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La ciencia espírita PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Lunes, 20 de Abril de 2009 17:03

En cuanto a la Ciencia Espírita, la confusión reinante no es menor, puesto que la mala fe está presente en todos los campos en que el sectarismo se infiltra. Si unos dicen que el Espiritismo no es religión, otros afirman que no es ciencia. Últimamente aparecerán también algunos extravagantes que negarán la existencia de la Filosofía Espírita. De esta manera se cierra el círculo de la reacción, negando al Espiritismo todos sus aspectos.

Pero solo quien no tenga la menor noción de Filosofía podría decir tal cosa, puesto que todos sabemos que la Filosofía es una concepción del mundo y que habrá tantas filosofías cuantas concepciones se formulen. La primera característica del Espiritismo, que más resalta a la vista, es su concepción renovadora del mundo, de la vida y del hombre, colocada como un marco divisorio entre el Materialismo y el Espiritualismo dogmáticos, ambos dogmáticos, para abrir a la Humanidad las posibilidades de la era cósmica en que hoy nos encontramos.

Pero analicemos el problema de la Ciencia espírita en lo tocante a la enseñanza escolar del Espiritismo. ¿Sería posible que se introdujera esta ciencia en los currículos escolares actuales? Sabemos que no, puesto que la propia Parapsicología, que es innegablemente una ciencia de tipo común, con metodología integrada en las exigencias científicas comunes y aceptada en todas las grandes Universidades mundiales, encuentra aún hoy el rechazo de nuestros propios medios universitarios, amedrentados, no con ella, sino con el desenvolvimiento del Espiritismo en el país.

Entonces, dicen algunos, está ahí la prueba de que el Espiritismo no es ciencia, puesto que si lo fuese ninguno podría rechazarlo en un currículo científico. También el Magnetismo fue rechazado durante años y por fin tuvieron que admitirlo, aunque con el nombre nuevo de Hipnotismo. El problema de la Ciencia Espírita fue bien colocado por Kardec desde la introducción de El Libro de los Espíritus. Kardec demostró que el Espiritismo es la Ciencia del Espíritu y no debe ser confundido con las Ciencias que se aplican a los variados campos de la materia. Por esto, porque su objeto es el espíritu, sus métodos de pesquisa y de observación tienen que ser otros.

Si las ciencias materialistas se rehúsan a admitirlo en su convivir es simplemente porque el pensamiento materialista, dominante después de la caída del absolutismo teológico de la Edad Media, está aún amedrentado frente a los problemas metafísicos. Podemos recordar el refrán popular: gato escaldado le tiene miedo al agua fría. Sin embargo, la Ciencia Espírita, no es metafísica en el sentido clásico del término. Sus métodos de pesquisa son positivos y exigen comprobaciones rigurosas. Cabe, por lo tanto, a la Universidad Espírita, que felizmente ya se está organizando entre nosotros, la gran tarea de probar que la Ciencia Espírita debe ocupar su lugar en el mundo de las Ciencias. De la misma manera que la Psicología y la Sociología encuentran aún hoy personas que les niegan la calificación de ciencias, por no encuadrarse y no poder de hecho encuadrarse en los métodos materiales de pesquisa, el Espiritismo como ciencia encuentra la objeción de las criaturas sistemáticas.

Mientras perdure esta situación no sería justo negar, nosotros mismos, los espíritas, el derecho al Espiritismo de penetrar en las escuelas como religión. Si no podemos comenzar por el principio, pero nos permiten empezar por el fin, ¿qué mal habrá en esto? En verdad el Espiritismo puede ser aprendido de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, puesto que su estructura global nos permite el acceso a su realidad por cualquier lado. Y para que los maliciosos no digan que esto es una estrategia de tipo inferior, recordemos que en todo el campo del Conocimiento las cosas se pasan exactamente así.

La secuencia espírita de ciencia, filosofía y religión no es privativa de nuestra doctrina. Ya vimos el caso del Positivismo. Esta Filosofía científica parte de los datos de la Ciencia para formular una concepción del mundo y a través de esta llegar a la Religión. El tránsito de un campo del Conocimiento hacia otro estará siempre abierto al espíritu. Y cuando encaramos los problemas con seriedad, no nos contentemos apenas con uno de sus aspectos, este tránsito es obligatorio. Por otro lado, existen los dos procesos fundamentales de la Lógica: el deductivo y el inductivo, que no deberemos olvidar.

La Filosofía y la Religión son deductivas, parten de grandes principios metafísicos como el de la existencia de Dios, por ejemplo, para deducir la realidad concreta. La Ciencia es inductiva, parte de la multiplicidad de los fenómenos para llegar a una inducción de la realidad. Esta es la razón para decir que podemos conocer al Espiritismo comenzando de abajo hacia arriba o viceversa. Tanto más que la Religión Espírita pone su énfasis en la inducción, haciendo cuestión de demostrar que llegó a la prueba de la existencia de Dios, de la sobrevivencia espiritual y de la ley de adoración, a partir del examen de los fenómenos.

Solución filosófica

Parece que podemos llegar así a una solución filosófica del problema de la enseñanza religiosa en la escuela. Lo que le interesa al Espiritismo no es el tipo de enseñanza sectaria que hoy se procesa de manera negativa u inocua en el medio escolar. Lo que se debe enseñar en la escuela, para que ella se libere del laicismo a que fue obligada por la presión sectaria, no es esta u aquella religión (denominación o secta religiosa) sino la Religión como un todo, como una provincia específica del Conocimiento, como un campo cultural que no puede ser omitido en el proceso de transmisión de la cultura. La escuela laica dejaría entonces de ser atea o sectaria para tornarse una escuela que englobe en su enseñanza todo el sistema cultural. Para esto, la enseñanza religiosa debería darse en la escuela (en todos los grados de la enseñanza) como materia filosófica, abarcando la Historia, la Filosofía y la Psicología de la Religión.

De esta manera lograríamos el verdadero objetivo escolar que es la formación cultural en el más amplio sentido, sin las limitaciones sectarias y las idiosincrasias grupales que hoy desfiguran y crean conflictos incurables en nuestros sistemas escolares. La escuela espírita debe dar el ejemplo en este sentido, debe hacerse pionera de esta renovación escolar. Con este sistema apartaríamos de la escuela el sectarismo antipedagógico y el segregacionismo criminal, devolviéndole al mismo tiempo la enseñanza de la Religión, o sea, el alma que le falta. Está lejos el tiempo en que el Estado se confundía con la Religión.

Estamos en la era cósmica y todos comprendemos el mensaje cristiano del Dios único. El Estado no podrá interesarse más por esta u aquella religión; por esta u aquella secta. Lo que le interesa de hecho es la Religión, el sentimiento de lo divino innato en la criatura humana, la aspiración de la trascendencia y de la comunión con Dios, esta idea superior, este concepto supremo, como Kant lo definió, en que el hombre revela el grado más elevado de su entendimiento y de su capacidad de formular juicios abstractos.

Dando esto a los educandos y dejándoles la entera libertad de escoger particularmente lo que deseen hacer en el vasto campo de las religiones, la escuela estará cumpliendo su misión de enseñar y educar en el más alto sentido. Pero mientras esto no fuere posible no sería justo, ni humano, que los espíritas dejen a los alumnos espíritas abandonados en las escuelas a la saña fanática de los sectarismos.

J Herculano Pires

Extraído del libro "Educación Espírita"