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Si la buena fe de los asistentes es generalmente poco sospechosa, no ocurre lo mismo con la de los médiums, que puede estar muy sujeta a caución. Es cierto que los médiums profesionales están a veces tentados a suplir las manifestaciones cuando éstas tardan demasiado tiempo en producirse; pero esta simulación sólo puede tener lugar con los fenómenos más sencillos; no engañan más que a observadores simples e inexpertos, lo que no es el caso de los sabios cuyos nombres hemos citado. Estos últimos operan tomando todas las precauciones necesarias.
Los fenómenos de materialización, a causa de su singularidad, son los que les merecen la más severa vigilancia, y los experimentadores, escépticos al comienzo de sus investigaciones, sólo se han dejado conducir a la certeza de su realidad cuando se les ha hecho evidente que estas materializaciones no podían ser producidas por disfraces del médium o por compadres que hubiesen jugado el papel del espíritu.
Tomemos, por ejemplo, las investigaciones ya clásicas de William Crookes. Después de tres años de indagaciones, casi siempre en su propia casa o en su laboratorio, pudo fotografiar simultáneamente al espíritu y a la médium (1) y asegurarse de que la aparición no era debida a un disfraz de Florencia Cook. Por lo demás, en ciertas ocasiones, esta joven de quince años permaneció semanas enteras en la casa del profesor, por lo cual le era imposible preparar las maquinaciones necesarias para ejecutar semejante impostura. En todas las memorias serias que han sido publicadas sobre las materializaciones, la primera parte del relato está consagrada a la exposición de las precauciones tomadas para evitar una superchería, siempre sospechable. 1 William crookes, Investigaciones sobre el Espiritualismo. Véase al fin del volumen: Mediumnidad de miss Florence Cook. El gabinete del médium es cuidadosamente examinado; se observa que no haya trampa ni ventana disimulada, ni plafones que puedan servir para ocultar a uno o varios sujetos. Las puertas de la reunión están a veces selladas con papeles timbrados, de manera que no se podrían abrir sin ruido y sin romper los papeles. Allí el médium es severamente registrado, y con frecuencia desnudado, de forma que no puede ocultar nada que pueda servir para un disfraz cualquiera. Una vez terminados estos preliminares, se pone al médium en la imposibilidad de cambiar de sitio. Algunas veces, como hicieron Varley y Crookes, se pasa a través del cuerpo del sujeto una corriente eléctrica que a la vez pasa por un galvanómetro, que asegura la inmovilidad del médium, pues el menor movimiento ocasionaría una diferencia en la resistencia del circuito y se revelaría por las variaciones de intensidad de la corriente, que el galvanómetro indicaría. A pesar de estas precauciones, el espíritu se muestra como siempre, lo que establece la perfecta independencia de la aparición. Otras veces las manos y los brazos del médium son atados con cuerdas fuertemente anudadas, y sobre los nudos se ponen sellos de lacre. Con una correa se rodea el cuerpo y sirve para sujetar al médium a su silla, donde se hacen nudos que son, a su vez, sellados; finalmente, el extremo de la ligadura es atado a una anilla, fuera del gabinete, a la vista de todos los espectadores. A menudo, también se han empleado sacos o redes cerradas y selladas como acabamos de explicar. Se ha llegado a emplear jaulas; a pesar de todas estas precauciones, los hechos se han reproducido exactamente igual que cuando el médium está libre. Existen, incontestablemente, numerosas y absolutas pruebas de que el médium no puede engañar; una de ellas es cuando en las propias habitaciones de los investigadores se fotografía simultáneamente al espíritu y al médium, como no puede haber amigo que simule la aparición es del todo evidente que el médium no es, conscientemente, el autor del fenómeno. Fenómenos de esta naturaleza han sido observados por William Crookes, por Aksakoff, por el Dr. Hitchman, etc.(1) 1 Aksakoff, Animisme et Spiritisme.Los moldes de miembros de formas materializadas no son menos probatorios. No tan sólo porque es imposible simularlos, puesto que no se puede hacer un molde completo de la mano sin que esté compuesto de varias piezas, cuyas junturas serían visibles, mientras que los elaborados por los Espíritus carecen de ellas, sino también porque un molde que no tuviera partes no podría ser retirado, pues es evidente que la muñeca es más estrecha que la mano a la altura de los nudillos. En los experimentos que hemos citado, el molde de la mano física del médium difiere por completo del de la aparición, lo que establece claramente dos cosas: 1° la sinceridad del médium; 2° que la mano fluídica no es debida a su desdoblamiento. No hay que olvidar tampoco que casi siempre la parafina pesada por los operadores antes y después de las sesiones. El peso del molde y el de la parafina no empleada es igual al peso primitivo, de donde se deduce que el molde ha sido fabricado en ese mismo lugar y no traído de fuera. Suponiendo a los médiums dotados de una astucia desconocida hasta ahora, no se puede ir contra la evidencia de las fotografías y de los moldes. Estamos, pues, obligados a apartar la hipótesis de una superchería, por lo menos en los casos citados por nosotros. Gabriel Delanne Extraído del libro "El alma es inmortal"
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