|
Testimonios de los médiums y los espíritus en favor de la existencia del periespíritu
Hemos comprobado que ciertos sonámbulos, sumidos en el sueño magnético, pueden ver a los espíritus y describirlos fielmente. Pero esta facultad se da también en personas no dormidas a las cuales se les ha dado el nombre de médiums videntes.
Para comprender bien lo que ocurre entonces, no hay que olvidar que en la vida ordinaria no es el ojo el que ve, como no es el oído el que oye. El ojo es un instrumento destinado a recibir las imágenes aportadas por la luz, pero ahí se limita su papel; por sí mismo es incapaz de hacernos distinguir los objetos. Fácil es su ministrar la prueba. Si se corta o paraliza el nervio óptico, el mundo exterior se refleja igualmente sobre la retina, pero el su jeto ya no lo ve; está ciego, a pesar de que su órgano visual está intacto. La vista es, pues, una facultad del espíritu; puede ejercerse sin el concurso del cuerpo, puesto que los sonámbulos naturales o artificiales ven a distancia y con los ojos cerrados (1).
1 Véase acerca del particular: la comunicación del Dr. Husson (28 de junio de 1831) a la Academia de ciencias. —Deleuze, Mérmoire sur la clairvoyance des somnambules. —Rostan, artículo Magnetisme en el Dictionnaire des Sciences médicales. —Lafontaine, L’art de magnétiser. —Charpignon, Physiologie, Medicine et Métaphysique du Magnétisme. —Y los casos citados en los Proceedings de la Société Anglaise de Recherches psychiques. —Gabriel Delanne, Le Spiritisme devant la Science, cap. III. Véase igualmente Les apparitions matérialisées des vivants et des morts, t. I y II.
Cuando estos fenómenos se producen es cuando se puede comprobar la existencia de un sentido nuevo, que se puede designar bajo el nombre de sentido espiritual. El sonambulismo y la mediumnidad son grados distintos de la actividad de este sentido; presentan, como es sabido, matices innumerables y constituyen aptitudes especiales. Allan Kardec ha puesto claramente este hecho en evidencia (2). Hace observar que a parte de estas dos facultades, más notadas porque son más espectaculares, sería un error creer que el sentido espiritual sólo existe en un estado excepcional. Como los otros sentidos, está más o menos desarrollado, es más o menos sutil según los individuos; pero todo el mundo lo posee; y no es éste el que presta menos servicios, por la naturaleza completamente especial de las percepciones que permite distinguir. Lejos de ser la regla, su atrofia es la excepción, y puede ser considerada como una enfermedad, lo mismo que la ausencia de la vista o del oído.
2 Allan Kardec, Revista Espírita, octubre de 1864-1865, junio de 1867. Véase también en La Genése el capítulo De los fluidos.
Con este sentido percibimos los efluvios fluídicos1 de los espíritus y nos inspiramos sin saberlo en sus pensamientos; a través de él o la intuición de las cosas futuras o ausentes, y es con él que se ejerce la fascinación, la acción magnética inconsciente e involuntaria, la penetración del pensamiento, etc. Estas percepciones pertenecen al hombre igual que las de la vista, del tacto, del oído, del gusto, del olfato; son necesarias para su conservación; son fenómenos muy vulgares, que apenas observa por el propio hábito que tiene de percibirlas, y de las que no se ha dado cuenta hasta ahora a consecuencia de su ignorancia de las leyes del principio espiritual; de la negación misma, por muchos sabios, de la existencia de este principio. Pero cualquiera que fije la atención sobre los efectos que acabamos de citar y sobre muchos otros de la misma naturaleza, reconocerá cuan frecuentes sensaciones percibidas través de los sentidos corporales.
Gabriel Delanne
|