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El Cristianismo primitivo PDF Imprimir E-mail
Leon Denis
Escrito por Administrador   
Viernes, 06 de Marzo de 2009 17:01

Las enseñanzas espiritas han estado presentes en las culturas y filosofías más avanzadas de la antigüedad. Una mirada retrospectiva a la Historia nos demostrará la validez de los postulados espiritas, que están por encima de las fluctuaciones de la civilización humana.

Los primeros cristianos creían en la preexistencia y en la superviven­cia del alma en otros cuerpos, es decir, admitían la pluralidad de existen­cias. Así mismo, practicaban la comuni­cación con los espíritus desencarnados, o mediumnidad, de lo cual encontra­mos citas en los textos del Nuevo Tes­tamento conocidos como

«Hechos de los Apóstoles»: «Amados míos -decía Juan el Evan­gelista-, no creáis a todo espíritu, sino examinad si los espíritus son de Dios.»

Con estos términos, Juan establece que no todos los espíritus desencar­nados son iguales en inteligencia, cien­cia y moralidad; que el hecho de estar desencarnados no les otorga la sabidu­ría y la bondad, sino que cada cual con­serva las tendencias que predominaron en ellos cuando estaban encarnados; que, al lado de espíritus desenvueltos, nobles y sabios, hay espíritus embau­cadores, falsos y materializados. Sus palabras constituyen un llamamiento a la prudencia, y a no aceptar a ciegas todo lo proveniente de los espíritus, y aceptar solamente aquello que, después de haberlo pasado por el tamiz de la ra­zón, está conforme a la verdad y al buen sentido.Las prácticas espiritistas estu­vieron en uso durante muchos siglos. Es mas, los espíritus evolucionados combatían con frecuencia el dogmatismo creciente de la iglesia y apoyaban a los considerados heréticos, entre ellos los gnósticos; se quejaban de que las sen­cillas enseñanzas del Evangelio fuesen oscurecidas por dogmas inventados e impuestos; y condenaban el lujo de los obispos. Orígenes es una de las figuras más relevantes del cristianismo esotérico. Afirmaba en sus obras que la desigual dad de los seres es consecuencia de sus distintos méritos, que las almas se depu­raban en series de existencias. Muchos de los Padres de la Iglesia participaban de su opinión, apoyándose en las reve­laciones de los espíritus a los profetas o médiums.

La creencia en la pluralidad de exis­tencias, profesada por los primeros cris­tianos, constituía un serio peligro para la iglesia, ya que, con el rescate de las faltas cometidas por medio de las prue­bas y del trabajo, la muerte no era ya un objeto de terror, y la salvación depen­día única y exclusivamente de cada ser. No pudiendo ya la iglesia abrir a su antojo las puertas del infierno y del pa­raíso, veía debilitarse su poder y su pres­tigio, basados éstos en su dogmatismo y en la fe ciega que pretendía imponer. Así fue como la figura de Satán adqui­rió una importancia cada vez mayor en la religión cristiana: todo cuanto estorbaba a la iglesia le era atribuido al diablo. Como consecuencia, la iglesia no tardó en condenar las manifestaciones espiritistas y la pluralidad de existencias, y se declaró la única intérprete de Dios.

En el Concilio de Nicea (325) Orígenes y los gnósticos fueron condenados, y con el apogeo de la iglesia la oscuridad volvió a reinar en el mundo durante mu­chos siglos. Las genuinas enseñanzas cristianas permanecieron en las casas pobres, en los humildes misioneros y en las escue­las iniciáticas. Durante la Edad Media, muchas de estas órdenes secretas (alqui­mistas, templarios, cátaros...) conserva­ron los principios de la pura y sencilla religión de Jesús; la iglesia las sofocó en el humo de las hogueras o en el campo de batalla, ya que temía muchísimo la influencia que ejercían sobre las inteli­gencias. Hemos mencionado antes a los gnósticos. ¿Qué era el gnosticismo? Bajo esta denominación podemos definir al conjunto de sectas cristianas que flore­cieron entre los siglos I y III.

En un prin­cipio se trataba de grupos imprecisa­mente cristianizados, dependientes de diversas ideologías filosóficas y religio­sas orientales. El gnosticismo floreció en el siglo II, cuando aparecieron sus grandes pensa­dores. El centro desde el cual se difun­dieron las doctrinas fue Alejandría, y los 3 maestros de la gnosis alejandrina fue­ron Basílides, Carpócrates y Valentín. Perseguido por el catolicismo triun­fante, el gnosticismo se refugió más allá de las fronteras del Imperio Romano (Irán, Alto Egipto). En su período de es­plendor el gnosticismo representó una seria amenaza para la iglesia. Los gnósti­cos aportaron 3 elementos de que la igle­sia carecía: un canon de la Escritura, un concepto de tradición y sucesión apostólicas y una especulación teológica. Los gnosticos del siglo II no formaban iglesias aparte, sino que convivían con los demás cristianos. No obstante, la iglesia resistió sus embates, apoyándose mas en la creciente solidez del el episcopado monárquico que en el contraataque de sus teólogos a los filósofos gnósticos. Entre los principios más sobresalientes del gnosticismo, podemos mencionar:

*El conocimiento de sí mismo. Señalemos que los gnósticos pueden ser considerados los primeros neoplatónicos, y mantuvieron los principios de Sócrates y Platón. Ejercieron influencia sobre otros grupos religiosos.

*La necesidad del conocimientos salvador y liberador: éste era su tema constante.

*Dios es absolutamente trascendente y encierra en sí el germen de todas las cosas.

*El hombre no tiene su patria en el mundo: ha sido arrojado a él. Su verdadera entidad es de otro mundo, y debe apresurar el regreso al esta primero.

Este último concepto resume de forma admirable el principio de la pluralidad de existencias; implica también que el mundo fluídico o de los espíritus es el mundo normal, primero, preexistente a todo, y que el mundo corporal es secundario y temporal, que podría dejar de existir o no haber existido nunca, sin que se alterase por ello la esencia del mundo fluídico.

Exactamente lo mismo nos enseña y demuestra la Ciencia Espirita.

León Denis,

Extraído del libro "Después de la Muerte"