Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Estudio del periespíritu PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Martes, 29 de Noviembre de 2011 16:01

¿De qué está formado el periespíritu, cuya existencia se nos demuestra durante la vida y después de la muerte? ¿Cuál es la sustancia que constituye esta envoltura permanente del alma? Esta es la primera cuestión que vamos a procurar resolver. Todos los relatos, todos los experimentos citados, no nos han dado datos sobre este importante punto; no ha sido posible someter ese cuerpo submaterial a nuestros reactivos. Nos es forzoso, pues, en cuanto al presente, referirnos a lo que la observación y los espíritus nos han dicho a este respecto. Por demás, difícilmente podríamos encontrar mejores instrucciones que las que producen las apariciones. No olvidemos que ponen en acción leyes que aún tenemos que descubrir, pues han demostrado que una materia invisible a la vista puede impresionar una placa fotográfica incluso en la oscuridad más absoluta. Los fenómenos de traslación son otra prueba de su acción sobre la materia, que se produce por procedimientos que no sospechamos aún. ¿Y qué decir de estas materializaciones que engendran por un instante a un ser tangible, tan vivo como nosotros, sino que la ciencia humana es radicalmente impotente para explicar esas manifestaciones de una biología extraterrestre?

Hasta más amplio informe, nos contentaremos con las exposiciones que tienen a bien darnos las individualidades del espacio, e intentaremos establecer que no tienen nada contrario a las leyes comunes, no tomadas en su acepción estrecha, sino consideradas en su filosofía. No hay que pedir en estos estudios una demostración en regla, que sería imposible dar; pero sí se puede por analogías sacadas de las leyes naturales, formarse una idea bastante clara de la causa de los fenómenos y de su probable manera de producirse. Eso nos permitirá hacer un progreso en el camino de la investigación, expulsando de nuestras concepciones la idea de lo sobrenatural. El conocimiento del periespíritu tiene una gran importancia para la explicación de las anomalías que presentan los sujetos sonambúlicos en los casos bien probados de vista a distancia telepatía, transmisión del pensamiento y pérdida del recuerdo despertar. Igualmente, los fenómenos de personalidades múltiples, los casos de bicorporeidad y las apariciones tangibles de que hemos hablado, pueden comprenderse muy bien admitiendo nuestra teoría, mientras que son completamente inexplicables por la enseñanza materialista.

Los sabios oficiales observan frente a estos hechos un prudente mutismo. Si por la mayor de las casualidades hablan de ellos es para declararlos apócrifos, indignos de ser atendidos y estudiados por hombres inteligentes, y los señalan como los últimos vestigios atávicos de las supersticiones de nuestros antepasados. Sin embargo, es preciso, de una vez por todas, entenderse acerca de este particular. No ignoramos que apenas se puede discutir con el preconcepto, y que el Espiritismo está hoy, o poco menos, en la situación en que se encontraba el magnetismo hace algunas décadas. La historia está ahí para mostrarnos la obstinación estúpida de aquellos que están petrificados en sus ideas preconcebidas. Sabemos a qué atenernos acerca de la penetración de espíritu de los sucesores de aquellos que creían que las piedras talladas las producía el trueno, y que han negado la electricidad mofándose de Galvani; que han infamado y perseguido a Mesmer; tratado de locura el teléfono y el fonógrafo, así como todos los demás descubrimientos nuevos. Por ello, sin tener en cuenta este ostracismo, más o menos sincero, expondremos valerosamente nuestra opinión apoyándola en hechos positivos bien estudiados. A despecho de todas las negaciones posibles, el fenómeno espírita es hoy una verdad también comprobada, que no hay hecho científico mejor establecido entre aquéllos cuya observación no es diaria, tales como la caída de aerolitos, las auroras boreales, las tempestades magnéticas, la rabia, etc. La ciencia es tenue en este dilema: o bien los espíritus son charlatanes y todo lo que anuncian es falso, y entonces debe desenmascararlos, puesto que está encargada de la instrucción del pueblo, o bien los hechos observados como producidos por los espíritus son reales pero mal referidos, y las conclusiones que de ellos se extraen son erróneas; en este caso, la ciencia está igualmente obligada a rectificar estos errores. Pero sea la que fuere la eventualidad que se considere, el silencio o el desdén no son admisibles. Por esta razón es por lo que llamamos sinceramente la atención de los hombres de buena fe acerca de nuestras teorías, que, aunque muy incompletas aún, dan cuenta de una manera lógica de los fenómenos que hemos detallado anteriormente. He aquí, sucintamente, los principios generales en que nos apoyamos. Son los de Allan Kardec, que ha resumido magistralmente en su obra toda la enseñanza que se deriva de la instrucción de los espíritus.(1)

Principios generales

Reconocemos la existencia de una causa eficiente y directora del Universo; es la sublime Inteligencia que mantiene la armonía del Cosmos por su voluntad todopoderosa, inmutable, infinita, eterna. El alma, la fuerza y la materia, son igualmente eternas. No pueden aniquilarse. La ciencia confirma la conservación de la materia y de la energía (2); prueba rigurosamente que indestructibles, pero indefinidamente transformables; de la misma manera el Espiritismo establece la certeza de la inmortalidad del yo pensante. El principio espiritual es la causa de todos los fenómenos intelectuales que se producen en los seres vivientes; en el hombre este principio se convierte en el alma, que se revela ante observación como absolutamente distante de la materia, no sólo porque las facultades que la determinan (tales como la sensación, el pensamiento y la voluntad) no se pueden concebir revestidas de propiedades físicas, sino, y sobre todo, porque es una causa de movimiento y porque se reconoce plenamente, lo que la diferencia de todos los otros seres vivos, y con mayor razón de los cuerpos brutos.

 

Estas obras contienen todos los estudios relativos al alma y a su porvenir. La naturaleza del alma es desconocida; tratar de definirla diciendo que es inmaterial, no significa nada, a menos que por esta palabra se entienda precisar su diferencia de constitución con la materia; pero cualquiera que sea su modo de existencia se muestra simple e idéntica. Nuestra ignorancia acerca de la naturaleza del alma es, por lo demás, del mismo orden y tan absoluta como la que concierne a la naturaleza de la materia de la energía; somos completamente ineptos, por ahora, penetrar las causas primeras. Es preciso, pues, contentarnos con definir el alma, la materia y la energía por sus manifestaciones, sin querer investigar de cualquier manera si proceden las unas de las otras. El alma no es, ciertamente, la resultante de las funciones vitales del cerebro, puesto que subsiste después de la muerte del cuerpo. El análisis de sus facultades establece que es simple; es decir, indivisible, y la experiencia espírita confirma esta verdad, demostrando que después de la muerte mantiene íntegra su personalidad. El Espiritismo, que no se apoya sino sobre los hechos, reduce, pues, a la nada todas las teorías que pretenden que el alma sufre algún tipo de desagregación. Lo que se comprueba, por el contrario, es la indestructibilidad del principio pensante. El alma desenvuelve sus facultades por una evolución incesante que tiene por teatro, alternativamente, el espacio y el mundo terrestre. En cada uno de estos pasajes adquiere una nueva suma de conocimientos intelectuales y morales que conserva siempre, y que perfecciona y aumenta a través de una evolución sin fin.

El alma posee un libre albedrío que se va graduando según el innúmero de encarnaciones, y su responsabilidad depende de su grado de adelanto moral e intelectual. Del mismo modo que el mundo físico está regido por leyes inmutables, así el mundo espiritual es regido por una justicia infalible; de manera que las leyes morales tienen una sanción absoluta después de la muerte. Como el Universo no se limita al imperceptible grano de arena que habitamos, y el espacio hormiguea de soles y planetas en número indefinido, admitimos que las existencias futuras del principio pensante pueden desarrollarse en diversos sistemas, de forma que nuestra existencia se perpetúe en la inmensidad sin límites. ¿Cómo puede el alma realizar un proceso evolutivo conservado su individualidad y los conocimientos adquiridos? ¿Cómo obra sobre la materia tangible durante la encarnación? Es lo que hemos tratado de establecer en nuestro estudio sobre La evolución anímica. Pero primero debemos comprender bien el papel de cada una de las partes que constituyen el hombre viviente.

Gabriel Delanne

Extraído del libro "El alma inmortal"

1 Allan Kardec: Le Livre des Esprits, Le Livre des Médiums, Le Ciel et l’Enfer, la Genése, l’Evangile selon le Spiritisme.

2 El descubrimiento de la radioactividad de los cuerpos demuestra que la materia se destruye y vuelve a la energía que la ha engendrado. No obstante, no hay contradicción, puesto que siendo eterna la energía, y la materia es un modo de esta energía, resulta que sólo cambia de forma sin llegar nunca a aniquilarse.