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El cuerpo fluídico después de la muerte PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Viernes, 23 de Enero de 2009 15:51

El periespiritu descrito en 1804

Bajo el título de Aparición real de mi mujer después de su muerte (Chemnitz, 1804), el Dr. Woetzel publicó un libro que causó una gran sensación en los primeros años del siglo XIX. El autor fue atacado en varios escritos: Wieland, sobre todo, le puso en ridículo en la Enthauesia.1

Durante una enfermedad de su mujer, Woetzel había pedido a esta última que se le mostrase después de su muerte. Ella se lo prometió, pero más tarde, a su ruego, su marido le devolvió la palabra. No obstante, algunas semanas después de su muerte un fuerte viento pareció soplar en la habitación a pesar de hallarse cerrada; la luz fue casi apagada; una pequeña ventana de la alcoba se abrió y, a la débil claridad que reinaba, Woetzel vio la forma de su mujer, que le dijo con voz muy suave: “Carlos, soy inmortal; un día volveremos a vernos.” La aparición y sus consoladoras palabras se repitieron una segunda vez.

La mujer apareció con vestido blanco, bajo el aspecto que tenía antes de morir. Un perro que no se había movido cuando la primera aparición, se agitó y empezó a describir un círculo como alrededor de una persona conocida.

1 Extracto de la obra alemana los Phénomènes mystiques de la Vie humaine, por Maximilien Perty, profesor de la Universidad de Berna, Heidelberg, 1841

En una segunda obra sobre el mismo asunto (Leipzig, 1805), el autor habla de invitaciones que le habían sido hechas para desmentir todo el asunto, “porque, de otro modo, muchos sabios se verían obligados a renunciar a lo que hasta entonces habían creído opiniones verdaderas y justas, y la superstición encontraría en ello un alimento”. Pero él había rogado ya al Consejo de la Universidad de Leipzig que le permitiera prestar juramento ante los tribunales acerca del particular. El autor desarrolla así su teoría: “El alma, después de la muerte, está envuelta en un cuerpo etéreo, luminoso, por medio del cual puede hacerse visible; puede ponerse otros vestidos encima de aquella envoltura luminosa; la aparición no obra sobre el sentido interior, sino únicamente sobre los sentidos exteriores.” Tenemos en esta observación una prueba de su objetividad en el hecho de que ha sido vista y reconocida por el perro. Una imagen subjetiva, es decir, una imagen que tuviera su asiento en el cerebro del sabio, no habría podido tener esta influencia sobre un animal doméstico.

IMPRESIONES PRODUCIDAS POR LAS APARICIONES SOBRE LOS ANIMALES

En el relato de Justino Kerner sobre la vidente de Prévorst se trata sobre una aparición que vio durante todo un año; cada vez que el espíritu aparecía, un lebrel negro de la casa parecía sentir su presencia, y cuando la figura se hacía perceptible a la vidente, el perro se aproximaba a alguna persona, como para pedir protección, con frecuencia aullando fuertemente.

Desde el día que vio aquella figura, no quiso quedarse solo durante la noche. En el terrible caso de una casa frecuentada por aparecidos, referido a Robert Dale Owen 1 por Mme. S. C. Hall, se observa que fue imposible hacer permanecer a su perro, ni de día ni de noche, en el cuarto en que se producían las manifestaciones; poco tiempo después de que comenzaran, huyó y se perdió.

1 Foots falls on the boundary of another World.

John Wesley, fundador de la secta de su nombre, ha dado a conocer los ruidos que tuvieron lugar en el cuarto de Epworth. Después de haber descrito los sonidos extraños, semejantes a los que producirían objetos de hierro o de vidrio arrojados al suelo, añade: “Poco después, nuestro gran perro mastín acudió a refugiarse entre la Sra. Wesley y yo; mientras continuaron produciéndose los ruidos ladraba y saltaba por todos lados, y esto casi siempre antes de que nadie, en el cuarto, hubiera oído nada; al cabo de dos o tres días temblaba y se apartaba arrastrándose, antes de que el ruido comenzase.

La familia conocía, por aquella señal, lo que iba a ocurrir, sin que fallara nunca.” Haremos a este propósito algunas observaciones, tomadas del ilustre naturalista sir Alfred Russell Wallace.1 Esta serie de casos en que se ven las impresiones producidas por los fantasmas sobre los animales es ciertamente notable y digna de atención. Estos hechos no deberían presentarse si la teoría de la alucinación y de la telepatía fuese cierta; sin embargo, hay que darles crédito porque son generalmente inesperados. Por otra parte, al ser notados por los animales, son una prueba de que los observadores han mantenido su sangre fría. Nos evidencian, irrefutablemente, que un gran número de fantasmas distinguidos por la vista o por el oído, incluso si sólo lo son por una sola persona, son realidades objetivas. El terror manifestado por los animales que los perciben y su actitud tan diferente de la que tienen en presencia de los fenómenos naturales establecen no menos claramente que, aunque objetivos, los fenómenos no son normales y no pueden ser explicados por algún engaño o por eventualidades naturales mal interpretadas. Vamos a continuar ahora el estudio de las apariciones que se producen después de la muerte. Pondremos de relieve las semejanzas que existen entre esas apariciones y las de los vivos, y veremos que tienen una similitud de caracteres que implica la de la causa. Por más que nos parezca poco posible imaginar, por los casos precedentes, una acción todavía desconocida de un cerebro humano sobre otro cerebro humano, de manera que alucine tan completamente, será aún más imposible con las teorías materialistas suponer esta acción por parte de un muerto; sin embargo, si los hechos son idénticos, será preciso admitir que la verdadera causa es el alma, sea que habite sobre la Tierra, sea que la haya abandonado.

1 Les Miracles et le Moderne Spiritualisme.

Es verdad que los incrédulos son muy hábiles para forjar teorías cuando se encuentran en presencia de fenómenos embarazosos cuya realidad no pueden negar. Así es como han sostenido la hipótesis de la telepatía de los muertos. Han pretendido que la acción telepática de un moribundo podía penetrar inconscientemente en el espíritu del sujeto de manera que la alucinación tenga lugar bastante tiempo después de la muerte de aquél al cual es debida. Esta suposición se apoya en la experiencia de sugestiones a largo plazo. Sabido es que es posible hacer realizar a sujetos muy sensibles actos complicados algunos días y hasta meses más tarde. El sujeto, despierto, no tiene conciencia de aquella orden que dormita en él, pero cuando llega el día fijado cumple fielmente la sugestión. Si, pues, el pensamiento de un muerto es violentamente dirigido hacia un allegado, éste puede almacenarlo inconscientemente; así y cuando la alucinación se produzca, no será una aparición, sino, sencillamente, la realización de una sugestión.

Esta concepción es ingeniosa, pero dista mucho de explicar todos los hechos de aparición de los muertos. En primer lugar, la analogía entre la visión de un muerto y una sugestión retardada es completamente falsa, pues el agente —en la mayoría de los casos— no piensa en conminar al sujeto la orden de verle más tarde; en segundo lugar, si, como en las apariciones de los vivos, hay fenómenos físicos producidos por la aparición, es evidente que no es una imagen mental la que los ejecuta; es preciso que sea el ser fallecido el que establece su supervivencia. En lo sucesivo, tendremos ocasión de hacer ver cuán frecuentemente son falsas y siempre incompletas esas sedicentes explicaciones científicas. Volvamos a nuestros ejemplos de los Phantasms of the living. He aquí un caso en que la aparición se produce poco tiempo después del fallecimiento. Este relato es ofrecido por Mme. Stella Chieri, Italia.1

1 Las alucinaciones telepáticas.

Gabriel Delanne
Extraído del libro "El alma inmortal"