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Leon Denis
Escrito por Administrador   
Miércoles, 24 de Diciembre de 2008 16:30

El Espiritismo ha ejercido en los tiempos actuales, una influencia enorme en el estado de espíritu de nuestros contemporáneos. No solo ha abierto a la ciencia todo un dominio desconocido, la ha obligado a hacer constar la realidad de los hechos: sugestión, exteriorización, telepatía que, durante largo tiempo había negado o rechazado; además ha dirigido los pensamientos hacia el más allá; ha despertado en las conciencias nebulosas y adormecidas de nuestro tiempo, el sentimiento de la inmortalidad; ha hecho más viva, más real, más tangible, la creencia de la supervivencia de los desaparecidos. Allí donde no había más que esperanzas y creencias, ha traído certidumbre.

Bajo la cáscara del fenómeno se ocultada una revelación. De la comunión de las almas ha nacido una doctrina. Y por ella, el problema del destino, problema eterno de la Humanidad, a revestido nuevo aspecto. El destino, feliz o desgraciado, es la consecuencia de nuestros actos. El alma ella misma crea su porvenir.

Por su propio esfuerzo se desprende de las bajas materialidades, progresa y se eleva hacia la luz divina, uniéndose más estrechamente con las sociedades luminosas del espacio, y tomando parte, por una creciente colaboración, en la obra Universal. El Espiritismo satisface, al mismo tiempo, la razón y el sentimiento. Estas dos potencias han estado en lucha, y perpetuo conflicto. Lo que ha ocasionado sufrimiento y desorden a las sociedades humanas. La religión apelando al sentimiento y aportando la razón, caía a menudo en el fanatismo y en el extravió. La ciencia procediendo en sentido contrario, permanecía seca fría, impotente para regir las costumbres.

El Espiritismo es una doctrina que ha venido a restablecer el equilibrio y la armonía entre estas dos fuerzas, a unirlas y a imprimirles un impulso común hacia el bien. El Espiritismo es la religión científica del porvenir. El hombre, libre de los dogmas que violentan y de las inhabilidades que oprimen, recobra su independencia y el uso de sus facultades. Examina juzga libremente y solo acepta lo que le parece bueno. El Espiritismo ensancha la acción de la fraternidad. Establece por medio de los hechos, que esta no es solo un puro concepto, sino que es la ley fundamental de la naturaleza, ley cuya acción se ejerce en todos los planos de la evolución humana, lo mismo bajo el punto de vista físico o espiritual, en lo visible que en lo invisible. Por su origen, por los fines que le están asignados, todas las almas son hermanas.

Con el Espiritismo, corazón y entendimiento, todo tiene su parte. El círculo de las afecciones se extiende. Los humanos y los invisibles, en la realidad, caminan con frecuencia juntos, a través de las alegrías y de las lágrimas, de las felicidades y de los infortunios. El amor de los seres amados nos envuelve, nos consuela, nos reanima. Los terrores de la muerte han desaparecido en el hombre. El Espiritismo, practicado con prudencia y conocimiento además de ser un manantial de enseñanza, es también un medio de impulsión moral. Las advertencias, los consejos de los espíritus, sus descripciones de la vida del más allá, influyen en los pensamientos y en los actos del hombre. Van modificando su carácter y su modo de vivir. Las confesiones de los Espíritus, narrando sus angustias por haber empleado mal su vida terrenal; la del egoísta, que no encuentra en torno de si más que indiferencia y vació; la del envidioso, que está sumido en una especie de oscuridad producida por la acumulación de sus malos pensamientos, impresionan al hombre. Los pensamientos y los actos crean alrededor del alma culpable; una atmósfera fluidica que se condensa, se va reduciendo poco a poco y la encierra como en una cárcel.

Las descripciones de las recompensas y de las penas, ejercen una influencia en el estado del espíritu y de los experimentadores, induciéndolos a considerar la vida y sus responsabilidades bajo un aspecto más serio y a someter más estrictamente sus actos a la regla austera del deber. La mayor parte de los hombres no tienen conciencia de sus defectos. Se ignoran a si mismos y acumulan faltas sobre faltas, sin darse siquiera cuenta. Bajo este punto de vista, las indicaciones de los guías son muy útiles para conducirse el hombre, para dominarse y frenar los fogosos arranques de su naturaleza. Por la práctica del espiritismo y las instrucciones de los Espíritus elevados el hombre puede adquirir la ciencia preciosa de la vida, el dominio de las emociones y de las sensaciones, la facultad de gobernarse y de imponerse a los sordos impulsos del propio ser.

El nuevo Espiritualismo ha logrado ya la unión de adeptos de todos los rangos y de todos los países; algún día unirá a todas las religiones y a todas las sociedades humanas. Poco a poco, el círculo de la vida colectiva se ha ensanchado. Se han constituido agrupamientos y han surgido conflictos. Las guerras se han sucedido. A través de luchas perpetuas, luchas de razas, de religiones, de ideas, es como se prosigue la marcha dolorosa y se despierta la conciencia de la humanidad. A despecho de las pasiones y de los odios, las barreras se rebajan entre los pueblos; las relaciones se multiplican haciéndose más fáciles; se cambian ideas, las civilizaciones se compenetran y se fecundan. La noción de la humanidad se edifica, se habla, se sueña en la paz, en la lengua, en las religiones universales.

El nuevo espiritualismo, apoyado en la ciencia, nos trae esta concepción, esta revelación en la cual se fusionan y reviven, bajo formas más sencillas y más elevadas, las grandes concepciones del pasado, las enseñanzas de los Mesías enviados por el cielo a la tierra. Y el será un nuevo elemento de vida y de regeneración para todas las religiones del globo. El Espiritismo facilitará la unidad religiosa y moral. La solidaridad que une a los vivos de la tierra con los del cielo, se extenderá poco a poco por toda la tierra y todos comulgaran en una misma creencia, en un mismo ideal realizado. El hombre aprenderá a desprenderse de las cosas materiales y a remontar más alto sus aspiraciones. Todo subirán, a través de la pruebas y de las lagrimas, desde las regiones oscuras hasta la luz divina. La senda de la misericordia y del perdón está siempre abierta para los culpables. La revelación de los espíritus disipa las tinieblas del odio, las incertidumbres y los errores que rodean al hombre ¡Ella hace brillar sobre el mundo el gran sol de la bondad, de la concordia, de la verdad!

Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro “En lo Invisible” León Denis