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Necesidad y razones PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Jueves, 30 de Octubre de 2008 15:36

Tesis aprobada por el III Congreso Educativo Espírita Paulista, realizado en Sao Paulo del 23 al 26 de julio de 1970.

La necesidad de una Pedagogía Espírita está determinada por dos órdenes causales: la Histórica y la Consciencial, como veremos:

1. HISTÓRICA — La Pedagogía es un proceso histórico de reflexión sobre la Educación para la elaboración de sistemas educativos cada vez más consecuentes con las exigencias de la evolución humana. Por esto, en cada fase histórica aparecen nuevas formas de interpretación del acto educativo y nuevos métodos para su efectivación.

La Educación es un hecho natural, función orgánica de todas las estructuras sociales. Kerchensteiner la define como: "Acto inmanente y necesario de todas las sociedades humanas". Precede a la Pedagogía, existiendo naturalmente en los grupos humanos más primitivos. Pero en la proporción en que esos grupos evolucionan, el desenvolvimiento mental de los individuos genera la reflexión sobre la manera mejor de realizarlo. De esa reflexión, exigencia al mismo tiempo histórica y consciencias, surge y se desencadena el proceso pedagógico. La Pedagogía será así la Educación pensada, comprendida y aplicada según criterios racionales.

La reflexión pedagógica no es un hecho aislado, sino integrado en la reflexión general sobre el mundo y la vida. Para pensar en la Educación el hombre tuvo primero que pensar en el mundo, en la vida y en si mismo. Tenemos así un encadenamiento histórico más amplio: la necesidad de la Pedagogía resulta de la necesidad de la cosmovisión, que mejor interpretamos por mundividencia. Esta es la razón por la cual toda Pedagogía es el resultado necesario de una Filosofía, de una concepción general del mundo, del hombre y de la vida.

El Espiritismo es un sistema conceptual, una nueva concepción general y por lo tanto una nueva Filosofía que, por esto mismo, exige una nueva Moral y una nueva Pedagogía. Si concebimos al Todo como espíritas seremos naturalmente llevados a vivir en él como espíritas, adoptando las normas morales correspondientes a la Doctrina. Pero no somos criaturas aisladas y no queremos la vida solamente para nosotros. Tenemos hijos, descendencia y queremos transmitir a esta nuestra forma de vida. Esa transmisión se hace por la Educación, que en nuestro grado evolutivo no puede dispensar al tipo  de Pedagogía correspondiente. De ahí la necesidad histórica de la Pedagogía Espírita.

2. CONSCIENCIAL — Si en el plano fenoménico la Educación es una exigencia vital de las estructuras sociales, en el plano espiritual (o númico) será una exigencia de la consciencia. René Hubert la define así: "La Educación es una acción, pero una acción ejercida por un Espíritu sobre otro." Y agrega: "Es un llamado que el Espíritu ya situado en las esferas superiores de la existencia dirige a otro que más o menos confusamente aspira a llegar hasta allá."

Este llamado, que para, Kerchensteiner es "un acto de amor", Kant lo definía como una invitación al Ser para desenvolver "toda su perfectibilidad posible". Las razones de la Pedagogía Espírita están precisamente en esta comprensión del sentido de la Educación. La finalidad del proceso educativo no es integrar al individuo en una sociedad, en una cultura, en una época, sino llevarlo a la plena realización de sus posibilidades de perfección en esta existencia.

El Espiritismo es la doctrina de la Educación por excelencia. Esta doctrina no se contenta con la formación del ciudadano, del gentil-hombre, del erudito. Ella nos abre las perspectivas de lo infinito y pretende, como quería Pestalozzi, hacer de una criatura un espíritu universal, preparándolo para la eternidad. Solo una Pedagogía Espírita podría alcanzar estos fines de la Educación, puesto que solo ella puede basarse en una Filosofía General que representa de manera completa la realidad del Mundo, de la Vida y del Ser.  Por estas razones la Educación Espírita tiene necesariamente que ser orientada por una Pedagogía Espírita.

Naturaleza y sentido

1. NATUREZA —La naturaleza de una Pedagogía, determinada por su esencia, por los principios fundamentales que la informan, es consecuencia siempre de la Filosofía General, explícita u implícita, que la originó. La Pedagogía Espírita es la consecuencia natural y necesaria de la Filosofía Espírita expuesta en El Libro de los Espíritus y, por lo tanto, explícita en su formulación doctrinaria. En esta Filosofía se encuentra implícita la Pedagogía que tendremos ahora que desenvolver, en función del propio sistema escolar espírita que ya es una realidad social y cultural concreta.

En el libro básico la Educación figura como el instrumento eficaz de transformación del Mundo, objetivo esencial del Espiritismo. El Mundo en causa no es el planeta en su aspecto físico, sino el mundo humano, la intrincada red de relaciones socio-culturales en que vivimos en nuestras existencias terrenas. Y será por esto que la Educación se presenta, como ya ocurriera con Sócrates  y Platón, como el elemento activo de la transformación. El Mundo es el reflejo del Hombre y solo la Educación podrá transformar al Hombre.

El Espiritismo es una doctrina ética. Sus objetivos morales superan los límites de la moralidad terrena, proyectándose en el plano ético del Espíritu. Así, la Pedagogía Espírita, que debe ser la teoría general de la Educación Espírita, es de naturaleza ética. Todos sus principios deben converger hacia la finalidad doctrinaria de transformar al Hombre en un ser moral capaz de construir un Mundo Moral en la Tierra.

Según los grandes teóricos de la Educación es este el objetivo supremo de todo el proceso educativo. Véase la perfectibilidad de Kant, el problema de la naturaleza humana en Rousseau, la tesis del destino eterno del hombre y Pestalozzi, la de la solidariedad de las consciencias para la realización de la República de los Espíritus en René Hubert y así por delante. De esa manera, la naturaleza de la Pedagogía Espírita será la misma de la Pedagogía General, pero en un sentido más amplio.

2. SENTIDO — La Pedagogía Espírita, como vimos por su naturaleza, busca la integración humana en sus potencialidades totales. Su objetivo es el desenvolvimiento del hombre integral. Su sentido, por lo tanto — en términos de orientación — es humanista. Por esto ella se inserta no solo históricamente, sino también éticamente, en la secuencia natural de la evolución pedagógica, en persiguiendo al humanismo rousseauniano y más próximamente al humanismo de la Pedagogía Filantrópica de Pestalozzi. Pero así como en Pestalozzi, el humanismo de Rousseau se definió en actividad práctica, descendiendo del olimpo teórico a la realidad terrenal, entonces en la Pedagogía Espírita el filantropismo ingenuo de Pestalozzi deberá concretizarse en normas de formación moral positiva del Hombre.

¿Por qué es más amplio el sentido ético de la Pedagogía Espírita, en relación con el de las escuelas pedagógicas que la precedieron? Porque la Pedagogía Espírita se fundamenta en una visión teórico-práctica del Universo y del Hombre que no se restringe al plano fenoménico, no se encierra en los estrechos límites de lo existencial sino que se abre en las perspectivas de la dialéctica pluriexistencialista. Y también porque la teoría de las existencias sucesivas se confirma objetivamente en la experiencia científica, en la realidad comprobada de la ley natural de la reencarnación.

Encarada de esa manera, la Pedagogía Espírita es simplemente las especificaciones pedagógicas del proceso universal de la palingenesia, que abarca todas las formas de metamorfosis de los seres del Universo. Así, la Educación Espírita no es un sistema restringido de escolaridad efímera, sino la conscientización en el hombre de todo el vasto y complexo proceso de evolución que abarca al Universo.

J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"