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El fin supremo PDF Imprimir E-mail
Leon Denis
Escrito por Administrador   
Lunes, 06 de Octubre de 2008 17:06
Hombre, mi hermano, ten fe en tu destino, porque es grande. Naciste con facultades incultas, aspiraciones infinitas, y la eternidad se te consagra para desarrollar las unas y satisfacer las otras. Crecer de vida en vida, alumbrarte por el estudio, purificarte por el dolor, adquirir una ciencia siempre más vasta, calidades siempre más nobles; he aquí lo que está reservado para ti. Dios hizo más todavía por ti, te dio los medios de colaborar en su obra; de participar en la ley del progreso ilimitado, abriendo nuevas vías a tus semejantes, elevando a tus hermanos, atrayéndoles a ti, iniciándoles a los esplendores de la verdad y de la belleza, a las sublimes armonías del universo. ¿No es eso crear, transformar almas y mundos? ¿Y este trabajo inmenso y fértil en goces, no es preferible a un descanso triste y estéril? ¡Colaborar con Dios! ¡Hacer en todo y por todas partes el bien, la justicia! ¡Qué hay más grande, más digno para tu espíritu inmortal!

Eleva pues tu mirada y abraza las perspectivas vastas de tu futuro. Saca de este espectáculo la energía necesaria para afrontar los vientos y las tormentas del mundo. Marcha, valiente, luchador, sube la pendiente que conduce a estas cimas que se llama virtud, deber, sacrificio. No te pares por el camino a recoger las florecillas del matorral, a jugar con las piedras doradas. Adelante ¡siempre adelante! ¿Ves en los cielos espléndidos estos astros resplandecientes, esos soles innumerables llevando, en sus evoluciones prodigiosas, brillantes comitivas de planetas? ¡Qué de siglos acumulados no hizo falta para formarlos! ¡Qué de siglos no serán necesarios para disolverlos! ¡Pues bien! Un día vendrá donde todos estos fuegos serán apagados, o estos mundos gigantescos se desvanecerán para hacer sitio a globos nuevos, a otras familias de astros que emergerán de las profundidades. Nada de esto que vieras hoy existirá más.

El viento de los espacios barrerá para siempre el polvo de estos mundos usados; pero tú, vivirás siempre, persiguiendo tu marcha eterna en el seno de una creación sin cesar renovada. ¿Que serán entonces para tu alma depurada y engrandecida, las sombras y las preocupaciones del presente? Accidentes efímeros de nuestra carrera, no dejarán en el fondo de nuestra memoria más que tristes o dulces recuerdos. Ante el horizonte infinito de la inmortalidad, los dolores del presente, las pruebas sufridas serán como nube fugitiva en medio de un cielo sereno.

Mide pues las cosas de la Tierra en su valor justo. No las desprecies sin duda, porque son necesarias para tu progreso, y tu misión es contribuir a su perfeccionamiento perfeccionándote tú mismo, pero no ates exclusivamente a eso tu alma y busca ante todo las enseñanzas que contienen. Por ellas, comprenderás que el fin de la vida no es el goce, ni la felicidad, sino más bien por medio del trabajo, del estudio y del cumplimiento del deber, el desarrollo de esta alma, de esta personalidad a la que reencontrarás más allá de la tumba, tal, como tú mismo le habrás dado forma en el curso de tu existencia terrestre.

Extraído del libro “El porqué de la Vida”
Léon Denis