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Reverendo P. H. Newnham, Maker Vicarage, Devonport (1)
“En el mes de marzo de 1856, estaba yo en Oxford, cursando mi último año de estudios, y habitaba un cuarto amueblado. Estaba sujeto a violentos dolores neurálgicos de cabeza, sobre todo durante la noche.
“Una noche, hacia las ocho, tuve un fuerte dolor de cabeza más violento que de ordinario. Hacia las nueve se me hizo insoportable; fui a mí cuarto a acostarme, me eché sobre la cama sin desnudarme, y pronto me dormí.
“Entonces tuve un sueño de una claridad e intensidad singulares. Todos los detalles de aquel ensueño están vivos en mi memoria como en el mismo momento en que lo viví. Soñaba que estaba con la familia de la dama que después fue mi esposa.
Todos los jóvenes habían ido a acostarse; yo me había quedado abajo conversando, de pie, cerca de la chimenea; después de dar las buenas noches, tomé una bujía y fui a acostarme. Cuando llegué al vestíbulo, me percaté de que mi prometida llegaba en aquel instante a lo alto de la escalera; subí los escalones de cuatro en cuatro, y sorprendiéndola en el último escalón, pasé por detrás mis brazos alrededor de su cintura. Llevaba el candelero en la mano izquierda, mientras subía la escalera, pero esto, en mi sueño, no me molestó lo más mínimo. Me desperté entonces, y casi inmediatamente un reloj de la casa dio las diez.
“La impresión que me produjo fue tan fuerte, que escribí al día siguiente por la mañana un relato detallado de él a mi prometida. Recibí una carta de la dama en cuestión, que no era una respuesta a la mía, ya que se habían cruzado en el camino. He aquí el contenido: «¿Ha pensado usted en mí de modo particular ayer noche, hacia las diez? Cuando subía la escalera para irme a acostar, oí claramente sus pasos detrás de mí, y sentí que me cogíais por la cintura.»
“Las cartas en cuestión están actualmente destruidas, pero hemos comprobado los hechos algunos años más tarde, cuando hemos releído nuestras cartas antiguas, antes de destruirlas. Nos hemos dado cuenta de que nuestros recuerdos personales habían Permanecido fieles. Este relato puede, pues, ser aceptado como muy exacto”.
P. H. NEWNHAM
La relación de causa-efecto es evidente en este caso. El sueño del joven estudiante es la reproducción de la realidad. Durante el sueño, el alma se ha desprendido de su cuerpo y se ha transportado hacia su prometida. Su deseo de abrazar a la joven dama ha sido tan intenso, que ha determinado la materialización parcial del periespíritu, es decir, de su doble. El hecho es positivo, pues la dama dice haber oído pasos que subían la escalera; la sensación de brazos alrededor del talle está claramente afirmada también.
Estos detalles, referidos idénticamente por los dos actores de la escena, sin haberse concertado, ni haberla previsto, alejan evidentemente toda idea de alucinación.
He aquí también un ejemplo de una impresión táctil, producida por una separación, pero esta vez el autor es visible para el sujeto.
1 Les Hallucinations
Extraído del libro “El alma es inmortal” Gabriel Delanne
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