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Como exigencia natural del desarrollo de las sociedades humanas, la Educación es un proceso que se revela espontáneamente en el medio social. Antecede, por lo tanto, a la Pedagogía. Las investigaciones sobre la Educación Primitiva, entre tribus salvajes, demostraron que donde hubiere un pequeño aglomerado humano aislado surgirá inevitablemente una forma rudimentaria de Educación. En las tribus los niños son realmente recibidos como criaturas extrañas que no conocen el sistema de vida, las creencias y los rituales del grupo. Pero como llegan a través del nacimiento deben ser bien recibidos y tratados con atención y cariño. No obstante, son conservados en observación y en una posición marginal durante buena parte de la segunda y tercera infancias, como extranjeros. Su integración en la tribu se irá haciendo poco a poco, gracias al instinto de imitación.
Más o menos a la altura de la pubertad comienzan a ser iniciados en las creencias y en los ritos de la tribu. Pero al contrario de lo que generalmente se piensa, al tratar con salvajes, esta educación natural se caracteriza por la bondad y la tolerancia. Los padres y los adultos en general respetan en la niñez sus impulsos y sus caprichos. Muchos observadores se espantan con la falta de castigo y represiones violentas de los adultos contra niños que los molestan, que generalmente perturban sus tareas. El descubrimiento de esa forma de educación tolerante sirvió para señalar a los pedagogos el verdadero sentido de la Educación. Su finalidad no es coaccionar a los educandos a engranarse en un determinado sistema de vida, en una estructura social, sino atraerlos con blandura y persuasión hacia esta integración.
Podríamos considerar los rituales de iniciación como el inicio de la educación formal en las tribus. En general será en estos ritos, ya en la pubertad, cuando el niño recibe un nombre y sometido a tatuajes y señales físicas indicando que pertenece a la tribu. Entre estas señales se encuentra, en ciertas tribus, la circuncisión usada por los judíos. Hubert acentúa que en ese momento es cuando el niño nace realmente para la tribu. Pierde su nombre infantil (simple apellido) adquiere un nombre significativo y nace para la vida tribal. Los rituales de iniciación son generalmente brutales, pero consecuentes con la necesidad de preparar al niño para enfrentar la vida en la selva. Deberá aprender a soportar dolores, torturas, privaciones, a fin de tornarse un miembro digno de la tribu. Los procesos educativos en Esparta tenían muchos de estos residuos bárbaros. Ya en Atenas los residuos cedieron lugar a nuevos métodos y surgieron principios consecuentes con la reflexión filosófica sobre el acto de educar. La Pedagogía nació en Atenas, conjuntamente con la Filosofía — dice Hubert — y esto a pesar de la existencia de modalidades pre-pedagógicas en las grandes civilizaciones orientales. Estas modalidades se constituyen más de preceptos religiosos y morales que de reflexiones sobre los problemas educativos.
La Pedagogía se define como el estudio de la Educación, análisis del proceso educativo, con la finalidad no solo de conocerlo sino también de orientarlo, gracias al descubrimiento de las leyes que lo rigen. Su definición más precisa, según nos parece, es la de la Teoría General de la Educación. Se diferencia de la Filosofía de la Educación por abarcar todos los aspectos del proceso educativo y penetrar en el campo de la práctica. La Pedagogía Aplicada implica los Métodos Pedagógicos, que son sistemas formulados artificialmente, con base en las observaciones e investigaciones de los variados campos de la actividad educativa. Implica también la utilización de los datos biológicos, Psicológicos, Sociológicos, Éticos y así por delante, que suministran a las pedagogías informaciones necesarias sobre el educando. Actualmente el uso de recursos tecnológicos enriquece el campo de las aplicaciones pedagógicas.
La Educación Espírita es un hecho nuevo, una nueva forma de Educación que surge en la era tecnológica. A pesar de originarse de una doctrina moderna, de bases científicas y desenvolvimiento filosófico, esta Educación, como todas las formas educativas, en todos los tiempos, surgió en una determinada sociedad, por exigencias de la vida práctica. La propagación del Espiritismo en nuestro país y en América, pero más acentuada en nuestra tierra, propició la formación natural de una nueva subestructura en la sociedad brasilera. Este es un dato sociológico importante para la elaboración de la Pedagogía Espírita. Ninguna sociedad se presenta maciza, puesto que todas se estructuran en camadas diversas de la población, en castas, estamentos y clases. Pero también las corrientes religiosas hacen parte de la estructura social y participan activamente de su dinámica. Cada subestructura constituye una especie de ladrillo en la formación de la estructura general de la sociedad y funciona como una pequeña sociedad. La Educación Espírita es un producto natural y espontáneo de la sociedad espírita. Figura, en nuestro contexto social, al lado de la Educación Católica, protestante, judía y otras. Quienes se extrañan que hablemos de Educación Espírita y llegan a veces al colmo de censurarnos, solo hacen confesar en público su ignorancia en este campo básico de la Cultura.
La Pedagogía Espírita se diferencia de las variadas Pedagogías religiosas y de la llamada Pedagogía General por incorporar los datos de la Ciencia Espírita. Estos datos son revolucionarios por dar, como vimos en el capítulo anterior, una visión enteramente nueva del hombre y por lo tanto del educando. Las Pedagogías más avanzadas, como las de John Dewey, Kilpatrik, Georges Kerchensteiner y René Hubert, estas dos últimas colocándose paralelamente a la concepción espírita, no corresponden a las exigencias más profundas y sustanciales de la Pedagogía Espírita. Le sirven de apoyo, de respaldo, y le ofrecen contribuciones valiosas, pero no enfrentan el problema esencial de la concepción del educando como un reencarnado. Este problema involucra graves cuestiones de orden antropológico, biológico, psicológico, moral, estético, ético, jurídico y otros, que solo la Pedagogía tiene, al menos mientras tanto y tal vez por mucho tiempo, condiciones de tratar. Dejar todo esto de lado por simple ignorancia, por temor a los preconceptos sociales y culturales o por motivos de discordias doctrinarias sería un crimen de lesa humanidad. La Educación espírita está allí, delante de nuestros ojos, en la realidad concreta de una red escolar espírita que va desde los cursos pre-primarios hasta las unidades universitarias, preanunciando la pronta formación de la primera Universidad Espírita del mundo. Por otro lado, el problema de la formación espírita será de importancia vital para la Doctrina y no tenemos el derecho de ser negligentes. Sería, por señal, cualquier negligencia en este sentido, una prueba dolorosa de la indigencia mental de los espíritas.
No nos impresionemos con los movimientos oscurantistas contra la Educación Espírita y la Cultura Espírita. Los oscurantistas permanecerán en su oscuridad, pero nuestro deber será acompañar el avance de la Doctrina, su desarrollo en dirección a las luces del futuro. La verdad siempre acaba prevaleciendo. Su fuerza es irresistible. Tenemos la prueba de esto en el ejemplo de Kardec. Su obra condenada, maldecida, rechazada y pisoteada es hoy encarada con respeto en todo el mundo, puesto que el avance de las Ciencias y las transformaciones actuales de las Religiones la están confirmando por todas partes. Procuremos trazar un esbozo de la Pedagogía Espírita, aunque modesto, ayudándola a surgir de las páginas de Kardec como las variadas formas de Pedagogía Cristiana surgieron de las páginas del Evangelio. J. Herculano Pires Extraído del libro "Pedagogía espirita"
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