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Estudios experimentales PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Viernes, 12 de Junio de 2009 15:16

Estudios experimentales sobre el desprendimiento del alma humana.

Una ciencia no está verdaderamente constituida sino cuando puede demostrar experimentalmente las hipótesis que le son sugeridas por los hechos. El Espiritismo tiene derecho al nombre de ciencia porque no se ha limitado a la simple observación de los fenómenos naturales que establecen la existencia del alma durante la encarnación terrestre y procedimientos para llegar a la demostración de sus teorías, y se puede decir que el magnetismo y la ciencia pura le han sido poderosos auxiliares para establecer la precisión de sus enseñanzas.

Los numerosos ejemplos que hoy existen del desdoblamiento del alma demuestran que se debe poder reproducir experimentalmente estos fenómenos; se han hecho numerosas investigaciones en este tema coronadas de éxito. Se ha dado el nombre de animismo a la acción extracorporal del alma, pero esta distinción es puramente nominal, siendo idénticas, con muy poca diferencia, estas manifestaciones, tanto si se producen durante la vida como después de la muerte.

En efecto, la acción del alma fuera de los límites de su cuerpo no se traduce solamente por fenómenos de transmisión de pensamiento o de apariciones; puede incluso acusarse por desplazamientos de objetos materiales que atestiguan su presencia... Entonces los asistentes se encuentran frente a los mismos hechos que los producidos por el alma desencarnada. Es una observación de la mayor importancia en la cual no se ha fijado la atención suficientemente. Si verdaderamente el espíritu de un hombre que vive en la Tierra sale momentáneamente de su envoltura corporal para hacer mover una mesa de forma que dicte una comunicación por medio de un alfabeto convencional; si el espíritu de un encarnado es capaz de obrar sobre un médium escribiente para transmitirle su pensamiento si el espíritu de un habitante de la Tierra puede ser fotografiado a gran distancia de su cuerpo; si, en fin, es posible obtener un molde de la personalidad exteriorizada de aquel individuo, es superfluo atribuir estos fenómenos a otros factores que no sea el alma desencarnada cuando se observan en las manifestaciones espíritas, es decir, en aquellas en que toda intervención de un ser vivo es imposible. Según el método científico, en cuanto los efectos de una causa han sido bien definidos, basta que se verifiquen los mismos efectos para estar seguro de que la causa no ha cambiado.

En el estudio de los fenómenos del Espiritismo se debe aplicar la misma regla. Puesto que el alma humana posee el poder de mover su cuerpo es lógico admitir que después, cuando está en el espacio, su potencia sea la misma si sobrevive íntegramente, y si está en comunicación con un organismo vivo, análogo al que se poseía. Ahora bien; sabemos por testigos auténticos que conserva un cuerpo real, pero fluídico, que no ha perdido nada de sus facultades, puesto que las ejerce como antes; así pues, si los hechos observados del animismo son completamente semejantes a los del Espiritismo, es que la causa es la misma; es decir, el alma encarnada en nosotros. Esta relación de causa a efecto, que señalamos en los casos de telepatía, vamos a crearlos voluntariamente, de manera que no será ya posible atribuir a la casualidad o a coincidencias fortuitas los fenómenos que produzcamos. En una palabra, procederemos experimentalmente con objeto de obtener resultados previamente designados. Si estas previsiones se realizan, es que las hipótesis según las cuales estas investigaciones han sido instituidas son exactas. Veamos, pues, las experiencias que ya no permiten dudas acerca de la posibilidad para el alma de salir de su envoltura corporal; son múltiples y variadas, como vamos a comprobar. Volvamos un instante sobre los Phantasms of the living para tomar de dicha publicación el relato siguiente, en que la manifestación es consecutiva a la voluntad de aparecer en un sitio determinado.

Aparición voluntaria

El caso es interesante porque dos personas han visto la aparición voluntaria del agente; el relato está copiado de un manuscrito de M. S. H. B.; lo había transcrito él mismo de un diario un el cual relataba los acontecimientos que le ocurrían cotidianamente. “Cierto domingo por la tarde del mes de noviembre de 1881, terminé de leer un libro en que se hablaba del gran poder que puede ejercer la voluntad humana, y resolví, con toda la fuerza de mi ser, aparecer en uno de los dormitorios del segundo piso de una casa situada en el número 22, Hogarth Road, Kensington.

En dicho cuarto dormían dos personas conocidas mías: las señoritas L. S. y... y C. E. V..., de veinticinco y once años respectivamente. Yo vivía a la sazón en el número 23, Kildare Gardens, a una distancia de tres millas aproximadamente, de Hogarth Road y no había hablado de la experiencia que iba a intentar a ninguna de aquellas dos personas, por la razón bien sencilla de que la idea de aquel experimento no les acudiese el domingo por la noche al irse a acostar. Yo quería aparecer a la una de la madrugada, muy resuelto a manifestar mi presencia.

“El jueves siguiente fui a ver a aquellas señoritas y, durante nuestra conversación (y sin que yo hiciese ninguna alusión a lo que había intentado), la mayor me refirió el incidente siguiente: “El domingo precedente, durante la noche, me había visto de pie, delante de su cama, lo cual le causó gran espanto; y, cuando la aparición se adelantó hacia ella, gritó y despertó a su joven hermana, que me vio también. “Le pregunté si estaba bien despierta en aquel momento y me firmó categóricamente que lo estaba. Cuando le pregunté a qué hora había ocurrido aquello, me contestó que hacia la una de la madrugada. A petición mía, aquella señora escribió un relato de lo ocurrido y lo firmó". “Era aquélla la primera vez que yo intentaba una experiencia de aquel género y su completo éxito me impresionó mucho. No era solamente mi voluntad la que yo había puesto fuertemente en tensión; hice también un esfuerzo de una naturaleza especial que me es imposible describir.

Tenía conciencia de una influencia misteriosa que circulaba por mi cuerpo, y tenía la impresión clara de ejercer una fuerza que no había conocido hasta entonces, pero que puedo desde entonces poner en acción, en ciertos momentos, cuando quiero.” El Sr. B... añade: S.H.B... “Recuerdo haber escrito la nota que figura en mi diario una semana después de ocurrido y mientras el recuerdo que tenía era aún muy fresco. “He aquí cómo la Srta. Vérity refiere el mismo acontecimiento: 28 de enero de 1883 “Hace aproximadamente un año cuando, un domingo por la noche, en nuestra casa de Hogart Road, Kensington, vi claramente al Sr. M. B... en mi dormitorio hacia la una de la madrugada. Estaba completamente despierta y muy asustada; mis gritos despertaron a mi hermana, que vio también la aparición.

Tres días después, cuando encontré a M. B... le mencioné lo ocurrido. Yo no me repuse hasta algún tiempo después de la impresión que recibí y guardo de ella un recuerdo tan vivo, que no se puede borrar de mi memoria.” L. S. VÉRITY En respuesta a mis preguntas, la Srta. Vérity añade: “Yo no había tenido jamás ninguna alucinación.” Varias circunstancias de este relato son completamente características y van a permitirnos asentar nuestra opinión. En primer lugar, conviene observar que la Srta. Vérity no es un sujeto magnético, que ella no ha tenido jamás alucinaciones y que su salud es normal. La aparición se muestra a ella con todos los caracteres de la realidad, tan persuadida está de la presencia física de M. B... en su habitación, que lanza un grito cuando le ve adelantarse hacia su cama; ella comprueba, pues, que el fantasma se desplaza con relación a los objetos que le rodean, lo que no tendría lugar si su visión fuese interior.

En aquel momento, su hermana se despierta y ve también la aparición. Si se puede suponer, lo que es difícil dadas las circunstancias, una alucinación por parte de la Srta. Vérity, es completamente improbable que la hermanita quedase también, al despertarse, inmediatamente ilusionada. En la vida ordinaria no basta decir a alguien: “He aquí al señor tal”, para que al momento se produzca una alucinación. Así pues, ya que la imagen de M. B... se desplaza, que es percibida simultáneamente por las dos hermanas, es que tiene una existencia objetiva, es que se encuentra realmente en el cuarto. ¿Qué consecuencias sacar de esta presencia efectiva?

Descartada la alucinación como causa del fenómeno, es preciso admitir que M. B... se ha desdoblado, es decir, que mientras su cuerpo físico quedaba en casa, su alma se ha transportado a la habitación de Hogarth Road y ha podido materializarse suficientemente para dar a las dos jóvenes la impresión de que era M. B..., es decir, él mismo. Observamos que el alma, en este estado, reproduce idénticamente la fisonomía, la estatura, los ademanes del ser viviente. Además, la distancia que separa el cuerpo de su principio inteligente no parece influir nada sobre el fenómeno. Hemos comprobado que dichas observaciones son generales y se aplican a todos los casos espontáneos observados. El agente ha podido desdoblarse voluntariamente. En el caso siguiente vamos a comprobar que tiene necesidad de la ayuda de otro para llegar al mismo resultado.

Gabriel Delanne
Extraído del libro "El alma es inmortal"