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TE AFLIGES por la cercanía del pariente poco simpático. Te olvidas, no obstante, de aquellos que deambulan sin rumbo.
TE AFLIGES por un leve dolor de cabeza al que el remedio alivia. Te olvidas, aun así, de los que son portadores de la prueba de la locura tras las rejas de un manicomio.
TE AFLIGES por perder el autobús en el momento apropiado. Te olvidas, entre tanto, de los que yacen retenidos en camastros de sufrimiento y anhelan el consuelo de arrastrarse, al menos.
TE AFLIGES por el error reparable de la costurera en las prendas de vestir que le encargaste. Te olvidas, sin embargo, de aquellos cuya piel ha sido invadida por llagas y no se quejan.
TE AFLIGES en tu casa porque alguien no preparó el plato de tu preferencia. Te olvidas, pues, de los que pasan la noche atormentados por el hambre.
TE AFLIGES por las travesuras de tu pequeño hijo desordenado. Te olvidas, sin embargo, de las criaturas perdidas que viven a la intemperie.
TE AFLIGES por insignificantes deberes en el ambiente doméstico. Te olvidas, por consiguiente, de los que lloran a solas en los lechos de los hospitales.
TE AFLIGES tantas veces por ¡bagatelas!... Mira, entre tanto, hacia atrás, y cuando identifiques las aflicciones de los otros, agradecerás al SEÑOR tu propia felicidad que no conseguías apreciar.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira. Extraído del libro "El espíritu de la verdad"
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