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Mme. Cox, Summer Hill, Queenstown, Irlanda. (Les Hallucinations télépathiques.) “En la noche del 21 de agosto de 1869, entre las ocho y las nueve, estaba sentada en mi cuarto, en casa de mi madre, en Devonport. Mi sobrino, un muchacho de siete años, estaba acostado en la estancia vecina. Me sorprendió mucho verle entrar de pronto corriendo en mi cuarto; él gritaba con espanto: « ¡Oh! tía; acabo de ver a mi padre dar vueltas alrededor de mi cama.» Yo respondí: «¡Qué tontería! Has debido soñar.» El niño dijo: «No, no he soñado», y se negó a volver al cuarto. Viendo que no podía persuadirle de entrar en él, le acosté en mi cama. Entre las diez y las once, yo me acosté también.
“Aproximadamente una hora después vi con claridad, mirando a uno y otro lado con gran asombro, la forma de mi hermano sentado sobre una silla y, cosa que me llamó particularmente la atención, con una palidez mortal en su rostro. (Mi sobrino estaba en aquel momento profundamente dormido.) Me asusté tanto (yo sabía que mi hermano estaba en aquel momento en Hong-Kong), que me tapé el rostro con las sábanas. Poco después oí claramente su voz que me llamaba por mi nombre, nombre que repitió tres veces. Cuando miré había partido.
“Al día siguiente dije a mi madre y a mi hermana lo que había ocurrido y que tomaría nota de ello, lo cual hice. El primer correo de China nos trajo la triste nueva de la muerte de mi hermano, ocurrida, súbitamente, el 21 de agosto de 1869 en la rada de Hong-Kong a consecuencia de una insolación.” Minnie Cox Según datos complementarios, la fecha de la muerte precedió algunas horas a la aparición. Es imposible admitir en este caso alucinación, pues el mismo espíritu se hace ver a un niño y a una mujer que no estaban juntos. Cada uno reconoce la aparición, y, en el último caso, para afirmar su identidad, el hermano llama a su hermana por tres veces. El alma tenía interés evidentemente en señalar su presencia de una manera eficaz y debemos inducir legítimamente que estaba materializada. La hermana ha mirado tan atentamente a su hermano, que ha notado la palidez excesiva de sus facciones; descartemos aquí toda interpretación que no sea la de atribuir al alma desencarnada el poder de demostrar su supervivencia.
Terminemos esta copia de datos, tomadas de la Société de recherches psychiques, con dos casos de tal modo probatorios, que son superfluos todos los comentarios. Aparición colectiva de tres espíritus. Mlle. Catherine, M. Weld (Les Hallucinattons. 19 de mayo de 1883) “Philippe Weld era el hijo menor de M. James Weld, de Archers Lodge, cerca de Southampton; era sobrino del difunto cardenal Weld. Fue enviado por su padre, en 1842, al colegio de Saint-Edmond, cerca de Ware, Hertfordshire, para hacer sus estudios. Era un joven de buenas maneras, amable y muy estimado por sus profesores y camaradas. El mediodía del 16 de abril de 1945, Philippe, acompañado de uno de sus maestros y algunos compañeros, fue a remar al río; era un ejercicio que le agradaba mucho. Cuando el maestro observó que era hora de regresar al colegio, Philippe solicitó permiso para hacer aún una carrera; el maestro consintió y se remó hasta un sitio convenido. Llegados allí, Philippe al hacer virar la barca cayó al río y, a pesar de todo los esfuerzos hechos para salvarle, se ahogó. “Su cuerpo fue trasladado al colegio, y el reverendo Dr. Cox (el director) quedó profundamente impresionado y afligido. Se decidió a ir en persona a casa de M. Weld, en Southampton. Marchó a primeras horas de la tarde y, pasando por Londres, llegó a Southampton el día siguiente; fue en coche a Archers Lodge, residencia de M. Weld y a corta distancia de su reja, encontró a M. Weld, que iba a hacia la villa. El Dr. Cox detuvo el coche inmediatamente, se apeó y fue a hablar a M. Weld, cuando éste se lo impidió, diciendo: “-No tiene usted necesidad de hablar, ya sé que Philippe ha muerto. Ayer, al atardecer, paseaba con mi hija Catalina y le vimos de repente. Estaba en el camino, al otro lado de la carretera, entre dos personas, de las cuales una era un joven que vestía ropa negra. Mi hija fue la primera en verle y exclamó: “-¡Ah papá! ¿Has visto nunca a alguien que se parezca tanto Philippe como esa persona? “Y yo le respondí “- ¡Pero si es él! “Cosa extraña, mi hija no concedió importancia alguna aquel hecho, sino sólo que habíamos visto a alguien que se parecía extraordinariamente a su hermano. Nos dirigimos hacia aquellas tres formas: Philippe miraba con una expresión risueña y feliz al joven vestido de negro, que era más bajo que él. De pronto, parecieron desvanecerse a mis ojos y no vi nada, sólo un labriego, al que yo ya veía antes a través de aquellas tres formas, lo que me hizo pensar que eran espíritus. Sin embargo, yo no hablé de ello a nadie, por miedo de alarmar a mi esposa. Aceché ansioso el correo del día siguiente. Con gran alegría por mi parte no llegó carta alguna. Había olvidado que las cartas de Ware no llegan sino después del mediodía, así que mis terrores se calmaron, no pensé más en aquel suceso extraordinario, hasta el momento en que os vi llegar en coche delante de mi reja. En ese momento todo ha venido a mi espíritu: no he dudado de que usted ha venido a anunciarme la muerte de mi hijo. “El lector puede imaginarse el asombro inexplicable del Dr. Cox al escuchar este relato. Le preguntó a M. Weld si había visto laguna vez al joven vestido de negro que Philippe miraba con sonrisa tan complacida. M. Weld respondió que no lo había visto jamás pero que las facciones estaban tan grabadas en su memoria que estaba seguro de reconocerle en cuanto lo encontrase. El Dr. Cox contó entonces al padre desconsolado todas las circunstancias de la muerte de su hijo que había tenido lugar a la misma hora en que se había aparecido a su padre y a su hermana. M Weld fue al entierro de su hijo, y cuando abandonaba la iglesia después de la triste ceremonia, miró a su alrededor para ver si alguno de los religiosos se parecía al joven que había visto con Philippe, pero no pudo encontrar en ninguno de ellos la menor semejanza con el rostro que había visto. “Aproximadamente cuatro meses más tarde visitó con su familia a su hermano, M. Jorge Weld, en Seagram Hall, en el Lancashire. Un día, yendo de paseo al pueblecito vecino de Chikping, y después de haber asistido a la iglesia, hicieron una visita al Sacerdote. Pasó un rato antes de que el reverendo padre pudiese atender a los visitantes; mientras tanto, se distrajeron viendo los grabados colgados en la pared de la estancia. M. Weld se detuvo ante un retrato (no se podía leer el nombre escrito al pie porque tapaba el marco), y exclamó: «Es la persona que he visto con Philippe; no sé de quién es el retrato pero estoy seguro que es ésta la persona que he visto con Philippe.» El sacerdote penetró en la estancia algunos momentos después y M. Weld le interrogó inmediatamente a propósito del grabado. El sacerdote respondió que el grabado representaba a San Estanislao de Kostka y dijo que creía que era un buen retrato del joven santo. “M. Weld se conmovió enormemente: San Estanislao fue un jesuita que murió muy joven; y como el padre de M. Weld había sido un gran bienhechor de aquella orden, se suponía que su familia estaba bajo la protección particular de los santos jesuitas; después, Philippe había sentido poco a poco, a consecuencia de diversas circunstancias, una gran devoción a San Estanislao. Además, a San Estanislao se le mira como intercesor especial de los ahogados, como se cuenta en su vida. El reverendo padre le regaló el retrato a M. Weld, que, naturalmente, lo recibió con la más grande veneración y lo conservó hasta su muerte, legándolo a su hija -la narradora-, la que había visto la aparición al mismo tiempo que su padre, y que lo conserva todavía en su casa.” Las circunstancias de este relato son típicas. No solamente el hijo se presenta a su padre bajo una forma que, aunque transparente, permite reconocerle perfectamente, sino que uno de sus compañeros tiene una fisonomía tan característica, que M. Weld está en disposición de reconocerle en un retrato, que él no ve hasta cuatro meses después. Su hija le reconoce igualmente, lo que excluye toda suposición de alucinación. Por otra parte, el hecho de que M. Weld no conocía antes de la manifestación la imagen de San Estanislao de Kostka demuestra que no puede haber estado ilusionado. He aquí un último caso en que la aparición es reconocida por todas las personas de la casa. Gabriel Delanne Extraído del libro "El alma es inmortal"
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