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La fotografía de los espiritus PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Martes, 24 de Marzo de 2009 16:49

Hemos visto que uno de los fenómenos que demuestran auténticamente la existencia del alma durante la vida, es la fotografía del doble durante su salida temporal del cuerpo. La gran ley de continuidad que rige los fenómenos naturales debía llevar a los seres a decir que, puesto que el alma humana-durante su desprendimiento- es capaz de impresionar una placa fotográfica, debe poseer aún ese poder después de la muerte. Es, efectivamente, lo que se ha llegado a comprobar cuando esas trascendentales manifestaciones se han podido realizar en las condiciones necesarias. Aquí desaparecen todas las objeciones; la prueba fotográfica tiene un valor documental de una importancia extrema, porque demuestra que la famosa teoría de la alucinación es notoriamente inaplicable a estos hechos.

La placa sensible es un testigo científico que certifica que el alma sobrevive a la disgregación del cuerpo, que conserva su forma física en el espacio y que la muerte no determina su destrucción. ¿A qué se reducen todas las declaraciones ampulosas acerca de lo sobrenatural y lo maravilloso ante semejante resultado? Hay que confesar que los espíritus han puesto una singular obstinación en contrarrestar a sus negadores.

No contentos con dejarse ver a sus parientes o amigos, han aparecido en fotografías y ha sido forzoso reconocer que esta vez el fenómeno era verdaderamente objetivo, puesto que la placa colodiana conserva una huella indeleble. Resumamos sumariamente, según Russell Wallace, el eminente naturalista, los bien comprobados hechos.(1)
1 Alfredo Russell Wallace, Les Miracles et le moderne Spiritualisme.

Con frecuencia es objeto de burla lo que se llama fotografías espíritas, porque algunas de ellas pueden imitarse fácilmente. Pero un poco de reflexión mostrará que esta misma facilidad permite ponerse en guardia contra la impostura, pues todos los medios de imitación son bien conocidos. En todo caso, se admitirá que un fotógrafo experimentado que suministre las placas y vigile las operaciones, o las haga él mismo, no puede ser engañado hasta ese punto. Por otra parte, un medio muy sencillo de comprobar si la figura que aparece es la de un espíritu desencarnado, es ver si es reconocida por la persona que se puso ante el objetivo o por los miembros de su familia.

Si le reconocen, el fenómeno es real. Es el caso de Wallace, que lo relata como sigue: “El 14 de marzo de 1874, fui a casa de M. Hudson, habiendo sido invitado por primera y única vez acompañado por Mme Guppy como médium Esperaba que si conseguía alguna fotografía espírita, sería la de mi hermano mayor, en cuyo nombre había recibido mensajes por mediación de Mme. Guppy; antes de ir a casa de Hudson hicimos una sesión con la médium, en la que obtuve una comunicación por medio de golpes dándome a conocer que mi madre aparecería, si podía, en la placa. “Me coloqué ante el objetivo tres veces, escogiendo siempre mi propia posición.

En el negativo, cada vez que yo aparecía, Junto a la mía se hallaba una segunda figura La primera representaba una persona con una espada corta; la segunda, una persona de pie, aparentemente estaba a mi lado, un poco atrás, mirando hacia abajo, hacia mí, con un ramo de flores. En la tercera sesión, después de haberme colocado y después de que la placa preparada se pusiera en la cámara oscura, pedí que la aparición viniese después de mí; esta tercera placa muestra una figura de mujer que está de pie a mi lado, justo delante de mí, de tal modo que el ropaje que lleva cubre la parte inferior de mi cuerpo. “He visto todas las placas reveladas, y en cada uno de los casos la figura se muestra en el momento en que el líquido de revelado era extendido, mientras que mi retrato no es visible hasta, tal vez, veinte segundos más tarde. Yo no reconocí ninguna de aquellas figuras en los negativos, pero en el momento en que obtuve las pruebas, al primer golpe de vista me mostró que la tercera placa contenía un retrato innegable de mi madre, con un gran parecido en cuanto a los rasgos y la expresión; no era un parecido como el que existía en un retrato hecho durante su vida; era un poco idealizado; no obstante, para mí, un parecido que no podía engañarme. “La segunda fotografía es mucho menos clara; los ojos miran hacia abajo; el rostro tiene una expresión diferente del de la tercera, de tal manera que di por supuesto que era la de una persona diferente. Habiendo enviado los dos retratos de mujer a mi hermano, opinó que el segundo se parecía mucho más a mi madre que el tercero, y que mientras aquél presentaba un buen parecido, aunque no muy claro, el tercero tenía alguna semejanza con ella en la expresión, pero algo inexacto en la boca y en la barbilla. Se comprobó que esto era debido, en parte, a que el fotógrafo había completado los cabellos blancos; en efecto, cuando se lavó la fotografía se vio que estaba cubierta de manchas blanquecinas, pero tenía un mejor parecido con mi madre.

No había comprobado aún el parecido del segundo retrato, cuando habiéndolo examinado algunas semanas más tarde, con un cristal de aumento, distinguí en seguida, un rasgo notablemente especial del rostro de mi madre, a saber: el labio y la mandíbula inferior, extraordinariamente salientes. “Los dos espectros llevan un ramo de flores exactamente iguales; es digno de observar que mientras que yo estaba delante del objetivo para el segundo grupo, el médium fotógrafo me dijo: «Veo a alguien que trae flores.» Este retrato fue reconocido también por el hermano de R. Wallace (1), que no es espiritista. Si un médium declara que ve a un espíritu, aun cuando los otros asistentes no vean nada, y dice que aquel espíritu está en tal sitio, que tiene unos vestidos, un rostro, de todo lo cual el vidente hace su descripción, y en seguida la placa fotográfica confirma punto por punto.

1 Russell Wallace, Les Miracles et le moderne Spiritualisme.

El alma dicha descripción, no se podrá negar que el espíritu existe, positivamente, en el lugar indicado.He aquí varios ejemplos de estas notables manifestaciones. El autor de estos experimentos es M. Beattie, de Clifton, del cual el editor del British Journal of Photographye habla en estos términos: “Quien conoce a M. Beattie le considera como un fotógrafo atento y hábil, uno de esos hombres de mundo que difícilmente podrían ser engañados, por lo menos en todo lo que concierne y respecta a la fotografía, e incapaz de engañar a nadie. “M. Beattie ha sido ayudado en sus investigaciones por el Dr. Thomson, doctor en medicina en Edimbourg durante veinticinco años, el cual ha hecho estudios como aficionado a la fotografía durante mucho tiempo. Estos observadores han experimentado en el taller de un amigo no espiritualista (pero que llegó a ser médium en el curso de los experimentos), y emplearon los servicios como médium de un comerciante con el cual estaban estrechamente relacionados. El conjunto del trabajo fotográfico fue hecho por M. Beattie y el Dr. Thomson; las otras dos personas permanecían sentadas ante una mesita. Las pruebas fueron tomadas por series de tres, a algunos segundos una de otra; se tomaron varias series en cada sesión. “Hay dos pruebas tomadas, como todas las precedentes, en 1872, en las que el médium describió todas las fases durante la experimentación de la placa. La primera aparición, dice, era una espesa neblina blanca; la prueba salió llena de sombras blancas, sin rastro de ninguno de los modelos. La otra fotografía había sido descrita anticipadamente como debiendo ser una huella nebulosa con una persona en el centro: sólo se ve en la prueba una superficie casi uniformemente nebulosa.

Durante los experimentos hechos en 1873, el médium, en cada caso, describió minuciosa y correctamente las manifestaciones que aparecerían seguidamente en la placa. En una de ellas hay una estrella luminosa que resplandece, de gran dimensión, llevando en el centro un rostro humano bastante visible. Es una de las tres en la cual se ha manifestado una imagen, y todo ha sido cuidadosamente anunciado por el médium. “En otra serie de tres, el médium describió primeramente lo que sigue: «una luz detrás de él procedente del suelo»; después describió una luz que subía sobre el brazo de otra persona, proveniente, o que parecía provenir, de la pierna; en cuanto a la tercera: «existía la misma luz, pero con una columna que subía sobre la mesa; ésta estaba caliente, como también sus manos». De pronto exclamó: «¡Que luz tan brillante en lo alto, allí! ¿No podéis verla?» E hizo un gesto indicador con la mano.Todas sus palabras describían muy fielmente lo que había en las tres pruebas, y en la última se distingue la mano del médium mostrando una mancha blanca que aparece sobre su cabeza.” Mencionemos también una fotografía aislada muy interesante: “Durante el tiempo de permanecer ante el objetivo, uno de los médiums dijo que veía en último término una figura negra; el otro médium distinguía una figura brillante al lado de la negra; en la fotografía aparecían dos figuras; la brillante, muy débilmente; la negra, con mucha claridad; esta última es gigantesca, con un rostro macizo, de facciones groseras, y una larga cabelle Estos experimentos han sido hechos con mucho trabajo y perseverancia. En ocasiones veinte pruebas consecutivas no ofrecían nada anormal. Tomándose más de cien fotografías, más de la mitad han sido un completo fracaso. Pero los éxitos obtenidos bien valen la pena el trabajo que uno se ha tomado. Demuestran con certidumbre:

1° la existencia objetiva de los espíritus;
2° la facultad en ciertos seres, llamados médiums, de ver esas formas invisibles para los demás.

Siendo de la mayor importancia la prueba fotográfica en relación a la vida medianímica, citaremos el hecho siguiente, tomado de la obra de Aksakoff Animisme et Spiritisme: “He aquí una carta de M. Bromson Murray(1) publicada en el Banner of Light del 25 enero de 1873: “Sr. Director: “En los últimos días del pasado mes de septiembre, Mme. W. H. Mumler, de vuestra ciudad (Boston), 170, West Springfield street, encontrándose en estado de trance, en el curso del cual daba consejos médicos a uno de sus enfermos, se interrumpió para decirme que cuando M. Mumler hiciera mi fotografía, sobre la placa aparecería junto a mi retrato la imagen de una mujer teniendo en una mano un ancla hecha de flores; aquella mujer deseaba ardientemente advertir su supervivencia a su marido, y en vano había buscado hasta entonces una ocasión de acercarse a él; ahora creía conseguirlo por mi mediación. Mme. Mumler añadió que «podía distinguir las letras R. Bonner».

1 Es un espiritualista de NewYork, bien conocido, que no pertenece a la categoría de las personas que creen ciegamente en todo lo que se dice ser fenómenos medianímicos; forma parte de varias comisiones que han desenmascarado las imposturas de los sedicentes médiums. (Nota de Aksakoff)

En vano le pregunté que significaba la letra R. En el momento en que me disponía a ponerme delante del objetivo, caí en trance, lo que nunca me había ocurrido. Mumler no logró, no obstante sus esfuerzos, ponerme en la posición deseada. Le fue imposible hacerme permanecer derecho y que apoyara la cabeza en el soporte. Mi retrato, por consiguiente, fue tomado en la posición que la prueba indica, y al lado apareció la figura de mujer con el áncora y las letras formadas por botones de flores, exactamente como me había sido predicho. Desgraciadamente yo no conocía a nadie que se llamase Bonner, ni a nadie que pudiese reconocer la identidad de la figura de la fotografía. “De regreso a mi ciudad, referí a varias personas lo que había ocurrido; una de ellas me dijo haber encontrado recientemente a un tal Bonner, de Georgia, y que deseaba enseñarle la fotografía. Quince días más tarde me suplicó que pasase por su casa. Algunos momentos después de que llegué entró un visitante; era el Sr. Roberto Bonner. Me dijo que la fotografía era la de su mujer, que la había visto en casa de Mme. Mumler, y encontraba el parecido perfecto. Nadie aquí, por otra parte, pone en duda el parecido que esta fotografía presenta con un retrato de Mme. Bonner, hecho dos años antes de su muerte.”(1)

1 Véase al final del libro de Aksakoff, los retratos fluídicos de esta señora en diferentes actitudes, y su retrato durante la vida.

M. Bonner obtuvo, además, la fotografía de su mujer fallecida, en una actitud previamente designada, por un médium de New York que no la conocía, como tampoco la conocía el fotógrafo que residía en Boston, M. Mumler. El periódico Le Médium, de 1872, señala también la fotografía de un espíritu obtenida al mismo tiempo que la médium lo anunciaba: En el momento en que la placa iba a ser descubierta, Mme. Connant (la médium) se volvió hacia la derecha exclamando: “¡Oh, aquí está mi pequeña Wash-Ti!” (una jovencita india que se manifestaba con frecuencia por su mediación), y le alargó su mano derecha, como para estrechársela. Se ve en la fotografía la figura perfectamente reconocible de la joven india con los dedos de la mano derecha en la mano de Mme. Connant. Aquí tenemos, pues, la fotografía de una figura astral, señalada y reconocida por el sujeto sensitivo en el momento de su aparición. Es otra confirmación de los experimentos de M. Beattie.

Podríamos multiplicar el número de citas semejantes, pero lo reducido de nuestros límites nos obliga a remitir al lector a las obras citadas del eminente naturalista y del sabio ruso. Hemos reproducido en un trabajo precedente1 la fotografía de un espíritu obtenida en plena oscuridad por M. Aksakoff, asistido por el médium Eglinton; también veremos pronto al gran físico inglés, William Crookes, tomar una serie de fotografías de una forma materializada. Examinemos otro aspecto del fenómeno. Un segundo caso de fotografía de un doble está comprobado por el juez Carter en su carta Banner of Light, del 31 de julio de 1875, y reproducido en Human Nature, de 1875.

En fin, un tercer caso de fotografía de un doble es señalado por M. Glandinnig, en Spiritualist, número 234 (Londres, 15 de febrero de 1877). El doble del médium había quedado en una sala en la que estuvo éste último algunos minutos antes. Veremos que el pensamiento es una fuerza creadora y, desde luego, se podría imaginar que esas fotografías son resultado de un pensamiento exteriorizado del sujeto. He aquí una experiencia que establece que esta hipótesis no es exacta, puesto que el doble no es una simple imagen, sino un ser que obra sobre la materia.

Gabriel Delanne

Extraído del libro "El alma es inmortal"