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Los lazos del hombre con la tierra PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Domingo, 26 de Julio de 2009 17:35

27. Las investigaciones antropológicas y psicológicas confirman la conocida expresión de Camóes en las Luisiadas. “...el hombre, ese insecto de la naturaleza, tan pequeño”.

El mito de Adán y Eva peca por distorsión histórica, pues constata que el hombre ya era una realidad cultural en el mundo antes de que ellos fueran creados. Adán y Eva nacieron muy tarde, forjados por la mitología judía, retardataria y sociocéntrica. (Véase el libro Adán y Eva, en esta serie). La verdad es que el hombre no llegó a la Tierra como un ser caído. Por el contrario, mediante un parto genético, producto de la elaboración evolutiva de las leyes naturales, brotó de las entrañas del planeta en cuerpo y en espíritu, según la tesis de La Evolución Creadora, de Bergson. Hecho del limo de la Tierra, según la expresión bíblica, el origen divino del hombre no está en el milagro fantástico del fiat, sino en la remota insuflación de las mónadas en la creación, embrionaria y caótica.

La teoría científica de la evolución, prescindiendo de la esencia espiritual independiente del hombre, lo considera como una unidad evolutiva totalmente material. Darwin afirma que el hombre resulta simplemente de la evolución de las especies animales: es un animal que desarrolló la razón. La opinión espírita de Alfred Russell Wallace, colega de Darwin, fue simplemente rechazada por la Ciencia. Hoy, el prejuicio materialista se ha superado en los medios científicos más avanzados con los últimos descubrimientos de la Física Nuclear. La concepción espírita del hombre vuelve a predominar y la Parapsicología, a través de sus investigaciones, sustenta que es un ser doble que posee un contenido extrafísico, según la cautelosa expresión de Rhine. De esta manera vuelve a confirmarse la validez científica de la Ciencia Espírita y de sus métodos de investigación.

28. Los lazos del hombre con la Tierra son de tipo genético y siguen una secuencia evolutiva compleja. Las etapas de esa secuencia aclara la expresión de León Denís que ya mencionamos.

a) REINO MINERAL: El alma duerme en la piedra el sueño preparatorio de sus vibraciones atómicas ocultas.

b) REINO VEGETAL: El alma sueña con la germinación de un mundo mágico de fibras, flores y frutos, intentando librarse del suelo y proyectarse a las alturas. El viento mueve sus hojas y ramos y las raíces penetran en el subsuelo atraídas por los venas de agua subterránea, activadas por el tropismo que también impulsa hojas y ramos en dirección a la luz: son los primeros ensayos de la motilidad. El vegetal es donación, como observó Hegel; el momento en que las energías monádicas se abren para la donación de sí mismas al mundo, es una anticipación del altruismo humano.

c) REINO ANIMAL: La estructura monádica, abierta en el vegetal en donación de sí misma, se retrae para centralizar en el centro monádico (especie de núcleo atómico) el control general de su estructura; se desprende del suelo y asume la responsabilidad instintiva de su motilidad, de su capacidad de moverse sola. En consecuencia, las formas de la motilidad se multiplican según las especificaciones del desarrollo de las potencialidades de la mónada. Por ejemplo.

• El rastrear, acompañado casi siempre del excavar, conserva los automatismos de defensa y protección adquiridos en las fases trópicas de la movilización de las raíces en el subsuelo.

• El andar desenvuelve la capacidad de equilibrio sobre la superficie terrestre; el uso de garras y patas y la función de los músculos, anuncian la aparición de los bípedos.

• El saltar, primera tentativa por liberarse de la fuerza de gravedad, reminiscencia inconsciente de la oscilación del ramaje en lo alto, mecido por el viento, presagian el vuelo.

• El nadar, forma de equilibrio proveniente de las primeras sensaciones acuáticas en el fondo de los mares, lagos y ríos, requiere el dominio de la fluctuación de las corrientes líquidas, anuncio del equilibrio del vuelo en aire.

• El volar, síntesis de todas las modalidades de equilibrio, en que todas las energías de la motilidad entran en acción, liberando al ser naciente de la necesidad de apoyos relativos a la tierra o al agua, levitaciones de un futuro distante en que tendrá que proyectarse a dimensiones superiores del Cosmos y a las hipóstasis (esferas de la erraticidad) de los mundos espirituales.

29.El nadar y el volar marcan el inicio y el final de las experiencias de la motilidad, según el esquema infinito del desenvolvimiento de las potencialidades de la MÓNADA, es decir, del PRINCIPIO INTELIGENTE QUE ES LA MATERIA PRIMA DEL SER. El esbozo esquemático que presentamos es solamente un bosquejo general, desprovisto de las minucias que sólo una investigación más profunda nos podría dar para que tengamos una visión grandiosa del plan divino de elaboración o formación del Ser, de la síntesis final del gigantesco proceso ontogénico, representado por la criatura humana superior. Las implicaciones éticas de ese proceso, para una conciencia ilustrada y ponderada, son suficientes para considerar como groseras todas las teorías que pretenden establecer sistemas políticos y sociales que rebajan la dignidad humana en favor de intereses mezquinos.

30.Por otro lado, esta visión espírita del proceso genético reduce a la condición de un fabulario ingenuo, típico de las civilizaciones agrarias y pastoriles, a toda la mitología bíblica sobre la cual las Iglesias Cristianas fundaron sus teologías. La Palabra de Dios nunca fue pronunciada en lengua humana alguna; solamente se expresa en el lenguaje monádico de las leyes irreversibles que rigen el infinito, desde las constelaciones atómicas de un grano de arena hasta las galaxias superiores. Dios no habla en palabras, habla en mónadas. Sus frases no están escritas en ninguna de las lenguas inexpresivas de los planos inferiores, y sus frases no están sujetas a la exégesis de las mentes relativas. Cada palabra del lenguaje divino es un ser y cada frase es un mundo, cada discurso una constelación con millones de años luz de extensión. No obstante, nuestro pensamiento podrá comprender ese lenguaje divino, cuando tengamos esa virtud tan simple y tan difícil que se llama sencillez y que florece en la humildad.

31.La Tierra y el Hombre forman una unidad, pues nuestras relaciones con el planeta se establecieron con la Génesis. Mas la Tierra no es solamente el planeta material que nos sostiene. Benito Espinosa, cuyas relaciones con el Espiritismo son evidentes en su Etica, enseñó la existencia de la NATURALEZA NATURATA y de la NATURALEZA NATURANS. Todo lo que tenemos en el plano natural exterior son efectos producidos por las causas profundas de la Naturaleza invisible. Las dos Naturalezas que Platón llamó SENSIBLE e INTELIGIBLE se interpenetran. Hoy la ciencia reconoce, aunque todavía tímidamente, que los mundos de la materia y de la antimateria se interpenetran. En esa interpenetración dinámica el hombre es un point d’optique, un punto de vista en donde el Sistema del Mundo se refleja por entero. Las dos Naturalezas del Mundo se revelan en el hombre como alma y cuerpo. Nuestra alma se une al Alma de la Tierra (Natura Naturans), y nuestro cuerpo se une al cuerpo de la Tierra (Natura Naturata). Por eso, al morir, nuestro cuerpo retorna a la tierra de la que nació, y nuestro espíritu no vuela hacia mundos distantes, sino que permanece adherido magnéticamente al domicilio terrenal. Solamente cuando el espíritu alcanza y sobrepasa los límites de la evolución terrenal, tiene el derecho de elevarse a los mundos superiores. Las condiciones de esos mundos no son accesibles a los espíritus que todavía se encuentran adheridos magnéticamente al polvo de la Tierra.

32.Más allá de los motivos genéticos que causan nuestra adhesión magnética al suelo y a la atmósfera terrestre, a las hipóstasis o esferas de la erraticidad, tenemos también.

a) los compromisos y las deudas que contraímos en encarnaciones previas, con personas y comunidades, y que sólo se pagan con el desagravio y las reparaciones que tendremos que efectuar en nuevas reencarnaciones;

b) los afectos que nos atan a criaturas que aún continúan su tránsito en el planeta;

c) los trabajos y deberes que generalmente posponemos durante encarnaciones sucesivas y que aumentan en proporción a nuestra negligencia, o por haberlos añadido a nuevas postergaciones;

d) las exigencias de la conciencia en la tocante a realizaciones mal acabadas o negligencias por intereses apremiantes;

e) el menosprecio con que encaramos las exigencias de nuestro aprendizaje en el plano moral y cultural, por lo cual dejamos de adquirir los elementos indispensables para poder convivir con espíritus elevados.

33. Nosotros mismos, en el momento presente, podemos examinar nuestras condiciones en la tocante a estos puntos, para de ahí concluir si estamos o no en condiciones de pleitear (como en el episodio evangélico de los Hijos de Zebedeo), por un lugar más allá de los límites planetarios. Mas si no tuviéramos la humildad necesaria para ese balance, es mejor abstenernos de hacerlo, para no alimentar con nuestra vanidad y nuestro orgullo los motivos de nuestra atadura a la Tierra. Los espíritus errantes de que trata Kardec son precisamente los que todavía no han conseguido definir su localización en un plano superior. Esos espíritus permanecen errando en la HIPÓSTASIS, es decir, la región entre el suelo del planeta y las esferas espirituales de la Tierra. Van y vuelven en sucesivas reencarnaciones, como los encarnados que vagan por los caminos del mundo sin fijarse en ningún lugar. Plotino, el filósofo neoplatónico, afirmaba que somos en general ALMAS VIAJERAS, incapaces de permanecer en el mundo espiritual. Sentimos la atracción de la materia, (como algo viscoso que se prende al espíritu, según Kardec), la cual nos precipita a nuevas reencarnaciones en el plano terrenal. Por eso Jesús insistió en la necesidad del desapego en todo lo que hacemos. Nuestra tendencia a apegarnos afectivamente a las cosas y a los seres retarda nuestra evolución y nos mantiene en la erraticidad, muchas veces a través de reencarnaciones en que apenas se progresa por ser copias casi idénticas a las anteriores. La repetición excesiva de las mismas condiciones genera sufrimientos cada vez más penosos, que a la larga nos fuerzan a avanzar.

34. Lo Alto no desea que nos volvamos ángeles antes de tiempo, sobre todo porque eso es imposible. Nuestra evolución es regida por leyes inflexibles. Es inútil que pretendamos avanzar más allá de nuestras fuerzas. Mas es también inútil querer continuar indefinidamente en la Tierra. En la fase actual de transición de la vida planetaria (que también evoluciona sin cesar) todos somos acuciados por las fuerzas de la evolución, y hemos de atender a las exigencias de la conciencia y a las intuiciones de los espíritus benévolos, para no ser objeto de emigraciones a mundos inferiores. Esas emigraciones son forzadas, mas no constituyen castigo ni condenación. Son medidas administrativas, como las tomadas en una escuela en que haya reprobados en masa. Los espíritus que no han progresado no están en condiciones de permanecer en el planeta que ha evolucionado, por tanto, son enviados a otros planetas de grado inferior, para rea prender lo que olvidaron y corregir lo que tergiversaron; después de lo cual podrán volver al planeta de origen. Los mundos son solidarios, enseñó Kardec, pues en ellos evoluciona la Humanidad Cósmica.

Herculano Pires

Extraído del libro "El gran desconocido"