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La pedagogía espírita PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Sábado, 13 de Diciembre de 2008 11:54

La Pedagogía Espírita ya existe. Está, por así decirlo, en las entrañas de los principios doctrinarios. Por esto mismo no está sistematizada. Tampoco aconteció así con la Pedagogía Cristiana. En las entrañas de los Evangelios, inspiró la creación de las primeras escuelas cristianas y la elaboración de los primeros manuales educativos del Cristianismo. Más tarde, desarrollado el Cristianismo, surgieron las sistematizaciones de la Pedagogía Cristiana, que se oponían al esteticismo pagano de la Pedagogía Griega y a las finalidades pragmáticas de la Pedagogía Romana. Lo que es preciso que se comprenda, antes de encarar el problema en si de la Pedagogía Espírita, es el proceso histórico de la renovación de la Cultura a través de ciclos culturales que caracterizan las fases sucesivas de la evolución humana. En el período anterior tenemos un ejemplo de esta sucesión.

La Cultura Greco-Romana había alcanzado los límites de su desenvolvimiento. Sus grandes religiones mitológicas se fundían en una sola. Pero ya no correspondían a las exigencias de la época. Griegos y romanos estaban saturados de las leyendas mitológicas y buscaban la verdad oculta detrás de este velo de fábulas. Fue entonces cuando surgió el Cristianismo. No podemos olvidar que al lado de la Cultura Greco-Romana estaba la Cultura Judía, una cultura teológica que se fundaba en la idea del Dios Único, inaugurando el monoteísmo en el mundo politeísta de entonces. Pero, por la misma necesidad de sobrevivencia, esta cultura se cerraba en un exclusivismo absoluto.

Le faltaba al Judaísmo la comprensión de Dios en sentido universal. Lo judíos eran los puros, los otros eran impuros, como griegos y romanos eran civilizados y los demás pueblos eran bárbaros. No era posible universalizar a la rígida religión judía, apegada al suelo y a la carne, presa por la tradición milenaria a los ancestros judíos y a su alianza particular con Dios, el terrible y celoso Jehová de las matanzas colectivas. El Cristianismo, naciendo de las mismas entrañas del Judaísmo, rompió la estructura sociocéntrica de la cultura judía y se abrió hacia el mundo a través del concepto renovador de la fraternidad humana. Jesús sustituyó al Jehová hebreo por el Padre universal. Dios dejaba de ser judío para universalizarse. Era el padre de todas las criaturas, de todos los hombres, de todos los pueblos y de todas las razas.

La Educación Judía no podría servir a esta idea absurda, revolucionaria, como no lo podrían las formas de la Educación Griega y de la Educación Romana. Los cristianos, en la proporción en que el Cristianismo se expandía, fueron sintiendo la necesidad de crear su propio sistema educativo. No era posible someter a la nueva cultura espiritual a las restricciones mitológicas de griegos y romanos o a las exigencias rituales de los judíos. Las escuelas cristianas surgieron como surgirían más tarde las escuelas espíritas — por una exigencia natural de la nueva situación por los principios cristianos. Comenzaron tímidamente y luego surgieron las dificultades con las autoridades romanas. ¿Cómo podrían los profesores cristianos enseñar las leyendas mitológicas? Más tarde, Juliano, el apóstata invertiría los términos de esta situación, mandando a anular el derecho de enseñar a los profesores cristianos, bajo el pretexto de que no serian sinceros al referirse a los mitos de la religión oficial del Imperio. Este episodio nos demuestra la importancia política de la Educación, por sus consecuencias en la formación cultural del pueblo.

Con el correr del tiempo, la Pedagogía Cristiana superó a sus antecesoras clásicas. Pero en la proporción en que los mitos fueron de nuevo invadiendo a la Cultura Cristiana y a las iglesias se basaban en la política y se paganizaban, la Pedagogía Cristiana se diluyó en numerosas formas pedagógicas, correspondientes a diversas órdenes religiosas. Hoy no tenemos una Pedagogía Cristiana en el sentido general, sino diversas Pedagogías adscritas a diversas Órdenes. Con la Reforma, surgieron las Pedagogías del Protestantismo. Este episodio señala como las diferenciaciones culturales exigen también elaboraciones pedagógicas específicas. El desenvolvimiento de la Cultura Espírita nos resigna con la misma posibilidad. Las diferencias culturales son inevitables en el desenvolvimiento de las variadas culturas, y cuanto mayor la expansión de la cultura, tanto mayor será el número de diferencias que pueden ocurrir. Por otro lado, la evolución de la Cultura Espírita podrá y deberá también abrir nuevas perspectivas educativas. Esta es la razón por la cual, en el título de este trabajo, usamos el recurso LA (y una) Pedagogía Espírita. Existe la Pedagogía Espírita en la propia estructura de la Doctrina, pero cualquier sistematización que hiciéramos no será "la”, sino "una" Pedagogía Espírita, sujeta a revisiones futuras. Y podrán surgir en el futuro tantas Pedagogías Espíritas cuantas se hicieren necesarias, de acuerdo con las diferencias culturales que ocurren en diversos países. La unidad de esos sistemas, entretanto, será garantizada por el modelo inicial y fundamental que permanecerá en los principios esenciales de la Doctrina. Una Pedagogía solo será espírita si estuviere fundada en estos principios. Kilpatrick sustenta que una doctrina de la Educación solo puede ser personal y sujetiva. Esto por que la unidad de la doctrina exige la elaboración personal y cada educador tiene sus conceptos o posiciones propias en la interpretación de los hechos y de los resultados de las investigaciones y experiencias.

Y lo mismo que se da en el campo filosófico, donde los filósofos de una misma corriente divergen entre si sobre varios puntos, aunque permanezcan unidos por la filiación única a una visión general del hombre y del mundo. Estamos frente a la ley de la unidad en la diversidad. No se trata de un fenómeno específico del proceso pedagógico o filosófico, puesto que en las Ciencias y en todas las demás actividades humanas ocurre lo mismo. Cada criatura humana es una consciencia personal, no obstante la consciencia humana sea la misma en sus fundamentos. Esta diversidad caracteriza la riqueza y la dinámica de la vida. Si quisiésemos esquematizar al pensamiento, encerrarlo en patrones definitivos, estancaríamos la vida, impediríamos el progreso y sofocaríamos al espíritu. Pero las esquematizaciones progresivas son necesarias, como instrumentos temporales de trabajo, de aplicación de los principios, en la medida de lo posible, a la realidad concreta del momento en que vivimos.

Por esto la elaboración de la Pedagogía Espírita es una necesidad urgente para la orientación del proceso pedagógico en las escuelas espíritas, que ya son una realidad social y cultural concreta. Las escuelas espíritas sienten esta necesidad y es urgente la realización de estudios, de investigaciones, de experiencias — y sobretodo de cursos intensivos de Pedagogía en el medio espírita — para que puedan surgir los pedagogos espíritas, debidamente aparejados con los instrumentos de la cultura actual y con las sugerencias doctrinarias, que deberán transformar en nuevos instrumentos culturales en el campo de la enseñanza y de la educación. Para atender a esta necesidad prioritaria es que se publicó la Revista Educación Espírita y que mantuviéramos al Grupo Espírita de Estudios Pedagógicos, en Sao Paulo. Infelizmente la falta de cultura pedagógica en nuestro país viene frustrando estas intenciones. Sin una comprensión exacta de la situación presente y un interés vivo de los profesores de todos los grados de enseñanza por la cultura pedagógica, el esfuerzo de la publicación de la referida revista estará amenazado por la frustración.

Pero lo peor es que esta frustración redundará en la anulación del esfuerzo de todos los que instalaron escuelas espíritas en el país. Estas escuelas, sin la orientación pedagógica necesaria, jamás serán realmente espíritas. Es esto lo que los directores de escuelas espíritas precisan comprender con urgencia, estimulando a los profesores a la comprensión del problema y a la lucha contra la pereza mental que los lleva a ignorar la existencia de una revista especializada en Educación y Pedagogía en el medio espírita. Por otro lado, las instituciones espíritas, responsables por el movimiento doctrinario, precisan despertar de su sueño mediúmnico, de tipo sonambúlico, convocando y promoviendo reuniones de estudios y debates sobre Educación y Pedagogía espíritas, en forma de seminarios y simposios. Los congresos deberían quedar para más tarde. La revista Educación Espírita servirá de termómetro para la convocación de los congresos en la hora oportuna. Los resultados de los seminarios y simposios deberían ser publicados en la revista para estimular otras realizaciones semejantes y para dar al medio espírita la medida concreta de la preparación alcanzada por los profesores espíritas que deberían participar en los congresos. De nada adelantará que mantengamos escuelas espíritas de todos los grados, y que hasta también creáramos una Universidad Espírita, si todas estas escuelas nada más tuvieren de espírita solo el nombre. Los rótulos nada significan si el vidrio estuviere vacío, si el recipiente no tiene contenido. No podemos creer que profesores espíritas continúen ignorantes de las distinciones entre Educación y Pedagogía, y más aún, que continúen confundiendo Pedagogía con métodos pedagógicos.

Esta es, realmente, una situación cultural desastrosa y completamente negativa. En esta desoladora ignorancia no estaremos en condiciones de enfrentar las tareas culturales que el Espiritismo exige de todos nosotros. La referida revista procuró suplir la falta de cursos, seminarios y simposios, publicando harto material instructivo en sus números desde 1970. Pero si este material no fuere consultado, leído y meditado por los profesores espíritas, no podrá producir ningún efecto. Por otro lado es necesario recordar que las escuelas espíritas han permanecido ajenas a este esfuerzo. Ninguna escuela se ha interesado hasta ahora por adquirir los ejemplares publicados. Sabemos que no es por despreciar el esfuerzo colectivo del pequeño grupo de profesores que vienen sustentando la llama a pesar de los pesares. Nadie desprecia lo que no conoce. Lo que ha habido es desinterés por el problema. ¿Pero cómo justificar este desinterés cuando la Educación Espírita permanece abierta a todos, solicitando colaboraciones e informaciones que no recibe de nadie? Los pocos trabajos publicados fueron solicitados insistentemente por el editor. Si no hay interés en la publicación de relatorios de investigaciones, de estudios particulares, de datos sobre el movimiento escolar y así por delante, ¿cómo podremos movilizar al medio espírita y dinamizar su interés por las escuelas espíritas?

J. Herculano Pires 
Extraído del libro "Educación Espírita"