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Es difícil que entendamos la actitud de aquellos que, caminando hombro con hombro con nosotros en largas caminatas en el camino de la Verdad y del bien, súbitamente rompen la antigua unión y pasan a tratarnos como adversarios. Mas difícil aún comprender agresiones, y calumnias proferidas por la boca de amigos y compañeros que ayer solo tenían con nosotros palabras de elogio y cariño.
Y todo se confunde en el temporal de las incongruencias y absurdos, cuando el único motivo de la ruptura fue el hecho de no habernos apartado del camino recto. ¿Qué razones tenían los compañeros amotinados para acusarnos, hoy, de aquello que ayer mismo alababan? ¿Por qué extraños motivos no buscan debatir sus dudas con nosotros en plena igualdad, a base del raciocinio fraterno? ¿Por qué huyen de nosotros y nos acusan por detrás?
Jesús sufrió las negaciones de Pedro, la duda de Tomé, la traición de Judas. No dejó de advertirlos con energía cuando fue necesario, mas nunca se recusó a entenderse con ellos y nunca dejó de amarlos. Cuando precisó de un apóstol capaz de abandonarlo todo por la causa evangélica, de ser fiel a la verdad, por encima de todo, fue a buscar a su enemigo más feroz en el camino de Damasco y lo arrebató para su luz y amor. Paulo, a su vez advirtió que nadie debía decir que era de él o de Apolo, pues el fundamento de ambos era uno solo: El Cristo. Resistiendo a Pedro con coraje, reprendió con energía a los que se desviaron del rumbo cierto de la Iglesia de Corinto, denunciando a los apóstoles judaizantes. Paulo permaneció de brazos abiertos a todos ellos, no obstante sin transigir en lo tocante a la verdad doctrinaria del Evangelio. Fue él, el teórico del “bondadoso combate”, ejemplificando en la práctica la excelencia de su teoría. Kardec, a su vez, corrigió y criticó la absurda mistificación de ROUNSTAING sin con eso hacerse enemigo de los que lo aceptaban. “hay guerras y guerras, paz y paz". La guerra del bien se sirve de las armas de la verdad, que hieren con golpes de cirugía, para curar al enfermo. Bendita guerra. La paz de la hipocresía se sirve de las armas de la mentira y de la calumnia, que envenenan, destruyen y matan. Es la paz engañosa del pantano, el deterioro moral. Es por eso que Emmanuel repite las palabras de Jesús: “ama a los enemigos, ora por los que te persiguen y calumnian” . Inmunízanos (haznos inmunes) contra la perfidia, la arrogancia, la vanidad sin traicionar ni aprobar la traición a la verdad. Es combatir con el “bondadoso combate” de Paulo, por la Victoria del amor y por el sustento de la paz verdadera, aquella en que los antagonismos se resuelven en el plano de la razón, del entendimiento fraterno. Hermano Paulo Extraído del libro "Na hora do testemunho" Francisco Cândido Xavier J Herculano Pires
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