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Vanidad de vanidades PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Viernes, 13 de Marzo de 2009 16:30

Los pretendidos reformadores de Kardec ni siquiera conocían su obra, no penetraran aún en el conocimiento de la armoniosa estructura doctrinaria y con eso no revelan si no una mínima condición cultural, intelectual y espiritual para sus tentativas de superación doctrinaria. Solo las criaturas simples, ingenuas, ignorantes o fascinadas por su propia vanidad, por la obtusidad de su auto- suficiencia, aceptan y propagan las falsas teorías elaboradas por esos adoradores de si mismos, incapaces de un mínimo de auto- crítica.

Cual enjambres, en el mundo crean apóstoles de la mentira y de la ilusión por todas partes, pues la vanidad humana se alimenta siempre de la pretensión des- conmensurada de superioridad, en un planeta de pruebas y expiaciones en que somos criaturas inferiores, extremadamente necesitadas de las enseñanzas que rechazamos.

Es preciso que por lo menos ese provecho nos quede del episodio de la adulteración, en el que tantas almas felinas quitaron la piel de oveja para revelar su verdadera condición. Es preciso que aprendamos a respetar la doctrina espirita como una dádiva celeste que Jesús nos prometió y nos envió en la hora justa, en el momento en que nuestro pobre mundo se preparaba para un avance decisivo en la superación de sus condiciones de indigente del Cosmos.¿Quien tiene autoridad para corregir a Jesús, Kardec y al Espíritu de la Verdad entre nosotros? ¿Cual es el misionero de sabiduría infusa que apareció en la tierra para probarnos que las enseñanzas del Evangelio proclamadas por el Espiritismo deben ser sustituidas por fábulas (como dice el Apóstol Pablo) forjadas por éste o aquel individuo fantoche o pretencioso?

El avance de las ciencias y de la cultura General en nuestro siglo nada mas hicieron hasta ahora que confirmar, sin saberlo, los principios fundamentales de la Doctrina Espirita. ¿Donde está el punto en que la Doctrina fue ultrapasada por las concepciones contemporáneas? Si tuviésemos hoy en la Tierra un misionero divino capaz de abrir nuevas perspectivas en el campo doctrinario, la primera cosa que el haría, y que lo legitimaría a los ojos de las personas de sentido común, seria empuñar de nuevo el látigo del Mesías para expulsar a los vendedores del Templo. No podemos ser tan necios al punto de regalarnos el archivo del pasado esa doctrina que anticipo toda la evolución actual del saber humano en nuestro tiempo, solo porque algunos pretenciosos reclaman vanidosamente el derecho de reformar la Doctrina en nombre del progreso.

El progreso no es deformación, pero si de perfeccionamiento. ¿Y donde está aquella teoría, aquella doctrina, aquella sabiduría que se sobrepone a que lo que el Espiritismo nos ofrece? Que el episodio negro de la adulteración nos sirva para mostrar a que situaciones ridículas e insostenibles pueden llevarnos la falta de vigilancia y de humildad, de oración y de estudio. Precisamos estudiar a Kardec intensamente, asimilar las enseñanzas de las obras básicas, de sumergirnos en las páginas de oro de “La Revista Espirita“, no tan solo leerlas, pero si meditarlas, profundizando en ellas, redescubrir todo el tesoro de experiencias, ejemplos, enseñanzas y moralidad que Kardec nos dejó.

Pero antes de nada precisamos de humildad para entrar en el templo de la Verdad sin la fatua arrogancia de pigmeos que se juzgan gigantes. Precisamos de respeto por el trabajo de un hombre que vivió en la Tierra atento a la cultura humana, adueñándose de ella para despues entregarse a la más pesada misión de librarnos de la ignorancia vanidosa y de las tinieblas de las falsas doctrinas de hombres ignorantes y orgullosos. Al extender las manos para tocar en un libro doctrinario debemos preguntarnos a nosotros mismos cual es nuestra intención, nuestro estado íntimo. Porque, si no hiciéramos eso con respeto y humildad, podremos caer en la trampa de las adulteraciones, que está siempre abierta a nuestros pies inseguros. Y no tengamos dudas de que la omisión, en asuntos de tan profunda gravedad, que se refiere a nuestro propio destino y al destino de mundo, es un crimen de complicidad.

Las personas, las instituciones, las publicaciones que no se pronunciaron en la hora crucial de la adulteración incurrieron irremediablemente en la participación del crimen, inscribieron sus nombres en la lista de los que participaron por omisión. Quien asume responsabilidades de divulgación y orientación en el campo doctrinario no puede esconder la cabeza en la arena cuando la tempestad ruge. Esa imperdonable cobardía es siempre señalada con la marca inolvidable de Caín. En cualquier sector de las actividades humanas la fidelidad a las normas y principios es un deber indeclinable de todos.

¿Qué extraño motivo eludiría a los espiritas, integrados en el mas alto sector de esas actividades, el de la propagación y sostenimiento de la Verdad, de la pesada responsabilidad que hablaba León Denis? Seríamos locos y ingenuos si pensásemos que en el Espiritismo estamos con las manos libres, sin la obligación explícita y el deber inalienable de respetarlo y defenderlo? No obstante no tengamos la intención de herir a nadie, sabemos que son duras estas explicaciones que no son nuestras, pero si del propio Cristo, cuando recordó a los fariseos que el hecho de saber la verdad los condenaba, porque en su lugar enseñaban y sostenían la mentira. Fuimos acusados de intransigentes.

Puede alguien transigir con el error sin ser partícipe del error? Fuimos acusados de ortodoxos. Pero la ortodoxia quiere decir “doctrina verdadera” y la heterodoxia, largamente solapada en nuestro medio en nombre de una falsa tolerancia quiere decir “mezcla de doctrinas, confusión de principios, colcha de retales “. Pero no nos juzgamos puros ni santos y mucho menos sabios. Todos nosotros, que nos reunimos para repeler la adulteración, solo tuvimos en cuenta la pureza, la santidad y la sabiduría de la doctrina que profesamos. Somos apenas nada mas fieles, conscientes de nuestras responsabilidades doctrinarias y contrarios a todas las formas de ultraje al Espiritismo. ¿Y eso porqué? Porque la Doctrina Espirita es un código del futuro, elaborada para mejorar al hombre y al mundo. No nació del cerebro de un hombre, de una corporación científica o de una escala filosófica, y mucho menos de un colegio de teólogos, pero si de la realidad natural de los hechos, de los fenómenos rechazados por los materialistas pero hoy aceptados e integrados por ellos mismos en la realidad científica mas avanzada.

No se constituye de preceptos, normas, dogmas, axiomas, si de principios o leyes que se impusieron a las investigaciones científicas mas rigurosas. De laboratorio y en el ámbito del campo científico. Estas investigaciones no son solo las de Kardec, y si las realizadas por científicos eminentes en los medios universitarios de todo el mundo, en general iniciadas con el propósito de negar las conclusiones de Kardec pero siempre confirmadas. Se trata, pues, de un patrimonio cultural que se formó en la secuencia del desarrollo de la cultura, bien encuadrada en la Historia y en la Teoría del conocimiento. Podemos incluso decir que las conclusiones de la Doctrina Espirita no son postulados, son hechos. Son hechos, siempre a disposición de los que pretendan revisarlos, por negarlos o incluso creyendo en ellos, que constituyen la base del Espiritismo. ¿Delante de un patrimonio cultural así de sólido y hasta hoy invaluable en todas sus dimensiones, como podemos admitir que personas o grupos desinformados se atrevan a alterar, modificar, corregir pretenciosamente aquello que no están ni siquiera a la altura de comprender?

Esa es la justificante legítima de nuestra indignación ante el atentado incalificable de la adulteración que se pretendía realizar, trastocando toda la estructura doctrinaria. Era preciso no haber tenido convicción, ni certeza en lo que admitimos, para aceptar con la cabeza agachada, las pretensiones alucinadas de esta o de aquella institución doctrinaria. Tampoco Jesús reaccionó con mansedumbre ante la petulancia de los fariseos vanidosos. Ni tampoco Pablo uso de tolerancia connivente con los que, ya en su tiempo, mancillaban el Cristianismo.

Ni Kardec dejo de defender la Doctrina en nombre de un falso concepto de fraternidad, y defenderla con firmeza y energía, empleando las palabras debidas. Las sensitivas que se marchitan al ser tocadas no son flores del jardín espirita. Porque el Espiritismo requiere valentía y franqueza en sus seguidores, el si, si y no, no del Evangelio, para imponerse a este mundo de ambigüedades y comodidad. Aquí está, pues, el libro que faltaba en nuestra biografía espirita sobre el caso de la adulteración. No es un libro de odio o de resentimiento, pero sí de lealtad y de amor. El amor no es una capa de ilusiones, no debe ocultar el error si no defender y sostener la Verdad, cueste lo que cueste, para el bien de todos, adversarios y compañeros. Amor y verdad son las dos caras de Dios, que conforman el rostro divino a los ojos de los que saben y pueden encararlo.

Chico Xavier
Extraído del libro "Na hora do testemunho"
Francisco Cândido Xavier
J Herculano Pires