|
“Una señora, afectada desde hace algún tiempo de ceguera incompleta, solicitaba de nuestras sonámbulas algunos remedios para detener los progresos de amaurosis, que pronto no le permitirían distinguir la claridad de las tinieblas. Un día de sesión (17 octubre 1820), la sonámbula consultada dijo:
“-Una joven virgen me presenta una planta... está toda en flor... no la conozco... no se me dice el nombre... no obstante, es necesaria a la señorita J...
“-¿Dónde encontrarla? —le dije—, pues no tenemos ninguna Planta en floración en el campo en la fría estación en que estamos. ¿Será preciso ir a buscarla lejos de aquí?
“-No os preocupéis —respondió la sonámbula—, nos la procurarán si es preciso.
“Como insistiéramos en saber si la joven virgen querría indicarnos el lugar dónde hallarla, la señora ciega, que se encontraba en presencia de la sonámbula, exclamó:
“-Dios mío, palpo una planta toda en flor en mi delantal, acaban de depositarla en él... Vea usted, Virginia (éste era el nombre de la sonámbula)... vea usted si es la que hace poco le presentaban.
“-Sí, señora; es la misma en efecto —respondió Virginia—: alabemos y bendigamos a Dios por esta flor.
“Examino entonces la planta. Es un arbustillo, aproximadamente como una planta mediana de tomillo. Las flores labiadas, en forma de espiga, exhalaban un olor delicioso. Me pareció era el tomillo de Creta. ¿De dónde procedía aquella planta? ¿De su país natal o bien de algún invernadero? Esto es lo que no se ha sabido. Pero lo que sé muy bien, es que poseo un tallo, que la joven virgen no me concedió sino después de muchos ruegos.”
Para quien ha podido convencerse, por la lectura de su libro, de la buena fe y de la lealtad del Dr. Billot, no es posible poner en duda la sinceridad de este relato. Diremos, pues, con él: “¿Esta primera observación no prueba de una manera concluyente el espiritualismo?¿Necesita comentarios? ¿No pone en entredicho toda teoría diferente de la que exponemos (intervención de los espíritus)? ¿Estamos equivocados al decir que es la única que puede dar razón de un fenómeno tan extraordinario?”
Haremos observar que no podía haber superchería, porque la planta era desconocida en el país, y además florida, cuando la estación no se prestaba a ello de ningún modo. No olvidemos tampoco el olor delicioso que se difundió de repente en la habitación cuando apareció la planta. Solamente este detalle bastaría para asegurar la autenticidad del fenómeno. Hemos citado este hecho no sólo por reafirmar la realidad de la visión, sino también a fin de establecer el poder que tienen los espíritus de obrar sobre la materia por medio de procedimientos que nos son aún completamente desconocidos.
Deleuze no pone en duda el fenómeno, pues le han referido a menudo otros semejantes. “He tenido esta mañana la visita —responde—, de un médico muy distinguido, hombre de talento, que ha leído varias memorias en la Academia de Ciencias. Vino para hablarme del magnetismo. Le he referido algunos hechos que conozco por usted, sin nombrarle, no obstante. Me ha respondido que eso no le sorprendía, y me ha citado un gran número de hechos análogos que le han presentado varias sonámbulas. Podéis juzgar que he quedado muy sorprendido, y que es del mismo orden que el de la rama de tomillo de Creta...”
Se ve por este testigo que los fenómenos de aportes no eran desconocidos desde principios del último siglo. Esto demuestra una vez más la continuidad de las manifestaciones espiritistas, que han tenido lugar constantemente, pero que el público rechazaba como diabólicas o porque las creía apócrifas y producidas por charlatanes. Si no careciésemos de espacio, daríamos a conocer cómo Billot entraba en relación con los espíritus por mediación del dedo de un sujeto, en aquel momento perfectamente despierto, por una especie de tiptología particular. Nos contentaremos remitiendo al lector a aquella interesante correspondencia, para conceder la palabra a otros testigos.
Gabriel Delanne
Extraído del libro "Alma es inmortal"
|