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"Y esto os harán, porque no conocen al Padre ni a mí." —Jesús. (Juan, 16:3.)
Dolorosas perplejidades asaltan por lo regular a los discípulos, inspirándoles interrogantes. ¿Por qué la desarmonía, en tomo al esfuerzo fraternal? La jornada del bien encuentra barreras sombrías. Se intenta el establecimiento de la luz, mas la tiniebla penetra las sendas.
Se formulan proyectos simples para la caridad que la mala fe procura perturbar al primer impulso de realización. Casi siempre, la demostración destructiva parte de hombres señalados por una posición de evidencia, indicados por la fuerza de la circunstancias para ejercer la función de orientadores del pensamiento general.
Son esos que, en la mayoría de las ocasiones, se arbolan en expositores de imposiciones y exigencias impropias. Pero él aprendiz sincero de Jesús, todavía no debe perder tiempo con interrogaciones y ansiedades que no se justifican. El Maestro Divino esclareció ese gran problema con anticipación.
La ignorancia es la fuente común del desequilibrio. Y si ese o aquel grupo de criaturas buscan impedir las manifestaciones del bien, es que desconocen, por el momento, las bendiciones del Cielo. Nada más que esto. Es necesario, pues, olvidar las sombras que aún dominan la mayor parte de los sectores terrestres, viviendo cada discípulo en la luz que palpita en el servicio del Señor.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
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