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Dos ejemplos nos muestran, en el pasado y en el presente, la responsabilidad espiritual de nuestro comportamiento en el hogar y en la escuela. El ejemplo de Jesús, quien ejemplificó durante toda la vida y enseñó apenas durante tres años. Y el ejemplo de Kardec, quien ejemplificó hasta los cincuenta y cuatro años y solo enseñó durante doce años. Solo a partir de 1857, con la publicación de El Libro de los Espíritus, Kardec comenzó la verdadera enseñanza que traía para la Tierra. Antes de eso fue profesor y pedagogo, didacta y científico, dando más ejemplo que en teoría.
Otro gran ejemplo es el de Pestalozzi, el maestro de Kardec, que solo en la vejez se volcó hacia la Pedagogía y se tornó el maestro de su tiempo. Pestalozzi sintió que educar es amar y por esto se dedicó a la educación con toda la fuerza de su amor.
Se tornó el padrecito de sus alumnos, como era tiernamente llamado por ellos. Y se hizo mendigo entre los niños mendigos para arrancarlos de la miseria moral. Por esto fracasó materialmente. No se enriqueció con la educación y sufrió las amarguras de la quiebra financiera. Pero su victoria espiritual fue gloriosa.
También Jesús, para la corta visión de los ganadores de dinero, fue un judío fracasado que murió en la cruz, la muerte más infame de aquel tiempo. Este coraje moral de no abrir la mano al lucro, a la ganancia, del rendimiento es la rueda que hace a la Tierra subir en la escala de los mundos. Solo las almas superiores la poseen. Y cuando estas almas enfrentan el juicio loco de los hombres para darnos el ejemplo de la abnegación, con esto nos demuestran la importancia del ejemplo. Deberemos pensar en estos grandes problemas para poder vencer en nuestras pequeñas tareas cotidianas. Abdiquemos de la violencia, de la irritación, del autoritarismo y de la arrogancia si quisiéramos realmente educar, si deseáramos de hecho ser padres y maestros.
La educación cristiana
La educación Cristiana reformó al mundo, pero los hombres la complicaron y desviaron. La consciencia del pecado pesó más en las almas que la consciencia de la liberación en Cristo. Tomás de Aquino enseñó: ¡madres, vuestros hijos son caballos! Educar se transformó en domar, domesticar, subyugar. La represión generó la revuelta y recondujo al mundo al ateísmo y al materialismo, a la locura del sensualismo. La Educación Espírita será el Renacimiento de la Pedagogía Cristiana. Será en ella que el ejemplo y la enseñanza del Cristo renacerán en la Tierra en su pureza primitiva. Precisamos reformar nuestros conceptos de educación a la luz de los principios espíritas y de los grandes ejemplos históricos.
Dijo una gran figura espiritualista inglesa, Annie Besant, que cada niño y cada adolescente representan planes de Dios encarnados en la Tierra y dirigidos hacia el futuro. Aprendamos a respetar estos mensajes divinos. Acordémonos de nuestra infancia y si por acaso verificamos que nuestro mensaje se perdió a lo largo de la existencia, que nuestro plan divino fuera perjudicado por los hombres, por los malos ejemplos y por las enseñanzas falsas, juremos frente a nuestro corazón que tendremos que evitar este perjuicio para las nuevas generaciones.
¡Padres, seamos maestros! ¡Maestros, seamos padres! Que cada rostro de niño abierto frente nuestro, como una flor que desabrocha, nos despierte en el corazón lo mejor de nosotros mismos, el impulso del amor. Que cada adolescente, en su inquietud y en su irreverencia - joven ego que se afirma por la oposición al mundo - no provoque nuestra ira sino que despierte nuestra comprensión y nuestra ternura.
Para domar al potro precisamos del látigo y de las espuelas, pero para educar al joven solo necesitamos amor. La Educación Espírita comienza en el hogar como una fuente oculta y debe ganar la planicie como un río tranquilo en búsqueda del mar.
J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"
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