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En la aplicación de las terapias por pases, tres elementos son fundamentales, para obtener resultados positivos: el donante, el paciente y el ambiente.
El donante
Como todo en Doctrina Espírita, evolucionista que es, el trabajo constante para vencer las imperfecciones morales debe ser meta prioritaria del individuo que llega a la Casa Espírita trayendo la cosecha de una siembra milenaria, en su gran mayoría negativa. ¿Qué hacer, entonces, para empezar a trabajar esas heridas del alma y dar la partida para la conquista de las virtudes que nos conducirá a la felicidad plena, determinismo que a todos nos aguarda? Primeramente, hacer un viaje hacia dentro de nosotros mismos, estudiar las deficiencias de que somos portadores, colocarlas según el orden de valor, e iniciar la gran jornada de regreso, con las dificultades naturales de toda reconstrucción.
Al inicio, las dificultades son enormes. El egoísmo, “llaga de la humanidad a cuyo progreso moral obsta”, según dice Emmanuel (1), es todavía muy fuerte en nosotros, atrayéndonos hacia abajo, porque, evolutivamente, estamos mucho más próximos del comienzo, con los pies enterrados en la tierra, que de la plenitud de felicidad que todavía no merecemos. En ese punto, tenemos que recurrir a la voluntad, una de las fuerzas actuantes del Espíritu, para implementar la jornada planeada vagarosamente, tropezando, y muchas veces cayendo, con el fin de alcanzar la meta ideada.
Nada mejor, para nosotros, que integrarnos en las actividades asistenciales de la Casa Espírita, donde servimos junto a los sufridores, conviviendo con sus dificultades y aflicciones, que son enormes, para poder, comparándolas con las nuestras, que no pasan a veces de simples pinchazos, llevándonos al desespero sin razón, reajustar nuestras posiciones. En esas actividades, estamos protegidos, porque envuelto en el psiquismo de la Casa, que está formado por nuestras oraciones y vivencias, juntamente con la presencia constante de los Benefactores Espirituales que asisten y avalan los trabajos.
Estudiar el Evangelio de Jesús, es otra prioridad. Colocar sus enseñanzas en la práctica de nuestra convivencia diaria, aprendiendo a callar en los momentos en que fuimos instigados a la alteración; a escuchar, cuando la aflicción y el desespero de nuestros interlocutores hubieran llegado al auge; y a perdonar, cuando la insensatez descontrolada de la criatura humana nos alcanza. Olvidaremos nuestras ofensas y procuraremos hacer el bien en el límite de las propias fuerzas. La meditación continuada en torno de los postulados de la Doctrina Espírita nos dará la base cultural necesaria que, juntamente con los sentimientos fortalecidos en la práctica evangélica, servirán de base para la salud moral, indispensable a aquel que se candidata al trabajo del pase.
Otra materia de estudio indispensable es la del cuerpo humano, porque tornará al donador de bioenergía más consciente sobre el funcionamiento de esa maravillosa máquina con que lidiará en su trabajo de curación. Algunos libros sobre pases contienen resúmenes de buena calidad didáctica que pueden ser consultados como fuentes iniciales de información. Aulas, instructor de André Luiz e Hilario, destaca: “Importa ponderar que en cualquier sector de trabajo la ausencia de estudio significa estancamiento” (2) De la misma fuente sale esta preciosa información: “Indiscutiblemente no prescindimos del corazón noble y de la mente pura, en el ejercicio del amor, de la humildad y de la fe viva, para que los rayos del poder divino encuentren acceso y paso a través nuestro a beneficio de los otros” (2). Resaltamos, para destacar lo que creemos el punto esencial del trabajo de pases: servirnos del canal para que los rayos del Divino Poder encuentren acceso y pasaje por nuestro intermedio a beneficio del prójimo.
El agente donante debe estar físico, psíquica y emocionalmente saludable. Por lo tanto, equilibrado. En el campo físico, tener cuidado con la alimentación que debe ser frutal, rica en elementos nutrientes y desprovista de toxinas, porque el exceso produce olores desagradables, teniendo influencia directa sobre el paciente que, sintiendo el mal olor, se perturba, se desconcentra, influenciando directamente en el resultado, además de dificultar la emisión de las energías, propias o las canalizadas en el mundo espiritual, de cara a las dificultades digestivas o sobrecargas de quien no siempre el donante de pases se da cuenta. Alphonse Bué afirma: “El régimen favorece considerablemente la facultad radiadora: cumple ser sobrio, habituarse a restringir sus necesidades y comer poco…” (3).
Alexandre, instructor de André Luiz, nos informa: “El exceso de alimentación produce olores fétidos, a través de los poros, así como de las salidas de los pulmones y del estómago, perjudicando las facultades radiantes, ya que provocan gases anormales y desarmonías importantes en el aparato gastrointestinal…” (4). El uso del alcohol y del tabaco debe ser abolido, porque esos tóxicos actúan sobre los centros nerviosos influenciando directamente las funciones psíquicas, atrayendo, junto a nosotros, los dependientes de esos vicios que ya se encuentran en el mundo espiritual. Para el paciente, los fluidos que transitan por el organismo del donante viciado, saldrán imantados de elementos negativos, causándole malestar. Ponemos como destacado el sexo sin disciplina como factor responsable por el agotamiento del sistema nervioso y barrera a sombrear las posibilidades irradiantes del médium, además de dificultar la absorción de las energías de los Buenos Espíritus.
El reposo debe ser lo bastante para ofrecer a la organización física el equilibrio necesario para el buen desempeño de las funciones que se propone, contribuyendo, de esta forma, a la normalidad del psíquico y de lo emocional. La mente debe estar siempre dirigida hacia las cosas elevadas de la vida, a través del pensamiento y de la voluntad, dirigiendo a los sentimientos afectivos hacia las realizaciones nobles. El amor-donación debe ser plantado y cultivado en el suelo de nuestras relaciones; la paciencia, trabajada incesantemente para la superación de los conflictos e inquietudes íntimas; la benevolencia, vivida plenamente en la relación humana, tolerándose las imperfecciones ajenas; la fe razonada se fortalecerá al punto de transportar montañas; y la calma, finalmente, coronará nuestro actuar de una tranquilidad incorruptible a pesar de todo problema o desafío. Con la mente dirigida hacia las realizaciones divinas, atraeremos hacia el nuestro convivir Espíritus Superiores designados para supervisar y asistir el trabajo que nos estamos proponiendo realizar. Ellos nos ayudarán, supliendo deficiencias nuestras, ablandando, en consecuencia, por sus vibraciones superiores, la acción de nuestro desamor, evitando así que se instalen las obsesiones, tan de moda, en la actualidad.
Cuerpo sano, mente elevada, lo emocional se armoniza, mientras no encuentra campo propicio para los sentimientos infelices como la cólera, la envidia, la maledicencia y los celos, que normalmente concurren para la desarmonía emocional. Una vez más, Alexandre nos auxilia con una preciosa lección: “Cuando nos referimos a las cualidades necesarias a los servidores de ese campo de auxilio, no deseamos quitar coraje a nadie, sino orientar las aspiraciones del trabajador para que su tarea crezca en valores positivos y eternos” (5). Y Allan Kardec: “Se reconoce al verdadero espírita por su transformación moral y por los esfuerzos que emplea para domar sus malas inclinaciones” (6).
El Beneficiario
Para aquellos que buscan la ayuda de los pases, necesario se hace el esclarecimiento sobre esa terapia alternativa, su acción y las condiciones influyentes para la obtención de buenos resultados. Ellos deben ser esclarecidos sobre la necesidad de tener fe; primeramente en Dios, fuente generadora de las energías; después, en la persona que le aplicará pases, abriéndose de una forma confiada, y, al final, en si mismo, fortaleciendo la voluntad de curarse. La creencia en Dios es fundamental en la vida de todos nosotros, porque nos impulsa hacia el futuro, caminando ahora sobre las dificultades creadas ayer, con la seguridad de que estando en la compañía de Amigos Espirituales, que a todos nos amparan y dirigen, ancoraremos mañana en el puerto seguro de la paz. Ella da seguridad y tranquilidad. Harmonizados interiormente y teniendo la certeza de aquello que vendrá, nos abrimos a la penetración del Psiquismo Divino, que nos traerá los elementos nutrientes de que necesitamos para la cura buscada. Esa búsqueda señala el camino, y la caminata lleva al donante de energías. Ese esfuerzo condiciona al paciente a la receptividad, creando las condiciones de sintonía para la perfecta acción reciproca magnética, que abrirá los canales por donde fluirán las energías del Psiquismo Divino, del Benefactor Espiritual, del agente donante hasta alcanzarlo.
Es imprescindible que se esfuerce para vencer las imperfecciones morales, combatiendo el orgullo y el egoísmo, dejando que en si desabroche el amor, centella divina que está en la individualidad de todos, aguardando el momento propicio para brotar y expandirse. Combatir los sentimientos de odio, venganza, celos y los vicios de toda orden es meta prioritaria, porque esas fragilidades impiden la penetración de las energías curativas. Tal programa equivale a una dieta que, como se sabe, es indispensable en todo el trabajo, para que los fluidos benéficos continúen en la organización fisiopsíquica de quien los recibe por más tiempo, alcanzando las células para su renovación. Por otro lado, la vuelta a lugares de vibraciones groseras y viciosas, después del recibimiento del pase, torna vulnerable a quien lo recibe, pues la fuerza de las energías positivas del pase, lo lleva a desvitalizarse nuevamente. El hábito de la oración y de la lectura edificante es lenitivo para el alma y ayuda en el condicionamiento de la mente a direccional el pensamiento hacia los sentimientos nobles, conduciéndonos a la acción del bien. El esfuerzo emprendido en el sentido de la adquisición de esas virtudes y el direccionamiento de la vida por los caminos seguidos por Jesús, significan el inicio de la obtención de la cura real.
El Ambiente
La aplicación de pases, como terapéutica adoptada por el Espiritismo, es una acción eminentemente mediúmnica, razón por la que está sujeta a cuidados semejantes a los adoptados para las reuniones de intercambio espiritual, con relación a la influencia del medio. Se debe, por tanto, evitar aplicarlos en ambientes impregnados de energías degradadas, para no contaminar las irradiaciones curativas, restauradoras, que son movidas en provecho de los pacientes. Tales ambientes son aquellos frecuentados por personas malévolas, maledicientes, viciosas y frívolas, que quedan impregnados vigorosamente de sus pensamientos. El ambiente para el pase debe ser aquel que las personas utilizan par actividades edificantes. Si queremos lo mejor a nuestro alcance, ni lo común sirve. De ese modo, ambientes públicos, ambientes muy frecuentados y comprometidos con actividades del día a día de la vida de las personas no son adecuados. Las actividades de los pases, en principio, deben ser practicadas en el Centro Espírita. Y, entre sus dependencias, en aquella que sea más propia, reservada, confortable y limpia. Puede ser específica para tal ministerio, o la sala mediúmnica, o la de atendimiento fraterno, o en otra que atienda mejor a las finalidades y objetivos de los pases.
Hay que providenciar, para que tal lugar ofrezca condiciones para regular la luz, a fin de tornarlo reposado y agradable, pues el exceso de luminosidad perjudica las emisiones de ectoplasma y su falta deprime, inquieta. Aulas, inquirido por Hilario sobre la atmósfera radiante que se derramaba en el ambiente de una sala donde se realizaba un atendimiento por los pases, aduce: “En esta sala se reúnen sublimadas emanaciones mentales de la mayoría de cuantos se valen del socorro magnético, tomados de amor y confianza. Aquí poseemos una especia de altar interior, formado por los pensamientos, oraciones y aspiraciones de cuantos nos buscan trayendo lo mejor de si mismos.” (7) Si el Centro Espírita dispone de un servicio regular de pases, precisa de una recepción y de un Atendimiento Fraterno funcionando concomitantemente. Recepción en una antesala donde las personas esperen la vez de ser atendidas, siendo asistidas por auxiliar orientado en ese sentido, y Atendimiento Fraterno, en gabinetes privados; donde ellas sean preparadas para el pase. Esos espacios deben ser bastante acogedores y adecuadamente decorados, disponiendo, la recepción, de asientos en número suficiente, música ambiental, revistas y mensajes espíritas a voluntad…
En la recepción y en el Atendimiento Fraterno empieza el tratamiento. La idea de que el Centro Espírita es el mejor lugar para aplicar pases es una afirmativa válida, siendo, sin embargo, imprescindible que los miembros de sus equipos de trabajo se amen y se identifiquen con la oración y el trabajo, principalmente el de la transformación moral y de la solidaridad activa. Solamente así el Centro Espírita atraerá los Buenos Espíritus y se impregnará de vibraciones de elevado tenor. Cuando las circunstancias impusieran la necesidad de aplicar pases fuera de sus dependencias – se tiene que crear las condiciones psíquicas ambientales adecuadas, a través de la preparación del donante de energías, antes de dirigirse al lugar y, allí, a través de la lectura y música, si es posible. Es necesario limitar el número de personas ligadas al enfermo, presentes, en el lugar del pase, evitándose la curiosidad de individuos sin preparación. Basta una o dos de confianza del enfermo, para infundirle seguridad y testimoniar los actos del pasista.
En resumen, si estamos fuera del Centro Espírita es preciso “construir” un ambiente, lo más aproximado posible al de él, para asegurar equilibrio vibratorio, tomándose el cuidado para que no hayan interrupciones o rotura de sintonía por la acción extemporánea de encarnados o desencarnados que puedan adentrarse por la sala inesperadamente. El ambiente también es creado por las condiciones físicas del pasista: su higiene, forma discreta y agradable de vestir y de portarse en la hora de la donación, sin atavíos o perfumes fuertes –estos por interferir perjudicialmente en el sistema nervioso de los pacientes. La buena presentación pasa un mensaje de armonía y serenidad. Preparar el ambiente es también una cuestión de orden en el servicio, posturas adecuadas y silencio (físico y mental). Con base en ese enfoque es que se torna preferible dar los pases después de las reuniones doctrinarias en el propio salón de conferencias del Centro, donde todos oyen el mensaje, que mover las personas a una cabina, lo que, en la mayoría de las veces desconcentra y reduce la calidad del servicio. Nada más natural y lógico que, concluida la exposición doctrinaria, hacer penumbra en el ambiente y los donantes de energía aplicar pases, individual o colectivamente, en los frecuentadores, que permanecerán sentados mientras alguien conduce las vibraciones (exhortaciones y oraciones intercesoras).
BIBLIOGRAFÍA
1. El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec, Cap. XI, item 11 2. En los Dominios de la Mediumnidad, André Luiz /Francisco C. Xavier, Cap. 17 3. Magnetismo Curativo, Manual Técnico Alphonse Bué, Cap. 11 4. Misioneros de la Luz, André Luiz / Francisco C. Xavier, Cap. 19 5. Idem, idem 6. El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec, Cap. XVII, item 4 7. En los Dominios de la Mediumnidad, André Luiz /Francisco C. Xavier, Cap. 17
Extraído del libro "Terapia a través de los pases" Manuel Filomeno de Miranda
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