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Chico Xavier, que nos dio tantos libros, envíanos de Uberaba un pedido angustioso. Quiere que publiquemos un libro sobre el caso de la adulteración, autorizándonos a transcribir en ese volumen los mensajes psicografiados que recibió y que deberían ser publicadas, con los comentarios habituales, en la sección conjunta que manteníamos en el DIARIO DE S. PAULO . Hizo mas: nos mandó el mismo el recorte de esas publicaciones, que quitó de un volumen para salir en que los agraciados con sus derechos de autor ciertamente no se sentirían bien.
La piedad del médium se revela de manera espantosa en ese gesto. No niega los derechos a la institución, pero retira de los originales mediúmnicos los trozos incómodos y las envía a nuestras manos, que no se quemarán con ellas. Los mensajes y crónicas que el lector encontrará en esta parte del libro fueron publicadas en la fase de amargas decepciones, en que nos veíamos obligados, por deber de oficio y de conciencia, a luchar contra los desvíos de antiguos compañeros.
Manteniendo en el DIARIO DE SAO PAULO, hace mas de treinta años, una sección de crónicas espiritas, en los primeros quince años de publicación diaria y posteriormente semanal, no podíamos suponer que un día esa sección fuese utilizada de manera tan amarga. No enfrentábamos a los adversarios habituales de la Doctrina, que habían transferido su acción demoledora a las manos de compañeros de una institución en que depositábamos confianza. Los mensajes venían apropósito, no obstante disfrazados en el amor y la piedad de los espíritus comunicantes. Teníamos la función de romper las nueces y revelar la amargura de sus frutos. Chico Xavier se mantenía en silencio, aturdido. Como nos escribiría más tarde, ante lo que estaba pasando, e incluso con el intento por parte de los adulteradores de mezclarlo como autor intelectual de la profanación iniciada, como parte de un extenso programa demoledor que golpearía toda la obra de Allan Kardec, del Espíritu de la Verdad y del propio Cristo. Son esas crónicas de la hora amarga, interpretando mensajes espirituales dolorosos, cargadas de amargura, pues incluso los mensajes tradicionales del Evangelio según el Espiritismo habían sido deformados. Ahí están ellas ahora, como trofeos de una batalla dolorosa, pero necesaria. Que esos mensajes y crónicas de la hora amarga sirvan de ejemplo a los que, en el futuro, estuvieren tentados de nuevas pretensiones vanidosas de corregir a Cristo, a los Espíritus Superiores y a los textos insuperables de Allan Kardec. Me acuerdo de la expresión de Bezerra de Menezes en momento semejante, en RUI “Más. Kardec es insuperable” Extraído del libro"En hora del testimonio" J Herculano Pires, Chico Xavier
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