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Mme. Stone, Shute Haye, Walditch, Bridport, 1883 (1)
“He sido vista tres veces cuando no estaba realmente, y en cada ocasión por diferentes personas. La primera vez fue mi cuñada la que me vio. Ella me velaba después del nacimiento de mi primer hijo. Miraba hacia la cama donde yo dormía y me vio claramente, lo mismo que a mi doble. Vio, de una parte, mi cuerpo natural, y, de la otra, mi imagen espiritualizada y debilitada. Cerró varias veces los ojos, pero, al abrirlos de nuevo, siempre veía la misma aparición; al cabo de poco tiempo, la visión se desvaneció. Pensó que significaba mi próxima muerte y no oí hablar de ello sino algunos meses después.
“La segunda visión fue distinguida por mi sobrina. Vivía con nosotros en Dorchester. Era una mañana de primavera; abrió la puerta de vestida de luto, con un cuello y un gorro blancos; era la ropa que yo llevaba habitualmente estando a la sazón de luto por mi.“La segunda visión fue distinguida por mi sobrina. Vivía con nosotros en Dorchester. Era una mañana de primavera; abrió la puerta de su cuarto y me vio subiendo la escalera delante de ella. Iba vestida de luto, con un cuello y un gorro blancos; era la ropa que yo llevaba habitualmente estando a la sazón de luto por mi suegra. No me habló, pero me vio; creyó que iba a la nursery. Al almorzar, dijo a su tío: «Mi tía se ha levantado temprano esta mañana; la he visto en la nursery.» « ¡Oh no, Jane —respondió mi marido—; no se encuentra bien y almorzará en su cuarto antes de bajar. »
1 Les Hallucinations.
“El tercer caso fue el más notable. Teníamos una casita en Weymouth, adonde íbamos de cuando en cuando para gozar del mar.
Mme. Samways nos servía cuando estábamos allí y guardaba la casa en nuestra ausencia; era una mujer de trato agradable y tranquila, completamente digna de nuestra confianza; era tía de nuestra querida antigua doméstica Kitty Balston, que estaba entonces con nosotros en Dorchester. Kitty había escrito a su tía el día que precedió a la visión; le anunciaba el nacimiento de nuestro último hijo y le decía que yo seguía bien.
“La noche siguiente, Mme. Balston fue a una reunión de plegarias, cerca de Clarence Buildings; era baptista. Antes de salir cerró una puerta interior que conducía a un pequeño patio de detrás de la casa; cerró la puerta de la calle y se llevó las llaves en el bolsillo. A su regreso, mientras abría la puerta de la calle, vio una luz al final del pasadizo; aproximándose, observó que la puerta del patio estaba abierta. La luz iluminaba el patio con todos sus detalles; yo estaba en el centro. Ella me reconoció perfectamente; llevaba traje blanco y estaba muy pálida, con aire fatigado. Se sobresaltó mucho, se precipitó a la casa de un vecino (la del capitán Court) y se desvaneció. Cuando volvió en sí, el capitán Court la acompañó a la casa, que estaba exactamente como ella la había dejado al salir para acudir a su reunión; la puerta del patio estaba cerrada. Yo estaba en aquel momento muy débil y permanecí varias semanas entre la vida y la muerte.”
Parece resultar del relato de esta señora que su salud dejaba mucho que desear, y que estando postrada en el lecho su alma se desprendía. Para que la hipótesis de la alucinación pudiera explicar estas apariciones a tres personas, desconocidas unas de otras, y en épocas diferentes, sería preciso suponer en Mme. Stone un poder alucinatorio ejercido sin saberlo y aún así no se comprendería cómo Mme. Balston, que estaba a una gran distancia, hubiera podido ser influenciada. Creemos que el desdobla miento explica más claramente los hechos, puesto que en uno de ellos su cuñada veía simultánea y bien distintamente el cuerpo material y el cuerpo fluídico.
Observemos, igualmente, que la visión del doble por la cuñada no es subjetiva, puesto que varias veces cerró los ojos y durante aquel tiempo la visión desaparecía para ser visible cuando nuevamente los abría.
Una imagen alucinatoria, residiendo en el cerebro, no sería invisible con los ojos cerrados. Las mismas observaciones que preceden son aplicables a las apariciones de esta señora: Similitud completa entre la forma física y el fantasma, y reposo del organismo durante la manifestación.
Gabriel Delanne Extraído del libro "El alma es inmortal"
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