta, y da responsabilidad. Comiendo de ese pan alegórico, se nutre el hombre definitivamente. Nunca más tendrá hambre. Bañándose en esa luz, se torna consciente de su glorioso destino, artífice de su propia evolución. Entiende qué papel le cabe, en la obra general colectiva, de su glorioso destino, artífice de su propia evolución. Entiende qué papel le cabe, en la obra general colectiva, de perfeccionamiento de los seres, en una contribución que por diminuta, no por eso es menos valiosa.

Hay, en esa colaboración, un mérito indiscutible: el de la buena voluntad. Aquel que siente, dentro de sí una chispa de la Claridad Divina, puede y debe influenciar en el sentido de que todos coparticipen de su programa de perfeccionamiento. Esta influencia no siempre se manifestará a través de un mayor o menor número de libros que escriba, o de conferencias que profiera, sino por la efectiva ejemplificación en el Bien, en la Moral y en el Saber.

Si el contingente mayor de encarnados se constituye de seres retrasados e infelices, innegablemente es muy grande el campo de actividades del obrero evangelizador. La extensión de ese campo desafía su esfuerzo y perseverancia, el dinamismo y la resistencia. Inteligencias menos desarrolladas vagan en las sombras de la Tierra y del Espacio, reclamando caritativa orientación.

En las guaridas del crimen y de la locura yacen desventurados compañeros del camino, aguardando simplemente una frase alentadora o un concepto renovador. La palabra del Maestro sigue resonando…, resonando. Imperativa y fraterna, cual mensaje de esperanza, la invitación a “Id y predicad el Evangelio”.

Martins Peralva

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"