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Jesús en betania III PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Domingo, 06 de Junio de 2010 16:31

La mejor parte. La que no le será quitada...

Es sin dudas expresiva la información dada por Jesús a Marta, respecto de que María había escogido la mejor parte, la que no le sería quitada. La comprensión espiritual es un patrimonio imperdible. No puede ser dado, ni vendido, ni cambiado, ni quitado por quien quiera que sea. Nadie puede anular, o extinguir en el hombre la comprensión espiritual a aquel que la adquirió, mediante experiencias personales, que se pierden en la noche de milenios sin cuenta.

El entendimiento de las cosas del espíritu es como el talento y la cultura, el bien y la moral: se incorporan con el tiempo, de manera plena y definitiva, en el ser humano, como fruto de la experiencia personal. El hombre entiende porque sabe. El hombre entiende, porque siente, ejemplifica y vive en persona, ese entendimiento que no se puede definir por medio de palabras.

Las inquietudes que constantemente nos visitan el corazón, en medio de las luchas cotidianas, en forma de ansiosa intranquilidad ante los problemas y soluciones terrestres, significan que aún estamos sintonizados con las Martas del mundo y en disonancia con las Marías del Cielo. La conmovedora escena, en el hogar de Betania, aunque se remonte ha casi ya dos mil años, debe merecer una especial consideración por parte de nosotros, aprendices del Evangelio, estudiosos del Espiritismo y aspirantes a la luz de la Inmortalidad Gloriosa.

El tiempo no empalidece ni apaga las lecciones cristianas. El entendimiento se revela, evidenciándose en el discernimiento. Discernimiento claro, equivale a entendimiento superior. Existe una proporción en el aprecio a las cosas del mundo y a las cosas del Cielo. El hombre demostrará haber superado la órbita de la materialidad a partir del instante en que el porcentaje de sus intereses por las cosas espirituales se eleve de cincuenta. Cincuenta por ciento para la parte material y cincuenta por ciento para la espiritual, representan la llamada “línea de transición.”

Cuando la individualidad humana siente, ella por sí y no por otros, que ofrece desde su corazón, sesenta por ciento de interés por las cosas espirituales y cuarenta a las materiales, podemos decir que fue superada la difícil y neurálgica fase de transición. Hay progreso en el andar. Cuando hubiera una proporción de ochenta por ciento para el espíritu y veinte por ciento para la materia, podemos decir que en la maratón evolutiva, el atleta va bien.

La meta definitiva, con un ciento por ciento de espiritualidad, define al hombre que triunfó sobre sí mismo. Es el instante en que el espíritu humano, viajero de la Eternidad, puede escribir el Poema Universal de la “Victoria Sobre Sí Mismo”, asimilando así, la palabra del Cristo: “Sed perfectos, como perfecto es el Padre Celestial”.

En la conquista de esa posición, para la cual estamos aún totalmente inmaduros, es necesario el discernimiento en la elección de la mejor parte. De la parte espiritual, esa que nadie puede quitar…

Martins Peralva

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"