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La Educación es individual y en masa. Muchas personas, incluyendo a las que se colocan al frente del movimiento espírita y de grandes instituciones doctrinarias, no son capaces de abarcar en su comprensión a estas dos dimensiones del proceso educativo espírita. Quieren reducir la Educación Espírita al campo del autodidactismo. Solo entienden la educación individual por la doctrina.
Y por esto andan por ahí los pregoneros, bien intencionados pero equivocados, de una campaña oscurantista (válganos Dios) contra los cursos, las escuelas, las instituciones educativas y la Educación Espírita. Tendremos que comprender la posición de estos compañeros, puesto que el objetivo del Espiritismo será siempre la comprensión, en todos los campos de las actividades humanas.
El espírita tiene que ser, en todas las ocasiones, un comprensor, o sea: aquel que comprende. Tiene que ser el sustituto natural del comprehensorum de la antigua Teología, de aquel que tenía la comprensión beatífica y permanente de Dios. "El Hombre en el mundo", cara a cara con los semejantes, el espírita debe tener la visión palingenésica o evolucionista de las cosas y de los seres. No puede encerrarse en un hoyo sin salida. Estos compañeros que solo entienden la Educación Espírita como individual sufren la presión del pasado, del tiempo en que el Espiritismo, asediado por todos lados, se refugiaba en la convicción individual. Pero este tiempo ya está lejos, como tenía fatalmente que irse, y hoy el Espiritismo se transformó en una convicción de masas. Cumpliendo así uno de sus objetivos, de acuerdo con los postulados doctrinarios y la previsión de Kardec, Denis, Delanne y sus compañeros, el Espiritismo de masas exige educación masiva. La misión del Espiritismo no es la de esclarecer a algunos individuos en medio de las multitudes sino, esclarecer a las multitudes, dilatar el conocimiento humano, colocar a los hombres frente a la realidad integral de la vida para regenerarlos. No se trata de una doctrina individualista, a la manera del estoicismo griego, cerrado en su escepticismo heroico, sino de una doctrina colectiva, que parte del individuo como unidad formadora del todo objetivando al todo. Por esto es que su función en la tierra es precisamente regenerar al planeta, que está pasando, en estos tiempos, de la fase de mundo de pruebas y expiaciones para la fase superior de mundo de regeneración. Es natural que los compañeros traumatizados por el pasado de duras y amargas luchas que el Espiritismo tuvo que enfrentar, aún se cierren en una concepción restringida. Pero no deberemos impresionarnos con esto. Nuestra obligación será procurar ayudarlos a comprender el problema en la amplitud espírita en que él hoy se nos presenta. Según vemos en El Libro de los Espíritus será por la Educación que el mundo podrá regenerarse. La Educación Cristiana sustituyó a la Educación Pagana y modificó a la Tierra. La Educación Espírita renovará la Educación Cristiana, y con ella al Mundo. Pero, ¿qué será la Educación Espírita? Será el proceso de orientación de las nuevas generaciones de acuerdo con la visión nueva que el Espiritismo nos ofrece de la realidad. La realidad comprende al mundo y al hombre. Para el hombre viva con provecho en el mundo, debe saber, antes que todo, lo que le es propio y cuál es su destino. Para que el mundo no lo aturda al hombre le será preciso que el hombre sepa lo que es el mundo. Nada de esto podrá ser conocido sin el conocimiento de los principios espíritas. A pesar de esto la Educación Espírita no es un proceso coactivo, de imposición de las ideas espíritas. Además, porque uno de los principios fundamentales del Espiritismo es el de la libertad de consciencia. El Espiritismo no es una forma de dominación de consciencia, sino de liberación. Su gran tarea será para desenredar al hombre de las imposiciones del pasado para que él pueda vivir su vida terrena en plenitud, librándolo de los temores y terrores que lo rodearon en las generaciones anteriores. Entonces, la Educación Espírita, como la cristiana, nos presenta dos aspectos correspondientes a las exigencias actuales. De un lado habrá de ser un sistema educativo aplicable al medio espírita, del otro, una influencia educativa remodelando los postulados pedagógicos en sentido general. No podremos pretender que todas las naciones se tornen espíritas, lo que sería una utopía y un contra sentido. Por esto no podremos pretender que la Educación Espírita absorba y englobe en una sola todas las formas pedagógicas existentes. Esta intención sería contraria a la concepción espírita. Pero deberemos comprender que la Educación Espírita, una vez definida como tal, influirá decisivamente en la orientación pedagógica general, como ya está influyendo antes de su definición total. Regenerar quiere decir generar de nuevo. Regenerar al hombre será generar en el hombre viejo de nuestros tiempos al hombre nuevo del Evangelio. Sabemos, como afirmó Kardec, que el espiritismo es la llave sin la cual no podremos comprender al Evangelio. Sabemos esto no solo porque Kardec lo dijo y lo escribió, sino porque nuestras propias experiencias, individuales y colectivas, nos hicieron comprobar esta verdad. Si los cristianos no pudieron mantener la Educación Pagana, que contrariaba la visión nueva que el Cristianismo les daba, ¿cómo podremos nosotros, espíritas, mantener la Educación Cristiana, orientada por los dogmas teológicos de un pasado superado? Tanto más que esta forma educativa iglesiera ya se tornó tan obsoleta, tan anticuada, que fue sustituida por la Educación Moderna, de tipo positivista pragmática, lo que vale decir materialista. Y tanto más que esta forma materialista ya invadió a las mismas instituciones educativas religiosas. La sustitución, cada vez más acentuada, de las formas educativas religiosas por la materialista, innegablemente dominante en nuestro tiempo, nos señala la necesidad urgente de elaborar la Pedagogía Espírita, única que podrá socorrer al mundo en esta hora de profundas transformaciones. Y podríamos decir más, sin miedo de errar, porque los hechos lo comprueban: si la Educación actual no se ha sumergido aún en el caos, frente a la rapidez del proceso evolutivo, es gracias a la presencia de los postulados espíritas en el planeta, señalando a los hombres una nueva perspectiva de vida. El Prof. Humberto Mariotti demostró esto con datos y ejemplos en su artículo "Hacia Una Filosofía de la Educación" que publicamos en nuestro número anterior de la Revista Educación, hecho que dos Universidades norteamericanas hubieran recurrido al Espiritismo para la reorientación espiritual de sus alumnos, y los buenos resultados obtenidos con la experiencia, demostraron suficientemente la necesidad de preocuparnos de la Educación Espírita. Pero más que esto, señalaron de manera vociferante que estamos en falta con nuestro deber de espírita en lo tocante al campo educativo. Por otro lado, como sabemos, la Educación Espírita, según una ley natural del fenómeno educativo en todo el mundo y en todos los tiempos, no esperó que despertásemos para el problema. Las escuelas espíritas comenzaron a surgir por todas partes antes de que pensásemos en la Pedagogía Espírita. Hoy constituyen, en Brasil, una vasta red escolar, que va desde la pre-primaria hasta el universitario, abarcando todos los grados de la enseñanza. Ya tenemos una tradición educativa, con instituciones como el Educandario Pestalozzi, de Francia, el Educandario Bezerra de Menezes, de Marília, el Instituto Espírita de Educación, en Sao Paulo, el Colegio Allan Kardec, de Sacramento, Minas, el Instituto Lins de Vasconcelos, de Curitiba, Paraná, y así en adelante, que ya alcanzaron decenas de años de funcionamiento. ¿Por qué especie de Pedagogía se orientan estos establecimientos existentes por decenas en nuestro país? ¿Qué orientación pedagógica Educación Espírita J. Herculano Pires tendrán decenas de otros que están surgiendo por todas partes? Los vemos, en verdad, luchando para elaborar la Pedagogía Espírita, cada cual dando su contribución posible en el campo de las experiencias y de las investigaciones. ¿Seremos tan ciegos y tan sordos para no ver este desafío, para no oír este clamor? ¿No seremos capaces de atender a las exigencias naturales de la Educación Espírita que se levantan frente a nosotros en este momento? Que hablen y escriban contra nuestro deber todos los que no lo comprendan. Qué importan sus argumentos, cuando la realidad de los hechos es un desmentido concreto a todos ellos? Nuestra revista surgió para atender a este desafío, el más serio, el más grave y el más importante de nuestro tiempo, abriendo sus páginas a las sugerencias, a los estudios, a las investigaciones, a los ejemplos de todos los que militan en el campo educativo espírita. No pretendemos elaborar individualmente, ni tampoco a través de los esfuerzos de un grupo cerrado, la Pedagogía Espírita. Como Kardec hizo con la Revista Espírita, queremos apenas que nuestra revista sirva de enlace entre todos los centros educativos espíritas y entre todos los profesores espíritas para que, del trabajo así conjugado y articulado, del esfuerzo común, pueda surgir el edificio grandioso de la Nueva Pedagogía. J Herculano Pires. Extraído del libro "Educación Espírita"
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