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J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Miércoles, 01 de Septiembre de 2010 15:15

Se oye con frecuencia la pregunta: “¿El Espiritismo es religión?” Y muchas veces los espíritas no saben responderla. La confusión al respecto proviene de las campañas religiosas contra el Espiritismo. Las Iglesias Cristianas, descendientes directas de la Iglesia Judaica, se definen religiosas en los términos tradicionales del formalismo de sus organizaciones y del culto exterior calcado de los diversos cultos de esa naturaleza que les sirvieron de modelo, en primer lugar el judío, y después los mitológicos, con sustanciales influencias de Órdenes Ocultas, como la Masonería.

Las vestiduras sacerdotales, el aparato del culto, los instrumentos sagrados, nada de eso es de origen cristiano, dado que Cristo no se interesó por los cultos formales y sólo enseño el cultivo interior del espíritu. Algunas expresiones de los evangelios, algunos gestos y actitudes de Cristo dieron motivo a la adaptación de ritos y sacramentos judíos o paganos por los cristianos. Dado que el Espiritismo, fiel al espíritu de renovación cristiano, no aceptó el culto exterior, la organización clerical profesional ni los rituales, las Iglesias Cristianas apoyáronse en eso para declarar que el Espiritismo no era religión. Ligadas a los Estados, ellas tuvieron facilidad para influir en los organismos estatales, haciendo prevalecer su tesis.

Hasta hoy, en el Brasil y en muchos otros países, ciertos organismos estatales, principalmente cuando son influidos por la Iglesia Católica, niegan al Espiritismo su carácter de religión. Pero los espíritas necesitan saber que el Espiritismo es religión y el Centro Espírita, generalmente religioso, debe insistir en el esclarecimiento de ese problema en sus reuniones. No se trata de lograr regalías gubernamentales para los Centros, sino de establecer esa verdad de hecho. Y ese hecho es aquel que Kardec esclareció con seguridad desde el inicio del movimiento espírita: el Espiritismo es la Ciencia del Espíritu y de sus relaciones con los hombre, de esa Ciencia resulta una filosofía, y de esa Filosofía las consecuencias religiosas del Espiritismo, que constituyen la Religión Espírita. Kardec, como Jesús, no era clérigo de ninguna religión.

Fue pedagogo, científico y filósofo, director de estudios de la Universidad de Francia. Al enfrentar el problema de las manifestaciones espíritas, que en su tiempo agitaban a Europa y América, las encaró como científico. Observó e investigó los fenómenos espíritas como los científicos observaban e investigaban los fenómenos físicos, descubriendo sus causas, identificando su origen, su naturaleza, y alcanzando el conocimiento de las leyes que los rigen. De ese trabajo minucioso y profundo, confrontando las hipótesis diversas, nació ante el mundo la Ciencia Espírita. Grandes personalidades de la ciencia, en el siglo pasado y en el actual, continuaron en la línea de investigación de Kardec y confirmaron la validez de sus descubrimientos. Posteriormente surgieron las ciencias correlativas, entre las que se destacaron la Metapsíquica de Richet, la Psicobiofísica de Schrenck-Notzing y, finalmente, la Parapsicología actual, todas ellas hijas del Espiritismo. La Parapsicología fue la última y decisiva confirmación del acierto de Kardec y, con ella, con la denominación de fenómenos paranormales, los fenómenos espíritas se integraron en los cuadros científicos. La Ciencia Espírita reveló la face oculta de la realidad que conocemos y en la cual vivimos. Levantó el telón que oculta los bastidores del escenario en que representamos nuestros papeles y duplicó los conocimientos humanos, hasta entonces limitados al plano exterior de las manifestaciones de la vida. Cada avance significativo de las ciencias en el conocimiento del mundo transforma nuestra concepción de la vida y del Universo, generando una nueva filosofía y una nueva moral. Y la moral, a su vez, determinando nuevas reglas de comportamiento del hombre ante los misterios de la vida y de la muerte, genera a la vez una nueva posición religiosa. La Religión Espírita es la consecuencia natural del descubrimiento científico de la supervivencia y la continuidad del hombre después de la muerte. Científicamente no se puede probar la inmortalidad, pues no disponemos de recursos ni de tiempo para constatar objetivamente que el hombre es inmortal en su esencia, pero el testimonio de los espíritus superiores y las consecuencias lógicas de la supervivencia del hombre después de la muerte nos llevan fatalmente a la ilación de la inmortalidad, que el Espiritismo aceptó en su campo religioso, así como en el filosófico.

La Religión Espírita se funda en las pruebas científicas de la supervivencia y la comunicabilidad de los Espíritus con los hombres a través de los fenómenos paranormales (hoy comprobados científicamente por la Parapsicología), en la existencia de Dios como causa inteligente y primaria de todas las cosas y de todos los seres y en las relaciones posibles entre el hombre y Dios a través del sentimiento religioso, innato en le hombre, así como por imperio de la ley de adoración y reverencia a los poderes superiores que rigen el Cosmos en su plenitud. Paralelamente al desenvolvimiento de las investigaciones espíritas, los estudios sociológicos, antropológicos y filosóficos sobre la religión llevaron a la cultura actual a rechazar el concepto de religión como organismo social y propio de sistemas tradicionales. La existencia de religiones desprovistas de esos requisitos normales, comenzando por la simplicidad de las religiones primitivas y siguiendo por la profundización de esos estudios, mostraron, al respecto, que el fenómeno religioso es independiente de esas condiciones sociales artificiales. Con la tesis de Henry Bergson sobre los orígenes de la moral y de la religión, el problema se esclareció, dando la razón al anuncio de Jesús y a las profecías bíblicas sobre la interpretación en espíritu y verdad que no armonizaba con los modelos. Bergson estableció la diferencia entre las religiones estáticas, del formalismo social, y la religión dinámica e independiente, que se sobrepone al formalismo. La Religión Espírita apareció, entonces, en el cuadro de las investigaciones, como el modelo ideal de las religiones del futuro. Basamentada apenas sobre el sentimiento religioso y sobre la ley de adoración de la tesis espírita, la nueva Religión se presentaba liberada de los aparatos del culto exterior, de las pesadas y costosas organizaciones clericales y jerárquicas, así como de la suntuosidad arrogante de los templos. La Religión se liberaba de los intereses humanos, de las ambiciones del poder y la supremacía de los clérigos y volvíase hacia Dios. El problema de la Revelación, que caracteriza a las religiones reveladas, orgullosas de su origen divino especial, fue ubicado por Kardec en el campo de las manifestaciones espíritas, es decir, de la fenomenología paranormal, y sujeto al control de los hombres.

La Religión Espírita es también revelada, pero a través de una conjugación humano-divina. Los Espíritus superiores hicieron revelaciones a Kardec, pero él no las consideró válidas, reales, mientras no logró su veracidad a través de la investigación. Kardec formuló la tesis de la doble revelación: la que es dada por entidades espirituales o por hombres dotados de poderes paranormales, y la que es hecha por los científicos que investigan la Naturaleza, descubren sus secretos y los revelan en el plano científico. Es de esa doble revelación –rechazada por los místicos y los supersticiosos- que se constituye la Religión Espírita, que no se complace con la fe ciega, sino que exige la fe raciocinada, sancionada por los hechos y por la fe esclarecida. Era el fin de las fábulas y de las supersticiones, el encuentro de la razón humana con la Verdad Divina. La importancia de ese acontecimiento histórico fue ignorada negligentemente por los cultores de la tradición supersticiosa y el Espiritismo fue acusado de revivir en el mundo, en plena era científica, las más bajas supersticiones del pasado lejano. Kardec combatía a la superstición con el poder investigativo de la razón, y los místicos enfermizos, abrazados con los materialistas, lo condenaban como supersticioso. Más, a pesar de toda esa injusticia y de todas las campañas difamatorias desencadenadas en el mundo contra el Espiritismo, el tiempo se encargó de poner las cosas en su debido lugar. Hoy, las personas realmente cultas y sinceras, estudiosas y libres de preconceptos, saben que el Espiritismo de los simples es apenas un reflejo del Espiritismo de los sabios, el que los mismos sabios materialistas se ven obligados a reconocer como válido. Sólo las personas sistemáticas, retardatarias, preconceptuosas o sectarias, incapaces de abrir la mente cerrada a las ideas para comprensión de la realidad, continúan negando la verdad espírita y, al mismo tiempo, sufriendo la acción acosadora e invisible de los Espíritus obsesotes. Y eso es porque la secta religiosa cerrada es hermana de la secta científica amarrada a sus preconceptos.

Un científico apegado a los preconceptos es la negación de la misma ciencia. Mas, establecida la Religión Espírita con su plena libertad de pensamiento, surge en medio de sus adeptos voluntarios el problema de los residuos del pasado. Seres que se tornaron espíritas a través de experiencias paranormales inesperadas, no logran vencer las barreras de los temores enquistados en su inconsciente y comienzan a mixturar sus viejas supersticiones con los conocimientos nuevos que han recibido. No se habitúan a la libertad amplia del Espiritismo. Sienten la falta del yugo en su cuello encallecido y procuran transformar a los dirigentes de Centros en sacerdotes de un nuevo tipo. Y caen de rodillas ante los pobres médiums falibles con la esperanza de lograr gracias imposibles. Fórmase la farándula de los creyentes ansiosos de beneficios especiales y surgen cuestiones de familia y tradición exigiendo bautismo, rituales, casamientos suntuosos, misas y promesas a los santos. El Espiritismo está exento de todas las escenificaciones rituales y todos los artificios de la devoción formal. Por toda escenificación y todo sacramento el Espiritismo sólo tiene un sustituto: la oración espontánea y sincera, gratuita y humilde que parte directamente del corazón de la persona hacia la Mente Suprema de Dios. En el Centro Espírita ese problema deber ser objeto de estudios constantes, de esclarecimiento cierto, a efecto de que la propagación irrefrenable de la Doctrina de los Espíritus no se realice afectada por los residuos de un pasado de herejías y hogueras asesinas en nombre de Dios. Sin herir susceptibilidades, los dirigentes del Centro deben seguir la regla de los esclarecimientos indispensables, mostrando que, en el plano del espíritu, sólo los factores espirituales tienen valor. No se puede tratar obsesiones con sal gruesa, hojas de ruda, incienso o explosiones de pólvora, como tampoco con medallas, crucifijos o agua bendita. La obsesión es un proceso inteligente desencadenado por Espíritus, lo que es decir: por inteligencias extrafísicas a quienes no alcanzan todas esas cosas, pues ellas viven en el plano espiritual, no en el material, y conocen el problema de la comunicación mediúmnica y del envolvimiento fluídico.

Sólo podemos apartar a una entidad obsesota por la persuasión y la oración, tratando de esclarecerla en lugar de darle órdenes que sólo la irritan. Los Centros Espíritas que aceptan los métodos anticuados de los perimidos conjuros y exorcismos revelan la más absoluta ignorancia de los principios de la Doctrina Espírita, que es esencialmente racional. La razón no pertenece a la materia, sino al espíritu. El fracaso de las prácticas de exorcismo se comprobó en le mundo entero en todas las etapas históricas. Mientras los exorcistas, o exorcizadotes, gastan energías y pierden tiempo, con perjuicio de su propia salud y el desgaste físico de los obsedidos, llegando, no raramente, a resultados tristemente negativos, el adoctrinamiento espírita revela en todas sus facetas la ventaja de la acción persuasiva e inteligente sobre los agresores inteligentes. El valor de la oración, mental u oral, se muestra siempre eficaz, pues la vibración de una oración sincera alcanza al obsesor de un modo envolvente, llamándolo a la razón. En lo relacionado a los problemas de la oración, conviene recordar, con Kardec, que las más eficaces son las oraciones espontáneas, no formales ni decoradas, sino pronunciadas con sentimiento y deseo real, consciente, de beneficiar tanto a la víctima como al verdugo. Entre las oraciones formales, la del Padrenuestro se destaca por una condición especial. Integrada en la tradición cristiana hace dos mil años, esa oración está fijada en la mente de las generaciones y goza del prestigio de haber sido enseñada por Cristo. Su prestigio y su capacidad de despertar emociones religiosas en los Espíritus se comprueban diariamente en el mundo.

Es por eso que ella es empleada sistemáticamente en la apertura de las sesiones espíritas. Es un tabú, dicen los escépticos y muchos espíritas, con pretensiones racionales agudas, intentando eliminarla de los Centros. Es un grave error, pues en todas partes se constató y se constata, en el medio espírita, su eficacia. No es difícil entender eso. El Padrenuestro no contiene ningún elemento mágico y, además, desde la infancia los niños nacidos en le medio cristiano han aprendido a decirla y respetarla. Ella fue introducida en la conciencia de las generaciones a través de los siglos y los milenios. Está constituida de una forma oral y mental cargada de energías espirituales. Se convirtió, en el plano religioso, en lo que es el soneto en la poesía occidental: una forma oral y mental cargada de poder emocional. Los Espíritus perturbadores, que tienen conciencia de su actitud negativa y culpable –pues todos la tienen-, son tocados en su íntimo, en su posibilidad profunda y en su afectividad cuando oyen esa oración, especialmente cuando es pronunciada por personas que sienten su mensaje y conocen las razones de su eficacia. Ella suena como un llamado de la infancia, de la juventud emotiva, de la vida pasada que desencadena antiguos recuerdos en los hombres y en los Espíritus. La figura de Jesús, la fuerza óntica de la palabra Padre, que vibra como un llamado a Dios y una evocación de su poder supremo, y al mismo tiempo misericordioso, vibra como la primera nota vigorosa y amorosa de una impetración al cielo, a las regiones superiores que desean alcanzar, por más desdichada que sea su situación actual. Se despiertan entonces, en la conciencia y en la emotividad del Espíritu, los tiernos recuerdos de los seres queridos, del amor que experimentó en la vida familiar terrena, de los momentos de felicidad y alegría que gozó entre las personas queridas. Son esos los toques profundos que el Padrenuestro produce en los corazones fluídicos o encarnados, como una canción de otros tiempos, antigua, que, en la ternura de sus notas y de su armonía, nos hace volver a las oportunidades perdidas. Personas presuntuosamente racionales analizan y critican al Padrenuestro señalando posibles errores y absurdos en su texto más común y extenso, que es el del Evangelio según Juan.

Entidades malintencionadas suelen inspirar a esos seres ideas negativas, con la intención de desviarlas de la práctica de esa oración. Bastaría ese hecho para confirmarnos el valor del Padrenuestro. Los Evangelios registran formas diferentes de la oración de Jesús. La que permaneció en la tradición es la más completa, y objeto de las críticas referidas. Intentemos analizarla rápidamente en todos sus términos, desvirtuando esas críticas livianas:

PADRE –Con esa palabra inicial Jesús dio un golpe vibrante en la antigua concepción politeísta de la Divinidad y en la idea bíblica, bien judaica, de la posición exclusivista de dios y en su concepción mitológica de guerrero, el viejo Dios de los ejércitos.

NUESTRO –En esta profunda palabra tenemos la universalización de Dios como Padre de toda la humanidad. Ella destruye la vieja y absurda idea de los dioses de cada pueblo, en lucha unos con los otros en las guerras de los pueblos.

QUE ESTÁS EN LOS CIELOS –Afirmación de la presencia de Dios en el infinito, encima de todos los divisionismos humanos, pues los cielos no son un lugar determinado, sino la totalidad cósmica. Dios en los cielos cubre con su misericordia toda la Tierra y todos los mundos, todas las constelaciones del infinito.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE –Que sea reconocido el nombre de Dios como Santo por todos los seres, ángeles, Espíritus y hombres, que santificarán el nombre de Dios en sí mismos, en sus conciencias.

VENGA TU REINO –Que el Reino de Dios, ideal superior de justicia y de paz perfecto, venga a nosotros todos.

HÁGASE TU VOLUNTAD, COMO EN LOS CIELOS, ASÍ TAMBIÉN EN LA TIERRA –Que los hombres, los Espíritus y los ángeles cumplan en los Cielos y en la Tierra, en todas partes, la voluntad suprema de Dios, revelándose aquí el principio de la comunión constante y perfecta entre el mundo espiritual y el mundo terreno.

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, DÁNOSLO HOY –El pan simboliza el alimento general de todos los seres –espirituales y materiales-, que los pueblos de aquel tiempo repartían en las mesas simbólicas de las ceremonias religiosas. Jesús mismo repartió el pan con sus discípulos en la cena de la Pascua, y fue en el partir del pan que los discípulos lo reconocieron, después de la resurrección, en el camino de Emaús. Ese alimento esencial es pedido a Dios, que es el Padre, para que no nos falte.

Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS, COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES –Los enemigos son los que nos persiguen y calumnian. Alimentados por el pan espiritual podemos perdonarlos, y sólo así n os hacemos dignos del perdón de Dios, a quien diariamente ofendemos con nuestra ignorancia. Es el principio de la fraternidad en Dios y por Dios.

Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN –Somos frágiles en nuestra ignorancia y alimentamos deseos y ambiciones. La tentación está en nosotros mismos, mas Dios puede alimentarnos diariamente el Espíritu con las verdaderas ansias de nuestro destino, para no caer en el torbellino de nuestros instintos inferiores.

MAS LÍBRANOS DEL MAL –Súplica hecha a Dios para despertarnos la conciencia de las horas difíciles de cada día.

PUES VUESTRO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA PARA TODO Y SIEMPRE –El Reino que buscamos es el de Dios, no el de los hombres. El poder es de Dios y no de los Espíritus inferiores; la gloria sólo a Dios pertenece y sólo Él nos puede glorificar. Laudatorio que sólo aparece en el Evangelio según Juan, como justificación final de toda la oración.

El Padrenuestro es una plegaria sintética, modelo dado por Jesús a sus discípulos para que en ella encuentren, diariamente, la síntesis final de todas sus enseñanzas. La dinámica de esa síntesis despierta en la memoria de los hombres y de las entidades espirituales la fe en Dios, la esperanza en nuestra evolución espiritual y la confianza en el poder absoluto, así como en la misericordia de Aquel que nos arranca del fango de la tierra hacia las ascensiones de la evolución universal. Hay personas que disienten con la oración del Padrenuestro en las sesiones espíritas, alegando que se trata de una oración católica. Jesús nació en el judaísmo, recibió la bendición de la virilidad en el templo, a los trece años; como todos los niños judíos de su edad, creció y vivió como judío hasta el momento en que inició su predicación propia, de la cual nacería el Cristianismo, porque sus discípulos y apóstoles lo llamaban Cristo. Él enseñó la oración del Padrenuestro cuando andaba predicando en la Palestina, mucho antes que su doctrina llegase a Roma y fuese transformada en un vasto sincretismo religioso, del cual surgiría la Iglesia romana. El Padrenuestro fue modificado por Padre Nuestro en Roma, y sólo en este siglo volvió a la designación primitiva que le dieron los cristianos palestinos que no hablaban latín. No hay razón alguna para que esa oración sea considerada católica. Ella es una oración cristiana pura, dotada de todas las características del pensamiento superior de Jesús, que siempre estuvo por encima de los divisionismos sectarios.

Si los Evangelios presentan el Padrenuestro en forma distinta, eso acontece por el simple hecho de que cada evangelista escribió sus relatos en lugares y tiempos distintos, utilizando los recuerdos y las anotaciones que poseían. Juan, cuyo Evangelio fue el último en ser elaborado, consiguió reunir mayores elementos para brindar la oración completa, según era pronunciada por los cristianos primitivos. Como señala Renan, y fue confirmado en los siglos siguientes por los investigadores universitarios de los orígenes del Cristianismo, las informaciones que los evangelistas disponían procedían de los mismos círculos íntimos del Maestro, guardando la autenticidad de sus expresiones. La insistencia de la Iglesia Católica en mantener la expresión latina Padre (Pater) en le nombre de la oración, produjo, en los países de lengua latina, como Portugal y el nuestro, Brasil, la falsa sugestión de una ligazón real entre la Iglesia (cuyos sacerdotes son denominados padres), lo que fue duramente replicado por las Iglesias de la Reforma Protestante. El empleo del Padrenuestro en las reuniones espíritas es perfectamente válido, tanto ante las características innegables del renacimiento cristiano de la Doctrina Espírita, así como en su desenvolvimiento filosófico y en sus actividades prácticas. La alegación de que el Espiritismo mixtura al Cristianismo con las religiones primitivas, es sencillamente una impostura frente a los estudios profundos realizados sobre la formación del sincretismo católico-africano, del que el Espiritismo no participó.

J Herculano Pires

Extraído del libro "El centro Espirita"