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Las investigaciones de M. de rochas.. PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Miércoles, 12 de Agosto de 2009 15:48

Las investigaciones de M. de rochas y del doctor luys.

Las comunicaciones de los espíritus, junto a los relatos de los sonámbulos y de los médiums videntes, confirmados por las fotografías y las materializaciones de los vivos y de los desencarnados, afirman que el alma siempre tiene una forma fluídica. La existencia de esta envoltura del alma, llamada periespíritu por los espíritas, resulta igualmente de la evidencia de los hechos relatados anteriormente; este doble etéreo, inseparable del espíritu, existe, pues, en el cuerpo humano en estado normal, y las siguientes experiencias van a permitirnos estudiar experimentalmente este nuevo órgano.

Acabamos de asistir a la exteriorización total del alma humana. La hemos fotografiado en el espacio cuando está casi libre, en un estado vecino al que será permanente después de la muerte.

Es interesante saber por qué procedimientos puede producirse. Al mismo tiempo que este estudio nos instruirá acerca del proceso de la salida astral, puede hacernos adquirir nociones directas sobre las propiedades del periespíritu, y estos conocimientos nos serán preciosos para informarnos sobre el género de materia de que está compuesto.

Investigaciones experimentales sobre las propiedades del periespíritu

El sabio investigador, M. de Rochas1, ha conseguido establecer la objetividad de la luz ódica, que el barón de Reichenbach atribuía a todos 1 De Rochas, Extériorisation de la Motricité. los cuerpos cuyas moléculas tienen una orientación determinada1. Ha examinado particularmente los efluvios producidos por los polos de un poderoso electroimán —por medio de un sujeto hipnótico— haciéndole analizar las luces que veía por medio de un espectroscopio que da la longitud de la onda característica de cada color, y comprobando sus afirmaciones con una contraprueba por medio de la luz polarizada.

Las interferencias y los refuerzos de la luz han estado siempre de acuerdo con las que deben ocurrir en el estudio de una luz realmente percibida. Parece resultar de estos experimentos, que los efluvios podían ser únicamente debidos a las vibraciones constitucionales de los cuerpos transmitidos al éter ambiente; pero es preciso, tal vez, ir más lejos y admitir que hay emisión por el arrastre de cierto número de partículas desprendidas del cuerpo mismo, pues los efluvios oscilan como las llamas con los desplazamientos del aire.2

El cuerpo humano emite, pues, efluvios cuya coloración es variable. En unos el lado derecho del cuerpo es rojo, y el lado izquierdo violeta, igualmente, con matices de los mismos colores, son los rayos fluídicos que brotan por todas las aberturas del rostro. Otros invierten estos colores, pero están siempre dispuestos de una manera semejante para el mismo sujeto si el experimento no se prolonga demasiado. Prosiguiendo sus estudios acerca de la hipnosis, el sabio investigador ha llegado a descubrir modificaciones notables en cómo se hace patente la sensibilidad.

Hasta entonces se creía que su dominio se limitaba a la periferia del cuerpo; hay que reconocer que puede exteriorizarse. He aquí lo que afirma M. de Rochas: “Voy a emprender de nuevo el estudio de las modificaciones de la sensibilidad, sirviéndome primero de las indicaciones de un sujeto A, cuyos ojos han sido previamente llevados al estado en que perciben los efluvios exteriores 3, que examine lo que pasa cuando magnetizo un sujeto B, presentando en estado de vigilia una sensibilidad cutánea normal.

“Desde que en éste la sensibilidad normal comienza a desaparecer, el vello luminoso que cubre su piel en el estado de vigilia parece disolverse en la atmósfera, luego reaparece al cabo de algún tiempo bajo la forma de ligera neblina que, poco a poco, se condensa, siendo cada vez más brillante, tomando definitivamente la apariencia de una capa muy delgada, sobresaliendo tres o cuatro centímetros de la piel y siguiendo todos los contornos del cuerpo.

“Si yo, magnetizador, obro sobre esta capa de alguna manera, experimenta las mismas sensaciones que si hubiese obrado sobre su piel, y no siente nada o casi nada si obro fuera de esta capa; no siente nada tampoco, si la que obra dentro de esta capa es una persona que no está en relación con el magnetizador que opera. “Si continúo la magnetización, A ve formarse alrededor de B una serie de capas equidistantes, separadas por un intervalo de seis a siete centímetros (el doble de la distancia de la primera capa respecto a la piel), que se suceden a veces hasta dos o tres metros penetrándose y entrecruzándose de una manera apreciable; B no siente el contacto, las picaduras, la quemazón sobre sus miembros; su sensibilidad disminuye proporcionalmente al alejamiento del cuerpo de esas capas.

“Con el proceso de la exteriorización de la sensibilidad una vez conocido, era mucho más fácil continuar las observaciones sin el reconocimiento del sujeto viviente A. He podido advertir así, por numerosos ensayos, que la primera capa sensible exterior se formaba generalmente en el tercer estado, que en algunos sujetos no aparecía jamás, y que en otros, por el contrario, se producía, bajo la influencia de algunos pases, desde el estado de credulidad, que es una manifestación casi invisible del estado de vigilia, o incluso, sin ninguna maniobra hipnótica, a consecuencia de una emoción, de una perturbación nerviosa, y tal vez hasta de una simple modificación del estado eléctrico del aire.

“Si es verdad que la sensibilidad se dirige sobre las capas concéntricas exteriores, el sujeto deberá, acercando las palmas de las manos, percibir la sensación del contacto cuando se toquen dos capas sensibles, y esto es, efectivamente, lo que ocurre. “Es más, si se entremezclan las capas sensibles de la mano derecha con las de la mano izquierda de manera que estén regularmente alternadas, una llama pasada sobre esas capas dejará sentir una quemadura, sucesiva y alternativamente, sobre ambas manos.”

1 Véase la Revue Scientifique del 25 de diciembre de 1897. M. Russell ha hecho saber a la Sociedad Real de Londres, que ciertos metales impresionan la placa fotográfica en la oscuridad, aun a través de una capa de barniz copal o de una de celuloide.
2 Ese arrastre de partículas se produce evidentemente en los líquidos; se llama evaporación. Los Sres. Fusiéri, Bizio y Zantédeschi han establecido la realidad del mismo hecho para los cuerpos sólidos. Han dado a ese fenómeno el nombre de sublimación lenta. Dr. Fugairon. Essai sur les phénoménes électriques des étres vivants.
3 M. Luys ha hecho constar, por medio del oftalmoscopio, que el fondo del ojo del sujeto hipnotizado presenta un fenómeno de eretismo vascular extrafisiológico, y que los vasos sanguíneos casi han triplicado su volumen.

Gabriel Delanne
Extraído del libro "Alma Inmortal"