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Aparición de un niño y su tía PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Domingo, 05 de Octubre de 2008 16:02

Mme. Cox, Summer Hill, Queenstown, Irlanda 1
1 Les Hallucinations télépathiques.                                                         

“En la noche del 21 de agosto de 1869, entre las ocho y las nueve, estaba sentada en mi cuarto, en casa de mi madre, en Devonport. Mi sobrino, un muchacho de siete años, estaba acostado en la estancia vecina. Me sorprendió mucho verle entrar de pronto corriendo en mi cuarto; él gritaba con espanto: « ¡Oh! tía; acabo de ver a mi padre dar vueltas alrededor de mi cama.» Yo respondí: «¡Qué tontería! Has debido soñar.» El niño dijo: «No, no he soñado», y se negó a volver al cuarto. Viendo que no podía persuadirle de entrar en él, le acosté en mi cama. Entre las diez y las once, yo me acosté también.

“Aproximadamente una hora después vi con claridad, mirando a uno y otro lado con gran asombro, la forma de mi hermano sentado sobre una silla y, cosa que me llamó particular mente la atención, con una palidez mortal en su rostro. (Mi sobrino estaba en aquel momento profundamente dormido.) Me asusté tanto (yo sabía que mi hermano estaba en aquel momento en Hong-Kong), que me tapé el rostro con las sábanas. Poco después oí claramente su voz que me llamaba por mi nombre, nombre que repitió tres veces. Cuando miré había partido.


“Al día siguiente dije a mi madre y a mi hermana lo que había ocurrido y que tomaría nota de ello, lo cual hice. El primer correo de China nos trajo la triste nueva de la muerte de mi hermano, ocurrida, súbitamente, el 21 de agosto de 1869 en la rada de Hong-Kong a consecuencia de una insolación.”

Minnie Cox

Según datos complementarios, la fecha de la muerte precedió algunas horas a la aparición. Es imposible admitir en este caso alucinación, pues el mismo espíritu se hace ver a un niño y a una mujer que no estaban juntos. Cada uno reconoce la aparición, y, en el último caso, para afirmar su identidad, el hermano llama a su hermana por tres veces. El alma tenía interés evidentemente en señalar su presencia de una manera eficaz y debemos inducir legítimamente que estaba materializada. La hermana ha mirado tan atentamente a su hermano, que ha notado la palidez excesiva de sus facciones; descartemos aquí toda interpretación que no sea la de atribuir al alma desencarnada el poder de demostrar su supervivencia.

Terminemos esta copia de datos, tomadas de la Société de recherches psychiques, con dos casos de tal modo probatorios, que son superfluos todos los comentarios.