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Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Miércoles, 08 de Octubre de 2008 14:50

Hay que observar que los incrédulos que niegan la posibilidad del desdoblamiento con la explicación de los fenómenos telepáticos, no vacilan en emplear este argumento cuando se trata de las apariciones realizadas en las sesiones espíritas. Pero reconociendo que esta posibilidad se realice en ocasiones, es seguro también de que en muchos casos hay otros factores que intervienen. La distinción entre una bilocación del médium y la materialización de un espíritu es bien sencilla: cuantas veces el fantasma se parezca al médium, esta aparición será debida a su propio periespíritu exteriorizado. Sabemos, en efecto, que el cuerpo fluídico es siempre la reproducción exacta y fiel, hasta en sus más mínimos detalles, del cuerpo físico. Jamás se ha visto experimentalmente que haya diferencias entre un individuo y su doble, excepto las que resultan de los juegos del rostro en la expresión de las emociones. Son dos ejemplares del mismo ser, uno copia del otro. Hemos podido comprobar esta identidad en el caso citado por Cox y he aquí lo que dice a este respecto M. Brackett, buen juez en estas materias. 1 Erny, La Psychisme exprimental.

“He visto centenares de formas materializadas y, en muchos casos, el doble fluídico del médium, tan parecido a él que habría jurado que era el médium mismo si no hubiese visto a ese doble desmaterializarse ante mí e, inmediatamente después, comprobar que el médium estaba dormido.” Recordemos también que el molde de un pie fluídico de M. Eglinton es la reproducción absoluta del mismo miembro de carne y médium exteriorizado no puede, motu propio, transformarse. Aparece idéntico el cuerpo físico, y gracias a este parecido los innumerables hechos denominados telepáticos han podido, con tanta frecuencia, ser comprobados.

¿Pero se dirá que es imposible al espíritu modificar su aspecto? Se ha podido a veces observar fenómenos que parecen contradecir las conclusiones enunciadas anteriormente; son los que se han denominado transfiguraciones. He aquí en qué consisten:

Existen médiums que tienen la singular propiedad de sufrir cambios en la forma de su cuerpo, de manera que toman momentáneamente la apariencia de personas muertas hace largo tiempo. Allan Kardec 1 cita el caso de una joven que tomó varias veces la apariencia de su hermano muerto algunos años antes; estas transfiguraciones eran tan perfectas, que se tenía la ilusión de encontrarse en presencia del difunto; los rasgos del rostro, la corpulencia, el timbre de la voz, todo contribuía a un cambio completo. Este hecho no es aislado; las memorias espíritas relatan cierto número de ellos. Si físicamente el cuerpo puede parecer transformado, esta operación ¿no podría ocurrir con el periespíritu en las sesiones de materialización? Sabemos que tal fenómeno es posible, pero es preciso buscar cuál es la causa efectiva de dicha modificación, pues no se produce nunca naturalmente. 1 AlIan Kardec, Le Livre des Médiums.

Creemos que proviene precisamente de la acción del espíritu que reproduce sus rasgos, puesto que el médium no conoce al desencarnado que se manifiesta de esta manera. Error, responden los críticos. El médium dormido posee una segunda personalidad, que es omnipotente sobre su envoltura y que puede modelar como blanda cera; la forma que toma el periespíritu es la fiel reproducción de la imagen que el médium se representa, de manera que el aparecido que veis conversar, cambia de sitio, obrar sobre la materia y que tomáis por un ser del más allá, no es, a fin de cuentas, más que el doble del médium que se ha disfrazado para tal circunstancia. Observemos, ante todo, que extraño sería que por todas partes los médiums se entregasen inconscientemente a esa mascarada y que afirmen invariablemente ser espíritus que han vivido sobre la Tierra; pero, dicen todavía los espíritas: ¿de dónde tomaría el médium el modelo de su disfraz, puesto que el ser que estaría copiando no existe ya? A esto se ofrecen dos explicaciones:

Primera. La imagen de la forma del ser se encuentra en el inconsciente de los espectadores. Aun cuando los experimentadores no recuerden a todas las personas fallecidas que han conocido, tienen de ellas una imagen fiel e indeleble sobre la cual el doble se modela. El hecho mismo de que la aparición sea reconocida basta —dicen nuestros adversarios para demostrar que subsiste ignorada en el inconsciente de alguno de los asistentes. La clarividencia del sujeto en trance es maravillosa y le permite leer en usted como en un libro abierto; y es porque él posee dicha facultad (como muestran los experimentos de sonambulismo), que sois víctimas de la ilusión de estar en presencia de un personaje del otro mundo.

Segunda. Cuando la aparición no es reconocida por nadie es que la imagen ha sido tomada del astral. (Se llama así al ambiente fluídico que rodea la Tierra y que tendría la propiedad de conservar especies de clisés inalterables de todo lo que existe.)

La primera hipótesis —lectura en lo inconsciente— sería admisible si no existiesen experimentos a los que no puede aplicarse. Es cierto que conservamos en nosotros huellas imperecederas de todo lo que ha impresionado nuestros sentidos. Aun cuando el recuerdo se haya debilitado hasta el punto de que no podemos reproducir voluntariamente un período de nuestra vida pasada, es posible hacer renacer estas sensaciones y darles nuevamente una frescura y un brillo tan vivo como en el instante en que las hemos sentido1. G. Delanne, L’Evolution animique.

Pero no somos nosotros mismos los que tenemos esta facultad; es preciso un hipnotizador para revelarla, y aun así solamente se manifiesta en ciertos sujetos especiales; jamás se ha demostrado que un médium la poseyera, tanto más cuanto, según declaración de todos los que han estudiado la mediumnidad, el sujeto que presta su concurso es completamente pasivo. Si, verdaderamente, el poder de un médium fuese tan potente como pretenden estas teorías, podría siempre satisfacer todas las demandas de hacer aparecer a los ojos de los asistentes todos sus muertos amados. Es lo que observa M. Aksakoff:1 Aksakoff, Animisme et Spiritisme.

“Si las materializaciones no son más que alucinaciones producidas por el médium, y si tiene la facultad de ver todas las imágenes almacenadas en las profundidades de la conciencia de los asistentes, y de leer todas las ideas e impresiones —que se encuentren en estado latente en su recuerdo—, le sería bien fácil contentar a todos los que asisten a la sesión haciendo aparecer siempre ante sus ojos las imágenes de personas difuntas que les eran queridas. ¡Qué triunfo, qué gloria, qué fuente de fortuna para un médium que alcanzase ese objeto! Pero con gran pesar de los médiums, las cosas no ocurren así; la mayoría de las veces son figuras extrañas las que se presentan entre ellos, figuras que nadie reconoce; y los casos en que el parecido con el difunto es bien comprobado, no solamente en cuanto a la figura, sino también en cuanto a la personalidad moral, son muy raros; los primeros son la regla, los otros la excepción.”

Ese razonamiento relativo a la alucinación es también aplicable en todos sus puntos a la transfiguración fluídica del médium. El fenómeno no sería probatorio ni aunque se pudiese fotografiar o hacer el molde del ser aparecido llamado desde el fondo de la tumba. Pero esta explicación, por ingeniosa que sea, no puede dar cuenta de todos los casos. Es del todo evidente que si es el doble del médium quien trata de hacerse pasar por un difunto, no podrá hablar en la lengua empleada por el muerto durante su vida si ignora dicha lengua, y más si es completamente imposible que la conozca. He aquí algunos hechos que evidencia esta verdad:

M. James M.N. Scherman, de Rumford, Rhode Island, ha transcrito en The Light, de 1885, varias sesiones a las que asistió en casa de Mme. Allens, residente en Providence, Rhode Island. La del 15 de septiembre de 1883 dice: “Fuimos llamados mi mujer y yo al gabinete, y mientras estábamos delante de él, vi aparecer sobre el suelo una mancha blanca que se transformó insensiblemente en una forma materializada en la que reconocí a mi hermana, que me enviaba besos. Luego se presentó la forma de mi primera mujer. Después de ella, las dos mitades de la cortina se apartaron; en la abertura permanecía una forma femenina con el traje de las insulares del Pacífico, tal como vestían cuarenta y cinco años atrás, yo lo recuerdo bien. Ella me habló en su lengua materna.1 Aksakoff, Animisme et Spiritisme.

Queda claro en este ejemplo que Mme. Allens no conocía los dialectos polinesios. Se podría añadir tres testimonios a éste; pero creemos deber recordar seguidamente el relato de las investigaciones de M. Livermore, que vio el fantasma de su mujer y que pudo conservar cartas escritas ante su vista por la aparición. Estos mensajes fueron escritos en francés durante toda la duración del fenómeno, lengua absolutamente ignorada por la médium Kate Fox en su estado normal. La forma materializada de Estela demuestra también que es un ser independiente del médium al manifestarse, a través de la fotografía, tres años después de haber cesado de aparecer y en ausencia de la médium Kate Fox. Tenemos acerca de este particular la declaración del Sr. Livermore ante el tribunal en el proceso intentado al fotógrafo espírita Mumier (Spiritual Magazine, 1869). Hizo dos ensayos con Mumier: “En el primero apareció una figura en el negativo al lado de M. Livermore, figura que fue reconocida por el Dr. Gray como de uno de sus parientes; en el segundo ensayo hubo cinco exposiciones seguidas, y para cada una, M. Livermore tomó una posición diferente. En las dos primeras placas no hubo más que nieblas en el fondo; en las tres últimas apareció Estela cada más reconocible y en tres posiciones distintas.” La precaución tomada por M. Livermore de cambiar de posición, excluye la hipótesis de que los clisés hubiesen sido preparados con anticipación.

“Estela fue claramente reconocida, dice M. Livermore, no sólo por mí, sino por todos mis amigos.” A una pregunta del juez contesta que posee en su casa varios retratos de su mujer, todos ellos semejantes a aquella forma. Adquirimos la certidumbre de que Estela vive en el espacio y ha conservado su forma terrestre, puesto que ha dado pruebas de ello por la materialización y la fotografía. Las comunicaciones demuestran que su capacidad intelectual no ha experimentado disminución, testigo de ello son sus mensajes en culto estilo francés. Los hechos confirman, pues, absolutamente, la enseñanza espírita, con exclusión de toda otra teoría. No hay que olvidar jamás que una hipótesis es necesariamente falsa o incompleta si no da cuenta de todos los hechos; éste es el caso de esas explicaciones que han querido ver en las materializaciones tan sólo un desdoblamiento del médium o una transfiguración de su doble.

La segunda hipótesis —lectura en lo astral— no está más justificada que la precedente. Los hechos citados en último lugar bastan para apartar la suposición de que la conciencia sonambúlica del médium saque el modelo de la imagen materializada del astral, pues suponiendo que existan en el espacio semejantes impresiones no serían, evidentemente, más que imágenes inertes, especie de clisés fluídicos, los cuales no podrían efectuar ninguna actividad intelectual, igual que los personajes de un cuadro o de una fotografía no pueden animarse o discutir entre sí. Observamos también que sería preciso que esos clisés fuesen a encontrar al médium puesto que existirían millares a nuestro alrededor. ¿Cómo escogería el que corresponde al espíritu evocado? Si se supone que estas apariciones son capaces de escribir y atestiguar una existencia física es volver a la teoría espírita, puesto que semejantes imágenes inteligentes serían indiferenciables de verdaderos espíritus.

Pero no es posible siquiera admitir esta explicación del desdoblamiento transfigurado, pues hay casos en que no sólo es un espíritu materializado el que se muestra, sino varios al mismo tiempo, a veces de diferente sexo, y cada uno prueba que es un ser real, con un voluminoso cuerpo anatómico que le permite cambiar de sitio, conversar; en una palabra, afirmarse vivo. He aquí algunos ejemplos de estos hechos notables.

Gabriel Delanne
Extraído del libro “alma es inmortal”