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El libro de los espíritus y la educación PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Jueves, 07 de Mayo de 2009 14:59

La primera característica de El Libro de los Espíritus, no siempre se percebe, es su forma didáctica. Si Kardec no hubiese sido un pedagogo, habituado a la disciplina pestalociana, los Espíritus del Señor no habrían conseguido en la Tierra tan puro reflejo de sus pensamientos. Pero la didáctica de Kardec en esta obra no se limita a la técnica de enseñar. Es una didáctica trascendente insuflada por lo espíritu, que más se aproxima a la Didáctica Magna de Comenius que los manuales técnicos de nuestros días.

La Educación Espírita brota de este libro como agua de fuente: espontánea y necesaria. Luego en la Introducción tenemos un ejemplo de esto. No se trata apenas de la introducción de la obra, sino de la Doctrina Espírita. Al contrario de una justificación y de una explicación del libro, tenemos una apertura para la comprensión de todo su contenido y también de la posición del Espiritismo en el vasto panorama de la cultura terrenal, abarcando las áreas hasta entonces conflictivas del Conocimiento y estableciendo entre ellas los enlaces indispensables.

Si, indispensables por que el conflicto entre las áreas culturales era el mayor obstáculo para la comprensión global del hombre que el Espiritismo traía. Aún ahora, en la actualidad, el Prof. Rhine señaló la existencia de varias concepciones antropológicas conflictivas: la religiosa o teológica, la científica o materialista, la filosófica materialista o espiritualista y así por delante. (Ver El Nuevo Mundo de la Mente, de Rhine.) Lo que la Parapsicología se propone hacer, pero después de cien años, Kardec ya lo realizara con El Libro de los Espíritus. Si los científicos no percibieron esto, los espíritas por todo el mundo se beneficiaron con la nueva concepción gestáltica y se incumbieron de propagarla. Bastaría esto para demostrar y probar que la didáctica de Kardec en esta obra transcendió los límites puramente didácticos para alcanzar dimensiones pedagógicas.

No podríamos decir que El Libro de los Espíritus es un tratado de Pedagogía, puesto que su objetivo específico no es la Pedagogía. Pero es evidente que se trata de un verdadero manual de Educación, en el más amplio y elevado sentido del término. Su objetivo explicito es enseñar y educar. La enseñanza resalta desde las primeras líneas y se desenvuelve hasta las últimas, sin solución de continuidad. Pero esta enseñanza no se limita a la transmisión de datos técnicos de informaciones culturales objetivas. Por lo contrario, se proyecta más allá de estos datos y lleva al estudiante al campo pedagógico de la formación moral y espiritual. Al terminar su lectura el estudiante atento y perspicaz adquirió nuevos conocimientos, pero conquistó principalmente una nueva concepción del hombre, de la vida y del Universo. Y más que esto, realizó el designio de su propia existencia, que es la sintonía de su ser con el Ser Supremo: Dios.

El Sr. Sansón, materialista, leyendo este libro regresa al espiritualismo y se reencuentra con Dios. Los caminos de la fe le eran vedados por la barrera del ilogismo religioso, pero El Libro de los Espíritus le demostró que entre los caminos hacia Dios el de la razón era el más seguro. Este ejemplo concreto e histórico, referido por el mismo Kardec, nos demuestra la conexión de las áreas culturales. Sansón ilustra esta conexión, como tantos otros lo harían más tarde, al lograr la fe por la razón. Podemos decir que, en la Educación, según la conocida proposición de Kerchensteiner, la Didáctica es el campo de la cultura objetiva y la Pedagogía, que abarca naturalmente a aquella, es el campo de la cultura subjetiva. Más de cien años antes de Kerchensteiner hiciera esta proposición Kardec ya la había utilizado con éxito en la elaboración de El Libro de los Espíritus. Se podría alegar que esta no fue una realización de Kardec, sino de los Espíritus. Conviene recordar que la organización del libro, y hasta su factura en la producción del texto, a través de las preguntas que provocaron las respuestas espirituales, estuvieron a cargo de Kardec. En esta prodigiosa elaboración los Espíritus contribuyeron con la materia-prima, pero Kardec fue el artesano paciente y lúcido, esclarecido y capaz.

La preocupación de Kardec con las palabras, por ejemplo, revela el cuidado del profesor terreno que tiene que aplicar los términos con exactitud para hacerse comprender. A los Espíritus no les importaba esto, como muchas veces le dijeron al maestro, puesto que lo que les interesaba era el pensamiento y su significado intrínseco, su sustancia. Pero Kardec estaba encarnado — era el hombre en el mundo — y por esto mismo atento a los problemas del mundo. Vemos en la Introducción como él, luego del inicio procura y consigue definir con claridad los términos para que "la ambigüedad de las palabras" no llevara al lector a confusiones peligrosas o a los posibles exegetas a interpretaciones desfiguradas. El Resumen de la Doctrina de los Espíritus, que encontramos en la Introducción, es otra prueba del trabajo personal de Kardec y de la manera por la cual supo colocar la Didáctica en función de la Educación, engranándola en la Pedagogía no solo como instrumento de enseñanza, sino sobretodo como función pedagógica.

La lectura atenta y meditada de este resumen sería suficiente para esclarecer a un lector realmente interesado en el asunto y predisponerlo a la renovación interior. En este sentido, podemos decir que Kardec realizó el sueño de Pestalozzi: darle al mundo una forma viva de enseñanza que al mismo tiempo informa e forma, instruye y moraliza. La dinámica pedagógica de El Libro de los Espíritus le habría impedido el desvirtuamiento de la Educación a través del pragmatismo educativo, si por ventura los pedagogos del siglo XX lo hubiesen encarado con falta de ánimo y los científicos, en su mayoría, no se hubiesen dejado embriagar por las teorías materialistas.

Los nuevos datos

La enseñanza de El Libro de los Espíritus se constituye de la transmisión hacia los educandos de los nuevos datos sobre el hombre, la vida, la Naturaleza y el Universoque la Ciencia Espírita consiguió obtener a través de la pesquisa, de la observación y de la revelación. El problema de la revelación, que levanta sospechas y objeciones en el área científica propiamente dicha, es explicado de manera didáctica. Hasta Kardec la Revelación era divina y solo divina, y se escribía así como lo hicimos, con inicial mayúscula. De ella se originaba la Teología, la Ciencia de Dios... hecha por los hombres. A partir de Kardec la situación es otra. Descartes, inspirado por el Espíritu de la Verdad ya había demostrado en el siglo XVII que a la Ciencia Divina proveniente de la Revelación se oponían las ciencias humanas provenientes de la razón. Kardec fue más allá y demostró la existencia de dos tipos de revelación: la divina y la humana. La Ciencia Espírita se presentaba como producto de la conjugación de estas dos formas. De un lado tendríamos la revelación divina hecha por los Espíritus, de otro la revelación humana hecha por los hombres.

Todo científico capaz de descubrir nuevas leyes naturales será un revelador, puesto que en realidad revela la realidad oculta. La Ciencia Espírita fundía la revelación divina con la revelación humana. Los Espíritus revelaban en lo general, los hombres en lo particular. Vamos a un ejemplo concreto. Los Espíritus revelaron a Kardec que muchos Espíritus no sabían que habían muerto. Kardec se extrañó y puso en duda este dato de la revelación. Pero para esclarecer el problema se entregó a la pesquisa y esta le señaló que los Espíritus tenían razón. Kardec podría haberse apoyado en presupuestos de la tradición espiritualista, inclusive de la tradición judía al respecto, pero no procedió así porque su criterio científico exigía la comprobación objetiva de los hechos. Quien quisiera consultar la colección de la Revista Espírita sobre este asunto verá como Kardec consiguió objetivar este problema subjetivo con la cuestión del desprendimiento del espíritu durante el sueño, con el problema de la obsesión y también con el problema de la existencia del cuerpo espiritual (periespíritu), y así por delante.

La misma existencia de Dios y la cuestión de su inmanencia y trascendencia, inaccesibles a la Ciencia, según la tesis kantiana, Kardec sometió a la observación y a la lógica. Después de él el Prof. Ernesto Bozzano sugirió la hipótesis del Dio-Éter, pero Kardec no se prendiera al campo de las leyes físicas, recurriendo al principio de causa y efecto y afirmando el principio espírita de que: todo efecto inteligente tiene una causa inteligente. La idea de la evolución se infiltrara en la Ciencia y en la Filosofía desde el siglo XVIII. Kardec la recibió de los Espíritus, pero también la sometió a la observación. En el caso de la evolución del hombre la sometió también a la pesquisa a través de la mediumnidad y consiguió demostrar su realidad de manera positiva. Así los datos de la nueva ciencia, que Kardec llamó ciencia del espíritu ofrecían una nueva concepción del hombre y del mundo que tenía que ser enseñada a la Humanidad. La transmisión de estos datos le cupo a la didáctica de Kardec en El Libro de los Espíritus.

El nuevo hombre

Este volumen de informaciones nuevas que abrían nuevas perspectivas para el futuro humano, Kardec, el pedagogo y profesor, sometió naturalmente al control pedagógico de la formación del nuevo hombre. Surge ahí, precisamente en este punto del proceso espírita, la conexión necesaria (entendiéndose la necesidad en el más riguroso sentido lógico) del Espiritismo con el Cristianismo. Jesús también había procedido así. Ofreciera a los hombres nuevos datos sobre su naturaleza y sobre la naturaleza del Universo, probando a través de demostraciones prácticas la realidad de su enseñanza: los hechos espíritas que constan en los Evangelios, los fenómenos físicos por él producidos, los fenómenos de transfiguración y materializaciones o apariciones tangibles (como en el Monte Tabor y los ocurridos con él mismo después de la muerte). Por otro lado, apoyándose en estos datos, Jesús afirmara la necesidad de transformación del hombre viejo en hombre nuevo y aplicará su pedagogía en este sentido. Kardec daba continuación a este trabajo de Jesús y verificaba que la moral evangélica llenaba todos los requisitos de la nueva formación del hombre a partir del siglo XIX.

El Libro de los Espíritus no es apenas un repositorio de informaciones al servicio de la Didáctica Espírita. Es también un manual de perfeccionamiento humano que culmina en su última parte, dedicada a las leyes morales. En este sentido la estructura de la obra es clara: parte de la cuestión de la existencia de Dios, examina el problema de la Creación, sitúa al hombre en el contexto universal, demuestra su naturaleza espiritual y no sujeta a la destrucción de la muerte, investiga al mundo de después de la muerte, revela la ley de reencarnación progresiva y teológica, estudia las relaciones de los espíritus con los hombres, descubre la ley de adoración y explica su desenvolvimiento, trata de las penas y recompensas futuras y señala a Jesús como modelo de la perfección humana, dándole a la Humanidad la educación integral que ella necesita. El Libro de los Espíritus es, pues, un manual de Educación Integral ofrecido a la Humanidad para su formación moral y espiritual en la Escuela de la Tierra.

J Herculano Pires

Extraído del libro "Educación Espírita"