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Acción de la voluntad sobre el cuerpo PDF Imprimir E-mail
Gabriel Delanne
Escrito por Administrador   
Miércoles, 08 de Octubre de 2008 14:46
La influencia de la voluntad sobre los músculos(1) es evidente para todo el mundo: queremos levantar nuestro brazo, ejecutar un movimiento, y este acto constituye un ejemplo común de la acción del alma sobre el cuerpo; pero existen casos notables donde su poder se ejerce sobre partes del organismo que parecen sustraídas a su dominio. No es imposible que la voluntad obre por una acción directa sobre el corazón y los músculos lisos de la vida orgánica. He aquí un ejemplo:(2)

1 Estrictamente hablando, es preciso decir que la voluntad obra sobre los ganglios incitadores, de donde nacen los nervios motores de los músculos.

2 Hack Tuke, Le Corps et I’Esprit.

“Un distinguido miembro de la Sociedad Real de Londres, M. Fox, podía, por un esfuerzo de su voluntad, aumentar sus pulsaciones de diez a veinte por minuto. El propio M. Hack Tuke comprobó el experimento; en el espacio aproximado de dos minutos, las pulsaciones, que eran regulares al principio, se elevaron de 63 a 82.” La potencia de la voluntad se desarrolla por el ejercicio; se sabe por relatos auténticos que los fakires pueden ponerse voluntariamente en catalepsia, hacerse enterrar y volver a la vida al cabo de algunos meses.

Este hecho no es desconocido en Europa. Podríamos citar varios casos de letargia voluntaria producidos por el coronel Townsend. He aquí uno comprobado por tres doctores: M. Chayne, M. Baynard y M. Skrine. “El pulso estaba —dice el Dr. Chayne— bien marcado, aunque débil y filiforme; el corazón latía de una manera normal. El coronel se acostó y permaneció tranquilo algunos instantes; encontré que su pulso se debilitaba gradualmente, hasta que en fin, a pesar de una atención bien minuciosa, llegué a no sentirlo. El Dr. Baynard no podía por su parte apreciar el menor movimiento del pecho, y el Dr. Skrine no vio la menor mancha producida por el soplo sobre el espejo brillante que tenía ante la boca el coronel; cada uno de nosotros examinó el pulso, el corazón, la respiración; pero a pesar de la más severa y rigurosa investigación, no pudimos descubrir el más ligero signo de vida.” Iban a retirarse convencidos de que el coronel estaba muerto, cuando un ligero movimiento del cuerpo les tranquilizó. Poco a poco volvió a la vida. Esta letargia había durado una media hora.

Este poder del alma sobre el cuerpo puede llegar a vencer la enfermedad; con frecuencia una voluntad enérgica da por resultado restablecer la salud, aparte de los efectos de la imaginación o de la atención. He aquí el relato de la curación de una grave enfermedad: la rabia. M. Cross fue gravemente mordido por un gato, el cual el mismo día murió de hidrofobia. Prestó de momento poca atención a esa circunstancia, que no le ocasionó, por cierto, ninguna perturbación de la imaginación o del sistema nervioso; pero tres meses después del accidente sintió una mañana un vivo dolor en el brazo, al mismo tiempo que experimentaba una gran sed. Pidió un vaso de agua. “En el momento —dice—, en que iba a llevar el vaso a mis labios, experimenté en la garganta un violento espasmo. Al momento me llené de la terrible convicción de que iba a ser atacado de hidrofobia a consecuencia del mordisco que me había hecho el gato. La angustia que experimenté durante una hora fue indescriptible; la idea de una muerte tan terrible me era insoportable. Comencé a sentir un dolor que comenzaba en la mano y llegaba hasta el codo, después al hombro, amenazando extenderse todavía más. Supe que toda asistencia humana era inútil, y creí que sólo me quedaba morir.

“Al fin empecé a reflexionar acerca de mi situación; me dije que podía morir o no; que si yo debía morir, sufriría la muerte que otros seres han sufrido, que sufrirán otros aún, y que me era preciso afrontarla como un hombre; que si por otra parte había alguna esperanza de conservar la vida, la única probabilidad consistía en afirmar mi resolución, desafiar el mal y ejercer enérgicos esfuerzos sobre mí mismo. “Por consiguiente, comprendiendo que me era menester a la vez el ejercicio intelectual y físico, tomé la escopeta y marché a cazar a pesar del dolor en el brazo que no cesaba de sentir.

“Resumiendo, no encontré caza, pero caminé largo rato ejerciendo, a cada paso que daba, un esfuerzo riguroso contra la enfermedad. Al regresar a casa, me encontraba realmente mejor; a la hora de comer, comí y bebí agua como de costumbre. Al día siguiente por la mañana, el dolor había retrocedido hasta el codo; al otro día retrocedió hasta la muñeca; al tercer día estaba libre de él. Hablé de este hecho al Dr. Kinglake, que me dio su opinión: había tenido ciertamente un ataque de hidrofobia, que hubiera podido ser fatal si no hubiera reaccionado enérgicamente contra él mediante un vigoroso esfuerzo de espíritu.”(1 )El espíritu tiene algunas veces necesidad de una fuerza supernumeraria para obrar eficazmente sobre el cuerpo. En el hipnotismo se pueden considerar los mandatos imperativos del operador como un estimulante necesario. Recordaremos los experimentos de M. Focachon2 y de M. Bourru y M. Burot.

1 Andrew Cross, Mémoires.

2 Beaunis, Le somnambulisme provoqué.

3 Bourru y Burot, La Suggestion mentale et l’action distance des Substances toxiques et médicamenteuses.

El farmacéutico de Charmes aplica sobre el hombro de un sujeto sellos de correo sostenidos por algunas tiras de diaquilón y por una compresa; al mismo tiempo le sugiere que se le está aplicando un vejigatorio; luego el sujeto es sometido a vigilancia. Veinte horas después se le retira la venda, que había permanecido intacta; debajo, la epidermis, espesada y mortificada, presenta un color azul amarillento; esta región de la piel está rodeada de un rojo vivo hinchado. Este aspecto fue comprobado por M. Liégeois, M. Bernheim, M. Liebault y M. Beaunis. La supuración tuvo lugar algo más tarde. Esta grave perturbación orgánica había sido producida por la voluntad, obrando como elemento material sobre los tejidos del cuerpo.

En la Salpetriére, M. Charcot y sus discípulos han provocado con frecuencia quemaduras por sugestión. En fin, M. Bourru y M. Burot3 han podido, a voluntad, producir estigmas sobre el cuerpo de un sujeto; a una hora indicada por los operadores, el sujeto sangraba en los sitios tocados por un estilete sin punta. Letras trazadas sobre su carne se dibujaban en relieve, con un tono rojo vivo, sobre el fondo pálido de la piel(1. )Esto establecido, evidencia que la voluntad de un operador puede modificar la materia del cuerpo de un sujeto en un sentido favorable o funesto, según la dirección que se le imprima.

Podríamos citar también el caso del célebre Edward Irwing, que se curó a través de su voluntad de un ataque de cólera durante la epidemia de 1832 (2.)

1 Bourru y Burot, La Suggestion mentale et les Variations de la personnalité.

2 The life of Edward Irwing, citado por Hack Tuke.

3 Brierre de Boismont, Les Hallucinations.

El poder de la voluntad se ejerce también sobre las sensaciones. Jacinto Langlois, artista distinguido, íntimo amigo de Talma, refiere al Dr. Brierre de Boismont que aquel gran actor le había referido que cuando estaba en escena tenía el poder, por la fuerza de su voluntad, de hacer desaparecer los vestidos de su numeroso y brillante auditorio, y sustituirlos por otros tantos esqueletos.

Cuando su imaginación había así llenado la sala de aquellos singulares espectadores, la emoción que experimentaba daba a su papel tal fuerza que a menudo resultaba conmovedor.(3 )Este hecho no es aislado: Goethe podía tener también visiones voluntarias, y se sabe que Newton era capaz de representarse a voluntad la imagen del sol. El Dr. Wigan habla de una familia en la que todos sus miembros tenían la facultad, cuando lo deseaban, de ver mentalmente la imagen de un objeto y de hacer de él un bosquejo más o menos exacto. Este poder de la voluntad, que obra en el cuerpo con tanta fuerza cuando uno sabe servirse de él, tiene también una acción real sobre otros organismos. Vamos a establecerla experimentalmente.

Gabriel Delanne

Extraído del libro “El alma es inmortal”