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Una filosofía para espíritus libres PDF Imprimir E-mail
Leon Denis
Escrito por Administrador   
Miércoles, 29 de Octubre de 2008 16:28

Amar a los maestros de la razón y de la sabiduría humana, no implica desdén para los maestros de la razón sobrehumana, los representantes de una sabiduría más elevada y más profunda. He considerado un deber que se beneficiasen mis hermanos terrestres de estas enseñanzas. Una obra vale por sí misma. Piénsese lo que se piense y dígase lo que se diga de la revelación de los espíritus, yo no puedo admitir, cuan­do se enseñan en todas las Universi­dades inmensos sistemas metafísicos creados por el pensamiento de los hombres, que se puedan considerar desdeñables y rechazar los principios divulgados por las nobles inteligencias del espacio.

(...) El espíritu del hombre, oprimi­do por la carne, privado de la pleni­tud de sus recursos y de sus percep­ciones, no puede llegar por sí mismo al conocimiento del Universo invisi­ble y de sus leyes. El círculo en que se agita nuestra vida y nuestro pensa­miento es limitado, y nuestro punto de vista, pequeño. La insuficiencia de los datos adquiridos hace imposible, o cuando menos improbable, cual­quier generalización. Para penetrar en el dominio desconocido e infinito de las Leyes, necesitamos guías. Por la colaboración de los pensadores emi­nentes de los dos mundos. de las dos humanidades, se entreveran, si no se alcanzan, las más altas verdades y los más nobles principios establecidos. Mucho mejor y con más seguridad que nuestros maestros terrestres, los del espacio saben ponernos en presencia del problema de la vida, del misterio del alma, y nos ayudan a hacernos cargo de nuestra grandeza y de nues­tro porvenir.

A veces se nos hace una pregunta, se nos presenta una nueva objeción. En presencia de la infinita variedad de comunicaciones y de la libertad que tiene cada cual para apreciarlas, exami­narlas a su gusto, ¿en qué se convierte la unidad de doctrina, esa unidad po­tente que ha constituido la fuerza, la grandeza y ha asegurado la duración de las religiones sacerdotales?

El Espiritismo, lo hemos dicho ya, no dogmatiza. No es ni una secta ni una ortodoxia. Es una filosofía viviente, abierta a todos los espíritus libres y que progresa evolucionando. No im­pone nada, propone, y lo que propo­ne lo apoya sobre los hechos experi­mentados y pruebas morales. No ex­cluye ninguna otra creencia, pero se eleva por encima de ellas y las abarca a todas en una formula mas amplia, en una expresión más extensa de la verdad.

Las inteligencias superiores nos abren el camino y nos revelan los prin­cipios eternos que cada uno de nosotros adopta y asimila en la medida de su comprensión, según el grado de desarrollo alcanzado por sus faculta­des en la sucesión de sus vidas. En general, la unidad de doctrina no se obtiene sino al precio de la su­misión ciega y pasiva a un conjunto de principios, de fórmulas sujetas a un rígido molde. Esa inmovilidad, esa fijeza rígida de los dogmas quita a la religión que los impone todas las ventajas del movi­miento social y de la evolución del pensamiento. Al considerarse como la única creencia buena y verdadera, lle­ga a proscribir todo lo que está fuera de ella, encerrándose así en una tum­ba donde quisiera arrastrar con ella la vida intelectual y el genio de las razas humanas.

El mayor cuidado del Espiritismo es el de evitar estas funestas consecuen­cias de la ortodoxia. Su revelación es una exposición libre y sincera de doc­trinas que no tienen nada de inmuta­bles, pero constituyen una nueva eta­pa hacia la verdad eterna e infinita. A todos nos asiste el derecho de anali­zar sus principios, los cuales no tie­nen otra sanción que la razón y la conciencia. Mas al adoptarlos debe­mos conformar a ellos nuestra vida y cumplir los deberes que les son inhe­rentes. Quienes los eludan no pueden ser considerados como verdaderos adeptos.

Allan Kardec nos puso siempre en guardia contra el dogmatismo y  espíritu sectario. En sus obras recomienda  sin cesar que no dejemos cristalizar el Espiritismo y que eviterno, nefastos  métodos que han arruinado el espíritu  religioso en nuestro país. En nuestros tiempos de discordias y discusiones políticas y religiosas, en  que la ciencia y la ortodoxia están en  lucha, quisiéramos demostrar a los  hombres de buena voluntad de todas  las opiniones, de todos los campos,  de todas las creencias, lo mismo que  a los pensadores verdaderamente  libres y dotados de gran comprensión, que hay un terreno neutro, el del Espiritualismo experimental todos nos podemos encontrar y  darnos las manos. ¡Basta de dogmas! ¡Basta de misterios! Abramos nuestro entendimiento a todos los impulsos del espíritu; busquemos en todas las  fuentes del pasado y del presente.  Digamos que en todas las doctrinas hay  partículas de la Verdad; mas no hay ninguna que la contenga enteramente,  pues la Verdad en su plenitud es  mucho más extensa que e espíritu humano. Solamente se realizarán la armonía  del pensamiento y la conquista de la mayor suma de verdad que puede el  hombre asimilarse en este momento histórico, por el acuerdo de las buenas voluntades, de los corazones  sinceros, de los espíritus libres y  desinteresados.

Textos de León Denis.
Transcrito  por José Mª Sierra.