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El educando excepcional PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Martes, 07 de Abril de 2009 16:08

El problema del educando excepcional viene siendo tratado con la debida atención y a través de las técnicas modernas en el medio espírita. Hay eficientes instituciones especializadas, como el Instituto Nuestro Hogar, en Sao Paulo, dirigido por la Sra. Nancy Pullmann de Girólamo, especialista en enfermería y particularmente en este campo. Esa institución no se limita a la práctica de la recuperación, sino que desenvuelve intensa actividad en la realización de cursos dictados por especialistas, tanto para el mejoramiento y actualización de sus cuadros de trabajo, como para la formación de nuevos elementos en la especialidad. Notable por su amplitud y sus fines son las Casas André Luiz, que se aplican al tratamiento de los casos crónicos e irrecuperables. El Espiritismo nos lleva a encarar este problema con profundo interés, como acontece en los casos de psicopatía en general, puesto que el concepto espírita al respecto abarca la cuestión de las influencias espirituales, solo ahora en estudio en el plano científico-terapéutico, gracias a las investigaciones para-psicológicas.

En algunos de los treinta Hospitales Psiquiátricos Espíritas afiliados a la Federación de Hospitales Espíritas del Estado de Sao Paulo, como acontece en el de Araras, fueron creadas secciones especiales para el tratamiento de niños y jóvenes. A la manera de lo que ocurre en el campo de la Psicopatología, en el plano educativo y pedagógico el Espiritismo tiene su contribución para darla. El problema del excepcional, como la del deficiente físico, se inserta en la dinámica de la ley de acción y reacción, implicando consecuencias cármicas además de las implicaciones propiamente mediúmnicas.

Un disturbio mental puede ser explicado, aparentemente de manera perfecta y completa, por las hipótesis y teorías psicoterapéuticas. Pero, como acentúa Ehrenwald, entre sus causas pueden figurar, o puede también preponderar el factor telepático, sea de origen humano, espiritual o de ambos en conjugación. Los ejemplos de la clínica psiquiátrica de Karl Wikland y los de la clínica psicoanalítica de Ehrenwald son confirmados por centenas de ocurrencias semejantes en los hospitales espíritas y por los ejemplos dados en sus libros por el médico espírita Ignacio Ferreira, del Sanatorio Espírita de Uberaba, en Minas Gerais. La Pedagogía Espírita, gracias a su concepto específico del educando, es la única actualmente en condiciones de enfrentar con profundidad el problema del educando excepcional, en la línea de las conquistas científicas de nuestro tiempo. Las nuevas dimensiones culturales abiertas por estas conquistas exigen de quienes tratan del asunto una toma urgente de contacto con la problemática espírita. Por otro lado, las escuelas espíritas tienen un papel fundamental y pionero para desenvolver en este terreno, lo que bastaría para justificar la existencia de esas escuelas, si no fuesen por las justificaciones más amplias y generales que ya expusimos.

Podemos también afirmar que en el trato de ese grave problema la concepción espírita representa una revolución de consecuencias aún imprevisibles. La designación genérica de excepcional, usada actualmente para todos los casos de excepción, se justifica en el plano convencional, pero desde el punto de vista metodológico no nos parece acertada. Las diferencias específicas entre los excepcionales deficientes y los de orden evolutivo son demasiado significativas para permitir esta clasificación única. Los primeros son deficientes y los segundos son superdotados. Lo normal, como señala Hubert, sería una clasificación de tipos medios que de un tipo precisamente definido. Por debajo de lo normal están los deficientes, bien caracterizados por su condición patológica, pero quienes están por encima de lo normal revelan una condición superior que no comporta la sospecha de anormalidad. Precisamente para evitar las confusiones del pasado en ese terreno Myers creó el término paranormal, hoy vulgarizado por la Parapsicología. La teoría lombrosiana del genio como portador de un desequilibrio constitucional, por el desenvolvimiento exagerado del intelecto, está decisivamente rechazada a partir de las investigaciones geniales de Myers y por las actuales revelaciones de las investigaciones parapsicológicas. En el Espiritismo esta teoría de Lombroso está rechazada por la teoría de la evolución espiritual del hombre y por las investigaciones de Kardec sobre los idiotas, probando que las deficiencias mentales son consecuencias de desajustes en el paralelismo psicofisiológico de las funciones cerebrales.

Estas investigaciones de Kardec están hoy confirmadas por las investigaciones parapsicológicas, a través de las cuales especialistas contemporáneos demostraron que en el campo psi, o sea, de la fenomenología paranormal, la capacidad de percepción extrasensorial de los deficientes mentales es la misma que de las personas normales. La teoría de Rhine sobre la naturaleza extrafísica de la mente, que Vassíliev intentó sin éxito refutar a través de sus investigaciones en la URSS, actualiza en el campo científico de la actualidad la teoría espírita y las conclusiones experimentales de Kardec. Por otro lado, los debates sobre la naturaleza residual o trascendente de las funciones psi en el hombre fueron resueltos por la mayoría absoluta de los investigadores más representativos a favor de la trascendencia. La teoría residual se apoyaba en el hecho de que los animales poseen funciones psi. Se pretendía que ese hecho probase ser esas funciones un residuo animal del hombre.

La tesis victoriosa es la que considera a esas funciones como un nuevo paso en la evolución humana, según Myers ya demostrara en sus investigaciones. Solo los materialistas soviéticos y algunas ramas sistemáticas de la Parapsicología, como la de Robert Amadou, en Francia, condicionado por la concepción católico-tomista, y la de Emilio Servadio, en Italia, condicionado por la concepción materialista, insisten aún en sustentar la tesis superada. Querer reducir una facultad humana superior, que amplía las posibilidades de percepción del hombre de modo para adaptarlo a las exigencias de la pesquisa cósmica es evidentemente un absurdo que solo el esquematismo rígido de una posición dogmática puede explicar. "Para mí — dice Myers — el genio es una potencia que permite al hombre el uso en medida mayor de sus facultades innatas someter los resultados del proceso mental subliminal a la corriente supraliminal del pensamiento". Como se ve por esta declaración, el genio es un hombre cuya evolución espiritual le permite mayor flexibilidad en las relaciones entre la mente de relación y la mente de profundidad. Pero, para evitar interpretaciones erróneas y absurdas, como la que hoy se difunde entre nosotros por un sacerdote que se las da de parapsicólogo, Myers agrega: "No se piense que estoy afirmando la superioridad intrínseca de lo subliminal en relación a lo supraliminal. Lo que quiero decir es que el hombre de genio representa al tipo acabado del hombre normal por su posibilidad de utilizar más elementos de su personalidad que el hombre común."

Esta distinción entre el común y el normal, hecha por Myers, se basa en una precisión metodológica que contrasta con la falta de precisión de la aplicación generalizada del término excepcional que hoy se hace. El inconsciente no es genial, no es un sabio, como afirma el sacerdote en defensa de su posición religiosa. Pero es la parte de nuestra consciencia que guarda los resultados de las experiencias de vidas anteriores. Estos resultados fluyen al consciente cuando el espíritu más evolucionado que el común los evoca por medio de la ley de asociación de ideas y emociones. En el hombre común también ocurre esto, pero las condiciones medianas de desenvolvimiento en que se encuentra no le permiten flashes de genio. La mente de relación es superior al inconsciente porque en ella residen, acentúa Myers, los centros superiores que presiden nuestros pensamientos más complejos y nuestra voluntad. Es, por así decirlo, la cabina de control de nuestro comportamiento y de nuestras actividades. El genio resulta del mejoramiento de esa cabina, que permite al hombre superior valerse racionalmente de los archivos del inconsciente y de las percepciones extrasensoriales captadas por este. De nada adelanta al hombre común, y menos aún a un deficiente mental, captar por el inconsciente, percepciones superiores que no puede asimilar en el consciente e interpretarlas o aplicarlas en sus reflexiones.

El excepcional evolutivo, o superdotado, aunque no haya alcanzado las alturas del genio, podrá utilizarlas. Examinemos lo que puede hacer la Pedagogía Espírita a favor del educando excepcional, en las dos categorías mencionadas: Deficientes mentales — Cuando tratamos de esta categoría estamos frente a casos de pruebas o de expiaciones. Mal uso de la inteligencia en el pasado, uso del raciocinio para confundir al prójimo o defraudarlo, exceso de arrogancia mental o de vanidad, desperdicio consciente de oportunidades para aplicar la mente en el buen sentido, adquisición de conocimientos para uso exclusivo, ejercicio de profesiones intelectuales para simple obtención de fortuna, uso de inventos o descubrimientos para aniquilar a los adversarios y así por delante. Los casos de prueba son siempre más benignos, los de expiación más pesados y torturantes. Habrá también los casos de suicidios con la destrucción del cerebro, que generalmente redundan en desequilibrios mentales determinando alteraciones negativas en la formación del nuevo cerebro en el proceso reencarnatorio. En todos estos casos tenemos no solo las alteraciones endógenas, producidas por las perturbaciones de la consciencia del reencarnante, sino también las subsecuentes perturbaciones exógenas, provocadas por influencias de espíritus vengativos. Esta categoría, por lo tanto, requiere el auxilio de la terapéutica espírita en profundidad y en extensión. La Pedagogía Espírita indica providencias conjugadas de tres especies:

1.a) Sujeción del educando a procesos de recuperación posibles, según los métodos comunes de la psicoterapéutica, objetivando el restablecimiento de las coordinaciones motoras, verbales y racionales. Tratamiento mediúmnico a través de oraciones y pases, acompañado de exhortaciones morales y espirituales de orientación evangélica, buscando el despertar de las energías de la consciencia y de la afectividad. Este tratamiento deberá hacerse en instituciones espíritas especializadas o en Centros y Grupos dotados de experiencias y recursos mediúmnicos adecuados.

2.a) Sujeción del educando a trabajos desobsesivos, para alejamiento progresivo de las entidades vengativas, a través del adoctrinamiento. Este proceso debe ser acompañado de orientación a los familiares para que mantengan en el hogar un ambiente de amor y comprensión, no solo con referencia al educando sino también en lo tocante a sus acreedores invisibles. Necesario recordar a los familiares que no deben nunca emitir pensamientos de rechazo agresivo a las entidades obsesoras, que precisan del mismo amor dedicado al obsesado. Los obsesores son víctimas del pasado y que ahora se convirtieron en verdugos. Sufren tanto como el obsesado, o tal vez más, permaneciendo en una faja vibratoria inferior que los somete a la acción de entidades ignorantes y perversas. La situación infeliz de los obsesores fue determinada por la acción consciente del obsesado en el pasado, que es por lo tanto el responsable por la situación en que ellos aún se encuentran. La comprensión de ese principio por los familiares será de importancia capital en el tratamiento.

3.a) La escuela espírita, en sus clases de deficientes mentales, deberá mantener un ambiente estimulador, ordenado y puro, pero desprovisto de aparatos excesivos. Un florero sería siempre un elemento benéfico. El profesor o profesora debe haberse especializado para esta forma de enseñanza y conocer la Doctrina Espírita en su aspecto racional, de manera de no crear ninguna especie de mística religiosa en el trato de los alumnos. Armonizando las técnicas de enseñanza para excepcionales de las escuelas legas con la orientación moral espírita, obtendrá mayor eficacia en el empleo de esas técnicas. Es indispensable el aumento de cursos especializados para profesores espíritas, siempre mantenidos en una línea de orientación científica actualizada. Sometido así el deficiente mental a un sistema triple de tratamiento, podemos esperar buenos resultados. Pero es bueno no olvidar que estamos frente a casos cármicos, a fin de no esperar resultados mayores que los posibles en situaciones de esta especie.

Las pruebas y las expiaciones, como sabemos, son susceptibles de ablandamiento cuando las tratamos con amor y comprensión. Claro que los casos sujetos de escolaridad ya revelan posibilidades favorables. Tampoco podemos exagerar en nuestras esperanzas. Sabemos que el mal a que están sujetos es el remedio que espiritualmente necesitan, pero sabemos también que la justicia divina se tempera con la misericordia. Ninguno de estos casos prescinde de los cuidados médicos que van del diagnóstico a las prescripciones del tratamiento necesario y a la vigilancia constante del proceso de recuperación. Evidente que el ideal será siempre la orientación de un médico espírita especializado, capaz por esto mismo de comprender y evaluar el caso en sus variados aspectos. Hubert establece una distinción entre lo que considera atraso mental patológico y lo que llama de simple retardo mental producido por educación mal orientada, ambiente desfavorable en el hogar y desórdenes o accidentes en el desenvolvimiento de la inteligencia, de la voluntad y de la afectividad. Desde un punto de vista espírita esta diferenciación no tiene gran importancia, pues muchas veces los casos patológicos diagnosticados y considerados incurables se resuelven fácilmente con el alejamiento de la entidad causante que escapó a la visión médica. Estas incidencias entretanto no justificarían la negligencia en la orientación médica necesaria de todos los casos, toda vez que no somos apenas espíritu, sino que vivimos en el cuerpo.

Los superdotados — El hecho de que un educando se presente como superdotado intelectualmente, con elevado IQ, no lo libra de sufrir disturbios mentales y emocionales. Si así pensásemos, caeríamos en el otro extremo de la posición errada en que se encuentran quienes consideran que la mucha inteligencia desequilibra a la criatura. La inteligencia nunca es excesiva, pues la verdad es que el nivel mental de la Tierra aún es muy bajo. La mayoría de la humanidad terrenal dispone de pocas luces. Aunque las llamadas élites culturales presentan triste espectáculo en lo tocante a la inteligencia. Estamos muy distantes de poder enfrentar exageraciones de desenvolvimiento intelectual. Como señaló Kardec, los hombres más notables y considerados dueños de elevado patrón mental son en general tan pueriles que llegan a despreciar hechos evidentes porque contrarían sus puntos de vista o proceden de fuentes que ellos consideran inferiores.

En el propio medio espírita la crisis de inteligencia es grande y la pereza mental, como escribió Bittencourt Sampaio en un mensaje psicografiado, es la gran responsable por nuestro exiguo desenvolvimiento doctrinario. Inteligencia de sobra solo existe en relación a este ambiente negativo. En realidad los hombres más inteligentes, llamados genios, fueron siempre sacrificados o despreciados, puesto que lo que impera en nuestro mundo es la mediocridad aventurera y parlanchina. Por causa de esta, que domina y aparece, se creó la leyenda de los desequilibrios por exceso de inteligencia. Pitkins tuvo razón al escribir su Introducción a la Estupidez Humana. Como acentuó Ingenieros, otro motivo de la leyenda es el hecho de que un hombre inteligente, cuando está desequilibrado, se destacará en la gran planicie de la locura inexpresiva. La Pedagogía Espírita no puede endosar este crimen generalizado contra la inteligencia, que es la marca de Dios en nosotros. Los superdotados, como vimos, son los que, en el decir de Myers, representan al hombre normal de una civilización que aún está por completarse, que aún es apenas un esbozo de lo que debería ser. Para los superdotados la Pedagogía Espírita debe exigirles condiciones especiales de formación intelectual y moral. En cuanto a los desequilibrios que algunos de ellos revelaren, será necesario que se tomen providencias para ayudarlos, sin mezclarlos en una clasificación genérica absurda e injustificable.

El desenvolvimiento intelectual será siempre seguido del desenvolvimiento de la sensibilidad. Sabemos que una sensibilidad aguda chocará más intensamente con la opacidad del mundo, según la expresión de Sartre. Es natural que esta sensibilidad reaccione contra la estupidez generalizada y hasta que también lleve al superdotado a actitudes que lo condenan frente a la opinión general. Hasta hoy muchas inteligencias brillantes consideran que Jesús fue un loco. Binet Sanglé escribió un libro científico, transbordante de erudición, La Folie de Jesus (La Locura de Jesús) para probar esta tesis. Pero la simple defensa de la tesis de-mostraba la falencia de la mal orientada inteligencia del autor. Se considera ahora que una nueva raza está surgiendo en la Tierra. Sus exponentes son llamados mutantes. Pero infelizmente la mayoría de los mutantes, que deberían iniciar la mutación de nuestra humanidad mediocre, ya se apagaron en el charco de la mediocridad generalizada. Los lectores podrían preguntarse qué gran inteligencia tenemos nosotros para juzgar así a nuestra humanidad.

No se trata de inteligencia, sino apenas del buen sentido. Descartes demostró que el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo. Todos nosotros poseemos buen sentido y podemos usarlo cuando desenvolvemos un poco la humildad. El buen sentido nos señala, a todos los que quisiéramos ver, la penuria de la inteligencia en que vive nuestro planeta. La Pedagogía Espírita precisa, por eso mismo, amparar y defender la inteligencia de los superdotados. Las escuelas espíritas tienen el deber de estructurar programas que favorezcan este desenvolvimiento, puesto que estamos cada vez más necesitados de criaturas realmente inteligentes, para que el Espíritu pueda cumplir su finalidad. René Hubert nos propone la tesis neokantiana del Relativismo Crítico sobre el desenvolvimiento de la consciencia. Parte del ensayo de Octave Hamelin sobre los elementos principales de la representación.

No vamos a examinar la tesis sino intentar aplicarla a la solución de nuestro problema. Hamelin le dio nuevo sentido a la dialéctica, sacándole el aspecto agresivo de la lucha de los contrarios. Hubert la transforma en un instrumento de acción pedagógica, para explicar y orientar el desenvolvimiento de la consciencia. Este desenvolvimiento es el proceso mismo de la Educación en nuestra vivencia en el mundo y nos señala de manera clara cómo la vida nos proporciona el dominio de toda la realidad exterior a través de la evolución del Espíritu. Vamos a intentar exponer en forma resumida este vasto proceso. En primer lugar tenemos la consciencia teórica que nace de nuestra relación con el mundo. Somos el sujeto y el mundo es el objeto. Captamos la realidad exterior y la interiorizamos en la formulación de las categorías de la razón. Estas categorías son nuestra propia experiencia de las cosas. Así, la experiencia nos da la mundividencia o visión del mundo.

Pero la relación sujeto-objeto se transforma en nuestra consciencia en la recreación del mundo en nosotros mismos y, por esto, en la recreación de nuestra propia consciencia, que se rehace en la relación con el mundo. El mundo opaco de Sartre, ese objeto oscuro, misterioso, se torna transparente al ser recreado en nuestra consciencia en forma de representación. Desaparece la relación y al mismo tiempo la contradicción sujeto-objeto, por la fusión de ambos en la consciencia. De esa manera, la representación del mundo en nosotros no será una simple remonta de la realidad exterior, sino una absorción y asimilación de la realidad. El saber deja de ser información y colecta de datos para ser vivencia. La consciencia teórica, al formular la Teoría del Mundo, reformula su propia posición frente al mundo y se identifica a si misma con la realidad. Esta identificación inicial produjo lo que Adolfo Ferriere llamó refundición de la personalidad. Modificándose al mismo tiempo la visión objetiva del mundo y nuestra visión subjetiva de nuestra capacidad de acción en el mundo. Comprendemos así el mecanismo oculto de la tesis de Renouvier sobre el aprender haciendo. No basta leer y oír, es preciso hacer.

Con esto pasamos a la consciencia práctica, introduciéndonos por la voluntad en el orden de los fenómenos. Manejamos las cosas y los seres, reconstruimos el mundo a través de la Ciencia y de la Técnica. La Ciencia nos fue dada por la consciencia teórica, la práctica nos lleva a la actividad de la consciencia, no solo como simple experiencia, sino como recreación. Recreamos al mundo y con esto nos recreamos nosotros mismos. Desencadenamos el tiempo y descubrimos la duración. El futuro se abre ante nosotros y nos señala otro orden de cosas, además del orden estático, dado por el presente. Es el orden de las cosas por hacer, el orden de lo posible. Nos tornamos co-creadores de Dios. Entonces, la consciencia práctica, nuestra consciencia de actuar y de poder actuar incesantemente, en el tiempo con sus límites y en la duración ilimitada, despierta en nosotros el deber y la necesidad de la acción, que a su vez exige normas de acción y de conducta, despertando el sentido moral. Es en este momento cuando alcanzamos la consciencia estética, síntesis final de la dialéctica de la consciencia. La captación estésica del mundo, esta percepción de la realidad exterior a través de los sentidos, se transformó en nosotros en una representación total de la realidad del mundo y de nuestra propia realidad interior. La estesia se define entonces como un encuentro por nosotros, en el mundo, de nuestra propia aspiración del ser. La sensación nos llevó a la razón, esta nos condujo a la moral y esta nos abrió, a través de la acción y de la reflexión, el portal del amor.

La consciencia estética nos reintegra en el mundo y este nos aparece como una manifestación de Dios, pleno de orden, equilibrio y belleza. Implantemos el Reino de Dios en la Tierra y ella se transfigurará. Esta postura del problema de la consciencia nos indica los rumbos de la Educación Espírita y nos suministra los elementos necesarios para que enfrentemos el problema actual, cada vez más acentuado, de la escolarización eficaz de los superdotados. Clases especiales tendrían que ser organizadas para estos niños y estos adolescentes que se proyectan en la vanguardia de la evolución terrena. Mantenerlos mezclados con los menos capaces sería perjudicial, tanto para ellos como para los otros. Pero es evidente que los profesores para estas clases especiales precisan ser también suficientemente airosos y capacitados. Sus alumnos necesitan mucho más que estímulos que de enseñanzas. Pero una vez más tenemos que volver a las sugerencias del Método Montessori. Pero comprendamos bien: Las sugerencias y no al método en si. La teoría ambiental de Montessori nos parece fecunda en este sentido.

Tratemos también, rápidamente, de los deficientes físicos. El concepto espírita del educando en estas condiciones nos revela un ser sometido a consecuencias dolorosas de vidas pasadas, en general sujeto a la acción negativa de entidades espirituales que les dedican odio. Los defectos de los cuales son portadores no son consecuencias de simples causas físicas, como generalmente se supone, sino de profundas causas morales. Los traumatismos de la consciencia culpable repercutieron en la formación del cuerpo o los conducirán a encarnaciones en la línea hereditaria adecuada. La Pedagogía Espírita debería indicar a la Educación Espírita los medios de socorrerlos y auxiliarlos, educándolos en la consciencia de su naturaleza espiritual. La comprensión de que las deficiencias físicas no perjudican, sino, por lo contrario, sirven de correcciones para su espíritu, despertándoles energías renovadoras en su consciencia, los auxiliarán a superar el sentimiento de inferioridad y la posible revuelta contra la aparente injusticia a la cual fueron sometidos.

La Doctrina Espírita de la responsabilidad individual intransferible los llevará a la comprensión de que no fueron castigados por Dios ni por cualquier tribunal misterioso. Son simples accidentados de la evolución, a semejanza de los accidentados laborales o de las investigaciones. Sabiéndose dotados de un cuerpo espiritual, cuya naturaleza flexible obedece fácilmente al comando de la mente y a los impulsos de la voluntad, aprenderán a controlar sus pensamientos y sus emociones en el presente, para asegurarse a si mismos la reintegración futura en su forma normal. Esta comprensión es muy diferente del consuelo proporcionado por las doctrinas religiosas que se limitan a exigirles la sumisión a la voluntad de Dios. La Educación Espírita no objetiva tornarlos simplemente resignados, sino a transformarlos en elementos conscientes de sus posibilidades en esta misma existencia, donde podrán, por el desenvolvimiento del espíritu, superar las deficiencias físicas.

No necesitan de clases especiales y estas solo les serían perjudiciales. Deben mantenerse en las clases comunes, despertando en sus relaciones con los demás, por la convivencia, la observación y la experiencia, la comprensión de que los portadores de físico perfecto están a veces cargados de deficiencias mentales y morales que nunca desearían tener. Una especie de compensación egoísta, pero que la comparación impone naturalmente y sirve también para demostrarles que hay en la Naturaleza un principio inmanente de ecuanimidad. Todos estos problemas nos revelan la necesidad y la eficacia de la Educación Espírita. Su contribución en todos los sectores del proceso educativo prueba el acierto de quienes fundaron escuelas espíritas, espontánea y corajudamente, en nuestro país, dándole el liderazgo en la reforma educativa y pedagógica exigida por las transformaciones profundas por las cuales pasa nuestro mundo.

J. Herculano Pires

Extraído del libro "Educación Espírita"