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Un método integral PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Martes, 17 de Febrero de 2009 15:46

¿Podríamos aspirar a un método integral que, aplicado a la historia de la Educación y a toda la problemática educativa, nos posibilitase la investigación de todos sus aspectos, o que por lo menos nos diese, en el plano de la interpretación, una visión general y dinámica del proceso educativo? Los métodos históricos, comparativos y culturales no llegan a tanto.

El método de los horizontes culturales ofrece perspectivas mesológicas en extensión, pero le falta la profundidad ontológica que se procura en la complementación de investigaciones psicológicas. Entretanto la Psicología es un particularismo, una especialización, como la Sociología. Sus investigaciones se refieren a problemas particulares de la estructura y función, como las sociológicas a los problemas de relación.

La Filosofía de la Educación, abarca todo el contexto de acciones y reacciones objetivas y subjetivas que van del ser como ser a lo social como social y como cultura. La Filosofía de la Educación derrama, así, la extensión de su propia polaridad en el momento en que transciende lo social para penetrar en lo cultural, en pleno dominio del espíritu. Es lo que estudia Hubert, con admirable claridad seguridad, en su tratado. Es posible que estemos exagerando las posibilidades del método dimensional y solo los especialistas en metodología podrán responder hasta dónde nuestras esperanzas son viables.

El Prof. Cannabrava, quien se destaca en el estudio de los problemas metodológicos entre nosotros, procuró solucionar la diversidad de los conceptos de verdad empírica y verdad formal a través del objetivismo-crítico, proponiendo el método único de la síntesis-reflexiva. "La Filosofía elaboró un método — declara — que permite conjugar el análisis de la estructura lógica del conocimiento con la interpretación sintético-funcional de los procesos empíricos que se relacionan directamente con la actividad cognitiva." La misma unidad en lo tocante a los problemas generales de la Filosofía de la Educación, en su relación específica con el objeto del problema educativo, ¿no se podría intentar? Investigar las posibilidades metodológicas de la teoría de las dimensiones humanas nos parece, pues, tarea de las más promisorias.

Partiendo del análisis del cuerpo-mágico, de la feliz formulación de Educación Espírita J. Herculano Pires Kessner, donde el hombre se presenta en su primera dimensión, un método dimensional nos llevaría al examen de todas las implicaciones del paso hacia la segunda dimensión y de esta hacia la tercera. Este método global o integral penetraría, así, en todas las estructuras y conexiones de la polaridad pedagógica, abarcando la simultaneidad del ser como ser — existiendo en si, actuando en el para-si y transcendiendo en lo cultural — del bio-psiquismo en su dinámica funcional y de lo social en su dinámica de relaciones. Para esta penetración simultánea el método debería disponer de las técnicas específicas necesarias, subordinadas siempre al contexto dimensional. Esta solución si fuese posible, libraría a la Filosofía de la Educación de las contradicciones actuales, eliminando el atomismo de las teorizaciones personales que tanto se apoyan en métodos filosóficos como en métodos científicos o simples técnicas de investigaciones.

Esta búsqueda de la unidad puede parecer un deseo de regreso, en términos psicoanalíticos, a la homogeneidad religiosa a la que nos referimos al inicio. La educación, a la manera del Positivismo comteano, encontraría así un medio de negar su naturaleza problemática para adormecer de nuevo en el seno de las certezas tradicionales. Pero el ejemplo medieval a que ya aludimos bastaría para demostrarnos la irreversibilidad del proceso evolutivo. Así como en la Edad Media el imperio religioso se desenvolvió en un plano racional y crítico, elaborando la autonomía más completa del pensamiento que eclosionaría en el Renacimiento, así también el regreso a la unidad, en el presente, no sería un simple retroceso sino un reajuste dialéctico. Podríamos apelar hacia el principio marxista de la negación de la negación para explicar este aspecto del problema. No quedan dudas que la unidad metodológica sería un intento para superar los problemas, pero no la anulación de la naturaleza problemática del proceso educativo, lo que sería imposible. Esta búsqueda, como vimos, existe en la Filosofía General, como existía en las Ciencias.

Se busca no solo la unidad metodológica en estos dos campos, sino también la unidad conceptual, como vemos en la obra de Einstein. Y si el objetivo del conocimiento es la reconstrucción del Universo por la síntesis después del análisis, esta búsqueda no será la consecuencia de un complejo inconsciente sino un imperativo del mismo desenvolvimiento cultural. En el caso de la educación, superar la situación conflictiva del presente para encontrar un plano de unidad equivaldrá realmente a reconstruir la homogeneidad religiosa, porque el destino del hombre, según Hubert, "consiste en ser espíritu", y el fin de la educación, según Kerchensteiner, será "la creación de un ser espiritual". Entre tanto, no se trata de a posición del problema en los términos de la antigua metafísica religiosa sino en los de la moderna ontología. El espíritu, en esta nueva homogeneidad religiosa, será una entidad cultural accesible a las indagaciones del pensamiento científico y filosófico.

Murphy ya lo dijo en la introducción de su estudio sobre los orígenes de la religión, que citamos arriba: "El hombre será el producto de la evolución, tanto en su cuerpo como en su espíritu. Entonces, para usar una expresión de Tagore, "la religión del hombre" sería la nueva homogeneidad en que la educación podría reconstruirse, no solo en la base ingenua de certezas tradicionales, sino en la base dinámica de la expansión del conocimiento en búsqueda de nuevas dimensiones del espíritu.

J.Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"