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125. La Filosofía actual, representativa de nuestro siglo, es la Existencial. De ella se derivó el movimiento existencialista por una interpretación espuria del pensamiento de Jean - Paul Sartre. Mas el pensamiento de este famoso filósofo francés, nada tiene que ver con las extravagancias de la cantante Julliete Grecco, que se aprovechó del renombre de Sartre para crear en el Café di Fiore, en París, un movimiento juvenil en el que se atribuyó el título de Musa del Existencialismo, y dio a Sartre el título de Papa del Existencialismo.
Simone de Beavoir, discípula y compañera del filósofo, le preguntó por qué había aceptado esa situación. Sartre se encogió de hombros diciendo que nada tenía que ver con el movimiento de la cantante ni se interesaba por él. El famoso autor de El Ser y la Nada y de la Crítica de la Razón Dialéctica acostumbraba a escribir en una de las mesas del Café, y allí continuó trabajando, indiferente a los espectáculos de la cantante.
La Filosofía Existencial se desfiguró en opinión de los legos, mas no se redujo su prestigio en los medios intelectuales. Fundada por Kierkegaard, teólogo dinamarqués que no pretendía filosofar, la Filosofía Existencial dominó el pensamiento filosófico mundial y permanece como el marco de una profunda revolución filosófica semejante a la de Copérnico en la Astronomía. El concepto existencial del hombre fue desarrollado por los mayores filósofos contemporáneos, como Martín Heideggar, Karl Jaspers, Gabriel Marcel, Simone, Camus y otros, y corresponde al concepto espírita formulado por Kardec en la Filosofía Espírita: El hombre es un proyecto, un ser que se lanza a la existencia y la atraviesa como un flecha en dirección a la trascendencia que es el objetivo de la existencia.
Para Sartre, materialista, la muerte es la frustración del hombre. Para Heideggar, metafísico, el hombre se completa con la muerte. La Filosofía Existencial admite, en general, que el ser es un embrión lanzado a la existencia para desarrollar sus potencialidades. Hay una diferencia esencial entre Vida y Existencia. Todos los seres viven, mas sólo el ser humano existe, porque existir es tener conciencia de sí mismo y vivir en ritmo ascendente, buscando superar la condición humana y alcanzar la divina. El hombre es el único existente. Esta palabra existente, designa al hombre como ser en la existencia.
126. Veamos el sentido típicamente espírita de esa concepción del hombre. Antes de ser, el hombre es solamente un venir a ser, una cosa misteriosa cerrada en sí misma. Ansiando relacionarse, esa cosa se proyecta a la existencia y se abre a la relación, encontrando es ésta los elementos que la despiertan y la transforman en un ser. Este toma conciencia de su propia naturaleza de ser y como tal busca superarse. En el tránsito existencial desenvuelve su esencia y abre, en la sólida masa del mundo hecho de leyes rígidas y fatales, la única brecha de libertad, que es el hombre con su libre albedrío. Para Sartre, al llegar a la muerte el hombre ya elaboró su esencia en la existencia, mas ésta no subsiste porque el hombre desaparece en la muerte: el hombre es una frustración. Para Heidegger, el ser se desarrolla en la existencia y se completa en la muerte; es una realización. Para Jaspers, el desarrollo del ser en la existencia se hace en dos etapas.
1) - la trascendencia horizontal, en el plano social; 2) - la trascendencia vertical, en la búsqueda de Dios.
Sartre aplica a lo existente la dialéctica de Hegel.
a) - El hombre antes de la existencia es lo en sí; b) - el hombre en la existencia es lo para sí; c) - el hombre en la muerte es lo en sí para sí.
127. Como vemos, lo en sí para sí es la síntesis dialéctica en que lo en sí (cerrado en sí mismo) y lo para sí (abierto a la relación social) que es la trascendencia horizontal de Jaspers, se resuelve en el en sí para sí, que es la condición divina alcanzada en la trascendencia vertical.
128. El concepto filosófico de existencia difiere profundamente del concepto de vida. Mientras que la vida se define como el elán de Bergson, un impulso, una fuerza que penetra en la materia y, según la idea de Hegel, modela las formas, la existencia es subjetividad pura, lo que equivale a decir espíritu. Así no vivimos como las plantas y lo animales, integrados en la materia, sino como espíritus ligados a la materia para usarla en función de sus intereses subjetivos. Vivimos en la psique y no en el cuerpo. Nuestra vida no es propiamente vida, sino un existir independiente de las cosas y de los seres materiales, cuya única aspiración verdadera es la libertad, que sólo podemos de hecho obtener y gozar en la interioridad de nosotros mismos. Incluso encarnados, no salimos del plano espiritual, continuamos en él, nuestro habitat natural, como sonámbulos. La materia no nos absorbe, sólo se refleja en nuestra sensibilidad.
El día y la noche, la vigilia y el sueño, como Jaspers observó, marcan el ritmo existencial de la relación alma - cuerpo. Durante el reposo del cuerpo, para rehacerse, volvemos al mundo espiritual en el vehículo del periespíritu, y asimismo en plena vigilia escapamos de la materia a través de las fugas psíquicas, de las proyecciones telepáticas, de las varias modalidades de la percepción extrasensorial. La hipnosis prueba el sentido ilusorio del vivir. En estado sonambúlico o hipnótico, medio desligados del cuerpo, vagamos en el intermundio y aceptamos fácilmente las sugestiones de una situación irreal: tocamos violín sin violín, sentimos calor y sudamos sin calor, resistimos el fuego sin quemarnos, regresamos en el tiempo y nos proyectamos al futuro a través de la memoria, etc., etc. La Gestalt nos muestra la ilusión de la forma en la percepción normal del mundo, donde las apariencias significativas cobran realidad material y nos precipitan a fracasos y frustraciones. La evolución de la Física nos robó el mundo sólido y opaco del pasado y nos lanzó al torbellino de los átomos y de las partículas nucleares. La materia se deshizo en las manos de los físicos y nos vimos obligados a reconocernos como seres evanescentes, que vivimos en un mundo mágico de estructuras imponderables.
129. Frente a esa realidad fantástica de las leyes físicas a las que Bertrand Roussel se agarró para no naufragar en lo irreal, se impone la realidad real de las leyes psíquicas, del espíritu que domina, estructura y ordena la materia. Lo que llamamos vida se transforma en existencia, y ésta no es más que la corta medida del tiempo necesario para liberarnos de un acondicionamiento mental determinado por la ilusión de los sentidos, como Descartes verificara y demostrara en sus tentativas de darnos la Ciencia Admirable que el Espíritu de la Verdad le revelara en sueños. El Cogito ergo sum del filósofo nos parece hoy como un trazo de unión entre el Cristianismo puro del Cristo y el Espiritismo, en el que la verdad revelada se restablece en su realidad incomprendida, como un puente fluídico e indestructible que une dos partes de lo real, separadas por el abismo de casi dos milenios de locura, de esquizofrenia religiosa.
Al descubrir que esa frase cartesiana - pienso, luego existo - fue el ábrete sésamo de un filósofo mágico que no quería forjar ilusiones sino alcanzar la Verdad, comprendemos que el puente cartesiano pasó sobre un abismo donde espumeó por milenios la vorágine de sangre e impiedad de una pesadilla mundial. Y tan hipnótica fue ese vorágine que científicos y filósofos todavía resisten el llamado de la nueva concepción del hombre y del mundo que el Espíritu de la Verdad nos ofrece. El propio Descartes, apegado a los ídolos de Bacon, salió de su deslumbramiento hacia una peregrinación al ídolo de Nuestra Señora de la Saletti, en cumplimiento de una promesa. Se repitió en ese episodio histórico el mensaje del Mito de la Caverna de la República de Platón. Un cautivo se liberó de sus grilletes y fue a ver a la luz del Sol la realidad que sólo conocía mediante las siluetas de sombras. Y cuando volvió y contó lo que había visto afuera, los demás lo consideraron perturbado.
Sin embargo, a partir de las obras de Descartes se inició en el mundo el Renacimiento Cristiano, que se completaría más tarde con un brote mediúmnico en el que las lenguas de fuego de Pentecostés se encenderían de nuevo sobre la cabeza de los Apóstoles de la Nueva Era. El concepto de existencia es el carisma del Siglo XX, el período más agudo de la transición planetaria hacia un grado superior de la Escala de los Mundos. Las inteligencias terrenales fueron convocadas para la nueva batalla cristiana, en la que los Mártires de la Verdad no sufrirían más las penas cruentas del pasado tenebroso, sino que enfrentarían las angustias de la incomprensión y el inevitable martirio de la marginalización cultural. Los constructores de la nueva cultura, nacida de los principios cristianos, iniciarían bajo el escarnio y las calumnias la construcción de la CIVILIZACIÓN DEL ESPÍRITU. Ese es el grave problema que los espíritas precisan encarar con la mayor seriedad en nuestro tiempo, pues somos herederos de esa causa y los continuadores de esa obra. Si no nos empeñamos en ella con la debida conciencia de su importancia, si no somos capaces de sacrificio y abnegación en favor de los nuevos tiempos, asumiremos también nuestra parte de responsabilidad en los fracasos que podrán llevarnos a una catástrofe planetaria.
130. Mas es bueno recordar que no estamos solos. Al concepto de existencia de los filósofos actuales el Espiritismo añade el concepto de solidaridad existencial entre lo espíritus y los hombres. Comprobada la sobrevivencia de los muertos por la investigación científica y aclarada la interpretación de los mundos material y espiritual, la cual se evidencia en nuestra propia organización psicofísica, se impone naturalmente el concepto espírita de interexistencia. Ya vimos que no vivimos únicamente en el plano material, que no estamos fundidos al cuerpo carnal, sino solamente unidos a él como el conductor a su vehículo. En el estudio del Hipnotismo se aprende que nuestra vida diaria también transcurre simultáneamente en dos planos. Lo mismo acontece con los espíritus, que no están aislados en el plano espiritual, sino que pasan constantemente de su plano hacia el nuestro, como sucede en el caso de las comunicaciones mediúmnicas, de las apariciones, de las materializaciones y hasta incluso, de manera espontánea y concreta, visible y palpable, en el caso de los agéneres. Así, la interpenetración del plano espiritual inferior con el plano material superior (la corteza terrestre y su atmósfera), constituye la zona planetaria que llamamos Intermundio. Cicerón refiere que los griegos antiguos decían que sus dioses vivían entre el Cielo y la Tierra, región denominada por él INTERMUNDIO. El Espiritismo nos permite comprender esa verdad de manera clara y racional: para ellos, los espíritus eran los dioses buenos y malos que se comunicaban por medio de los oráculos y de las pitonisas. Y también conocían a los agéneres, pues sus dioses podían descender del Olimpo y aparecer ante los hombres como hombres. El concepto de interexistencia deriva del concepto de intermundio formulado por los griegos.
131. En el Espiritismo esos conceptos se amplían gracias a las investigaciones mediúmnicas, que revelan las leyes de la colaboración interexistencial a la que naturalmente se han entregado los espíritus y los hombres en todos los tiempos, desde los primitivos hasta el nuestro. Contamos, pues, con la colaboración constante de nuestros compañeros de humanidad en la lucha cristiana por la elevación de la Tierra.
132. Notemos la importancia que, en ese contexto, adquieren las sesiones mediúmnicas para orientación y esclarecimiento de espíritus sufrientes o malhechores. La adoctrinación espírita siempre auxiliada por los Espíritus Superiores y los Espíritus Buenos que les asisten, es un trabajo humilde de caridad que, sin embargo, no se limita a los efectos personales en favor del socorrido y de sus víctimas, pues su contribución mayor, es la de la renovación conciencial o despertar de las conciencias humanas a las responsabilidades del ser en la existencia. Poco puede hacer una sesión de adoctrinación, ante la multiplicidad de los desequilibrios, de la muchedumbre de sufrientes y malhechores que nos rodean. Mas cada espíritu que se esclarece es una nueva irradiación de la conciencia hacia las tinieblas. Además de eso, en una pequeña sesión no alcanzamos el esclarecimiento únicamente de las entidades comunicantes. En general es mayor el número de espíritus asistentes, que se benefician con la adoctrinación de los que se encuentran en su misma situación. Por otro lado, el ambiente espiritual de la sesión irradia sus luces mucho más allá del recinto estrecho en que se realiza. El milagro de la multiplicación de los panes se repite en cada sesión de humildes servidores de la causa que pertenece a toda la Humanidad. Los resultados positivos de las sesiones van mucho mas allá de lo que podemos percibir, esparciendo sus beneficios en el intermundio, en el Espacio y en la Tierra. Nótese también que esas sesiones representan la colaboración humana a los trabajos de esclarecimiento y orientación que los Espíritus realizan incesantemente en el plano espiritual.
Esa participación de los hombres en las tareas espirituales restablece los eslabones de fraternidad deshechos por el formalismo eclesiástico. Y deshace la fábula de la envidia de los ángeles, que se habrían rebelado contra Dios por la encarnación de Jesús como hombre y por la concesión a los sacerdotes del derecho a perdonar pecados, don que los ángeles no poseen. Fábulas de esa especie, creadas por la pretenciosa imaginación teológica, nos da la medida del desconocimiento de los clérigos más ilustrados y prestigiosos sobre la realidad espiritual. Los ángeles no son más que espíritus que se sublimaron en encarnaciones sucesivas. El Espiritismo coloca el problema de la Creación en términos evolutivos, a la luz de la concepción monista y monoteísta. En las sesiones mediúmnicas de caridad, ángeles, espíritus humanos y diabólicos participan como orientadores, adoctrinadores y necesitados de adoctrinación. No siendo el Diablo más que una alegoría, un mito representativo de los espíritus inferiores orientados hacia el mal, la presencia de los impropiamente llamados espíritus diabólicos en las sesiones de socorro espiritual es justa y necesaria. Nadie necesita más del socorro humano que estas criaturas desviadas. Puesto que ellas no están en condiciones de aprovechar la oportunidad, no se les permite la comunicación mediúmnica. Permanecen en el ambiente como observadores, vigilados por los espíritus guardianes, y aprenden gradualmente, como alumnos oyentes, preparándose para el tratamiento que necesitan. Muchos no gustan de esas sesiones de comunicación desagradables, donde la caridad brilla en su más puro esplendor. Es en estas personas donde los pretendidos diablos dejan caer sus fantasías infelices buscando vestir de nuevo el ropaje común de los hombres, y lograr así volver a convivir con los que siguen la senda de la evolución espiritual. Los grupos que se rehúsan a realizar esos trabajos de amor acaban cayendo en las mistificaciones de espíritus pseudosabios y pagan caro su comodidad y sus pretensiones.
133. La colaboración interexistencial iniciada por el Espiritismo estableció la verdadera fraternidad espiritual en la Tierra. Ese hecho marca un momento sublime en el rumbo de la trascendencia humana. Al planeta de las sombras, cuya Historia es un terrible caleidoscopio de atrocidades y maldades, brutalidades y miseria moral, ganó con esa pirueta un punto de luz celeste en sus precarísimas condiciones religiosas. El desarrollo de las prácticas de socorro espiritual indiscriminado, ofrecido a todos los tipos de necesidades, dará cualidades a la Tierra para liberarse de las sombras y elevarse a los planos de luz. El lema espírita: FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN es el pasaporte de la Tierra para la escalada hacia los planos superiores. Los médiums que trabajan en esas sesiones de socorro, en vez de preferir aquellas en que sólo se interesan por mensajes de Espíritus Superiores, están más próximos a los planos elevados y a las entidades realmente superiores. No fue para los elegantes y vanidosos rabinos del Templo que Jesús vino a la Tierra, sino como él mismo dijo, para las ovejas descarriadas de Israel. Los que piensan que sólo deben tratar con Espíritus Superiores prueban con esa pretensión su incapacidad de comprender la elevación espiritual.
J Herculano Pires
Extraído del libro "El gran desconocido"
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