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Las relaciones familiares en el espiritismo
62. Las relaciones familiares en los pueblos primitivos comenzaban, como ya vimos, con amplia libertad en las etapas infantiles. El instinto de imitación de los pequeñuelos les facilitaba el aprendizaje espontáneo del comportamiento de los adultos. El niño era considerado como un extranjero amigo y tratado con respeto y consideración. Solamente en la pubertad se integraba al sistema tribal y comenzaba a aprender sus ritos y tradiciones. De ahí en adelante su libertad estaba condicionada por la cultura de la nación, por sus tradiciones, su moral y sus creencias. Las indagaciones antropológicas han revelado que:
a) Los hijos no se consideraban como producidos por los padres, ni como herederos consanguíneos naturales de la raza, sino como criaturas adventicias o familiares que en ella se encarnaban y, por lo tanto, preexistentes al nacimiento. La intuición de la preexistencia del ser y de la reencarnación era innata y estaba generalizada entre los hombres primitivos, aunque se expresaba con algunas variaciones por los diferentes pueblos. Esto comprueba la afirmación de Kardec de que las huellas del Espiritismo se encuentran en todas las fases de la evolución humana. Las manifestaciones de los espíritus de los muertos, las prácticas mágicas y las evocaciones son evidencia adicional.
b) La práctica del cuovade (palabra francesa), que consiste en que después del parto es el padre quien lleva dieta y no la madre, revela el origen natural de la autoridad del padre en la estructura de la familia; señala que la supremacía del padre no proviene solamente de su mayor poder físico, sino también y principalmente del hecho de ser él el fecundador y por tanto el creador.
c) La madre no precisa de dieta, no fecunda, es fecundada; su relación con el hijo es la de sierva encargada de recibirlo a la puerta de la vida, criarlo, velar por él; de manera que el mito de la Tierra Madre, bajo el poder fecundante del Sol Padre, completa en ella su función protectora.
63. Es de ese mito remoto, nacido del suelo, de la carne y de la sangre, en la relación inconsciente de la Naturaleza con el Hombre, de donde viene la estructura dinámica de la Familia, coercitiva al mismo tiempo que protectora. Las leyes de la tribu o de la horda se centralizan en ella y se ajustan como la corteza al tronco del árbol. Más tarde esa imagen se define culturalmente en la figura del árbol genealógico. En el couvade el padre hace la dieta porque, siendo el creador, su hijo está unido a él orgánicamente, de manera tan íntima, que sus movimientos bruscos al andar, al correr, al saltar, o en todas las actividades físicas, despedazarían al recién nacido. La superstición ingenua, que muchos han atribuido a la pereza del indio, tiene motivos profundos en el alma primitiva, para la cual los lazos de la magia simpática representan la estructura mágica del Universo. Es el mismo principio espírita de la unidad del Universo, donde las cosas y los seres proceden unos de otros, en una continuidad absoluta. En la mentalidad del hombre primitivo, la práctica del couvade precedió en muchos milenios, a la estructuración matemática del Universo por Pitágoras y a la concepción unitaria y panteísta de Espinosa.
64. De las percepciones instintivas de los primates pasamos a las intuiciones supersticiosas de los pueblos salvajes, luego a las elaboraciones mentales de las civilizaciones agrarias y pastoriles, y de estas, a las formulaciones de normas, leyes y códigos por las civilizaciones teocráticas. En la Edad Media los linajes del tipo de David formaron los conjuntos de familias rígidamente estructuradas, que en el Renacimiento y en el Mundo Moderno se prolongan y dispersan en ramificaciones complejas. El patrón familiar se consolida, mas la evolución cultural y el desarrollo industrial, junto con el aumento poblacional, amenazan ese mosaico de leyes divinas y humanas que no pueden resistir a las violentas modificaciones de las estructuras sociales. La integridad de la familia se afloja, su rigidez de principios se ablanda ante las nuevas exigencias del mundo nuevo. Prejuicios milenarios son pulverizados y teorías revolucionarias provocan terremotos demoledores. En la Era Tecnológica en que nos encontramos la subversión de las estructuras antiguas llega al extremo. Profetas alucinados predican la destrucción pura y simple de la familia y la vuelta del hombre a una libertad primitiva que en realidad nunca existió. Los frenos de acero de la moral burguesa ya no pueden contener más el ímpetu de la carne, de esa frágil carne humana, más fuerte que la piedra y el acero. Rómpense los tabúes sexuales y la libertad, la diosa aquella con gorro frigio de los ideólogos franceses, se convierte en libertinaje. No hay más frenos, ni divinos ni humanos, que puedan contener la furia de los impulsos desencadenados. Los faunos sofocados por el puritanismo victoriano se frotan las manos y desencajan los ojos concupiscentes ante la alborada de las irresponsabilidades.
65. Es en este momento cuando el concepto espírita de familia se impone como única solución para los problemas actuales. Las tres tipos de familias que estudiamos en el capítulo anterior muestran la locura de considerar a la familia como una simple organización material destinada a acomodar a los hombres en esas estructuras sociales pasajeras. Hay en la familia, como en el hombre, una finalidad superior que debe ser alcanzada. El elemento que determina la organización familiar no es el simple interés material. El linaje no es determinado por la tradición o por los títulos nobiliarios, sino por el desarrollo moral y espiritual de las líneas sucesorias. La sangre por sí sola no crea distinciones en la especie humana. El único valor verdadero del hombre, y por eso imperecedero, pertenece a su naturaleza intrínseca, a su subjetividad existencial. La fuerza aglutinadora, que mantiene la estabilidad de la familia y la proyecta al futuro, es la afectividad, lo que equivale a decir: el Amor. La tónica emocional y magnética que atrae hacia la familia criaturas desviadas o apartadas, es la afinidad del grado evolutivo, de posición conceptual, de perfeccionamiento ético y estético. Nada de eso es objetivo o material. La familia se presenta, por tanto, en el concepto espírita, como un centro dinámico de fuerzas espirituales producido por la evolución terrenal y destinado a formar con los enlaces familiares la Nueva Humanidad Terrestre.
66. El problema de las relaciones familiares en el concepto espírita, difiere del rígido esquema autoritario elaborado por las civilizaciones agrarias y pastoriles basándose en los mitos telúricos. Esa rigidez fue quebrada en el mundo moderno, pero todavía subsiste en vastas capas sociales y hasta en poblaciones enteras. La estúpida y ridícula tragedia burguesa del marido adúltero que mata a la esposa infiel o al amante de ésta para defender su honor personal, conviertiéndose en un honrado y truculento asesino, está vigente todavía, con su fuerza casi completa, en las naciones civilizadas. Esto es así porque el hombre, el creador - según la concepción del couvade - tiene derechos absolutos sobre la mujer que fecundó; la mata, tal como hacían los romanos con sus instrumentos vocales, es decir, con los esclavos humanos. La mentalidad prepotente de los esclavócratas domina hasta ahora a la mayoría de los hombres, que se creen muy hombres por asesinar mujeres indefensas y más débiles que ellos, sin darse cuenta que de ese modo confirman a los demás la sugerencia de los cuernos simbólicos con la prueba concreta y real de su cobardía. La diferencia injusta y criminal de los derechos entre hombre y mujer, que llevó a Jesús a librar a la mujer adúltera de la lapidación brutal en la plaza pública, es responsable de esas costumbres bárbaras y milenarias. En el Espiritismo la acción de Jesús es ratificada por el principio que establece la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, pero con diversidad de funciones. Porque la diversidad corresponde a exigencias de complementación recíproca entre las actividades masculinas y femeninas en la sociedad. No hay razón alguna para que la mujer sufra la pérdida de derechos humanos por su relación con el hombre, del cual es madre, esposa e hija.
67. Con respecto a este principio la libertad humana es la misma para el hombre y la mujer en el proceso existencial, en el cual conviven como mitades biológicas, necesarias y recíprocamente complementarias, tanto en el plano vital y psíquico, como en todas las actividades. Reconocida la igualdad de derechos, no solamente en el ámbito legal, sino principalmente en el conceptual, la sanción de la conciencia aparta de la familia el autoritarismo provocador de conflictos y establece el clima de respeto y amor que facilita el entendimiento. Jesús no vaciló en reconocer públicamente los derechos romanos prescritos en la alianza de los grandes de Israel con los conquistadores. No le interesaba la política mundana, mas cuando los dueños de la casa abren las puertas al enemigo y banquetean con él, hay derechos de ambos lados. Para Jesús los derechos no eran cuestión de poder, sino de justicia. En el caso de la familia cada miembro tiene su derecho que debe serle reconocido por los demás. Por eso aprobó el divorcio en los casos de traiciones conyugales, mas advirtió que el adulterio sobrevenía por la dureza de los corazones. Y recordó que en el principio no era así, porque entonces prevalecía el amor.
68. La familia no se constituye al acaso. Toda institución social se basa en convenios previos hechos (en el más allá) por los individuos que las componen con el propósito de reajustar y compensar obligaciones contraídas en el pasado. Por eso, aunque las llamadas familias consanguíneas se deshacen fácilmente con la muerte, se reagrupan al renacer sus miembros más tarde en nuevas situaciones que promueven la reparación de los errores cometidos. En la medida en que el hombre va tomando conciencia de ese aspecto del problema, las dificultades familiares se soportan mejor. En el crisol de la familia las almas se depuran y se preparan para reencuentros más felices en el futuro. Pero se equivocan los que pretenden mantener a la fuerza la unidad familiar, presionando con amenazas divinas o leyes humanas inicuas. Los reajustes solamente se efectúan en condiciones propicias y por la libre decisión de los implicados. Sin el respeto por la libertad de opción, los sacrificios forzados generarán nuevos desequilibrios.
69. El secreto del éxito en el desenvolvimiento familiar se basa en la capacidad de amar y comprender que tenga cada uno de sus integrantes. Cada miembro de la familia tiene que comprender las condiciones temperamentales de los otros y sentir que puede amarlos a pesar de sus errores e imperfecciones. En ese caso la familia perdura y alcanza sus objetivos. Los problemas sexuales provocan situaciones aparentemente insolubles en el cuadro familiar. Mas si colocamos el amor al prójimo por encima de las condenaciones impías, admitiendo que cada cual siente las exigencias del sexo de acuerdo a su condición propia, y que debe pasar por las pruebas que él necesita, podremos transformar situaciones desastrosas en oportunidades de orientación.
70. El Espiritismo nos ofrece un concepto del bien y del mal que, a pesar de ser muy sencillo y claro, hasta ahora no se ha comprendido bien por la mayoría de los espíritas. Dios es el Bien y está presente en todo. El Mal es todo lo que se opone a Dios. De esta manera, dialéctica del Bien y del Mal se define como Evolución. Toda la realidad que conocemos y podemos conocer nos revela el incesante paso de las cosas y de los seres desde un estado caótico, impreciso, confuso, estático, mortal, hacia un estado de orden, organización, definición, dinamismo y vida. La muerte y la destrucción, como el dolor y la desesperación, la locura, sólo son fases de transición de una etapa a otra. Son túneles sombríos en el camino de la evolución. La muerte mientras es muerte, es Mal; pero cuando al renacer se reenciende en vida, es Bien, y siempre es un bien mayor que el anterior. Nada muere, nada se destruye, todo evoluciona. Sin el error no hay acierto. Sin la derrota no hay victoria, que nos devuelva alegremente a nuestra ruta. Progresamos en el Mal al dirigirnos hacia el Bien. Errores, caídas, crímenes, sufrimiento son pasos en el camino del Bien que nos llevan a Dios. Nada ni nadie puede permanecer en el Mal, porque los males del Mal impulsan todo, y a todos, en dirección al Bien. En el No Ser se proyecta lo que será el Ser; como en la flor se proyecta lo que será el fruto.
71. Si comprendemos bien este principio avanzaremos más de prisa estimulados por la fe en Dios, es decir, por la certeza del Bien que nos espera, herencia común de la que todos participaremos.
72.Esta no es una visión mística u optimista de una realidad trágica, sino la visión realista de la Realidad que todos pueden constatar con la simple observación de sí mismos y del mundo exterior. Las Ciencias, con su objetividad neutral, comprueban cada vez más esa realidad. El teólogo Kierkegaard llegó a la conclusión de que el pecado es el camino de la redención, fundando, sin quererlo, la Filosofía Existencialista durante la misma época en que Kardec fundaba, sin desearlo, la Ciencia del Espíritu. La comprensión profunda de este problema nos lleva a amar con más razón a los familiares desviados, y a procurar auxiliarlos en el duro camino de sus males, en vez de condenarlos y expulsarlos como perdidos.
73. Mas no por eso debemos aprobar el Mal, pues entonces caeríamos en el extremo opuesto de quienes lo condenan con violencia y aterrorizan a las almas débiles con amenazas desesperantes. Ciertos adeptos de mente estrecha han llegado a negar la existencia del Mal en este mundo de pruebas y expiaciones en que es tan evidente su predominio, ofreciendo así “oscuras gafas angelicales para criaturas ingenuas”. Negar que el Mal existe en los planos inferiores, es confirmarles a los malos que ellos son buenos, consentir que caigan en sus garras los buenos desprevenidos. Todos somos buenos en potencia, porque traemos en nosotros la potencialidad del Bien; pero, mientras no manifestemos nuestra bondad en actos, continuaremos siendo malos. Disfrazar esta realidad innegable y patente es estimular a los malos a que perseveren en el Mal, a que continúen apresando arbitrariamente a los ingenuos (ni buenos ni malos) en las mallas de su hipocresía. El realismo espírita exige de los adeptos la misma vigilancia crítica que Jesús recomendó a sus discípulos, cuando los envió a predicar entre los lobos. Además, con sus consejos sobre retórica, conferidos como resguardo contra las celadas de los sofistas, Jesús rompió la tradición profética, delirante y apocalíptica de Israel, instalando en su lugar una didáctica racional y realista; la misma que Kardec desarrolló intensamente en el Siglo XIX, para combatir los delirios paranoicos de una teología cristiana enfundada en el Fabulario Mitológico y en los residuos de la metafísica rabínica. El Espiritismo es realista, se apoya en lo real comprobado por experiencias científicas. Jesús y Kardec probaron lo que enseñaron. Expresiones y frases evangélicas que se apartan de esa orientación metódica fueron atribuidas a Jesús por los redactores posteriores de los textos, hombres impregnados de la cultura hebrea y mitológica en que se habían formado. Kardec realizó la depuración de esos textos, bajo la orientación constante de los Espíritus Superiores, que demostraron su superioridad por la coherencia de sus manifestaciones rigurosamente racionales o comprobadas experimentalmente. Por eso Richet, que temía, como científico eminente, los engaños de la mística, afirmó que Kardec jamás había expuesto un principio sin haberlo comprobado.
74. Las partes mitológicas de los Evangelios, (hoy bien identificadas por los investigadores universitarios, quienes así han verificado la depuración kardeciana), y todo el Apocalipsis atribuido a Juan (libro hebreo perteneciente a la conocida fase apocalíptica de la antigua Israel y no a la era apostólica), son prueba irrefutable de las influencias místicas y mitológicas en la redacción de los textos evangélicos. El Apóstol Pablo fue el primero en percibir y declarar que no sólo la Biblia Judía había prescrito sino que incluso ya había sido substituida por el Evangelio. Claro que el valor histórico de la Biblia y el valor literario de sus libros poéticos y proféticos perduran en el nivel cultural, mas el Viejo Testamento es una obra del pasado remoto y solamente el Nuevo Testamento contiene la orientación moral y espiritual que los espíritas deben seguir. Las relaciones familiares en el Espiritismo sólo pueden seguir las orientaciones evangélicas, pues solamente éstas corresponden a las exigencias racionales del presente y del futuro de la Humanidad actual en la preparación de los nuevos tiempos. Las familias espíritas así estructuradas no se alteran por los cambios naturales ocurridos en nuestra civilización durante esta fase de transición.
J Herculano Pires Extraído del libro "El gran desconocido"
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