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“El Maestro de Lyon”
El maestro de Lyon, llamado Hyppólito León Denizard Rivail. Una mente lucida y dedicada al trabajo de la reforma dentro de la enseñanza. Nació el 3 de Octubre de 1.804. Desencarno el 31 de Marzo de 1869, es decir, contaba 65 años. Sus brillantísimas obras las firmaba con el seudónimo de Allan Kardec.
A el le debo este trabajo, suyo es todo el merito.
A continuación, veremos que nos dice la “Doctrina Espiritual” (por cierto, el no la llamaba así).
¡Hermanos de mi alma!
La Doctrina Espiritual, es sencillamente la primitiva, la de aquellos Cristianos que de verdad amaban, seguían e imitaban a Jesús los que en toda su pureza predicaban la Verdad, aquellos que, cantando alabanzas a Dios, caminaban unidos al circo, donde serian destrozados por las fieras, con una sonrisa en sus angelicales rostros; actitud que el propio Nerón no llegaba a entender.
La Doctrina Espiritual ha venido a completar y aclarar las enseñanzas de Cristo, conforme su promesa de enviar “El Consolador”.
Esta noble Doctrina viene a mostrar que la vida futura, ya no es una cuestión de fe o una hipótesis, pero si, una realidad irrefutable a trabes de hechos reales.
Dios asiste a los que obran, no a los que se limitan a pedir. La fe por si sola no redime ni santifica al que cree; el cultivo del Amor a Dios y al prójimo es la redención.
Para que podamos creer de verdad, antes que nada, necesitamos comprender aquellos en que queremos creer. (Idea que nos inspira a hacer este trabajo). La creencia sin razonamiento no pasa de ser una creencia ciega o de una superstición. Antes de que aceptemos algo como Verdad, debemos analizarla bien. Lo malo de mucha gente es creer fácilmente en todo lo que le dicen, sin un cuidadoso examen. (Decía nuestro insigne hermano Kardec): “Fe inamovible es aquella que puede encarar la razón, cara a cara, en todas las épocas de la humanidad”
Entre las personas que se suponen Cristianos de corazón, pocas conocen realmente la Doctrina Espiritual, o lo que es lo mismo, la autentica palabra del Mesías es todo su esplendor, sencillez y Verdad.
La mayoría prefiere escuchar a través de personas, que leer las informaciones de fuentes puras y seguros. (Lo que estoy haciendo yo).
El verdadero cristiano-espiritual, se revela por su conducta moral y por sus obras.
Toda religión que siembra la discordia y que separa los hijos de Dios es falsa y perjudicial a la Humanidad.
¿Por que conocer la Doctrina Espiritual?
La mayoría de las criaturas, que viven la vida atribulada de hoy, no están interesadas en los problemas fundamentales de las existencias. Se preocupan mucho más de sus negocios, de sus placeres y de sus problemas particulares. Creen que las preguntas, como; “la existencia de Dios”, y la “inmortalidad del alma”, son de competencia de sacerdotes, de ministros religiosos, de filósofos y teólogos.
Cuando todo va bien en sus vidas, ellos ni se acuerdan de Dios y cuando lo hacen es apenas para hacer una oración e ir a la iglesia, como si tales actitudes fuesen simples obligaciones de las cuales todos tienen que tomar parte de una manara o de otra.
La religión para ellos es mera formalidad social, alguna cosa que las personas deben tener, y nada más; a lo sumo, será un descargo de conciencia, para estar bien con Dios. Tanto es así, que muchos ni siquiera alimentan su firme convicción en aquello que profesan, cargando serias dudas al respecto de Dios y de la continuidad de la vida después de la muerte. Sin embargo, cuando estas personas son sorprendidas por un gran problema, una caída financiera, la perdida de un ser querido, una enfermedad incurable,… hechos que pasan en la vida de todas las personas, no encuentran en si misma la fe necesaria ni la comprensión para enfrentar el problema con coraje y resignación, perdiéndose invariablemente en la desesperación.
El conocimiento de la Doctrina Espiritual nos abre una amplia visión racional de la vida, explicándola de manera convincente y permitiéndonos iniciar una transformación intima, aproximándonos a Dios.
¿De que trata, sobre todo la Doctrina Espiritual?
Responde a las preguntas fundamentales de nuestra vida, tales como: ¿Quien eres? Antes de nacer, ¿quien eras? Después de la muerte, ¡que seré!; ¿porque estoy en este mundo?; ¿porque unas personas sufren mas que otras? ¿Porque unos nacen ricos y otras pobres? ¿Porque algunos ciegos, inválidos, débiles mentales, etc., mientras otros nacen inteligentes y saludables? ¿Porque Dios permite tanta desigualdad entre sus hijos? ¿Porque hay tantas desgracias en el mundo y la tristeza supera la alegría?
Por ejemplo: de tres personas que viajan en un vehículo y después de un terrible accidente, uno pierde la vida, otro queda gravemente herido y la tercera escapa sin ninguna herida; ¿porque, suertes tan diferentes? ¿Donde esta en esto la justicia de Dios? ¿Porque unos que son malos, sufre menos que otros que son buenos?
Preguntas como las formuladas, son respondidas por la Doctrina Espiritual, porque estas son las preguntas que todos nos hacemos al contemplar tantas desigualdad y tantos destinos diferentes en la vida atribulada de nuestro planeta.
La Doctrina Espiritual es Ciencia…
Decimos que es ciencia, porque estudia la Luz de la Razón dentro de criterios científicos y los fenómenos mediúmnicos, esto es, fenómenos provocados por los espíritus y que no pasan de hechos naturales. No existe lo sobrenatural en esta sencilla y bella Doctrina.
Es filosofía….
Es una filosofía porque a partir de los fenómenos espirituales, da una interpretación de la vida, respondiendo a las preguntas anteriormente formuladas. Toda doctrina que da una interpretación de la vida, una concepción propia del mundo, es una filosofía.
Es una Religión….
Decimos también que es una religión, porque tiene como fin la transformación moral del hombre, retornando las enseñanzas del sublime Jesucristo, para que sean aplicados en la vida diaria de cada persona.
Revive el Cristianismo en su verdadera expresión de Amor y Caridad.
El sentido de la Religión Espiritual…
La religión de esta Doctrina no esta organizada dentro de ninguna estructura clerical. En este sentido, es profundamente diferente de las religiones tradicionales. No tiene sacerdotes ni jefe religiosos. No tiene mezquita, sinagogas ni templos suntuosos, no adopta ceremonias de ninguna especie, como el bautismo, confirmación, etc. No tiene rituales, ni velas, vestimentas especiales, ni cualquier simbología. No adopta ornamentación para cultos, ni gesto de reverencias, ni señales cabalísticas, ni bendiciones, ni amuletos, ni cánticos ceremoniosos, (baile rituales etc.) ni bebidas, (solo agua), ni ofrendas, etc.…
El culto espiritual es hecho en el propio corazón.
Es el culto del sentimiento puro, del amor al semejante, del trabajo constante en favor del prójimo.
Solamente el pensamiento equilibrado en el bien nos une a Dios, y solamente la práctica de las buenas acciones nos hacen sus verdaderos adoradores.
Así, la Doctrina Espiritual busca revivir las enseñanzas de Jesús, en su simplicidad y sinceridad, sin lujo, sin convencionalismos sociales; sin pompas, sin grandezas, como nos recomendó el Maestro de Nazareth. Dios debe ser adorado en Espíritu y en Verdad.
Por lo tanto, salta a los cuatro vientos, que esta exacta Doctrina es el Consolador prometido por Jesús.
“Si me amáis, guardad mis mandamientos, para que esté con vosotros para siempre el Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora en vosotros, y estará en vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviara en mi nombre, el os enseñara todas las cosas, y os recordara todo lo que yo os he dicho.”(Jesús)
(Evangelio, San Juan, cap. 14 ver, 15, 17,26)
Hay quien se pregunta: ¿Si tenemos tantas vidas, porque no las recordamos? Seria fácil la respuesta diciendo: ¿Para que entonces la encarnación?
Pero no, una vez más, nuestro gran Apóstol Kardec, nos explicará con detenimiento y sabiduría el:
Olvido del Pasado
El no recordar nuestras vidas pasadas hace parte de la sabiduría de Dios.
Si recordásemos del mal que hicimos, de los sufrimientos que pasamos, de los enemigos que nos perjudicaron o de aquellos a quienes perjudicamos, no tendríamos condiciones de vivir entre ellos actualmente. Pues muchas veces, los enemigos del pasado, hoy son nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros amigos, que constantemente se encuentran junto con nosotros para la reconciliación. Por eso existe la Reencarnación.
Ciertamente, hoy estamos corrigiendo errores practicados contra alguien, sufriendo las consecuencias de crímenes perpetrados, o siendo amparados, auxiliados, por aquellos que en el pretérito nos perjudicaron.
De ahí la importancia de la familia, donde se acostumbra a reanudar los lazos cortados en existencias anteriores.
La reencarnación, de esta forma, es la oportunidad de reparar los errores, como es también, la oportunidad de demostrar nuestros esfuerzos, por el bien de los otros, adelantando en nuestra evolución espiritual.
Cuando reencarnamos, traemos un “plan de vida”, compromisos asumidos durante la espiritualidad y delante de nosotros mismos, y que se refieren a la reparación del mal y a la práctica de todo el bien posible.
Dependiendo de nuestras condiciones espirituales, pudimos o no haber escogido las pruebas, los sufrimientos o las dificultades que pondrán a prueba nuestros desarrollos espiritual.
Por lo tanto, la reencarnación, como mecanismo perfecto de la Justicia Divina, nos explica por que existe una desigualdad de destinos entre las criaturas de la Tierra.
La finalidad de la vida en la Tierra es, por lo tanto:
1ª) Para que expiemos el mal practicado, pagando con sufrimientos nuestros errores.
2º) Para probarnos o para medir nuestro grado de evolución ante las dificultades de la vida.
3º) Para que ayudemos a la Humanidad y ejemplifiquemos el bien frente a los demás.
4º) Para desempeñar una misión especial, en el caso de espíritus elevados que prestan grandes servicios a la Humanidad.
Por el mecanismo de la reencarnación, verificamos que Dios no castiga. Somos nosotros los causantes de nuestros propios sufrimientos, por la justa ley de “acción y reacción”, o “causa y efecto”, que es lo mismo.
Por lo tanto, nadie esta perdido. Cada cual tiene la oportunidad que merece. Si un padre humano, que es imperfecto, no es capaz de condenar eternamente un hijo, por malo que este sea, cuanto más Dios, que es el Padre misericordiosos y perfecto, que hace llover sobre los buenos y los malos, que hace que la luz del Sol ilumine a los justo e injustos, indistintamente.
Cristo dice: “Nadie podrá ver el reino de los cielos si no nace de nuevo”
Como ya sabemos, se refería al nacimiento del cuerpo y al renacimiento moral de las criaturas, esto es, “al nacimiento por el agua y el espíritu”. De ahí sabemos que la vida es siempre una nueva oportunidad de reconciliación, con los ideales superiores del bien y de la Verdad.
Seguir el ejemplo vivo de Jesús debe ser el ideal de todo cristiano sincero.
De nada sirve decir que pertenece a esta o aquella religión.
De nada sirve permanecer orando, rezando todo el tiempo.
Lo importante es la práctica, es la vida de todos los días, porque, como dice Santiago:
“La fe sin Obras es Muerta”.
Y por hablar de fe, mira como esta tu vida:
-¿Como tratas a tus familiares: tus padres, tus hermanos, tu esposa (o tu esposo), tus hijos?..
-¿Como tratas a las personas extrañas?
-¿Como te comportas en el trabajo, en la escuela, en tu club, en la vía publica en relación a las otras personas con quien convives?
-¿Como reaccionas ante una ofensa o un gesto de agresión? ¿A una calumnia, a un mal agradecimiento o a una decepción de la vida?
-¿Como reaccionas ante un problema familiar, a la perdida de un ser querido o ante una enfermedad incurable?
-¿Que es lo que estas haciendo para favorecer a tu prójimo?
-“Amaos LOS UNOS A LOS OTROS”- nos dice Jesús.
No hay otra manera de amar, solo siendo caritativo. Caridad es ser benevolente, paciente, tolerante, humilde, y hacer por los otros aquellos que deseamos que nos hagan. Como no queremos que nos hagan el mal, pero si todo el bien posible, entonces también debemos actuar de la misma manera con ellos: familiares, parientes, amigos, extraños, y hasta enemigos.
La obligación del Cristiano de corazón, es ser un trabajador del bien, dando su parte, por pequeñas que sea, en la lucha por un mundo mejor.
Podemos hacer todo esto, cuidando mejor de nuestras actitudes vigilando nuestro comportamiento diario, siendo mas atento y gentiles, viendo mas las cualidades de los otros, y finalmente, siendo mas exigentes con nosotros mismos.
Ayudar al pobre, socorrer al desesperado, asistir al enfermo, orientar al desajustado, llevar palabras de esperanza al afligido, divulgar y sobre todo vivir, las enseñanzas de Jesús; todo esto constituye la base del Verdadero Amor enseñado y ejemplificando por El, hace mas de dos mil años.
Siguiendo los pasos de Jesús por el amor vivo que manifestó al mundo, la Doctrina Espiritual proclamada:
“FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACION”
Después de esta amena, sencilla como profunda exposición sobre nuestra Doctrina, esperamos que tengas dudas y preguntas que formular. Si es así es una buena señal. Significa que estas buscando explicaciones a la vida.
Recuerda: “Solo encarando la razón cara a cara”, se fortalece la fe en el Camino hacia la luz y la Verdad, en definitiva, hacia Dios.
Contemplad las aves del Cielo
“No queráis atesorar para vosotros tesoros en la tierra; donde orín y polilla los consumen; y en donde ladrones los desentierran y roban. -Mas atesorad para vosotros tesoros en el cielo; en donde ni los consume orín ni polilla; y en donde ladrones no los desentierran ni roban. -Porque en donde esta tu tesoro, allí esta también tu corazón”
“Por tanto os digo, no andéis afanados por vuestra alma, que comeréis, ni para vuestro cuerpo, que vestiréis. ¿No es mas el alma que la comida, y el cuerpo mas que el vestido?”
“Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni allegan entrojes; y vuestro Padre Celestial las alimenta: ¿Pues no sois vosotros mucho mas que ellos?-¿Y quien de vosotros, discurriendo, puede añadir un codo a su estatura?”
“¿Y por que andáis acongojados por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo; no trabajan ni hilan.-Yo os digo que ni Salomón en toda su gloria fue cubierto como uno de estos. Pues si al heno del campo que hoy es, mañana es echado al horno, Dios viste así: ¿Cuanto mas a vosotros, hombre de pocas fe?”
“No os acongojéis, pues diciendo: ¿Que comeremos, o que beberemos o con que nos cubriremos?- Porque las gentiles se afanan por estas cosas. Y Nuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todos ellos.”
“Buscad, pues. Primeramente, el reino de Dios y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidos.- Y así no andéis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana así mismo se traerá su cuidado.” “Le basta su afán a cada día”.
(San Mateo, 6, v. de 19 a 21 y 25 a 34)
Vamos a ver, estas palabras, tomadas literalmente, serian la negación de toda previsión; de todo trabajo y de consiguiente de todo progreso. Con tal principio, el hombre se reduciría a un estado pasivo expectante; sus fuerzas físicas e intelectuales, no tendría actividad; si tal debiese ser su condición normal en la tierra, nunca hubiera salido de su estado primitivo, y si de ello hiciera su ley actual, no tendría otra cosa que hacer sino vivir sin hacer nada. No pudo ser tal el pensamiento de Jesús, porque estaría en contradicción con lo que dijo en otro momento y con las mismas leyes de la naturaleza.”Dios ha creado al hombre sin vestido y sin abrigo, pero le ha dado la inteligencia para que se lo fabrique.
Es precioso, pues, no ver en estas palabras si no una poética alegoría de la Providencia, que nunca abandona a los que ponen en ella su confianza, pero quiere que trabajen por su parte. Si no viene siempre en ayuda para un socorro material, inspira las ideas con las cuales se encuentran los medios de salir del paso. (*)
Dios conoce nuestras necesidades y provee según lo que se necesita; pero el hombre, insaciable en sus deseos, no siempre sabe contentarse con lo que tiene; no le basta lo necesario, sino que le es indispensable lo superfluo, y entonces la Providencia le abandona a si mismo.
Muchas veces es desgraciado por su causa y por haber desconocido la voz que le avisaba por medio de su conciencia, dejándole Dios que sufra las consecuencias con el fin de que le sirva de lección para el porvenir.
La Tierra produce lo suficiente para alimentar a todos sus habitantes; cuando los hombres aprendan a administrar los bienes que dan según las leyes de justicia, de caridad y amor al prójimo: cuando la fraternidad reinará entre nuestros pueblos diversos, como entre las provincias de un mismo imperio, lo superfluo momentáneo del uno servirá para el otro, y cada uno tendrá lo necesario.
El rico se considerará entonces como teniendo una gran cantidad de semillas que si las siembra, producirán el céntuplo para el y para los otros; pero si el solo se come las semillas, sin malgasta y deja perder lo sobrante de lo que coma nada producirán, y no habrá para todos, y si lo encierra en su granero, los gusanos lo comerán: por esto ha dicho Jesús:
“No acumuléis tesoros en la tierra, que son perecederos, pero si en el Cielo, porque son eternos, “o en otros términos” no deis mas importancia a los bienes materiales que al los bienes espirituales y saber sacrificar los primeros en aprovecho de los segundos.
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(*) “Pongamos un ejemplo: Un hombre se ha perdido en el desierto y sufre una sed horrible; se siente desfallecer y se deja caer en el suelo: ruega a Dios que le asista, y espera; pero ningún Ángel viene atraerle agua. Sin embargo, un buen espíritu le ha “sugerido” el pensamiento de levantarse, seguir uno de los senderos que se presentan ante el, y entonces por un movimiento maquinal, se reviste de animo, se levanta y marcha a la ventura. Llega a una colina, descubre lejos un arroyuelo, y ante esta vista, recobra ánimo. Si tiene fe, exclamara: “Gracias, Dios mío, por el pensamiento que me habéis inspirado y por las fuerzas que me habéis dado”. Si no tiene fe, dirá: “¡Que buen pensamiento he tenido! ¡Que suerte haber tomado el camino de la derecha mas bien que el de la izquierda!, la casualidad, verdaderamente, nos sirve bien algunas veces. ¡Cuanto me felicito por mi valor en no dejarme abatir!”
Pero dirán algunos; “¿porque el buen espíritu no le dijo bien claro sigue esta senda, y al extremo encontraras lo que te hace falta? ¿Por que no se lo ha manifestado, para guiarle y sostenerle en su abatimiento?
De este modo le hubiera convencido de la intervención de la Providencia.”
En primer lugar sucede así para enseñarle que debe ayudarse a si mismo y hacer uso de sus propias fuerzas, y luego, por tal incertidumbre, Dios pone a prueba la confianza que en El se tiene, así como la sumisión a su voluntad. Ese hombre estaba en la situación de un niño que cae, y si ve a alguien, grita y espera que le vayan a levantar; si no ve a nadie, hace esfuerzos y se levanta solo.
“Si el ángel que acompaño a Tobías le hubiese dicho: Soy el enviado de Dios para guiarte en tu viaje y preservarte de todo peligro” Tobías no hubiera tenido ningún merito; confiando en su compañero, ni aun hubiera tenido necesidad de pensar: por esto el ángel no se dio a conocer hasta el regreso.
Por eso, es muy importante que sepamos:
La oración es una invocación; por ella nos ponemos con el pensamiento en relación con el ser a quien nos dirigimos. Puede tener por objeto suplicar, dar gracias o glorificar. Se puede orar para si mismo, para otro, para los vivos y para los “muertos” .Las oraciones dirigidas a Dios son oídas por los espíritus encargados de la ejecución de su voluntad, y los que se dirigen a los buenos espíritus son transmitido a Dios. Cuando se ruega a otros seres que a Dios, solo es con el titulo de intermediarios, de intercesores, porque nada puede hacerse sin la voluntad de Dios.
Por la oración el hombre llama el concurso de los buenos espíritus que vienen a sostenerle en sus buenas resoluciones y a inspirarles buenos pensamientos, adquiriendo de este modo la fuerza moral necesaria para vencer las dificultades y volver a entrar en el camino derecho si se ha desviado, así como también puede desviar de si a los males que se atraen por sus propias faltas. Un hombre por ejemplo, ve su salud deteriorada por los excesos que han cometido, arrastrando hasta el fin de sus días una vida de sufrimientos; ¿tiene acaso, derecho a quejarse si no consigue la curación? No, porque en la oración hubiera podido encontrar la fuerza necesaria para resistir las tentaciones.
Si los males de la vida se dividen en dos partes, una compuesta de aquellos que el hombre no puede evitar y la otra de las tribulaciones cuya primera causa es el mismo por su abandono y excesos (*), se vera que esta sobrepuja de mucho en numero a la primera. Es pues evidente, que el hombre es el autor de la mayor parte de sus aflicciones, y que se las ahorraría si obrase siempre con moderación y prudencia.
No es menos cierto que estas miserias son resultado de nuestras infracciones a las leyes de Dios, y que si las observásemos puntualmente seriamos felices. Si no traspasáramos el límite de lo necesario en la satisfacción de nuestras necesidades, no tendríamos las enfermedades que son consecuencia de los excesos y las vicisitudes que conduce a ellos; si pusiéramos limite a nuestra ambición, no temeríamos la ruina; si no quisiéramos subir mas alto de lo que podemos, no temeríamos caer; si fuésemos humildes no sufriríamos los desengaños del orgullo rebajado; si practicáramos la ley de la caridad, no maldeciríamos ni seriamos envidiosos, ni celosos, y evitaríamos las querellas y las deserciones; si no hiciéramos mal a nadie, no temeríamos las venganzas, etc. etc.
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(*) Causas Actuales de las Aflicciones
Las vicisitudes de la vida son de dos clases; o si se quiere; tienen dos orígenes muy diferentes que conviene distinguir; las unas tienen la causa en la vida presente; y las otras fuera de esta vida. (Recordemos que fue en el propio Evangelio donde se explica clara y rotundamente)
Remontándonos al origen de los males terrestres, se reconocerá que mucho son consecuencia natural del carácter y de la conducta de aquellos que los sufren.¡cuantos hombres caen por su propias Falta!-¡ Cuantos son victimas de su imprevisión, de su orgullo y de su ambición!-¡Cuantas personas arruinadas por falta de orden, de perseverancia, por no tener conducta o por no haber sabido limitar sus deseos!
¡Cuantas uniones desgraciadas, porque solo son cálculos del interés o de la vanidad, y en las que para nada entran en el corazón!-¡Cuantas deserciones y querellas funestas se hubieran podido evitar con mas moderación y menos susceptibilidad! -¡Cuantas enfermedades y dolencias son consecuencia de la intemperancia y de los excesos de toda clases! -¡Cuantos padres son desgraciados por sus hijos porque no combatieron las malas tendencias de estos en su principio! Por debilidad o indiferencia han dejado desarrollar en ellos los gérmenes del orgullo, del egoísmo y de la torpe vanidad que secan el corazón, y mas tarde, recogiendo lo que sembraron, se admiran y se afligen de su falta de deferencia y de su ingratitud. Pregunten fríamente a conciencia de todos aquellos que tienen herido el corazón por las vicisitudes y desengaños de la vida; remóntese paso a paso al origen de los males que les afligen, y verán si casi siempre podrán decirse: “Si yo hubiese o no hubiese hecho tal cosa, no me encontraría en tal posición”. ¿A quien debe, pues, culparse de todas estas aflicciones, sino así mismo? Así es como el hombre, en un gran número de casos, es hacedor de sus propios infortunios, pero en vez de reconocerlo, encuentra más sencillo y menos humillante para su vanidad, acusar la suerte, a la Providencia, al mal éxito, a su mal estrella, siendo así que su mala estrella es su incuria o su ambición.
Los males de esta clase seguramente forman un contingente muy notable en las vicisitudes de la vida; pero el hombre los evitará cuando trabaje para su mejoramiento moral tanto como para su mejoramiento intelectual.
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