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La realidad y la utopía PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Domingo, 07 de Noviembre de 2010 18:10

Podría oponerse a este sueño de las Escuelas de Espiritismo la objeción del buen-sentido, y el buen sentido es una categoría lógica de las más importantes y actuantes en el Espiritismo. Pero la verdad es que si el buen-sentido se impone a la imprudencia, no determina la inactividad. No podemos desperdiciar las oportunidades inmediatas de tiempo y recursos con intentos utópicos, puesto que habrá siempre la exigencia de realizaciones posibles en lo inmediato. Pero tampoco deberemos apegarnos al inmediatismo al punto de sacrificar el futuro. El buen-sentido determina el equilibrio. Y por esto sería bueno que examináramos el problema del equilibrio entre la realidad y la utopía. Karl Mannheim, que tampoco era espírita, nos demostró de manera exhaustiva que la utopía es la atracción de las realidades del mañana, es el llamado de las cosas futuras, despertando en el individuo y en la sociedad las energías necesarias para lograrlas. Faltaría el equilibrio entre realidad y utopía cuando nos fascinamos por esta y olvidamos aquella. Pero en el Espiritismo aprendemos a avanzar hacia el futuro a través de las condiciones del presente.

No podemos conducirnos en el cuerpo material apenas como Espíritus, pero ni por esto deberemos conducirnos apenas como cuerpo. De ahí el rechazo espírita a las exageraciones del misticismo, de un lado, y del racionalismo escéptico, del otro. En el caso de las Escuelas de Espiritismo la situación es la misma. Si quisiéramos hacer de un día para el otro las escuelas ideales, seguramente fracasaremos. Pero la utopía, esta atracción de la realidad futura, puede encarnarse desde ya entre nosotros como un niño. Y el niño, que hoy gatea, mañana comenzará a caminar y en breve se hará adulto. Las primeras dificultades materiales que encontraremos serían consecuencia de la falta de recursos y de la falta de interés utilitario inmediato en los cursos. Nuestro mundo pragmático transformó a las escuelas en simple medio de preparación profesional, de adaptación de que no posee conocimientos suficientes en determinado dominio; ignorante; que es simple, ingenua, la criatura a las exigencias de ganarse el pan y a las conveniencias del enriquecimiento. Estudiar es ensayar para saltar en el trampolín de la vida práctica. Pero el Espiritismo ya demostró que no existen solo los intereses inmediatos del mundo, puesto que el hombre no es simplemente hombre, según la expresión irónica del buen-sentido de Descartes. Habrá en él, por más simple, la misma inspiración de los teólogos, esos hombres más que hombres. Esa inspiración es hoy orientada por la Ciencia Admirable que Descartes quiso descubrir, auxiliado por el Espíritu de la Verdad, y que se realizó en el Espiritismo.

Entonces, el buen-sentido espírita ya le demostró a mucha gente la utilidad del estudio profundo y serio del Espiritismo. No podemos abrir una gran Escuela de Espiritismo, pero nada impide que lancemos su semilla a través de una organización modesta, que inicialmente podría limitarse a cursos nocturnos. Los pocos alumnos iníciales serían los pocos idealistas de la marcha hacia el futuro. Los profesores no serían ciertamente óptimos, pero tendrían un poco de buena-voluntad. La dirección de la Escuela podría fallar, a veces impaciente, pero no le faltará el auxilio espiritual. Habiendo buena-voluntad y comprensión del problema, no se permitiría que el corrosivo del pesimismo, de la crítica pedante o de la crítica bizantina destruya los gérmenes en desarrollo, la Escuela de Espiritismo se transformará en realidad. Los dos tipos de crítica a las cuales nos referimos serán inevitables: la pedante sería la del universitario que se burlaría de las pretensiones espíritas, aunque sea espírita; la bizantina sería la del espíritu simplista que desprecia la cultura y desconoce al Espiritismo, aunque tenga cincuenta años de estar militando en sus filas y se encuentre en la posición de dirigente. Una y otra crítica nada valen. Solo deberemos oír la crítica honesta y sensata que nos ayudará a superar las deficiencias y avanzar. Pocos alumnos, rendimiento insuficiente, profesores mal pagados o hasta gratuitos pero la idea marcha.

Lo necesario es que los organizadores se convenzan de la absoluta necesidad de la creación de las Escuelas de Espiritismo. Así convencidos, no importarán las dificultades. Los frutos de la enseñanza, que será de aprendizaje para los profesores también, servirán de estímulo a todos. Los rendimientos, por poco que sean, tendrán que dejar obligatoriamente un saldo para formar el capital patrimonial. Espiritismo nunca podrán constituirse en negocio. Serán fundaciones u organismos semejantes, con reversión permanente de los lucros a sí mismas. Los pagos de profesores y funcionarios obedecerán a un criterio de sacrificios en las fases iniciales. Pero tan pronto sea posible, los pagos deberán corresponder a los patrones profesionales, para que el patrón de enseñanza no sufra, puesto que la verdad es que los profesores y los funcionarios, por más dedicados que fueren, no desempeñarán sus funciones de buena voluntad si estuvieren preocupados con problemas financieros angustiantes.

Por un mecenato espírita

Todas las consideraciones anteriores llevan naturalmente a la conclusión de la necesidad de un Mecenato Espírita. Es verdad que la mayoría de los espíritas son pobres, pero existen muchos espíritas con fortunas. En general, prefieren aplicar sus recursos en favor de obras de asistencia social, creyendo que los intereses espirituales serían mayores en ese campo, o simplemente por espíritu de caridad. Será necesario demostrar a estos cofrades que la caridad mayor está precisamente en la prevención de las desgracias, y que esta prevención solo es posible a través de la educación, de la formación educativa espírita. Las obras asistenciales corresponden al deber de fraternidad que la Doctrina nos despierta, y no deberemos jamás descuidarnos de ellas. Pero esto no impide que cuidemos también de la asistencia educativa, recordándonos de la Pedagogía Filantrópica de Pestalozzi, seguida por su discípulo el Prof Denizard Rivail, más tarde Allan Kardec. Los espíritas ricos deberían pensar seriamente en la urgencia de la creación de las Escuelas de Espiritismo. Se sabe que, en los Estados Unidos, el interés religioso de los protestantes por la educación, determinó el maravilloso florecimiento de la vasta red de Universidades. En el Brasil los espíritas pueden hacer lo mismo. Urge despertar en nuestro medio hacia el deber de contribuir eficazmente para la formación cultural-espírita del pueblo, con donaciones en dinero y bienes patrimoniales en favor de instituciones educativas espíritas. Este es el movimiento que nos reclama en este segundo siglo de la era espírita, cuya tónica debe ser el interés por la cultura, como la del primer siglo fue el interés por la asistencia social. La falta de una sólida formación cultural espírita en este siglo pondría fatalmente en peligro las conquistas realizadas por el Espiritismo en el siglo anterior.

J. Herculano Pires