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La misma existencia de la educación Judía, independiente y enteramente distinta de la Educación Greco-romana, indicaba al Cristianismo la posibilidad y la necesidad de una organización de su sistema educativo. El ejemplo histórico, a su vez, corroboraba las exigencias teóricas de la nueva doctrina.
Así, la práctica judía y la teoría cristiana darían nacimiento a un nuevo tipo de educación, correspondiente a las aspiraciones de la nueva era que brotaba de las enseñanzas de Jesús. Más tarde — como siempre acontece en Educación — habría de surgir la Pedagogía Cristiana, que se dividiría en varios sistemas pedagógicos, adaptados a las variadas corrientes que surgieron en la interpretación evangélica. Bastaría el conocimiento de este hecho histórico, obligatoriamente registrado en los tratados de Pedagogía, para señalar a profesores y legos, espíritas o no, la legitimidad de la Educación Espírita — que ya es un hecho concreto y por lo tanto histórico en la actualidad — y la necesidad de formular la Pedagogía Espírita.
Solo el desconocimiento de la Historia de la Educación y la ignorancia del proceso del nacimiento de la Educación Cristiana pueden llevar a alguien a oponerse al desenvolvimiento de la Educación Espírita y consecuente aparición del sistema pedagógico correspondiente. Además de las bases históricas (judías) la Educación Cristiana se fundamentó también en el propio ejemplo de Jesús y de sus discípulos, entre los cuales se destaca, por su cultura y su actividad intensa, la figura del apóstol Pablo.
Lorenzo Luzuriaga, en su Historia de la Educación y de la Pedagogía, nos ofrece este trecho que debería ser ampliamente divulgado en el medio espírita: La Educación Cristiana se realizó, en los primeros tiempos, directa y personalmente. Los educadores fueron el mismo Jesús — el Maestro por excelencia — los apóstoles, los evangelistas y, en general, los discípulos del Cristo. Era entonces una educación sin escuelas, como aconteció con la budista, la judía, y en general con todas las religiones en sus primeros tiempos. Nótese que Luzuriaga se refiere a otros ejemplos históricos, relativos a otras religiones. Sabemos que la forma personal y directa de educación marca siempre el inicio de cualquier desenvolvimiento del nuevo sistema educativo.
Es un fenómeno obligatorio y constante en todo el campo educativo y corresponde al período inicial de la educación familiar en todas las civilizaciones. Toda educación comienza siempre por el acto de educar, que se pasa necesariamente entre dos o más personas. Jesús inició la Educación Cristiana al enseñar personalmente los fundamentos de la nueva doctrina al pueblo. Henri Marrou, profesor de la Sorbona, en su famosa Historia de La Educación en la Antigüedad, que todo estudiante de pedagogía debe obligatoriamente conocer, abre con las líneas abajo su capítulo sobre el Cristianismo frente a la Educación Clásica: La expresión educación cristiana se encuentra en los escritos de San Clemente de Roma, allá por el año 96. San Pablo, antes que él, ya se preocupara en aconsejar a los padres sobre la manera de educar a los hijos: esta será una preocupación constante del Cristianismo (1 Corintios; Efesios; Colosenses.)
Se podría alegar que la Educación Cristiana era, de inicio, puramente religiosa. Lo mismo aconteció con todas las formas de educación nacidas de las grandes religiones. La propia Educación General, que abarca todas las formas específicas, también se inició con los rituales de las tribus. En la proporción en que el Cristianismo se propagaba y se institucionalizaba, la incipiente educación cristiana fue madurando y definiéndose. Fue a alrededor del 179 que el filósofo griego Pantenus, convertido al Cristianismo, fundó en Alejandría la primera escuela de catequistas.
Los didáscalos, catequizadores sin preparación, irían a ser sustituidos por profesores formados en cursos especiales, de naturaleza enciclopédica. Clemente y Orígenes harían de esta escuela, más tarde, el más importante centro de cultura religiosa de la época. Podemos decir que, con la iniciativa del filósofo Pantenus, la educación cristiana dio un verdadero salto cualitativo, alcanzando la institucionalización en un plano superior.
La pedagogía cristiana
La Pedagogía propiamente dicha solo aparece después del desenvolvimiento de la Educación. Porque la Pedagogía es el estudio, la pesquisa, la reflexión sobre el proceso educativo. Así, cada nuevo sistema educativo surge y se desenvuelve bajo la presión de las necesidades culturales, amparado por una orientación pedagógica extraña. La Educación Cristiana se desenvolvió en medio de la cultura clásica greco-romana, pero bajo la influencia pedagógica de la Educación Judía. Las culturas griega, romana y judía generaron históricamente la nueva cultura cristiana. Así, la Educación Clásica y la Educación Judía fueron las fuentes naturales de donde surgió la Educación Cristiana. Jesús reformó al Judaísmo y de esta reforma salió el Cristianismo. Los cristianos, a partir del impulso inicial del mismo Cristo (el Maestro por excelencia) habrían de reformar a la Educación Clásica y a la Educación Judía, y de esta reforma surgiría la Educación Cristiana. Solo así, en esta perspectiva histórica, podremos comprender la continuidad natural que existe en el proceso educativo. Cada nueva Educación no será la negación de la anterior, sino su desenvolvimiento. El fenómeno de transmisión de la cultura a través de las generaciones explica las metamorfosis educacionales. La reelaboración de la experiencia, según la tesis de Dewey, implica el aprovechamiento de los valores adquiridos por la cultura anterior.
El Cristianismo se presenta, aún hoy, sobrecargado de herencias paganas y judías. Estas herencias pesaron también en el desenvolvimiento de la Educación Cristiana. Pero en la era patrística, entre los siglos III y IV, ellas sirvieron para elaborar la Pedagogía Cristiana. Los primeros pedagogos cristianos eran hombres formados en el seno de la Pedagogía Clásica greco-romana e influenciados (escriturística y teologicamente) por la Pedagogía Judía. Clemente de Alejandría, autor de El Pedagogo, primer tratado pedagógico del Cristianismo, fuera formado en la Filosofía griega y le dio al profesor cristiano el nombre de logos. Su famoso discípulo y continuador, Orígenes, autor de la Suma Teológica Metafísica, tuvo el misma origen cultural y consideraba la Filosofía como el preámbulo de la Religión. Basilio, fundador de la escuela monástica, ya se desprende de la herencia griega pero se apega a la judía, especialmente a las Escrituras. Quintiliano y Jerónimo desenvuelven métodos especiales y se vuelcan más hacia la esencia cristiana de los Evangelios. Con San Benito la Educación Cristiana comienza a abrir sus puertas hacia el mundo, saliendo del recinto cerrado de los monasterios para aceptar alumnos externos. Pero sería con Agustín autor de La Ciudad de Dios, El Maestro de Dios, El maestro y Del Orden, que la herencia platónica se acentúa vigorosamente en la Pedagogía Cristiana, al mismo tiempo que los elementos fundamentales de la Pedagogía Pagana son adaptados a la Escuela Cristiana y en ella integrados: las artes liberales, la retórica, la elocuencia, la cultura física.
En la segunda mitad del siglo IV tenemos el episodio curioso de Juliano, el apóstata. El emperador Juliano, quien subió al trono en 361 y se hiciera cristiano, apostató y se dedicó al restablecimiento del helenismo. El 17 de Junio de 362 expidió una ley, explicada por una circular, impidiendo a los profesores cristianos que enseñaran en las escuelas imperiales. Alegaba que era inmoral la posición de estos profesores al enseñar Homero u Hesíodo sin creer en los dioses mitológicos. Esto provocó una reacción de los cristianos, que pasaron a adaptar textos del Viejo Testamento al enseñar las letras en las escuelas cristianas.
Así, Juliano el apóstata anudaba a la escuela cristiana a afirmarse en su autonomía cultural. Cerramos este breve nudo del nacimiento de la Educación Cristiana con un episodio significativo. ¿Cómo podrían los profesores cristianos enseñar en las escuelas paganas sin traicionar sus principios, su fe, y al mismo tiempo sin traicionar al paganismo? Juliano el apóstata tenía razón. Como dice el proverbio popular: no se puede andar con los pies en dos canoas. ¿Y cómo podrían los alumnos cristianos aceptar la enseñanza pagana sin renunciar a su propia formación cristiana iniciada en el hogar? Este episodio esclarece bien la situación actual de los profesores y alumnos espíritas. ¿Cómo podrían ellos enseñar y aprender aquello que consideran errado, en las escuelas materialistas y religiosas de hoy? ¿Cómo pueden los alumnos espíritas consolidar su cultura espírita en escuelas que no aceptan los principios doctrinarios, que los rechazan y condenan sin conocerlos? Estamos hoy, como los cristianos del siglo IV, frente a un dilema cultural de profundas implicaciones éticas. Y es por esto, evidentemente, que asistimos al nacimiento de la Educación Espírita.
J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"
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