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El problema de las mistificaciones PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Lunes, 06 de Septiembre de 2010 14:31

196. Durante un siglo se hizo todo lo posible por reducir el Espiritismo a un asunto de trucos y malabarismo. La Iglesia insistía en la tesis diabólica. Y los científicos que se atrevían a enfrentar la cuestión con seriedad eran ridiculizados, amenazados y perseguidos. Se creó el prejuicio negativo de la doctrina y una imagen falsa de Kardec. Todos los grandes médiums, inclusive Daniel Douglas Home, que nunca fue espírita, eran sistemáticamente calumniados. Científicos eminentes como Charles Richet, William Crookes, Frederic Zöllner, Russell Wallace, Screnk - Notzing y tantas otras incontestables luminarias de la Ciencia, fueron sometidos a ataques feroces.

En 1935 Richet murió y los enemigos de la verdad, cebados con las ganancias de la mentira, proclamaron por todas partes que con el gran fisiólogo francés, Premio Nobel de Medicina, moriría también la Metapsíquica, la goecia moderna, la ciencia monstruosa de profanación de los tumbas. No sabían los sabihondos que antes de morir la Metapsíquica ya se había reencarnado en la Universidad de Duke (USA) en un nuevo cuerpo y con el nuevo nombre de Parapsicología.

Los Profesores Joseph Banks Rhine (americano) y William McDougal (inglés) eran los fundadores de esa escuela científica para la investigación de los fenómenos espíritas. Con recursos técnicos de experimentación, aplicando el método cuantitativo bajo el control estadístico de los resultados, la Parapsicología rompió, en diez años de luchas y trabajos exaustivos, todas las barreras del prejuicio, de la ignorancia y de intereses comprometidos subalternos, y se ganó el reconocimiento universitario mundial, consiguiendo incluso penetrar la cortina de hierro del materialismo soviético y despertar el más vivo interés en la URSS y en toda su órbita de influencia.

197. Ante esa victoria aplastante los adversarios cambiaron de táctica y pasaron a tratar también del asunto; pero, para reducirlo a los mínimos efectos posibles. El problema de los fraudes y mistificaciones murió por sí mismo, ante las nuevas posibilidades del control absoluto de las investigaciones. Esa última hija del Espiritismo, la Parapsicología, fue impugnada por todos como si no tuviese lazo de familia alguno, o por lo menos una relación mínima, con la Astronáutica, que, habiéndose interesado por sus poderes, la transformó en su valiosa auxiliar para la conquista del Cosmos. La Física, dictadora de las Ciencias (según Rhine), confirmó la veracidad de sus audaces propuestas, al descubrir la antimateria y con ésta un nuevo espacio que se abría hacia el Otro Mundo; los rusos descubrieron el cuerpo bioplásmico de la sobrevivencia del hombre a la muerte, y los que investigaban la reencarnación tomaron cuenta de los hallazgos del mundo científico. Ya no es posible negar la verdad espírita. ¿Dónde están los tramposos que amarraban paños a las patas de las mesas y fotografiaban esa ridiculez para presentar la famosa danza de las mesas como el fraude más grosero e indigno que se pueda imaginar? ¿A dónde huyeron los teóricos y los fantasmas de cartón y de las alucinaciones visuales? Todo eso se volvió tan ridículo ante la evidencia científica de la verdad, que hoy solamente los predicadores religiosos de arrabal y los pastores estúpidos de la salvación todavía se atreven a gritar frente a sus asambleas de fanáticos que el Espiritismo es un instrumento del Diablo.

198. Mas, desgraciadamente, los mismos espíritas ignorantes, (muchos de ellos disfrazados de científicos desconocidos), se encargaron de atizar el fuego muerto de viejas mistificaciones intentando crear un antiespiritismo de orientación materialista - mecanicista, cargado de contradicciones internas y de todas las incongruencias características de aficionados sin preparación. Al mismo tiempo, extrovertiendo las contradicciones internas, surgieron de la mezcla con el cientificismo insolente, - que consideraba a Kardec superado y sus teorías llenas de polvo brotando del suelo como las herejías en tiempos de Tertuliano, extrañas floraciones de concepciones arcaicas, más viejas que el Reino de Saba, corrompidas por alucinaciones, locuras sin sentido y con olor a azufre. El Espiritismo regresaba, en las manos de los falsarios, unos ingenuos y otros vanidosos, a las pretensiones de la alquimia medieval. Fue en esa fermentación espuria que estalló la adulteración, elaborada en secreto y a puertas cerradas, como los asesinatos a puñaladas en los templos de Venecia durante la Edad Media.

199. Procuramos dar a este episodio los colores necesarios con las expresiones y las comparaciones más adecuadas, porque es de gran importancia en la Historia del Espiritismo, lo que equivale a decir en la Historia de la Evolución Espiritual de la Tierra. El atentado a Kardec y a Jesús, a la Doctrina Espírita y a la Verdad Evangélica estaba consumada. Y en los treinta mil ejemplares de El Evangelio Según el Espiritismo, que la Federación del Estado vendió pródigamente a lo ancho y a lo largo de todo el Brasil, bajo el prestigio de su nombre y de su pasado, salieron impresos, para que todos lo leyesen y aplaudiesen, los esquemas del vandalismo planeado y ya iniciado, que abarcan toda la obra gigantesca de la Codificación. Y no hubo ninguna erupción volcánica en el medio espírita contra esa insolencia sin límites, a no ser la de un grupo pequeño y pobre. En el silencio mortal que se hizo por todo Brasil, el único rumor siniestro era el del Velo del Templo que se rasgaba solo de arriba a abajo, en el salón vacío de la antigua dignidad espírita.

200. Todo eso resulta de las mistificaciones, no las ingenuas, tontas mistificaciones de las sesiones de materialización, a que se daba tanta importancia en el pasado y que hoy sólo podrían ocurrir entre individuos desactualizados e incapaces de tratar del asunto. Las mistificaciones realmente peligrosas son las doctrinarias, y esas proceden siempre de una confabulación de hombres y espíritus. Muchas Centros Espíritas comenzaron a deteriorarse cuando se entregaron a la orientación de supuestos maestros espirituales. De ahí en adelante, en una secuencia natural, se inflaron con doctrinas propias, llegando algunos a retirar de sus cursos las obras de Kardec, fundando escuelas medio eclesiásticas y medio esotéricas, instituyéndose una gimnástica de pases clasificados y maniobrados al estilo de las antiguas escuelas magnéticas, creando órdenes especiales al estilo de las congregaciones marianas, llegando al colmo de declarar en artículos periodísticos que su línea doctrinaria no era ortodoxa, sino heterodoxa, lo cual quiere decir que no seguían la doctrina cierta de Kardec, sino una mezcla de doctrinas espiritualistas. Todo el trabajo de Kardec, superando al espiritualismo infuso y confuso del pasado para establecer una línea racional de espiritualidad superior, iba cuesta abajo. Y nadie se percibía de eso, y aplaudiendo a quienes no habían conseguido entender a Kardec y, por eso, pasando sobre él apartaban su obra como un obstáculo, un vejestorio secular que estorba. Esto fue la prueba inexorable de la miseria cultural de los espíritas, de su completo desconocimiento de la doctrina y de su falta de orientación histórica y filosófica. Nunca los espíritus mistificadores habían hallado campo más vasto, fecundo y propicio para la deformación total de la Doctrina Espírita, para apartarla de la Tierra justamente en esta hora grave y aguda de transición por la que pasamos.

201. El problema de las mistificaciones es permanente en los mundos inferiores como el nuestro. Las criaturas incultas y groseras forman la mayoría de la población de esos mundos. Es evidente que la población desencarnada, espiritual, que vaga por las esferas circundantes del planeta es de la misma naturaleza. Allá, como acá abundan los espíritus vanidosos, sistemáticos (como advirtió Kardec), empeñados en transmitir sus ideas a los hombres. Las uniones por afinidad forman las conspiraciones de hombres y espíritus que se creen capaces de enseñar verdades absolutas. Basta la arrogancia visible, aunque disfrazada a veces con una falsa humildad, para mostrar a los observadores sensatos a que orden y grado de la escala espírita pertenecen esas criaturas confabuladas. De los negligentes nada se puede esperar. Se dejan llevar fácilmente y sirven de instrumentos dóciles a todos los mistificadores. Es contra eso que todos precisamos luchar sustentando firmemente la Obra de Kardec, que es, ciertamente, el cumplimiento de la promesa del Consolador, la obra del Espíritu de la Verdad. Ese es uno de los puntos clave de la doctrina. Quien no lo comprenda y no medite sobre él estará siempre expuesto a servir de instrumento a los mistificadores del mas allá y del más acá. Restablecer la enseñanza del Cristo en su pureza es la función del Espiritismo. Solamente la Doctrina Espírita tiene cualidades necesarias para eso. Porque la revelación espiritual, confirmada por las investigaciones y estudios de Kardec, nos muestra que EL CRISTO NO VINO A FUNDAR UNA RELIGIÓN, SINO A ESTABLECER LOS FUNDAMENTOS DE UNA NUEVA CIVILIZACIÓN. Su enseñanza presenta en forma sintética las tres coordenadas doctrinarias: Ciencia, Filosofía y Religión (Moralidad), que Kardec desarrolló con la ayuda constante del Espíritu de la Verdad. Hay una tesis del Dr. Canuto de Abreu que pretende contrariar esa verdad histórica suficientemente comprobada por las comunicaciones insertadas en Obras Póstumas de Kardec y demostrada a lo largo de toda su obra. Los estudiosos precisan prevenirse contra esas celadas de la enorme y tumultuosa bibliografía espírita. Parece que esas tesis vienen ya marcadas por sus absurdos y su incongruencia.

202. Veamos bien la mecánica del proceso histórico para que podamos comprender la cuestión. Oliver Lodge y León Denís sustentaron vehementemente la tesis de Kardec, pues ésta nos presenta al Espiritismo como una síntesis conceptual de toda la realidad. Lo cual quiere decir que la doctrina abarca en su concepción toda la realidad accesible al conocimiento humano. Las conquistas actuales de la Ciencia y de la Filosofía y las reformas en curso de las iglesias dan entera razón a esa interpretación del Espiritismo. Coloquemos el problema en un esquema para hacer más claro cada uno de sus aspectos.

203. a) El conocimiento de la realidad se lleva a cabo en el contacto del hombre con el mundo. Desde los tiempo anteriores a la Civilización el hombre lucha sin cesar para dominar a la Naturaleza. Ese dominio sólo es posible por el descubrimiento de las leyes naturales. Mas ese descubrimiento exige del hombre la lucha contra él mismo. Porque el hombre es un espíritu acondicionado por la encarnación, metido en un cuerpo de percepciones animales. El hombre está sujeto a su sensorio, esto es, a la red de sus sentidos físicos que sufren continuamente el impacto de una realidad externa y extraña a su naturaleza íntima. Los sentidos le dan la percepción de las cosas, mas él elabora esa percepción en su mente, influido por los recuerdos espirituales (la reminiscencia platónica del mundo de las ideas), y al formar en su espíritu los conceptos de la realidad mediante el proceso de abstracción, desarrolla su poder imaginativo. Los conceptos son imágenes mentales de cosas y seres concretos, mas a esas imágenes se mezclan los elementos provenientes de los deseos y ansiedades del hombre. La realidad del hombre es diferente de la realidad natural concreta, como aseguró Descartes al demostrar que la imaginación avanza más allá de la razón. De estos avances surgen las deformaciones de lo real y, como consecuencia, la falsificación del conocimiento. Todas las teologías sufrieron de ese mal y toda la cultura religiosa del mundo se desligó de la realidad. Iglesias, órdenes espirituales, hermandades secretas se impregnaron de elementos ilusorios, de suposiciones consideradas como verdades fundamentales, etc., etc. La cultura mitológica del tiempo de Jesús, que abarca incluso hasta al Judaísmo aparentemente hostil al mito, mas de hecho envuelto en una mitología grosera, estaba desligada de la realidad, fluctuando entre el mundo del espíritu y el mundo de la materia. Yavé el Dios de Israel, se asemejaba al Zeus griego o al Júpiter Romano en su ira, en su protección exclusiva a un pueblo, en el gusto por los homenajes y las reverencias, en el placer de aspirar las carnes asadas y en la voluptuosidad por la sangre de los animales y de los hombres.

204. b) Tal vez la única ventaja de Israel sobre los pueblos de la época fuese precisamente la desventaja de su excesivo sociocentrismo, el egoísmo racista que atravesó los milenios y se conservó incluso hasta en la diáspora con la misma dureza del legendario diamante Schamil que Moisés habría usado para escribir en piedra sus Diez Mandamientos, Las Tablas de la Ley. Porque fue de esa centralización del ego que surgió la posibilidad de la aparición de la primera nación monoteísta del mundo. Yavé no tenía cualidades, por su exclusivismo racista, para transformarse en el Dios Único, mas el pueblo judío lo aceptó como tal porque eso agradaba a sus pretensiones de superioridad racial, social y política. El pequeño dios era intrigante e incluso alcahuete de las tribus hebreas, rabioso, parcial y contradictorio; castigaba con la lepra a los que censuraban a su amado Moisés, y en el Decálogo al autorizar a su protegido a realizar la bárbara matanza del Sinai, reveló un espíritu rencoroso de jefe tribal y un exhibicionismo arrogante en el trato con los pueblos extraños. Por otra lado, no disponía de poder para impedir los ataques de pueblos más fuertes y aguerridos que sus pupilos, a quienes egipcios y babilonios, asirios y romanos conquistaban y sometían a la esclavitud. A pesar de eso, el pueblo judío se mostró capaz de soportar todas las derrotas y decepciones sin perder la confianza en su Dios. Esa virtud estoica y esa fidelidad interesada, alimentada por un proteccionismo escandaloso, y el valor y la tenacidad que demostraron en todas las circunstancias, dieron a Yavé una posición excepcional. No fue Dios, en este caso, quien salvó al hombre, sino el hombre judío quien salvó al pequeño dios fanfarrón que le dio la Tierra de Canaá, en una donación injusta ilegal y bárbara, en la que los beneficiarios tuvieron que conquistar su regalo en batallas alucinantes. Verdadero regalo griego, que costó sacrificios y pérdidas irreparables a los judíos engañados. En verdad Yavé no dio nada, pues fueron Moisés y Josué los que conquistaron a los canaanitas, una nación tradicional, de estructura feudal y cultura desarrollada. Fue una conquista militar largamente preparada, durante los cuarenta años de expectativa angustiosa en el pequeño desierto de Sinaí, mediante asaltos y pillajes a los pueblos vecinos. La destrucción de Canaá fue uno de los más bárbaros genocidios de la Historia. Y sobre la tierra ensangrentada, cubierta de cadáveres, el pueblo engañado construyó sus monumentos al dios truculento, erigiéndole el Templo de Jerusalén con altares especiales para sacrificios de animales que Yavé no podía comer, mas de cuyos vapores se alimentaba aspirándolos por sus narices divinas.

205. Durante dos milenios se consideró el nacimiento de Jesús en Israel como una confirmación de la grandeza de Yavé. Mas esa grandeza era sólo una fantasía, pues ni desde el punto de vista humano, a la luz de los sentimientos de justicia y de los principios éticos, se podría destacar un sólo gesto de grandeza en la actitud brutal de Yavé. Hoy, a la luz de los principios espíritas, podemos comprender esa verdad atemorizante, grabada con fuego en las páginas de la misma Biblia.

206. c) Yavé era solamente el espíritu orientador del clan arrogante y ávido de ganancias de Abraham, Isaac y Jacob en la vieja ciudad mesopotámica de Ur. Un guía espiritual de inferioridad innegable, dios guerrero como los de Atenas y Roma, que se sirvió de la mediumnidad extraordinaria de Moisés y de los Ancianos en el desierto, para materializarse entre aventureros rudos e ignorantes, en las humaredas de ectoplasma que envolvían en nubes temibles la tienda del desierto. En esas manifestaciones entonces inexplicables, Yavé hablaba cara a cara con su siervo Moisés, dándole el prestigio necesario para la consecución de sus planes de conquista sanguinaria. Las investigaciones sobre esos fenómenos mediúmnicos han descubierto el misterio. Los estudios de Max Fredon Long y André Lang, entre las tribus salvajes de la Polinesia descubrieron el uso de mana u orenda, fuerzas mágicas que Richet explicó racional y científicamente como emanaciones orgánicas del cuerpo del médium, y que los rusos comprobaron recientemente que está constituida por un plasma físico formado por partículas atómicas libres. Yavé, el Dios Supremo y Único, únicamente se servía de los mismos elementos mágicos empleados por los pueblos primitivos en sus contactos con los espíritus. Ese mismo elemento, que en su expansión manifiesta olor a ozono, fue considerado en las manifestaciones de la Edad Media como explosiones de azufre. Frederic Zöllner demostró, en la Universidad de Upsala (Alemania), que ese elemento, el ectoplasma, puede producir explosiones violentas, rayos y relámpagos, causando destrucciones tan poderosas como la dinamita. Estas pruebas científicas modernas pueden también explicar las manifestaciones ígneas atemorizantes del Monte Sinaí, en el momento en que Moisés hablaba con Yavé y éste se le aparecía en forma de zarza ardiente, según El Génesis.

207. Ante estas verificaciones, se comprende la preferencia de Jesús por Israel. Y se nos presenta como el mayor milagro de Jesús el que lograra utilizar al pueblo judío, acostumbrado ya a esas manifestaciones mediúmnicas, en el desenvolvimiento de su misión mediúmnica de implantar en la Tierra el concepto del Dios único en el plano social, transformando a Yavé en una imagen alegórica de Dios. La unicidad y universalidad de esa concepción fue obra exclusiva de Jesús, que vio la posibilidad de hacer de Israel el centro de expansión del Monoteísmo que, al mismo tiempo que negaba la multiplicidad de dioses mitológicos, repudiaba el orgullo sociocéntrico de Israel. He ahí el porqué de las contradicciones profundas e insalvables entre el Dios iracundo de la Biblia y el Dios ético, justo, providencial y universalmente paternal de los Evangelios. La fusión absurda de esos dioses antagónicos en el Cristianismo se explica por la incomprensión inicial y la deformación posterior de las enseñanzas de Jesús, a través de las luchas brutales y sanguinarias entre las sectas cristianas de los primeros tiempos. Los hombres recibían las palabras del Mesías en la medida de sus posiciones contradictorias. Las condiciones del tiempo eran propicias al fanatismo y la Historia imparcial, escrita por investigadores universitarios independientes, nos revela el panorama de pasiones exacerbadas en medio de los intereses políticos y sociales más diversos, que llevaban a facciones violentas a cometer los crímenes más repugnantes. El Cristianismo que llegó a nuestros días, a través de iglesias cristianas de occidente y de oriente, es la herencia trágica de las profanaciones. Los textos evangélicos hablan por sí mismos, particularmente en las epístolas de Pablo y en El Libro de los Actos de los Apóstoles, de lo que fueron las disenciones en el mismo medio apostólico. Ni siquiera la Resurrección de Cristo, que Pablo explicó de manera clara y definitiva, llegó a ser comprendida. El culto neumático de manifestaciones de espíritus fue suprimido; la simplicidad libre de las asambleas cristianas fue inyectada con elementos complejos de los cultos religiosos paganos y judíos; la comunión memorable del Cristo con los discípulos a través del pan y del vino -practicada en la cenas cristianas y aún mucho antes en los cultos canaanitas - fue transformada en sacramento adulterado por la magia de la transustanciación; expresiones evidentemente alegóricas se volvieron dogmas indiscutibles motivando matanzas aterradoras.

208. La comparación sencilla y enternecedora encerrada en la expresión Cordero de Dios, referente a sacrificios de corderos en los altares del Templo para purificarlo de pecados fue transformada en misterio sagrado que encubrió muchos crímenes nefandos; la resurrección en el cuerpo espiritual se volvió resurrección absurda en el cuerpo carnal, de modo que Tomás, el apóstol incrédulo, tocó las llagas del Cristo manifestado mediúmnicamente creyendo tocar el cuerpo material ya sepultado; María se transformó en una de las muchas vírgenes madres de la Antigüedad de que trata Saint’Ives en un libro excomulgado; José pasó de padre a padrastro, situación equívoca; y Dios perdió nuevamente su unidad al dividirse, misteriosamente, en tres personas distintas y un sólo Dios verdadero. Sólo por milagro la definición de Juan: Dios es Amor sobrevivió a ese terremoto, con la pureza ingenua de una flor entre las ruinas. No es posible comprender como fue eso posible en medio del entrecruzamiento de garras y rabos peludos, oliendo a azufre, que luchaban para oscurecer el Cielo y ensangrentar la tierra. Los errores de los copistas, las adulteraciones conscientes de los intérpretes sectarios, las substituciones ingenuas de reformistas ignorantes pasaron alrededor de esa definición de Dios sin alcanzarla. Lo más espantoso es que esas interferencias criminales no han cesado hasta hoy. Las pretendidas actualizaciones del lenguaje de los viejos textos prosiguen en nuestros días, con las ediciones deformadas de la Biblia por las instituciones guardianas de su pureza. Se creó el dogma de la Palabra de Dios para el viejo libro judío, digno de respeto histórico, pero las vestales de los textos prefieren las palabras de los hombres, mutilando, distorsionando, estropeando el verbo divino en cada nueva tirada de la Biblia. Si Dios habló, los hombres lo corrigen, porque Dios todavía no ha aprendido a someterse a los caprichos formalistas de las iglesias. Pues incluso con esa permanencia inquietante de la censura humana la definición de Juan aún no ha sido alterada.

209. Los adulteradores espíritas de Kardec se mostraron de una gran ignorancia. Lo que hicieron con El Evangelio según el Espiritismo es aterrador. Deformaron, cortaron, convirtieron el texto lógico del maestro en algo incongruente y contradictorio. Ni siquiera trataron con indulgencia las más bellas y poderosas frases de Jesús, como: Amad a vuestros enemigos, que redujeron a esta vergüenza lingüística: Amad a los que no os aman. De los elocuentes mensajes de Lázaro extraían las figuras expresivas y viriles como: Nosotros os haremos avanzar con la doble acción del freno y de la espuela, (tal vez por estar ya sintiendo las espuelas en las ingles). Castraron los textos como si fuesen eunucos destinados a servir en los harenes de viejos y trémulos sultanes.

210. Todas esas formas de mistificaciones, generalmente al servicio de intereses humanos subalternos, están presentes en todas las culturas y en todas las religiones, porque la mistificación es propia tanto del hombre encarnado como del desencarnado. En la inferioridad visible y palpable de nuestro mundo los mistificadores pululan en el plano espiritual colindante a la Tierra y en la propia corteza planetaria. En las escrituras sagradas de todas las corrientes espiritualistas y de todas las religiones podemos encontrar e identificar diversos tipos de mistificación. Kardec fue el único en establecer un método seguro para prevenir las mistificaciones. Mas los mistificadores se sirven de la vanidad humana para infiltrarse en las instituciones doctrinarias, donde siempre encontramos criaturas ansiosas de novedades que superen la obra del maestro. El Espiritismo es una cuestión de buen sentido, como escribió Kardec, mas las criaturas insensatas están por todas partes. Es preciso que mantengamos constante vigilancia en nuestros estudios para no caer en las mistificaciones que nos llevan a corromper y envilecer la doctrina. Bastaría un poco de humildad para que veamos, como enseña Kardec, la punta del rabo del mistificador, que siempre aparece en los textos mentirosos o ilusorios. La mistificación se alimenta de vanidad y pretensiones, de ese orgullo infantil del que no se libran ni siquiera las personas ilustradas. Muchas veces, por el contrario, las personas ilustradas no pasan de ser analfabetas ilustres, más expuestas por su vanidad pueril a la mistificación, que las personas humildes pero dotadas de buen sentido. Kardec tiene razón al afirmar que el buen sentido y la humildad son preventivos de la mistificación. Ningún espíritu nos mistificaría si nosotros mismos ya no estuviéramos mistificándonos por voluntad propia.

211. Los médiums disponen de varios recursos para evitar las mistificaciones.

• orar y vigilar, mantener su fe racional en Dios y en los Espíritus Superiores;
• confiar en sus protectores espirituales;
• leer todos los días por lo menos un pasaje de El Evangelio Según el Espiritismo;
• mantener la mente aireada y serena, sin temores inútiles;
• alimentar pensamientos altruistas, es decir, en favor de otros, evitando ideas de grandeza;
• rechazar a los espíritus que les prometen revelaciones y a los que pretenden contarles lo que fueron en otras encarnaciones;
• apartar de su mente cualquier idea de maldad contra otros;
• ahuyentar odios y resentimientos;
• no querer volverse ángeles de un momento a otro;
• vivir como todas las criaturas pacíficas y dignas, cumpliendo sus deberes sociales y morales, sin creerse jamás superiores a los otros;
• soportar las dificultades de la vida sin reclamaciones, dando más atención a las necesidades de los demás que a las suyas propias;
• hacer todo el bien posible a su alcance, sin exageraciones y teniendo siempre a la vista que no debemos acobardarnos ni acobardar a otros, pues todos tenemos que vivir nuestras propias experiencias;
• evitar disputas sobre opiniones;
• no admitir interferencias de dinero o lucros de ninguna especie en sus actividades mediúmnicas.

Todo eso se resume, como vemos, en caridad, humildad y honestidad. El médium y el Espírita que sigan esos principios estarán vacunados contra la mistificación, con tal que no se crea que estará libre de ser mistificado; porque la simple idea de tener ese privilegio puede ser la puerta que se les quede abierta y por la cual la mistificación entrará con facilidad.

212. El mayor caso de mistificación, capaz de llevar a cualquier persona a la fascinación, es la obra Los Cuatro Evangelios de Jean Baptiste Roustaing, que la Federación Espírita Brasileña tomó como fundamento para su orientación doctrinaria. La mistificación es tan evidente en esa obra que una persona sencilla, pero de buen sentido, enseguida la percibe. Mas como se apoya en los residuos mitológicos y místicos de nuestra formación religiosa tradicional, continúa haciendo sus víctimas entre nosotros a través de los años. En esa obra, Jesús es transformado en un mistificador que fingió nacer mas no nació, fingió mamar mas no mamó, fingió morir en la cruz mas no murió; fingió resucitar, mas no resucitó, pues era agénere, una criatura no generada, una simple aparición tangible, que hizo planes en el espació para encontrarse en la Tierra con María Magdalena. Y esto es solamente una parte mínima del inmenso ridículo en que esa obra de las tinieblas procura sumergir la Doctrina de los Espíritus Superiores. Las obras de Ramatís constituyen el segundo caso de mistificación en nuestro movimiento espírita, divergiendo de aquella en algunos puntos y presentando otras novedades absurdas.

La obra La Vida de Jesús Dictada por él Mismo, recibida en Alemania y completada en la Argentina, donde existe una institución espírita para mantenerla, divulgarla y defenderla es otro caso típico de mistificación en gran estilo, que ha engañado a multitudes de personas. En esa obra vemos a Jesús presentarnos en sus memorias una declaración extraña sin comienzo y sin fin y con la deformidad propia de un texto del Corán de Mahoma. Habla Jesús: “Mis hermanos, escuchad el relato de mi vida terrestre como Mesías.” A continuación el libro nos cuenta las primeras peripecias de Jesús después de la muerte de José su padre, su ida a Jerusalén y la entrega de los negocios de la familia a manos extrañas. Jesús se dice el más viejo de los nueve hijos de José y María. Describe la vida tranquila que llevara en Nazaret, mas lamenta que sus ideas mesiánicas lo hayan llevado al camino peligroso. Se refiere a los fundamentos de la Ciencia Kabalística que aprendió; cuenta que después de la muerte del padre se envolvió en Jerusalén con grupos subversivos y se volvió agitador político. En ese ritmo de cuento a lo Jack London, el libro alcanza la fase mesiánica de Jesús.

El autobiografista proclama: “Mi obra era santa, porque era la obra del Padre; mi misión no era de odio, sino de amor.” Un libro mediúmnico sin ninguna base histórica sin nada de nuevo con respecto a la interpretación de la figura histórica de Jesús, sin ninguna marca de época, calcado de situaciones actuales, desprovisto de la mínima verosimilitud y que, sin embargo, a pesar de su volumen de cerca de 400 páginas, no pesa nada en la balanza de la Historia. Mistificación evidente y sin defensa posible. ¿Cómo pueden espíritas ilustrados, inteligentes, perspicaces, aceptar ese relato de flaca imaginación como autobiografía del Cristo, del asombroso personaje histórico que transformó el mundo con sus ideas, vagamente recopiladas en el Logia de Jesús? (Anotaciones fragmentarias de sus enseñanzas morales, que son las frases y expresiones que han jalonado el desenvolvimiento humano a partir de sus prédicas.) Ese es el éxito de la mistificación - hacer pasar como verídicas las más infundadas aberraciones. Mas no se piense que el triunfo es de la mistificación en sí. Por el contrario, es de los que se dejan mistificar, de los que desean engañarse y para eso alimentan su buen sentido en los bancos de cambio de la imaginación. Esas criaturas ansiosas de lo maravilloso, no encontrando lo que desean en las investigaciones y en los estudios serios, aceptan emocionadas los mayores absurdos.

213. Es un curioso mecanismo de compensación interior el que lleva a los lectores de esas falsedades ingenuas a considerarlas como verídicas. El anhelo de novedades maravillosas es en ellas más poderoso que el raciocinio de que disfrutan y que saben aplicar a las cosas de la vida diaria, mas fracasan al aplicarlo a la ilusión, pues éste les exige el descubrimiento de los secretos a cualquier precio. Es el mismo caso de las obsesiones en que el apego del obsesionado al obsesionador es lo que da fuerzas a éste para actuar sobre aquel. El mismo caso de los viciados, que aunque conocen las consecuencias del vicio, no pueden abandonarlo, pues sin él la vida perdería gusto y sentido. Una fase poco o nada conocida de los procesos esquizofrénicos. Un área en que la Psicología Espírita tiene mucho que trabajar.

214. Mas no es sólo en el Espiritismo donde eso sucede. La naturaleza es una sola en todas partes. En el Corán de Mahoma la mistificación es tan transparente como en el caso citado antes. El mistificador cubre sus deficiencias con el manto embriagador o aturdidor de la fantasía. Y se sirve de afirmaciones enfáticas, de frases altisonantes para impresionar mejor a los que desean ser engañados. Todo El Génesis bíblico se reviste de ese mismo aspecto. El episodio del nacimiento de Jesús, en el Corán, es al mismo tiempo anecdótico, pintoresco e impresionante. María recibe la anunciación del Ángel, que le ordena huir al desierto. José fue enteramente excluido de esa historia de Las mil y una noches en la que un viejo carpintero nada tenía que hacer. La joven virgen huye de la casa de las padres y se dirige a una datilera solitaria en medio del arenal. Allí se acuesta y un Ángel le enseña como proceder. Al mismo tiempo, hace correr un hilillo de agua al pie de la datilera. Cuando ella tiene hambre le basta sacudir el árbol y los frutos maduros caen. Nace su niño y el ángel le ordena volver a su casa. Allá, la familia la reprende, mas ella tiene al niño Jesús en los brazos. María cuenta lo que le pasó y el niño recién nacido lo confirma. El espanto es general y todo se arregla. La ingenua historia es simple ideación mistificadora, mas la palabra del Profeta es suficiente para transformarla en realidad histórica. El Islam nació del tronco bíblico; es una especie de sombra judaica proyectada sobre Arabia. Las figuras bíblicas de Abraham, Isaac y Jacob aparecen deformadas en esa proyección. Era natural que María y Jesús también aparecieran así. Mas tenemos en esa proyección conceptual una especie de intuición profética antimitológica. El nacimiento bajo una datilera en el desierto devuelve el acontecimiento real a su sencillez verdadera. Queda el mito del Ángel Gabriel, mas éste corresponde a la realidad subjetiva de la inspiración de Mahoma. El hecho de que el niño Jesús hablara precozmente no es mitológico, pues puede incluirse en los posibilidades de la precocidad natural. Es importante recordar que el Islamismo revela mayor tendencia hacia la realidad figurada que hacia el mito. La exclusión de José y los cuidados del Ángel con María parecen indicar al Ángel como padre del niño, en vez del Espíritu Santo. Un análisis profundo de ese episodio del Corán, que establece una relación genética entre el Islamismo y el Cristianismo, puede revelar mayores significaciones en la perspectiva histórica. La mistificación religiosa proviene muchas veces de exigencias lógicas en un proceso histórico de sucesos complejos y cuyas líneas se tornaron indefinidas con el tiempo. Ese es un problema de la Parahistoria, nueva área de interpretación histórica nacida de las conquistas actuales de la Parapsicología, y que por eso mismo interesa de cerca a los espíritas.

215. Mahoma ha sido generalmente considerado como un mistificador, mas en verdad era un médium, un paranormal que según Emmanuel, tenía la misión, en la que fracasó, de forzar el retorno de la Iglesia de Roma a la realidad histórica. El fracaso del Profeta Árabe provino de su excesivo apego a la materia, en virtud de su fuerte vitalidad. Por eso Dante lo colocó en el infierno con el vientre rasgado y los intestinos cayendo fuera del vientre, condena típica para los excesos de sensualidad. Todos esos elementos son importantes para una reinterpretación del conjunto religioso histórico formado por el triángulo bíblico Judaísmo -Cristianismo - Islamismo. Toca a las instituciones culturales espíritas analizar en el futuro estos problemas referentes al proceso de la evolución de la humanidad terrestre. El alfanje islámico aún guarda los secretos del Creciente Lunar, que pueden todavía dar más luz que el Sol sobre la condición humana.

J Herculano Pires

Extraído del libro "El gran desconocido"