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La enseñanza espírita PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Sábado, 10 de Enero de 2009 19:57

Lo que Kardec entendía por estudio profundo y continuado no era apenas autodidactismo, según parece sugerir la expresión: en silencio y en recogimiento. Algunos espíritas desavisados se escudan en esta expresión para condenar los cursos doctrinarios. Y lo hacen en nombre del pedagogo y profesor que pasó su vida dando cursos y nos dejó, en el Proyecto de 1886, este consejo que es al mismo tiempo una advertencia: Un curso regular de Espiritismo se daría con el fin de desenvolver los principios de la Ciencia Espírita y propagar el gusto por los estudios serios. Este curso tendría la ventaja de crear la unidad de principios, de obtener adeptos esclarecidos, capaces de difundir las ideas espíritas y de desenvolver gran número de médiums. Encaro este curso como capaz de ejercer influencia capital en el futuro del Espiritismo y en sus consecuencias.

Hoy, más que nunca, delante de la expansión del Espiritismo en nuestro país y de su repercusión en el mundo, el problema de la enseñanza espírita se acentúa como necesidad imperiosa. El Espiritismo es una ciencia, como enseñaba Kardec, de la cual resultan naturalmente una filosofía y una religión. ¿Sería posible la divulgación de una doctrina así de compleja, que toca en todas las ramas del saber, según el mismo Kardec afirmó, sin la creación de cursos regulares, dados por profesores competentes? Quien negare esto debería estar seriamente afectado por una enfermedad muy grave, que nos viene de la Edad de Piedra: la alergia a la cultura.

El Prof. Remy Chauvin, de la Escuela de Altos Estudios de Paris, declaró hace poco tiempo que existe entre los científicos una enfermedad semejante, y a la cual le dio el nombre de alergia al futuro. En el medio espírita constatamos hoy la existencia, en forma aguda y hasta delirante, de una conjugación de estas dos formas de alergia. Los espíritas anticulturales no quieren los cursos (alergia a la cultura) porque temen las modificaciones saludables que ellos producirán en la rutina de las iglesias espiritoides (alergia al futuro). Quieren continuar durmiendo en sus ilusiones, balanceándose en la red de sus ideas fragmentarias y sus conocimientos superficiales de la Doctrina Espírita. Pueden escribir mucho y hablar demasiado, pero bastaría un ligero examen de sus ideas para que la enfermedad grave se revele en el análisis.

La enseñanza espírita, como toda y cualquier enseñanza, requiere sistematización escolar. La fase sin escuelas de la Educación Espírita, como la de cualquiera otra forma educativa, pertenece a los primordios del movimiento espírita. Y esto no se necesita demostrar por argumentos, puesto que los hechos lo están demostrando a nuestros ojos. Donde los hechos hablan por si mismos los argumentos quedan sobrando. La red escolar espírita es hoy una realidad concreta y se extiende desde el grado mínimo al grado máximo de la enseñanza, desde la pre-primaria hasta el universitario. Además de esta propagación, que va en un crescendo irreversible, de la escuela espírita en todos los grados de enseñanza, tenemos los cursos de preparación doctrinaria en las Federaciones, en los Centros, en los Grupos, en los Hospitales y así por delante. Tenemos también los Institutos de Cultura Espírita, que realizan cursos regulares y se están multiplicando por el país.

La escuela espírita no será más un sueño, una hipótesis, una utopía — es una realidad concreta, social y cultural, que avanza hacia un futuro resplandeciente. Algunos observadores menos avisados (sería bueno que estuviesen avisados de la inutilidad de la lucha contra el progreso) extrañan lo que llaman mezcla de materias escolares con principios espíritas. Este es el más grave síntoma de misionerismo. Revelan así una concepción muy estrecha del Espiritismo, olvidándose de que el mismo Kardec afirmó en LA Génesis, respondiendo a quienes preguntaban por qué el Espiritismo llegó tan tarde, que esto aconteció porque él toca todos los ramos de las Ciencias y era preciso que estas se desenvolviesen para que él surgiese. La tragedia espírita ha sido esta, desde los tiempos del Codificador. Habrá siempre en nuestro medio un cierto número de personas ilustradas que se revelan incapaces de abarcar en su entendimiento las dimensiones de la doctrina.

Fracasaron en medio del camino y no quieren avanzar ni permitir que los otros avancen. Tal vez sea un fenómeno de apego afectivo, con profundas raíces en el egoísmo. Quieren al Espiritismo solamente para ellas o para un reducido número de elegidos entre los cuales figuran. Pero desde que Eurípedes Barsanulfo fundó y dirigió, con admirable provecho, el Colegio Allan Kardec en Sacramento, allá por los finales de 1909, nadie más ha logrado ni logrará detener la marcha de la escuela espírita. Porque ella corresponde a una necesidad vital de esta fase de transición de la vida terrenal. Es una exigencia de la evolución de la Humanidad, del progreso de la Tierra.

Por esto mismo la Educación es hoy el tema más importante de la actualidad doctrinaria. Todos quieren progresar, esclarecerse, orientar a sus hijos. Y todos sienten, todos saben que la escuela espírita será la única realmente capaz de preparar a las nuevas generaciones hacia la nueva era que está surgiendo. Solo los alérgicos murmuran contra esta maravillosa victoria del Espiritismo en el mundo, contra esta manifestación incontrolable del poder de las ideas espíritas — que arrastran todo en dirección al futuro. Felices las nuevas generaciones brasileras, que dentro de poco podrán formarse enteramente en las escuelas espíritas, recibiendo una educación integral que solo ellas pueden dar, — sin las desviaciones dogmáticas del sectarismo religioso y sin las deformaciones pretensiosas del academicismo materialista.

En esta Navidad deberemos agradecer a Jesús la concesión que nos hace, permitiendo al Brasil la gracia de ser el país pionero de la Educación Espírita en la Tierra. Argentina nos acompaña con entusiasmo. En el Congreso de Mar Del Plata, el año pasado, el tema central de estudios y debates fue la Educación Espírita, que estremecieron a las delegaciones de la Confederación Espírita Panamericana, revelando la unidad continental de los espíritas al respecto. El Congreso, en uno de los ítems de sus conclusiones, reconoció la existencia de la Educación Espírita en forma institucionalizada. Este reconocimiento fue hecho frente a la situación escolar espírita en Brasil y gracias a la revista Educación Espírita.

J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"