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La teoría aparente del niño rasga el último velo de la psicología de la infancia y de la adolescencia, revelando que precisamos enfrentar a estas criaturas inocentes con mayor realismo. Por que, si ellas son inocentes apenas por apariencia, esconden su realidad íntima en las formas físicas en desenvolvimiento, manda la buena lógica que las tratemos con más desembarazo. Es lo que, por señal, ya había hecho el propio Sócrates, cinco siglos antes de Cristo, al aplicar su método pedagógico en jóvenes y adultos, arrancándoles la verdad oculta en las profundidades del alma.
La Pedagogía actual, a su vez, viene penetrando cautelosamente en este camino, de manera que no habría muchas razones para que se asustaran algunos espíritas que alardean conocimientos filosóficos, pedagógicos y psicológicos. Un poco de lectura de tratados pedagógicos y manuales didácticos, principalmente de los que tratan de métodos pedagógicos, ya habría calmado los nervios de los compañeros asustados.
No estamos solos en el arranque asustador hacia el futuro. Tenemos muchos y excelentes amigos fuera del medio espírita. De manera que las cavernas para la hechura de escondrijos están escaseando rápidamente.
Ya no somos los únicos en hablar de reencarnación, del sentido espiritual de la Educación y los conocimientos innatos. La Psicología Espírita de la Infancia y de la Adolescencia, por la falta de trabajadores espíritas, está siendo forjada, con más lentitud pero de manera segura, por psicólogos no-espíritas. Consecuentemente, la Psicología Espírita de la Educación, con base en la Teoría Aparente del Niño, también surgirá fuera de nuestra área de acción. Es un poderoso estímulo que nos viene de afuera y que debería calmar a los asustados. Ya no podremos tratar más de ese grave asunto dentro de los estrechos límites de las ideas y teorías materialistas.
Los tiempos han madurado y los gentiles están pasando al frente de los hijos de Abraham, antes detentores del privilegio racial y espiritual. El aceleramiento cultural de la actualidad avasalló con todos los privilegios del pasado bíblico. Estamos obligados a renovar nuestros conceptos sobre todas las cosas y muy especialmente sobre la criatura humana, a partir del misterio de la niñez. No deja de ser curioso este contraste: es precisamente en los medios espíritas apegados a la idea de que Jesús solo fue niño en apariencia donde surge el pavor a la Teoría Aparente del Niño. He ahí otra provocación que nos surge de los mismos hechos. Este contraste exige un estudio especial para esclarecer el motivo psicológico del temor. Según el apóstol Pablo no hay razón para hacer diferencias fundamentales entre la condición de Jesús y la nuestra. Hasta la resurrección de Jesús no fue, como vemos en la I Epístola de Pablo a los Corintios, un privilegio divino concedido al Maestro, un milagro o cosa semejante, puesto que todos resucitaremos. ¿Cuál será, pues, la razón del asombro de esas criaturas que tanto hablan de apariencias? La teoría aparente es evidentemente la base sobre la cual deberemos desenvolver la Psicología Evolutiva de la Niñez y del Adolescente y la Psicología Espírita de la Educación.
Partiendo de lo que podemos llamar el hecho aparente, que es consecuencia de la ley de la reencarnación, tenemos que encarar al desenvolvimiento infantil como un proceso psicológico de afloramiento, no solo de disposiciones culturales, sino también de contenidos. Por detrás de la apariencia de tabla rasa, de mente desprovista de cualquier conocimiento, pretensiosa herencia del empirismo inglés, sabemos que existen las profundidades de la memoria espiritual, de la consciencia subliminal de las cuales trató Frederic Myers. Y apoyados en el trabajo modelo de Myers y en las conquistas actuales del Psicoanálisis y de la Parapsicología, podremos, adicionando a estas contribuciones el instrumental espírita, aplicar en la educación un nuevo tipo de mayéutica socrática para arrancar la verdad del fondo del pozo.
El Prof. Humberto Mariotti dejó esto bien claro en su excelente trabajo. "Por detrás de cada niño — escribió él — está el Ser con todos sus grados de evolución palingenésica, puesto que para la Educación Espírita la infancia es apenas una etapa fugaz y cambiante y no una condición permanente, espiritualmente considerada”. Sugiere también Mariotti que se promueva un tipo de mediumnismo pedagógico, o sea, de aplicación de los recursos de la mediumnidad en el campo de la educación. En las escuelas espíritas, según entiendo, la mediumnidad sería puesta al servicio de la orientación educativa, contribuyendo para esta con los esclarecimientos de los Espíritus Superiores sobre las condiciones diversas de los educandos, sus posibilidades en lo tocante a las disposiciones culturales desarrolladas en existencias anteriores. Mariotti, según pienso, está encarando posibilidades futuras, pero es claro que estas anticipaciones teóricas son altamente benéficas, puesto que prepararon el camino, como lo hacen las hipótesis científicas, para el desenvolvimiento más rápido del trabajo. En el momento, lo importante será la elaboración de la Psicología Evolutiva de la Infancia y de la Adolescencia, después seguida del trabajo de creación de la Psicología Espírita de la Educación. Estas formulaciones teóricas, recurrentes de las conquistas ya realizadas por la Doctrina Espírita, en su aspecto global, crearán condiciones para las aplicaciones prácticas previstas por Mariotti, que son válidas y necesarias.
J. Herculano Pires
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