|
La educación solo se tornó problemática en los momentos en que se desligó de la religión. Esto es visible en los momentos históricos del desligamiento parcial, como en el mundo clásico, particularmente en el apogeo de la civilización griega, y en la fase de emancipación total que comienza con el Renacimiento y encontrará su punto culminante en Rousseau.
Mientras las religiones incorporaron, en sus estructuras generales, el concepto de educación como salvación y la práctica educativa como catequesis, no hubo problemas. Sin embargo, cuando, el pensamiento crítico se desenvolvió, al punto de alcanzar la propia sustancia de la fe, retirando al hombre la base ingenua de certezas tradicionales en que él se sentía seguro dentro del mundo, se tornó evidente la necesidad de crear sistemas educativos autónomos y surgió la problemática de la educación. El episodio de los sofistas, seguido por los esfuerzos de Sócrates, Platón y Aristóteles, es bastante elucidativo de este hecho.
La transformación de la estructura estática del antiguo estado griego en la estructura dinámica del imperialismo de Pericles, como esclarece Jaeger, exige la "racionalización de la educación política", como "un caso particular de la racionalización de toda la vida griega, que más que nunca se funda en la acción y en el éxito". La educación supera sus estadios familiares y épicos, ambos dominados por la concepción mítico-religiosa, para adquirir una nueva dimensión: la cívica o política.
Este problema de la "acción y del éxito" es también examinado por Marrou, que nos ofrece un estudio del mecanismo de transición de la educación épica hacia la técnica, en el "pasaje progresivo de una cultura de nobles guerreros hacia una cultura de escribas". La reincorporación de la educación a la estructura religiosa, que se verifica en la Edad Media, no representa un retroceso, porque se realiza en un plano de enriquecimiento conceptual. Queriendo decir: la educación medieval, en cuanto dominada por la concepción religiosa y sometida al control eclesiástico, ya se procesa en una perspectiva racional. Las contribuciones del racionalismo griego, del pensamiento jurídico romano y del providencialismo cristiano se mezclaron en esta perspectiva, en que se elabora, desde la declinación del Imperio, esta fusión conceptual que, segundo Dilthey, "fluye como metafísica para los pueblos modernos". La homogeneidad del pensamiento medieval no era más que el resultado de un lento proceso de calentamiento en que la educación también se caldeaba en nuevas posibilidades formales.
El proceso histórico no se interrumpe, sino que prosigue, no solo en extensión, sino en profundidad, como asimilación. Y en la medida en que van surgiendo, en las líneas sucesivas de este proceso, las dimensiones espirituales del hombre, la educación naturalmente para desenvolverse en perspectivas dimensionales. Esta posibilidad de encarar la educación en un plano de desenvolvimiento progresivo, no solo histórico, sino sobretodo historicista, nos parece bastante fecunda para mejor comprensión del problema educativo. A partir de la educación primitiva, como simple forma de integración, pasamos a las formas religiosas y cívicas, como procesos de domesticación, para alcanzar los conceptos clásicos y modernos de formación cultural en que las condiciones de inmanencia social son finalmente rotas por el impulso de la trascendencia espiritual. Encontramos así una dialéctica de la educación que nos permite el proceso educativo de manera dinámica, sobre los trazados rígidos de la Historia como secuencia de fases y de las condiciones deterministas biopsicosociales.
Esta dialéctica tal vez nos suministre los medios que necesitamos, con tanta urgencia, para superar el impase en que se encuentra el problema de la educación en la actualidad, en el entrechoque de tantas teorías contradictorias. Si pudiéramos encarar la educación como un proceso de desenvolvimiento dimensional de la cultura, no como sustitución de fases históricas condicionadas por el tiempo, sino de un proceso que se sirve del tiempo, estaremos más próximos de una visión global del problema. Nos parece, por lo menos, que de esta manera podremos superar la representación esquemática, fragmentaria que hoy poseemos del proceso, generando posiciones diversas y contradictorias en su enfoque teórico, para encontrar las líneas generales de una verdadera Filosofía de la Educación.
J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación espirita"
|